domingo, octubre 22, 2006

Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen

LA ADMINISTRACIÓN DE LA VERDAD
Y EL PODER DE LA SOLEDAD


Es fácil ceder a la tentación. Se antoja pensar que Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, tiene vigencia porque retrata detalladamente nuestra propio presente político.

Suena lógico, tiene sentido. Traemos tan a flor de piel las recientes elecciones (con su cauda de conflictos entre familias y desencuentros de amigos), que en todas partes encontramos signos, metáforas y alegorías de lo que nos sucede como comunidad y como aprendices de demócratas.

Pero si el fenómeno nos ocurre en todas partes, con más claridad en la puesta en escena que el Grupo Contigo... América hace de la pieza escrita por el dramaturgo noruego en 1882, inmediatamente después de Espectros (aunque es posible que ambas obras hayan sido compuestas simultáneamente).

1. Vemos en Hovstad, en Aslaksen y, claro, en Tomás y Pedro Stockmann, los rostros y los corazones de nuestros propios actores: nuestros cínicos y nuestros ingenuos, nuestros honestos y nuestros deshonestos, nuestros moderados y nuestros intransigentes, nuestros idealistas y nuestros pragmáticos, nuestra masa vociferante y nuestra masa silenciosa, nuestra masa cómplice que atiza el fuego con las herramientas de la mofa, el prejuicio, el insulto y la violencia.

2. La inminente contaminación del balneario del pueblo -descubierta y advertida por el doctor Tomás Stockmann- se vuelve, en nuestra selección de símbolos, espejo de la corrupción, y el esfuerzo por denunciarla es eco de muchos de nuestros recientes reclamos.

3. La guerra emprendida por gobierno, empresarios y prensa contra el doctor Stockmann, nos recuerda automáticamente la difamación y la tergiversación de la verdad con las que se diseñó y se realizó cierta campaña política harto exitosa.

Sin embargo, esta coincidencia entre actualidad y teatralidad trasciende el ámbito mexicano: en Valencia, en Buenos Aires, en Santiago de Chile y en muchas otras partes del mundo, Un enemigo del pueblo sigue representándose y acomodándose a las circunstancias locales, así sea sólo para reflexionar sobre un tema general (la constante dificultad de hacer coincidir en un mismo plano ético la práctica de la democracia y el ejercicio de la razón).

Además y sobre todo, Un enemigo del pueblo encaja no sólo en esas circunstancias específicas sino que dramatiza sobre un elemento humano que aparece en toda la historia del teatro, tanto en Sófocles como en Shakespeare, tanto en Aristófanes como en Moliere: la mentira o, dicho de manera más tenebrosa, la propensión humana a administrar la verdad cuando el poder está en riesgo. Cualquier poder. No me refiero exclusivamente al poder político. Cualquier poder.

Voy más allá: sobre este elemento se construye la épica en la antigüedad y la novela en la modernidad.
Pero por eso mismo, las últimas palabras de Tomás Stockmann son incómodas, confunden al espectador, lo dejan con la extraña sensación de no haber logrado desentrañar el alma y los pensamientos del doctor, es decir, de no haber descubierto a ciencia cierta las motivos de su propia conducta. Hasta antes de ese final, cuando decide no exiliarse, apreciamos su entereza y su verticalidad. Pensamos que hemos de traer a nuestros hijos a ver la obra, como si los lleváramos al zoológico a contemplar al Hombre Honrado en peligro de extinción…

-Mira cómo se mueve, como gesticula, cómo actúa. Míralo, es capaz de perderlo todo por defender sus principios, entre los que se encuentran la veracidad y la libertad de expresión. Míralo, es conmovedor, su necesidad de decir la verdad es casi orgánica, parece que quiere evacuar la verdad.

De pronto, el médico rebela a la familia y al público su mayor descubrimiento: que el hombre más fuerte del mundo (el más poderoso) es el que está solo. Y sospechamos entonces que Ibsen escribió este final con las entrañas, con mucho enojo, indignado y ofendido por la manera en que Espectros fue tratada por las autoridades de su país, que prohibieron la representación de la obra durante quince años, por disolvente y revolucionaria.

Necesito pensar más sobre ese final, porque -bien escuchado- es absolutamente inesperado.

¿Las últimas palabras del doctor Stockmann, son las de un hombre lúcido, iluminado por una realidad interior, o son el desplante de un hombre herido, lastimado en su orgullo, resentido por la incomprensión?

Quiero que sea lo segundo. Quiero pensar que Ibsen no escribió un tratado de moral sino un estudio de la ambición y el deseo. De cualquier manera, necesito la ayuda de mis tres lectores, su opinión; así que les pido encarecidamente que asistan a una de las funciones de Un enemigo del pueblo, en ese entrañable espacio de la Colonia Nápoles que es el Foro Contigo... América (Arizona 156).
Dejo aquí los teléfonos del foro, para que aparten lugar: 5543-3865 y 5669-3589.
La dirección de correo electrónico es contigoamerica@yahoo.com.mx

Sepan ustedes, atentos lectores, que la entrada es gratuita, que sólo se pide una cooperación voluntaria y anónima (nadie se entera de quién es el mezquino o quién es el pródigo y bondadoso). Las funciones son los viernes (8 p.m.), los sábados (7 p.m.) y los domingos (6 p.m.) de octubre, noviembre y diciembre (hasta el 10 de este último mes).

Podrán constatar, cuando vayan, que aún es posible hacer buen teatro, teatro digno, sobrio, sin aspavientos.

Como es seguro que por ahí me encontrarán, saliendito podemos ir a Ruta 61 y discutir el asunto al calor de un buen whisky.

3 comentarios:

Tlacuiloco dijo...

¿con cuanto se convierte uno en bondadoso?.
Sea como sea...yo si voy.

El Blues de la Estufa Divina dijo...

En esto, Tlac, las tradiciones son sabias: el diezmo, la décima parte de tus frutos del día. Eso, como mínimo, y ya te estás viendo codo.

Tlacuiloco dijo...

mmmmmm, 10% de mi día....veamos, hago cuentas...ok. Me parece bien.