miércoles, diciembre 27, 2006

Heráclito y las mujeres

Nadie se baña dos veces en el mismo río, dice Heráclito de Efeso; pero, digo yo, hay que ir más allá: en realidad, el río no existe más que como resumen verbal de un instante.

Así, lo dicho por
Heráclito nos ayuda a aliviar nuestras ganas poligámicas: nadie se baña dos veces con la misma mujer.


Es más: no existe eso que llamamos mujer, más que como resumen verbal de un instante.


Las mujeres imposibles

Hay que distinguir entre el amor platónico y el amor imposible.

El primero se practica en el plano de las ideas y con muy poca intervención de los cuerpos, apenas la mínima y necesaria mediación (un beso, un abrazo, una caricia) para significar nobles sentimientos como ternura, lealtad, admiración... Es el amor que uno experimenta, por ejemplo y en distintos grados, con los amigos, con los hermanos, con los padres, con los hijos, con los perros y con los atardeceres.

Sin embargo, el amor platónico tiene su coronación dramática en aquellas parejas que pudiendo desbocar su erotismo en la alcoba, eligen no hacerlo, a veces por impedimentos morales, en ocasiones por neurosis poética.

Otra cosa es el amor imposible…

Las mujeres que nos gustan y que no nos hacen caso, son amores imposibles. Bueno, ni siquiera me parece atinado hablar de amores imposibles.

Mujeres imposibles, eso son: mujeres imposibles. Y las mujeres imposibles se vuelven, con el tiempo, mujeres insoportables. Por eso se les dice: ¡Ay, mujer, eres imposible!

Los idiotas amados y los sabios desamados

Reconozcamos que la primera etapa de la pasión amorosa vuelve a los amantes muy estúpidos y absolutamente ciegos. En cambio, aquellos que vivimos el desamor entramos al territorio de la sabiduría, porque nos vemos obligados al análisis y al entendimiento urgente de la realidad.

El amor al arte

No existe el amor al arte, existe el amor a los espejos. Nos gustan los espejos, aunque a veces nos enfaden sus reflejos. Escribo esto mientras escucho a Jacqueline du Pré tocar la Sonata para Violonchelo y Piano No. 1, de Brahms, a quien felizmente acabo de descubrir. ¿Cuál de mis rostros veo en este músico romántico? Un rostro hermoso, el de la serenidad que brota después del dolor y la desolación: el rostro de la melancolía.

Rostros

Después de ver una película de Leonardo di Caprio, conviene no asomarse inmediatamente a un espejo. Es una experiencia muy triste, amarga.

El cine y el cinito

Para hacer plática mientras como sushi con dos amigos (un francés y un uruguayo), comento que anoche pasaron por canal 22 la primera parte de Il mio viaggo in Italia (1999), de Martin Scorsese, y que hoy pasan la segunda parte, que no hay que perdérsela porque se trata no sólo de un valiosísimo documento sino también de una extraordinaria cátedra sobre el gran cine italiano (Rosselini, Blasetti, Visconti, Fellini y De Sica, sólo para comenzar).

A partir de la recomendación, se establece un interesante diálogo entre mis dos amigos.

A mí, en realidad –dice el francés-, no me gusta el cine italiano.
¡Bueno, bueno, a mí tampoco! –dice el uruguayo-. Pero hay cosas muy buenas, como La vida es bella.
-Prefiero el cine francés.
-Sí, yo también. Lo que acabo de ver es la última de James Bond…
-¿Y qué tal?
-No, no sirve. No es buena. Me pasó lo mismo que con El Planeta de los Simios…
-¡Ah, muy buena la primera versión!

Guardo silencio. Ya encontraré en otro momento con quién hablar de cine.

Ruta 61

Quienes hemos hecho de Ruta 61 nuestra segunda casa, tenemos ya en la biografía de nuestro placer momentos inolvidables, todos ellos ligados a la música y al hermoso encuentro de amigos que cada fin de semana se abrazan, chocan sus vasos y describen sus últimos avatares, todos ligados a la emoción inagotable de vivir la vida, esa criatura frágil y nunca suficiente.

Un chiste

-Oye, fíjate que llevo una semana viendo elefantes rosas… Entro al baño, y veo elefantes rosas. Entro a la oficina, y veo elefantes rosas. Voy por la calle, y veo elefantes rosas…
-¿Y no has visto a un psiquiatra?
-No. Sólo elefantes rosas.

Peter Green

El primer disco que escuché de Santana fue Abraxas, que contiene piezas extraordinarias, como Evil Ways, Soul Sacrifice y Black Magic Woman. Pero fue hasta 1973 cuando Octavio Herrero, el amigo que llegó para quedarse, me hizo saber que Black Magic Woman es una canción compuesta por Peter Green.

A veces, el respeto es disfraz de la indiferencia…

El respeto es, a veces, antifaz de la inapetencia, manifestación tácita de distancia emocional. Hay respetos que no caben en la pasión, en ninguna pasión. Porque toda pasión –estética, erótica o mística- es un ansia de meterse en otro, integrarse a otro, volverse el otro; avidez que sólo se satisface con irreverencias, con atrevimientos, con descaros, con blasfemias.

Y en la pasión, es frecuente cometer errores. Apolo nunca se equivoca. Dionisios, en cambio, siempre se extravía, siempre tropieza y rompe algo. Pero en sus estropicios descubre el sentido de la vida.

Stanley Clarke y George Duke

Para fortuna de la música, los pocos que estuvimos cierto sábado en el Teatro de la Ciudad (para escuchar a Stanley Clarke y George Duke) no nos intimidamos por la elegancia del recinto ni por sus 94 años de vida.

Percibimos la vida, la respiramos.

Y ahí estuvimos José Luis Sánchez (Josefáin, tecladista de Vieja Estación) y yo. ¡Cómo no íbamos a estar ahí, si los dos amamos la música de Frank Zappa!

¿Y eso qué tiene que ver?

¡Ah! Pues tiene que ver porque el gordo Duke participó en Chunga’s Revenge, 200 Moteles, Waka/Jawaka, El Gran Wazoo, Over-Nite Sensation, Apostrophe, Roxy and Elsewhere, One Size Fits All, Bongo Fury, Studio Tan, Sleep Dirt, Them or us, You can’t do that on stage anymore (I, II, III, IV y VI), Playground Psychotics, The Lost Episodes, Läther y Have I ofended someone?

No sé Josefáin, pero fue así como yo conocí a George Duke.

El aire y el sueño

Hace unos días, soñé que volaba en rehilete. Sueño más en aire que en agua. ¿Por qué será?

Bachelard y Catulo

Aunque desde pequeño presentí la diferencia entre el sueño y la ensoñación, no la entendí hasta que Bachelard medio me explicó.

No, perdón. Corrijo.

Gaston Bachelard me explicó completamente, fui yo el que entendió a medias.

Pero Bachelard nunca me ha sido fácil. Lo leo y no estoy seguro de haber entendido su pensamiento, acaso porque su bandera es la de Jules Laforgue, genio de corta vida (1860-1887) al que cita casi como para curarse en salud:

¡Método, método!
¿Qué deseas de mí?
Sabes bien que he probado
la fruta de la inconsciencia.

Como antípoda metodológica de Bachelard está Umberto Eco, y –ay de mí- tampoco en sus terrenos –los de la razón- logro acomodarme: llevo años leyendo las primeras cien páginas de Kant y el Ornitorrinco, y no puedo atravesarlas. Por eso, siempre vuelvo a los clásicos, como Catulo, ese hacedor de versos milagrosos que camina sobre la superficie de la poesía sin hundirse. Hay entre sus poemas, por ejemplo, uno que siempre me ha gustado, por contener esa valiosa urgencia amorosa que argumenta sobre la fugacidad del tiempo e intenta (con)vencer así sobre la mesura del decoro y de la duda:

Vivamos, querida Lesbia, y amémonos
y que las habladurías de los viejos puritanos
nos importen todas un bledo.

Porque los soles pueden salir y ponerse,
pero nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
tendremos que vivir una noche sin fin.

Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien.

Luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos
cuando se entere del total de nuestros besos.

martes, diciembre 26, 2006

domingo, diciembre 24, 2006

Mohinder no es mitómano

El viernes, Marie me reclamó mis imprecisiones acerca de Mohinder Singh, el músico indio a quien conocí por ella en Ruta 61.

En honor a la verdad, me siento obligado a corregir lo dicho en la entrega anterior.

¡Pasa que estábamos hablando de dos conciertos distintos!

Mohinder
participó en el homenaje a George Harrison llevado a cabo en Liverpool, en The Cavern, el legendario lugar donde los Beatles comenzaron su carrera. Este concierto sucedió el 24 de febrero de 2002, nueve meses antes del concierto organizado por Eric Clapton en el Royal Albert Hall.

Esa vez en Liverpool, Mohinder acompañó en la tabla a Shalil Shankar (músico de cítara discípulo de Ravi Shankar), dentro de la pieza Raag Ganesha.

La lección es la siguiente: cuando una persona habla inglés en un ambiente de lengua española, es muy probable que muchos ineptos entendamos sólo la mitad de lo que dice. La otra mitad es cosecha personal:

-So, you played in THE concert for George Harrison?
-Well, I did it in A concert for him...
-Uy! ¡Oigan, oigan! ¡Mohinder tocó en EL concierto en homenaje a George Harrison. A ver, mi Mohis, autografíame el DVD del concierto...

Y Mohinder plasmó su autógrafo en el DVD de un concierto en el que no participó. Ahora, habré de adquirir el DVD del concierto de Liverpool... para que me lo autografié Tom Petty, que no estuvo en Liverpool ese 24 de febrero pero sí en el Royal Albert Hall.

Epílogo: En la entrega anterior, me faltó mencionar al doctor Stanilsaw Raczynski Gawin, catedrático de la Escuela de Ingeniería en la Universidad Panamericana y excelente músico, integrante de Las Señoritas de Aviñón. De él hablaremos con mayor detenimiento en una ocasión próxima.

Por otra parte y apenas el viernes pasado, nuestro amigo Gilles René Aniorte Tomassian (productor radiofónico en Estados Unidos) llegó a Ruta 61 acompañado de Lonnie Harrison, director de la tienda virtual MuzicWorld y excelente bajista. Esa noche, al calor de la alegría, Lonnie fue invitado a subirse al escenario para tocar con Vieja Estación. Ya era tarde, así es que pocos tuvimos la suerte de conocer su efectividad y su talento.


miércoles, diciembre 20, 2006

Mi vida cosmopolita

Para ganarme el pan diario, trabajo en el área de mercadotecnia directa de una agencia de medios. Ahí, tengo como jefe directo a un uruguayo. Arriba del uruguayo está un francés (a quien, a propósito, casé en Varadero –porque soy ministro plenipotenciario de todos los cultos, y hasta de los incultos tipo Paulo Cohelo, autor brasileño de frases tan estúpidas como la siguiente: Cuando quieres realmente una cosa, todo el universo conspira para ayudarte a conseguirla, que es la versión kitsch de Mateo 17, 20). Este francés rinde cuentas a un español. El español recibe órdenes de un joven de origen alemán.

Una de mis dos bandas favoritas está compuesta por argentinos, que además son mis amigos y con quienes he visitado varios estados de la República y también otras dimensiones. Uno de ellos, Ezequiel, apodado El Polaco, está casado con una guapa mujer en cuyas venas corre sangre germana.

La esposa de uno de mis amigos es una guapa francesa. La esposa de mi mejor y más íntimo amigo es otra guapura... pero de sangre inglesa. Tuve el gusto de conocer y tratar a Yoriko Yasukawa, linda japonesa que fue hasta hace poco representante de UNICEF en México.

Satanás, mi difunta esposa, se escapó con un judío y se fue a vivir a Venezuela. Mi primera novia vive hoy en Florida con un argentino que se cree inglés.

Acabo de despedir con un fuerte abrazo a Edouard Perromat, amigo francés que regresa mañana, no sé si a Toulouse o a Bourdeaux, para pasar el fin de año con su familia. Edouard fue miembro de Abracadaband, orquesta de músicos dedicados, entre otras rarezas, a interpretar la obra de uno de los más grande compositores del siglo XX: Frank Zappa.

A veces, las primeras luces del día me sorprenden discutiendo, llorando o nadando en whisky con una cubana. Esta bella cubana me presentó, hace como un año, a un músico de la India simpatiquísimo y mitómano (me aseguró que había tocado en el concierto en homenaje a George Harrison, en el Royal Albert Hall: me entusiasmé y le pedí su autógrafo en mi DVD de dicho evento; luego lo busqué en los créditos... y resulta que no aparece; pero, bueno, ya conocí a un músico indio). He hecho buenas migas con un excelente músico de Chicago. En Ruta 61, fungí como guardaespaldas de Grana' Louise... y luego de Deitra Farr, quien me autografió dos de sus discos con frases reveladoras (en uno, Te amo; en el otro, Te odio).

A mediados de los noventa, pasé una noche entera conversando sobre el EZLN con un académico de la Universidad de Chicago (nadie pudo seguirnos el ritmo, y el sol tibio de las seis de la mañana iluminó nuestro último vaso de whisky). Una vez, estuve sentado juntito a Ana Duato, chulada peninsular (José Luis, mi hermano, posó la mano sobre su pierna). A principios de siglo, conversé con el doctor Ricardo Pascoe y el embajador de Rumania sobre Eminescu, Ciorán y Ionesco (los tres habíamos leído La Cantante Calva y Las Sillas).

Estoy enamorado de una catalana chulísima, cuyo uso del participio pasivo me enloquece.

A fines de los ochenta, conocí en el Bar 9 a un hombre de Trinidad y Tobago, negro, alto, fornido, que estaba encantado con el rocanrol de Mamá-Z. Pero a él sólo lo traté de lejitos.

viernes, diciembre 08, 2006

Me duele...

San Francisco, California, diciembre de 1970.

Jann S. Wenner
: ¿Yer Blues fue una parodia intencional del movimiento de blues inglés?

John Lennon: No. Bueno, un poco, porque soy un poco… Todos somos tímidos (…). Sé que desarrollamos un estilo propio, pero en cierta manera seguimos siendo parodia de la música estadounidense (…). Nos cohíbe cantar blues de repente. Todos escuchamos a Sleepy John Estes y a todos ellos en la escuela de arte, como todos los demás. Pero cantarlo era distinto. Por eso me cohibía hacerlo.

Jann S. Wenner: ¿Cómo te calificas como guitarrista de rock and roll?

John Lennon: No lo hago mal. Técnicamente no soy muy bueno, pero puedo hacerla aullar y moverse. Yo era guitarrista de acompañamiento, y ése es un trabajo importante. Puedo impulsar a un grupo (…). En cierto sentido, me avergüenza mucho mi manera de tocar porque es muy elemental. No puedo moverme, pero puedo hacer que una guitarra hable. Richie Havens toca un solo acorde todo el tiempo, una guitarra muy funky. Parece que no sabe tocar, en el sentido común del término. Yo soy así (…). Una parte de mí dice: Sí, claro que puedo tocar porque puedo hacer que una roca se mueva. Pero la otra parte de mí dice: Bueno, quisiera hacerlo como B.B. King. Si me pones con B.B., me siento tonto (…). No sé, pregúntale a Eric Clapton, él cree que sí sé tocar (…). Yo soy un guitarrista y músico del tipo cinema-verité. Debes derribar tus barreras para escuchar lo que estoy tocando. Me gusta un fragmento que toqué en Abbey Road. Paul nos dio a cada quien una pequeña sección donde él toca, George toca y yo toco (…). Dicen que George es el cantante invisible. Yo soy el guitarrista invisible.

Jann S. Wenner: ¿Tocaste el obbligato en Get Back?

John Lennon: Yo toqué el solo en ésa, sí. Cuando Paul tenía un ataque de generosidad, me daba un solo. Cuando se sentía culpable (…), me daba un solo (…). Creo que George toca cosas hermosas en la guitarra, pero creo que está demasiado acomplejado para soltarse. Pero Eric también lo está. Tal vez ha cambiado. Todos están acomplejados. Bueno, todos lo estamos. Ése es el problema. Pero me gusta mucho B.B. King.
He aquí uno de los mejores retratos que se han hecho de John Lennon.
Su autor es otro de mis héroes: Gerardo Aguilar Tagle, leyenda viva del rocanrol.

John Lennon
, músico y compositor del siglo pasado. Nació en Liverpool, el 9 de octubre de 1940, en medio de las bombas lanzadas por los nazis contra las principales ciudades inglesas. Quedó huérfano de madre a temprana edad, y su padre dejó muy pronto la casa. Al final de su adolescencia y durante su primera juventud, formó parte de The Beatles, banda musical de los años sesenta que marcó un hito en la historia de la cultura en general y del arte en particular. Más tarde, durante casi toda la década de los setenta y hasta el final de sus días, se estableció en Nueva York con su segunda esposa, la artista japonesa Yoko Ono. La noche del 8 de diciembre de 1980, fue asesinado por un psicópata a la entrada del Edificio Dakota (estoy convencido de que si el asesino no hubiera sido condenado a cadena perpetua, hoy estaría organizando un homenaje a John Lennon en algún bar de la Ciudad de México).

Para establecer la gravedad de las heridas y antes incluso de subirlo a la ambulancia, uno de los policías hizo la pregunta de rutina:

-¿Sabe usted quién es?

La respuesta aún me provoca un nudo en la garganta:

-Soy John Lennon.

Camino al hospital, dentro de la ambulancia, el mismo policía tuvo tiempo de hacer la última pregunta y recibir la última respuesta:

-How do you feel?
-I'm in pain.

jueves, diciembre 07, 2006

El Blues de Chicago en la Ciudad de México V

Importante

Visita, lector sediento, la
Galería I y la Galería II
de El blues de la estufa divina.

En ambos espacios virtuales hallarás las fotos que tomé entre el 23 y el 26 de noviembre de 2006.


A la mera hora y aunque Jaime López tuvo la amabilidad de ofrecerme un pase como invitado suyo, preferí ser decente y solicitar al guardia de la entrada que consultara la lista de invitados de Raúl de la Rosa

-Agustín Aguilar Tagle, Aguilar Tagle, Aguilar, Aguilar. No, señor, no está en la lista.
-Bueno, pues muchas gracias. Voy a Donceles, a ver si ahí estoy registrado.
-Ándele, señor. Sí, porque aquí no, mire, aquí no está.
-Buenas noches.

En Donceles, busqué a Daniela Beltrán, encargada de prensa. Ahí estaba, chulísima en todos sentidos.

-¡Hola, Agustín! Sí, mira, pégate en la solapa esta calcomanía de prensa y pásale. Sólo recuerda que no puedes usar flash durante el concierto.
-Oye, Daniela, pero es que me gustaría pasar a los camerinos.
-¿Quieres entrevistar a los músicos?

Piensa rápido, Agustín, piensa rápido. Miente, si es necesario.

-Sí, Daniela, me gustaría realizar algunas entrevistas.
-Bueno, entonces, deja le hablo a Xóchitl. ¡Xóchitl! Agustín…
-Hola, Xóchitl…
-Mira, Agustín piensa entrevistar a los músicos. Lo voy a llevar personalmente a los camerinos, ¿te parece?

Y ahí vamos, por los oscuros pasillos que llevan a los camerinos del Teatro de la Ciudad, apenas iluminados por el celular de Daniela.

-Mira, pásale, aquí está el camerino de Super Chikan. Pero no sé si James Johnson ya llegó. Creo que sólo están sus músicos.

Tres mujeres y un hombre, sonrientes, sin prisa, sin el mínimo asomo de arrogancia o de enfado porque alguien se atreve a visitarlos. El cuarteto disfruta de los alimentos puestos en platones, junto a los espejos de la pequeña estancia.

Daniela me presenta como fotógrafo de Ruta 61 interesado en realizar una entrevista.

-Hi! How are you? Do you need something?
-No, thanks, we’re fine…
-OK. He is Agustín Aguilar Tagle.
-Hi!
-Hi!
-Hi!
-Hola, ¿qué tal?

Pero le digo a Daniela que ni se preocupe, que no quiero molestar, que la entrevista puede ser otro día, que en este momento me basta con tomar algunas fotos. Las tomo. Me despido. Daniela se despide. El hombre pregunta:

-Your name is…
-Daniela. Call me Dani.
-Daniela. It’s a beautiful name!
-Oh, yeah… Thank you…

Le agradezco a Daniela sus atenciones, le doy un besito y me voy a escuchar al Grupo de Percusiones Tam’Bore, cuyo número ya va a comenzar. Noto que no hay mucho público. ¿Qué pasa? ¡Bueno, es la primera noche, no hay que desesperarse!

Los sonidos creados por Arístides Martínez, Bruno Martínez y Eduardo Garavito nos llevan a un mundo primigenio de ritmos y atmósferas sonoras donde la música es una herramienta de conciliación con la naturaleza y con sus espíritus. Es liturgia, es lenguaje religioso, es recreación del universo. Asistimos a una misa, y es la re-presentación del pasado lo que creo que debemos aplaudir.

Los sonidos de Tam'Bore (tambor amigo) no se apagan aún, los tres sacerdotes no salen todavía de escena. Se une a ellos, Montse Revah, a quien conocemos por su trabajo como baterista de Betsy Pecanins y como percusionista de Jaime López.

Tam'Bore hace mutis, se queda Montse y entra Jaime, cuyo trabajo admiro (sus letras, su música, su actitud, su voz aguardientosa, su dominio de la palabra y del fraseo) pero a quien no logro vincular con mi concepto del blues. ¡Pero es mi concepto, así es que no me hagan mucho caso!

Siempre disfruto a Jaime, incluso cuando no ensaya y se sube como el Borras (a ver qué pasa), valentía que en él es admisible, porque ya nos dio bastante, pero que hace veinte años era la constante del rock mexicano y que fue el huevo de la serpiente que hoy mastica y devora el gusto de mucha gente (aún es posible encontrar personas que creen que Alex Lora tiene algo que ver con la música, y hasta le aplauden o lo miran con simpatía).

Termina Jaime y entran Super Chikan y las Fighting Cocks. ¿Tres mujeres y un hombre? A ver, a ver. Sí. ¡Ah, claro! Es a James Johnson a quien fotografié con su hija Jamiesa, la baterista.

miércoles, diciembre 06, 2006

El blues de Chicago en la Ciudad de México IV

El 23 de noviembre de 2006 cayó en jueves, con cielo despejado y aire frío, es decir, con el clima perfecto para salir de la chamba a las seis de la tarde y caminar por el Paseo de la Reforma, desde la Fuente de Petróleos y hasta el Auditorio Nacional.

A esa hora, al cruzar el puente del Periférico, tengo siempre la fortuna de escuchar una algarabía de pájaros, cientos de pájaros, pájaros felices y oportunos que asaltan la arboleda y vencen con su alboroto encantador la majadería crónica de los automovilistas.

Antes, a mediodía, había recibido las llamadas telefónicas de Lalo Serrano y Raúl de la Rosa, quienes me recordaron que mi nombre aparecería en la lista de invitados del X Festival de Blues. ¡Ah, bueno, así hasta con más ganas voy!

Todo lo que sea gratis es bien recibido, excepto las fiestas de fin de año de la oficina (de cualquier oficina: toda oficina es un infierno). En esas fiestas siempre he padecido no sólo aburrimiento sino el mayor de los pavores, porque se vuelven convención de feas y porque se ve uno obligado a bailar El Venao, el venao, y que no me digan en la esquina el venao, el venao, que eso a mí me mortifica, el venao, el venao. Y luego, cumplido el compromiso y con ganas de huir del país, lo jalan a uno a la pista, para sufrir, entre dos esperpentos de barriga desbordada, con No rompas más mi pobre corazón, estás pegando justo, entiéndelo…

Digo, ¿por qué? ¿Cuándo perdimos el gusto por bailar y cantar La Sandunga?

Tomé la línea 7 del Metro, hacia El Rosario, y me bajé en Tacuba para transbordar a la línea 2, con dirección a Taxqueña. Al llegar a la estación Bellas Artes, salí del Metro y caminé hacia San Juan de Letrán…

¡San Juan de Letrán! Hace casi treinta años que perdió su nombre, pero lo recobra a cada rato. San Juan de Letrán, nombre montado sobre la nostalgia de quienes alguna vez viajamos en tranvía y comimos tortas de nata.

Me detuve en la avenida y esperé que dos agentes de tránsito lograran detener la majadería crónica de los automovilistas. Mientras, al observar la acera de enfrente, pensé que las cosas no han cambiado mucho desde que José Emilio Pacheco describió San Juan de Letrán: huele a tacos de canasta y de carnitas, a tortas compuestas, tepache, jugo de caña, aguas frescas, lámparas de kerosen, perfume barato, líquido para encendedores, dulces garapiñados, papel de periódico y revista, de libritos de versos de Antonio Plaza y novelita pornográfica. Es imposible caminar rápido, porque la acera se encuentra atestada por los que no tienen trabajo o acaban de llegar del campo y toman fotos instantáneas, pregonan billetes de lotería, venden toques eléctricos (…), huevos duros, charales, chupamirtos para la suerte en el amor, barajas españolas, fotos de estrellas cinematográficas, puñales con inscripciones retadoras (…), imágenes del Sagrado Corazón y de la Virgen de Guadalupe.

Por fin, crucé San Juan de Letrán, caminé entre los puestos de chucherías chinas y doblé en República de Cuba, porque tanto Lalo como Raúl me habían advertido que entrara por la puerta de atrás del Teatro de la Ciudad. Bueno, veamos. Cuba 49, Cuba 49… aquí.

Toqué. El portón de metal, a punto de caerse, apenas si se abrió… ¡y, como la Amilamia de Muñeca Reina, apareció Jaime López!

-¿Qué pasó, Agustín?
-Pues nada, que…
-Oye, acompáñame a buscar una vinacha…
-¿Una qué?
-Una vinacha, pues, una vinatería. Es que en los camerinos sólo hay fruta, sánguiches y refrescos.
-Vamos…

La calle de Cuba y sus aledañas no son mis rumbos, y menos de noche. A cada paso, sentía que El Jaibo nos pisaba los talones; en cada esquina, temía tropezarme con Rufino perseguido por el Ochoa. ¡Ay, nanita, pus qué hago aquí, carnal, no mames, güey! ¡Vamos, piensa en algo bonito! No te preocupes, te acompaña Jaime López.

jueves, noviembre 30, 2006

El blues de Chicago en la Ciudad de México III

El beso que viví aquella noche del viernes 1 de septiembre, sabía a nubes y almendras, a fuego lento, a vino, limón y tomillo, a uva, a miel, a dulce de todos los santos, panellets adelantados. Y al evocarlo, llegan con él y en este preciso instante los versos de Manuel M. Flores (1840-1885):

Amar es empapar el pensamiento
en la fragancia del Edén perdido;
amar es… amar es llevar herido
con un dardo celeste el corazón;
es tocar los dinteles de la gloria,
es ver tus ojos, escuchar tu acento,
en el alma sentir el firmamento
y morir a tus pies de adoración.

Luego vino el jueves nueve de noviembre, día en que compartimos comida austrohúngara en un lugar apacible y solitario, Los Caprichos del Emperador, que parecía abierto sólo para nosotros.

Terminado el sustento y pasado el vino australiano, y después de visitar de prisa Ruta 61 –donde medio escuchamos a Emiliano Juárez y bebimos sendos vasos de whisky Johnny Walker etiqueta negra-, entramos al huerto delicioso del que habla Prieto de Aretino y del que se canta en los priapeos romanos, y musité entonces aquellos dos versos sencillos de José Martí (1873-1895) que dicen Alas vi nacer en los hombros de las mujeres hermosas, y aun me dio tiempo de recordar un cuarteto posterior:



Yo he visto en la noche oscura

llover sobre mi cabeza
los rayos de lumbre pura
de la divina belleza.

Nada más puedo decir en este locutorio casto, porque quedé perdidamente enamorado de una hija de Afrodita, una dona d’aigua, una aloja inevitable.

Así que mudo a la mudez.

Bajita la voz, me explico: El amor, ay, es pudoroso, así que no diré lo que no me es dado decir, sólo dejo una sonrisa y el encanto de la vida como sugerencias de mi felicidad furtiva… y efímera (ya vivo esa razón de la sinrazón que a mi razón se hace y que de tal manera mi razón enflaquece, como aprendió a recitar el hidalgo ingenioso por gracia de Feliciano de Silva).

Los días pasaron y llegó el jueves 16 de noviembre, fecha de mi infortunio teatral.

Vieja Estación, la banda argentina que toca el mejor rocanrol de esta ciudad, presentaba esa noche un espectáculo concentrado exclusivamente en su propia música, y a mí se me ocurrió aceptar su cariñosa invitación para leer una serie de papeles a manera de introito.

No lo hubiera hecho.
La palabra –sea escrita o sea hablada- no es moneda corriente en estos tiempos y menos en este ranchito. Las palabras son los ornitorrincos del nuevo lenguaje, ese que se ejerce en la calle, en los camiones, en la televisión, en los bares, en los anuncios publicitarios, en los teléfonos celulares, entre los políticos, en la mensajería instantánea y en el correo electrónico. Las palabras no existen en esta sucia granja. La gente de este pueblito no necesita de las palabras, ahora lo sé.

Lo que queda es una serie de letras, letras que se juntan y que, al pronunciarse, parecen decir algo, letras amontonadas que llenan todos los espacios y con las que hombres y mujeres se transmiten las tres o cuatro ideas que habitan en su mente.

No hubiera subido al escenario. No tuvo sentido. Esto del respetable público no es lo mío. Yo no sé cómo soporté hacerlo durante tantos años. En aquella época, ganas no me faltaron de ser honesto:

-Buenas noches. Vamos a interpretar una canción que no compusimos para ustedes, que no habla de ustedes, que no tiene nada que ver con ustedes y que, a fin de cuentas, esperamos que no les atraiga, porque si llega a gustarles, aunque sea un poco, demostrará así –en el aplauso- su escaso valor. ¡Qué fastidio!

miércoles, noviembre 29, 2006

El blues de Chicago en la Ciudad de México II

Dave Specter en Teotihuacan

Acabo de recibir por correo electrónico un mensaje de Dave.
De dicho mensaje, extraigo las siguientes palabras:

Kellie and I are back home in Chicago after a wonderful weekend in Mexico.
We visited the pyramids on monday. Incredible!

Please give our regards to Lalo and the band and staff at Ruta 61.
Saludos,
Dave

martes, noviembre 28, 2006

El blues de Chicago en la Ciudad de México I

Introducción

Durante los últimos noventa días… Bueno, espero que no sean los últimos. Quiero decir: durante los recientes noventa días, he dormido pocas horas y he vivido muchos siglos, tantos que mi rostro exhibe ya los estragos de la noche. Por eso, he regresado a la ingesta frecuente de agua y al uso nocturno de cierto medicamento en mis párpados inferiores, para así conservar la belleza y la lozanía que me distinguen en medio de tanta fealdad.

Fue Desdémona Peniche, amante del poeta Basilio Macedonio Ruiz, quien me sugirió el uso de Preparation H para desvanecer las ojeras en la medida de lo posible. Se trata de una crema que contiene clorhidrato de fenilefrina, aceite de hígado de tiburón y petróleo amarillo (extraído de las semilla del girasol), tan efectiva –afirma Desdémona- que Sofía Loren la usa con los mismos propósitos.
Pero Preparation H no se ofrece en las farmacias como auxiliar en el tratamiento de la lindura facial, sino como remedio temporal contra las hemorroides, porque es un emoliente y un lubricante de los tejidos. Sin embargo, la desviación de uso no me hicieron dudar. Primero, porque tejidos estamos por todas partes y no sólo en el inframundo. Segundo, porque tengo absoluta confianza en las costumbres femeninas, por más exóticas que puedan parecerme, pues en algunos de sus cuerpos se ve, se palpa y se huele la bondad de sus cuidados, la victoria de sus estrategias y el éxito de sus utensilios.

Sin embargo, tengo una pregunta acerca de Preparation H: ¿Cómo fue que alguien descubrió que una crema para las hemorroides puede también desvanecer las ojeras?

Para llegar a esa conclusión, alguien tuvo que mirar en un espejo lo que el mismo Sol desconoce y nunca ilumina. Y si no hubo espejo, otro fue el que miró (y lo habrá hecho con una lámpara, supongo).

En cualquier caso, el episodio habrá de quedar inscrito entre las grandes hazañas de la humanidad. Algún escultor habrá de eternizar la escena, sea como ejercicio introspectivo (una mujer mirándose el culo ante el espejo), sea como práctica erótica (tengo el título para esta versión: Absorto ante Calipigia), donde un mancebo en cuclillas, desnudo y divertido, acerca una vela encendida al oscuro túnel de su bienamada, igualmente descalza y entretenida, aunque en decúbito lateral o en posición genupectoral (también llamada mahometana).

Todo esto me trae a la memoria Gracias y desgracias del ojo del culo, de Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), poeta gigante fundador del conceptismo en el Barroco y autor, entre otras maravillas, de Amor constante más allá de la muerte, ese inolvidable soneto que termina con la más contundente y bella declaración de amor.

Ojalá, sucio lector, te sepas regalar el gusto de leer Gracias y desgracias…, que después de hacerlo me tendrás en mayor aprecio.

¡Ay, pero si la idea es hablar sobre el X Festival de Blues de la Ciudad de México! Lo haremos, lector ansioso, lo haremos. Y también recordaremos lo que en Ruta 61 dio por llamarse Blues en la Intimidad.

Volvamos, pues, al principio.

Septiembre comenzó con un beso que no puedo olvidar...

viernes, noviembre 24, 2006

El Año Ibsen

A cien años de su muerte, Henrik Ibsen sigue vivo.

Por eso y porque el 2006 es el año de este dramaturgo extraordinario (conforme a la propuesta hecha en su momento por el Ministerio de Asuntos Exteriores noruego), nada mejor que asistir a la puesta en escena de Un enemigo del pueblo, dirigida por Raquel Seoane.

Mis tres lectores recordarán que el pasado 22 de octubre escribí sobre dicha obra, y no sé si se decidieron a ir, cada uno por su parte o agarraditos de la mano. Pero ahora repito la invitación, porque sucede que a partir de hoy y hasta el 17 de diciembre (excepto el viernes y el sábado próximos siguientes, es decir, 1 y 2 de diciembre) la compañía que la representa se muda con ella del Foro Contigo… América al Teatro Benito Juárez, ubicado en Villalongín 15 (a un costado del Monumento a la Madre), para ofrecerla al público los viernes y sábados, a las 19:30 horas, y los domingos a las 18:00 horas.







Con ese mismo espíritu, el de celebrar a Henrik Ibsen antes de que termine el año, podemos asistir a La Casa de las Campanas (Tlalpan), a las ocho de la noche del 1 de diciembre, para disfrutar de la cantante noruega Kari Brenmes y de una cena buffet después del concierto.

jueves, noviembre 23, 2006

¡Vuelve Chicago a Ruta 61!

Hoy comienza una larga y deliciosa noche, que terminará en la madrugada del domingo.

Blues de Chicago, blues de todos los sabores y de todos los colores, blues de una tercera generación dispuesta a mostrar que esta música está viva, vivísima, y que es ya patrimonio de la humanidad, referencia espiritual de muchos y andamiaje de nuestra eternitud.

Quienes asistamos a Ruta 61, tendremos la oportunidad de salir de día del Hoochie Coochie Bar a dormir un poco, a bañarnos, a desintoxicarnos, a comer algo y a trabajar nuestras respectivas horas de chamba (somos asalariados, y nadie en la oficina va a creernos que la abuela volvió a caerse y que requiere de nuestros cuidados diurnos).

Cumplidas nuestras obligaciones matutinas, nos regresamos a Ruta 61 y... ¡nos metemos de lleno en el blues de Chicago, otra vez!

Para colmo de bienes, los obsesivos podemos colmar nuestro gozo desde el Teatro de la Ciudad. En ese hermoso recinto se celebrará el X Festival de Blues, que presenta un cartel ampliado (y en esa ampliación destaca la Siegel-Schwall Band, compuesta por Corky Siegel, Jim Schwall, Rollo Radford y Sam Lay -los neofitos del blues ubicamos a este baterista por su participación en el Highway 61 Revisited de Bob Dylan).

En fin, ahora más que nunca cobra sentido la sugerencia de comer frutas y verduras, porque James Super Chikan Johnson, Otis Taylor, Billy Branch, Zara Young, Dave Specter, Peaches Staten y Shirley Johnson, todos ellos distribuidos en tres noches de lujo de Ruta 61, nos van a quitar el sueño y el hambre, como nos lo quita un buen amor.

En lo que pasan las horas, ansiosos lectores, los invito a leer el reportaje que Tania Molina Ramírez publica hoy en La Jornada.

Ahí mismo aparece la siguiente fotografía, que retrata a un grupo de amigos de Ruta 61 en el Blues Heaven Foundation: Raúl de la Rosa, Shirley Johnson, Marie Dixon (viuda de Willie), Gilles Aniorte y Dave Specter. Faltan en la imagen Tania, que tomó la fotografía, y Nuestro Señor Lalocristo, Eduardo Serrano, que seguramente fue a comprar los clavos para la cruz que le espera esta semana.

lunes, noviembre 20, 2006

Blues en la intimidad

Esta entraga va dedicada a Tania Molina,
a quien hice pasar un mal momento el jueves 16 de noviembre
(por lo que estoy muy avergonzado).
Su profesionalismo y su calidad humana
la han vuelto una de las personas más queridas en Ruta 61.

Desde aquí te mando un beso, Tania,
mientras leo tu excelente nota sobre el X Festival de Blues,
en La Jornada, mi periódico, mi lectura diaria,
mi contacto con la realidad desde hace 22 años.

Eduardo Serrano y Dave Specter
Septiembre de 2006


Esta semana, sedientos lectores, será memorable para la historia de la música en México. Aprovechando su visita a la ciudad y su presencia dentro del X Festival de Blues (festival con el que el legendario, fundamental y necesario Raúl de la Rosa regresa a las andadas), varios músicos extraordinarios y deliciosos llegados de Chicago han decidido terminar la noche con veladas de petit-comité en Ruta 61.

¡Así tenía que ser!

Si un músico de blues –o cualquier amante del género- llega a la Ciudad de México y no pasa una noche en Ruta 61, regresará a su casa con la misma sensación de quien cena en el departamento de una mujer hermosísima… y sale sin haber conocido su dormitorio.

Gracias al esfuerzo de Lalo Serrano y a la sorprendente calidad de muchas de sus bandas, el Hoochie Coochie Bar es hoy referencia obligada para quienes buscan un recinto de música buena, decente, dignificante. Y si hay que dar ejemplos, éstos sobran: Las Señoritas de Aviñón, Billy Branch, Vieja Estación, Grana Louise, Guillermo Briseño, John Markiss, Betsy Pecanins, Carlos Johnson, El Charro y los Moonhowlers, Maxx Cabello, Laryfer, Dave Specter, La Dalia Negra, Deitra Farr, Jaime López, X-Pression, Emiliano y los 3,000 hombres…

A veces, los parroquianos del lugar no nos damos cuenta del milagro, porque nos hemos acostumbrado a la maravilla (valga la aparente antinomia). Sin embargo, alguien tendrá que hacer en el futuro y a favor de la memoria una revisión detallada de lo que Ruta 61 ha significado y está significando para el blues en nuestra ciudad.

La personalidad de Ruta 61 (y de Lalo Serrano, por supuesto) se inscribe dentro de lo que podríamos llamar la Generación de Pequeñas Empresas de Servicio y Entretenimiento con Visión Cosmopolita (¡arrrrozzz!), en las que el propósito constante es enlazar a nuestra ciudad con el mundo entero y, de una vez por todas, abrir las ventanas de nuestras concepciones estéticas, políticas, filosóficas, morales, eróticas, religiosas, sentimentales… Porque una cosa –muy valiosa- es hacer música desde la reivindicación y la revaloración de géneros y formas locales... y otra muy distinta es hacer basura desde el resentimiento crónico que sólo sabe expresarse a través del insulto xenofóbico.

Comenzamos el jueves 23 de noviembre con James Johnson, más conocido como Super Chikan (de niño, se la pasaba platicando con los pollitos, así que sus amigos y familiares comenzaron a decirle chiken boy; al volverse un grandulón de aspecto temible, el niño pollito se convirtió en Super Chikan). Parece que estará acompañado de su hija Jamiesa, y cuentan las buenas lenguas que no sólo está chulísima sino que, sobre todo, toca muy pero muy bien el bajo (habrá que comprobar ambos dichos). The Fighting Cock, que así se llama la banda de James Johnson, se completa con el baterista Andreu Turner (ha de ser el yerno, supongo).

Super Chikan interpreta sus propias canciones, pero he leído que en su repertorio se hallan excelentes versiones de Hideaway y Little Red Rooster. Ya veremos, ya oiremos; pero de una vez advierto que James Johnson es una fiesta ambulante y que pertenece alo grupo de guitarristas que cuando se emocionan se ponen a tocar con los dientes, cosa que a mí me aburre pero a la mayoría de la gente le causa mucha gracia. ¡No importa! La cosa es divertirse, y Super Chikan nos recuerda que el blues nace del dolor pero llega, por el camino de la música, al gozo y a la euforia.

Esa misma noche, Ruta 61 recibe a la Otis Taylor Band.

Nacido en el Chicago de 1948 pero criado en Denver, Otis Mark Taylor creció escuchando jazz, blues y country music, gracias a sus padres, dos melómanos que dieron a su hijo oídos para Etta James y ojos para la realidad social que los circundaba. Desde entonces, Taylor ha grabado seis álbumes, y en cada uno de ellos se plasma con crudeza una filosofía musical más cercana al mensaje reivindicativo que a la belleza formal, más cercana al blues de la calle que al éxito del momento.

Para abrir boca y en lo que llegan Super Chikan y Otis Taylor, la noche del jueves será abierta por Don Funk.

El viernes 24, vuelven dos gigantes del blues que ya son parte de la familia de Ruta 61: el armonicista Billy Branch, quien estuvo por acá hace apenas nueve meses, tocando con Vieja Estación, y que esta vez se subirá al escenario con su propia banda, The Sons of the Blues; y Dave Specter, a quien tuvimos la oportunidad de disfrutar a fines del pasado mes de septiembre, acompañado de Las Señoritas de Aviñón y de Vieja Estación (ahora, Dave trae consigo a sus músicos y a Zora Young, en cuyas venas corre la sangre del mismísimo Howlin´Wolf: la más simple de las frases se vuelve en la garganta de Zora Young todo un acontecimiento, un instante de música conmovedora sostenido por esa voz corpulenta capaz de dejar el micrófono y mantener su presencia en el escenario).

Billy Branch creció en Los Ángeles, y regresó a su natal Chicago en 1969. Fue entonces cuando, inspirado por la maestría de Big Walter Horton y Junior Wells, decidió labrarse un nombre y una carrera. Con ese ánimo a flor de piel, tuvo la oportunidad de sustituir a Carey Bell en la Chicago Blues All-Stars de Willie Dixon, y codearse con la crema y nata del blues, además de desarrollar una personalidad propia y de tejerla con la influencia directa de leyendas vivas y talentos extraordinarios.

Para hablar de Dave Specter (Chicago, 1962), vuelvo a citar –como lo hice hace dos meses- a Octavio Herrero, guitarrista de Las Señoritas de Aviñón y alumno avanzado del mismo Specter:

Dave es un músico que conoce extraordinariamente los códigos del blues, pero este conocimiento no es estático sino que, con un dinamismo que se agradece y con una originalidad evidente, Specter propone nuevas formas de decir, nuevas maneras de retomar una música ya centenaria. Dave es fuente de lenguaje, y en su guitarra hay historia, por supuesto, pero al mismo tiempo hay vida. Esto es muy importante: el blues de Dave Specter es un organismo vivo. En estos tiempos en que resulta difícil hallar dentro de su propia generación aportaciones significativas, Dave Specter representa un momento importante en la historia del blues.

Y yo repito algo que escribí sobre este músico refinado… y que, la verdad, me quedó muy bien: La musica de Dave Specter coincide con su talla física: para conocerlo y disfrutarlo, hay que mirar hacia arriba.

La noche del viernes será abierta por Vieja Estación, la banda argentina que ha asombrado a todos los músicos de Chicago visitantes de Ruta 61, por su calidad, por su talento y por esa capacidad inusual de asimilar y ejecutar con absoluta fidelidad, con uno o dos ensayos de por medio, el repertorio de los grandes. Además y para gozo colectivo, se subirán con ellos otros dos extraordinarios músicos: Octavio Herrero y Jaime Holcombe, de Las Señoritas de Aviñón.

¡Velada desmpampanante, sí señor!

Para terminar la semana, el sábado 25 será igualmente especial, porque Dave Specter y su banda invitarán a la recámara nupcial de Ruta 61 a dos mujeres que han hecho de su voz un río de blues en el que uno se baña para quedar absolutamente purificado: Shirley Johonson y Peaches Staten.

Con el gospel como raíz y con fuertes reminiscencias de E.C. Scott, Shirley Brown y Jeanne Cheatham, Shirley Johnson es dueña de un estilo singularmente poderoso y lleno de pasión, virtud que le ha valido el reconocimiento de los especialistas del género y del público que recorre los circuitos de blues de Chicago.

Si hemos de hablar de una nueva generación de mujeres en el blues, Shirley es, sin lugar a dudas, una de sus más notables representantes. Sin embargo, no se trata de una principiante (no puede serlo quien ha abierto los conciertos de Aretha Franklin y de otros grandes músicos): sus versiones personalísimas de As the years go passing by (Albert King), Little Wing (Hendrix) y Saved (Leiber & Stoller) –tres ejemplos de su repertorio- son muestra palpable de que estamos ante una mujer excepcional, capaz de ir en una misma noche del blues más agresivo a la más dulce e intimista de las baladas, tránsitos estéticos propios de una cantante con talento, corazón y clase.

Peaches Staten es hija legítima del Delta del Mississippi. Desde muy temprana edad, estuvo rodeada del blues de Chicago, porque su padrastro trabajaba como DJ en varios clubes de la ciudad, y su madre pertenecía a un club social a cuyas fiestas nunca faltaba algún buen músico de blues. Además, este mismo duraznito trabajó como mesera en el Rosa´s Lounge.

La versatilidad y la fuerza de su voz, en la que es evidente la influencia de Bessie Smith, Tina Turner, Billie Holiday, Koko Taylor y Janis Joplin, la han llevado a compartir el escenario con Buddy Guy, Robert Plant, Junior Wells, Koko Taylor, Dr. John, Billy Branch y muchos otros.

Yo no sé ustedes, pero en lo que a mí respecta… pienso abandonar el mundo desde el jueves y no salir de Ruta 61 hasta el domingo en la madrugada. Lo que va a suceder durante tres días es algo de veras memorable. Además, les cuento un secreto: como todos podremos saludar personalmente a cada uno de los músicos, para agradecerles su visita y su música, estoy a sus órdenes para tomar fotografías en pareja o en grupo. Ya estoy en pláticas con Lalo Serrano para que la sesión fotográfica se realice satisfactoriamente y sin incomodar a nadie.

Nos vemos el jueves en la noche en Ruta 61. Más vale que hagan su reservación, porque a cierta hora se cerrarán las puertas perladas del Cielo (Apocalipsis 21, 21).
Billy Branch y Lalo Serrano
Febrero de 2006

jueves, noviembre 16, 2006

La Vieja Estación, La Jornada y La Tania Molina

Si entramos a la página electrónica de La Jornada y buscamos la nota de Tania Molina sobre el concierto que Vieja Estación ofrecerá esta noche en Ruta 61, hallaremos una perla:

La Vieja Estación,
representantes de la esencia del rock.


Es claro que la frase no pertenece a nuestra querida reportera, porque ella conoce bien la forma correcta de llamar a esta banda argentina: Vieja Estación.

Por otro lado, sé que Tania no ignora la obligatoriedad de coherencia numérica en una oración: Vieja Estación nunca podrá ser representantes de nada. Si algo representa Vieja Estación, tiene que ser en singular: Vieja Estación es representante...

Pero, más allá de los tropiezos gramaticales (que todos experimentamos y padecemos, y de los cuales nos avergonzamos), mi pregunta es la siguiente: ¿Vieja Estación representa la esencia del rock?

¿Qué quiere decir con eso, señor Mussolini?

Cuando leo afirmaciones de este tipo, con definiciones metafísicas (¡la esencia, la substancia, la verdadera naturaleza!), llega a mis narices el tufo de varios cadáveres mal enterrados, esos cadáveres que de vez en vez (sobre todo en época de lluvias políticas, religiosas, morales o estéticas) emergen de la tierra mojada y hacen de nuestra vida comunitaria La noche de los muertos vivientes.

¡Ahí van los zombies,
en busca de carne humana!


El puritanismo, el fascismo, la intolerancia religiosa, la aristocracia, el orgullo proletario, el destino manifiesto, el sagrado mandato del pueblo, el sexo que Dios bendice, las buenas costumbres, las buenas conciencias, las bellas artes, la música clásica, la música popular, Viva la Gente -la hay donde quiera que vas-, el pueblo unido jamás será vencido, el machismo, la música romántica, el hembrismo, la homofobia, la música para hacer el amor, el racismo, el guanabí power, la chispa de la vida, Mozart para bebés, la verdadera izquierda, los pacíficos, la mexicanidad, la argentinidad, los himnos más bellos del mundo, la música folcloroide, el combate contra el narcotráfico, la música que llegó para quedarse...
Corro, me tropiezo, huyo de los muertos vivientes. La cámara se acerca a mi rostro desencajado y suduroso, cubierto de espinas y abrojos.

Apagada y desfalleciente, mi voz alcanza a decir:

Vieja Estación
es una banda que se representa a sí misma...
y a nadie más.



Escrito lo anterior, volvamos a La Vieja Estación.

Seguramente, el redactor de pies de foto de la versión electrónica de La Jornada tomó el asunto en sus manos y decidió -por sus pistolas- que a estos muchachos nacidos en Buenos Aires les anda faltando el artículo determinado, para que se sienta ese ambiente propio de Orfeón a Go- Go, donde la Nomenclatura Ye-Ye es prima hermana de misceláneas, pulquerías y expendios de cerveza tibia.

Al rato y con ánimo de subrayar la mitología tribal del rock -cuya génesis está en la beatlemanía (otro día hablaremos de ello)-, el mismo redactor decidirá que a estos jovencitos integrantes de un conjunto de música moderna hay que llamarlos por su verdadero nombre: Los Vieja Estación.

Termino esta entrega con la transcripción de la nota de Tania Molina.

Ante todo, Vieja Estación es una banda valiente y auténtica, que no claudica. Interpreta un rock cercano a sus raíces, el blues. Su música está "hecha desde el corazón y el alma", describe Ezequiel Espósito, vocalista del grupo, mejor conocido como Polaco.

Y, quizá por venir del corazón, el resultado es un rock vivo, limpio, sincero, directo, en el que "no hay vueltas". Grandes admiradores de The Allman Brothers, Led Zeppelin, The Rolling Stones, Johnny Winter y Black Crowes, entre otros, se mantienen firmes ante el oportunismo mercantil musical, en el que muchos músicos sienten que no tienen de otra más que acomodarse a las exigencias del consumidor.

No. Esto es rock que exhala blues. Ni más ni menos. Y hoy será una de las escasas ocasiones en las que podrá escuchar la creación propia de Vieja Estación.

Lo que suelen interpretar es blues y, por cierto, al lado de grandes maestros, cada vez lo hacen mejor. Son la banda de casa, junto con Señoritas de Aviñón, de Ruta 61, el oasis del blues en la Ciudad de México.

Vieja Estación ha tenido el privilegio de acompañar a grandes blueseros que han venido de Chicago a tocar a Ruta 61, como Billy Branch, Carlos Johnson, Dave Specter, Grana Louise, Deitra Farr y Markiss.

Además de presentar su blues en otros espacios del Distrito Federal, Vieja Estación lo hace en ciudades de la República, como Querétaro y Morelia.

Sin embargo, "llega el momento de que la necesidad de hacer tus propios temas es mucha", sigue Polaco. Las composiciones son hijas de los cinco integrantes argentinos de la banda: el baterista Ignacio Espósito, el tecladista José Luis Sánchez, el guitarrista Santiago Espósito, el bajista Mauro Bonamico y Polaco. Aunque la mayor parte de las letras las escribe Polaco, "la canción se define con los cinco". Ver la canción terminada, "lo ensayás y tocás... es impresionante. Esa es la necesidad que tenemos de tocar nuestros temas, que es en realidad para lo que venimos a México", cuenta Polaco.

Llegaron de Argentina hace más de tres años y, gracias a una tocada en el Multiforo Alicia, conocieron a Eduardo Serrano, el responsable de Ruta 61. En este espacio encontraron un refugio, un hogar, una familia, como lo han encontrado otros músicos y amantes del blues.

Una de las composiciones de Vieja Estación, 61 poemas borrachos (El blues de Juanelo), incluida en el disco Todo perro tiene su día (primera producción de Ruta 61), quizá hace referencia a este lugar. Es una amorosa canción, que recuerda aquellas nostalgias que se sienten por cosas que siguen ocurriendo: "Arde la ruta de los sueños, por donde viajo hoy, todo está tan claro, ni la lluvia apaga su pasión, 61 poemas borrachos me dan su calor".

Vieja Estación (www.viejaestacion.net), en Ruta 61 (www.ruta61.com), el jueves 16, a partir de las 21:30 horas. Entrada: 60 pesos. Baja California 281, entre Nuevo León y Culiacán, colonia Hipódromo Condesa. Tel. 3096-3021.

lunes, noviembre 13, 2006

¡Directamente desde Buenos Aires...!

VIEJA ESTACIÓN EN RUTA 61
Jueves 16 de noviembre
A partir de las 21:00 horas
¡Rocanrol, blues, funk!


Largo viaje de un día hacia la noche
Cupo Limitado

lunes, octubre 30, 2006

Un pegaso para Dylan

Ahora que Dylan, hermano menor de Mateo Holcombe Mustaros, entra a escena, he pedido permiso a sus padres para publicar aquí dos de sus primeras fotografías, extraordinarias imágenes que nos arrugan el corazón de ternura… y nos provocan las ganas de comer niño.

Pensaba acompañar las fotografías con un poema de Dylan Thomas, pero el autor de Under milk wood (un bellísimo concierto para voces, muy cercano a Harold Pinter) no es precisamente el invitado más oportuno, y tampoco lo es Bob Dylan, el santo patrono del recién nacido, aunque no faltarán los parientes y los amigos originales que retaquen a la familia de discos y libros del poeta de Minessota.

Creo que no conviene caer en lugares comunes ni en conductas pavlovianas. Dylan huele a leche y a paraíso, y su oídos todavía quieren escuchar el roce de las nubes y el corazón de su madre. ¡Mantengamos esa paz a su alrededor!

Ya tendrá tiempo Dylan, durante toda su adolescencia, de escuchar The Freewheelin' Bob Dylan hasta hartar a sus padres. Ya tendrá tiempo de asaltar el librero de su hermano para azotarse con algún poeta amargo. Por ahora...

Elijo a Rubén Darío, poeta de la vida y de la esperanza, poeta que asume la modernidad como el encuentro de pasado y futuro en un presente perpetuo en el que la humanidad crece hacia sus afueras y hacia sus adentros.

¡Vaya para Dylan este canto de bienvenida!



Pegaso


Cuando iba yo a montar ese caballo rudo
y tembloroso, dije ¡La vida es pura y bella!
Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella.
El cielo estaba azul y yo estaba desnudo.

Sobre mi frente Apolo hizo brillar su escudo
y de Belerofonte logré seguir la huella.
Toda cima es ilustre si Pegaso la sella,
y yo, fuerte, he subido donde Pegaso pudo.

¡Yo soy el caballero de la humana energía,
yo soy el que presenta su cabeza triunfante
coronada con el laurel del Rey del día;

domador del corcel de cascos de diamante,
voy en un gran volar, con la aurora por guía,
adelante en el vasto azur, siempre adelante!

sábado, octubre 28, 2006

Otra noche con Deitra Farr

Que me perdonen los puristas del picante y los refinados de la mañana, pero después de una desvelada en Ruta 61 necesito desayunar con mi Pepper Sauce de cabecera. Así que revuelvo dos huevos rojos con aceite vegetal, ajo y Salsa Tabasco, mientras escucho encantado The search is over y Let it go!, los álbumes que Deitra Farr grabó en 1997 y en 2005, respectivamente.

Ya sentado en la mesa de la cocina, leo en La Jornada la nota de nuestra querida Tania Molina Ramírez sobre Deitra Farr y admiro, con envidia de la buena, las dos fotografías de Carlos Ramos Mamahua que acompañan al texto.
Me gusta leer a Tania cuando reseña los acontecimientos del Hoochie Coochie Bar, porque siempre se escapa entre sus líneas o en sus mismas frases el gozo personal que esta reportera dulcísima experimenta durante sus visitas a Ruta 61. Tenemos, entonces, que agradecer a Fabricio León Diez, Jefe de Espectáculos de La Jornada, que haya asignado a Tania la aburrida tarea de contar los sucesos más relevantes de esta gruta divina (si Tania cita a la Tía Juanita, mítico personaje del lugar, yo también puedo hacerlo).

Trato de recordar lo que sucedió anoche. ¿Terminamos con un bacalao sabrosísimo, preparado por Fernando? Sí, me acuerdo muy bien. Los convidados atacamos el plato común con el hambre de quienes creyeron que bastaba la música y el alcohol para acallar la panza. Estábamos equivocados: llenamos el alma, pero no el estómago. Y es que no sabemos comer mientras hacemos el amor.
Trato de recordar.

La noche de ayer fue abierta por Las Señoritas de Aviñón, con esa capacidad de hechizo a la que ya nos tienen acostumbrados y que, sin embargo, nunca se agota y nunca agota. De veras, yo no necesito mesa en el Hoochie Coochie Bar: me basta un espacio en las escaleras para hundirme, bien asido a mi vaso de whisky, en la belleza con la que estas señoritas nos entregan a T-Bone Walker, Van Morrison, Steve Ray Vauhgan, George Gershwin, Albert King, Screaming Jay Hawkins, J.B. Lenoir y Magic Sam.

Trato de recordar.
Luego, sube Deitra Farr y redondea la noche, acompañada por el extraordinaria orquestación de Ignacio Espósito, Mauro Bonamico, Santiago Espósito y José Luis Sánchez, miembros de Vieja Estación, banda argentina radicada en México que, como Las Señoritas mismas, se ha ganado a pulso –por su calidad y por su trabajo- un lugar protagónico en cualquier festival de blues del mundo.

Y no es porque lo diga yo: Deitra lo expresa abiertamente en el escenario, cuando invita a Santiago a irse con ella a Chicago o cuando, sorprendida por la juventud del guitarrista de Vieja Estación, le dice al final de un solo:

-¿Cómo tan joven y tan bueno para tocar el blues?

Y no habla una persona de horizontes cortos (Mi lugar favorito de Chicago es el aeropuerto, dice esta mujer inquieta), sino alguien que ha recorrido el mundo y ha tocado con varios de los mejores guitarristas del planeta.

Por eso y porque la vida no retoña, esta noche me regalaré otra dosis de buen blues en la mejor Farr-macia de la ciudad.