miércoles, diciembre 27, 2006

Heráclito y las mujeres

Nadie se baña dos veces en el mismo río, dice Heráclito de Efeso; pero, digo yo, hay que ir más allá: en realidad, el río no existe más que como resumen verbal de un instante.

Así, lo dicho por
Heráclito nos ayuda a aliviar nuestras ganas poligámicas: nadie se baña dos veces con la misma mujer.


Es más: no existe eso que llamamos mujer, más que como resumen verbal de un instante.


Las mujeres imposibles

Hay que distinguir entre el amor platónico y el amor imposible.

El primero se practica en el plano de las ideas y con muy poca intervención de los cuerpos, apenas la mínima y necesaria mediación (un beso, un abrazo, una caricia) para significar nobles sentimientos como ternura, lealtad, admiración... Es el amor que uno experimenta, por ejemplo y en distintos grados, con los amigos, con los hermanos, con los padres, con los hijos, con los perros y con los atardeceres.

Sin embargo, el amor platónico tiene su coronación dramática en aquellas parejas que pudiendo desbocar su erotismo en la alcoba, eligen no hacerlo, a veces por impedimentos morales, en ocasiones por neurosis poética.

Otra cosa es el amor imposible…

Las mujeres que nos gustan y que no nos hacen caso, son amores imposibles. Bueno, ni siquiera me parece atinado hablar de amores imposibles.

Mujeres imposibles, eso son: mujeres imposibles. Y las mujeres imposibles se vuelven, con el tiempo, mujeres insoportables. Por eso se les dice: ¡Ay, mujer, eres imposible!

Los idiotas amados y los sabios desamados

Reconozcamos que la primera etapa de la pasión amorosa vuelve a los amantes muy estúpidos y absolutamente ciegos. En cambio, aquellos que vivimos el desamor entramos al territorio de la sabiduría, porque nos vemos obligados al análisis y al entendimiento urgente de la realidad.

El amor al arte

No existe el amor al arte, existe el amor a los espejos. Nos gustan los espejos, aunque a veces nos enfaden sus reflejos. Escribo esto mientras escucho a Jacqueline du Pré tocar la Sonata para Violonchelo y Piano No. 1, de Brahms, a quien felizmente acabo de descubrir. ¿Cuál de mis rostros veo en este músico romántico? Un rostro hermoso, el de la serenidad que brota después del dolor y la desolación: el rostro de la melancolía.

Rostros

Después de ver una película de Leonardo di Caprio, conviene no asomarse inmediatamente a un espejo. Es una experiencia muy triste, amarga.

El cine y el cinito

Para hacer plática mientras como sushi con dos amigos (un francés y un uruguayo), comento que anoche pasaron por canal 22 la primera parte de Il mio viaggo in Italia (1999), de Martin Scorsese, y que hoy pasan la segunda parte, que no hay que perdérsela porque se trata no sólo de un valiosísimo documento sino también de una extraordinaria cátedra sobre el gran cine italiano (Rosselini, Blasetti, Visconti, Fellini y De Sica, sólo para comenzar).

A partir de la recomendación, se establece un interesante diálogo entre mis dos amigos.

A mí, en realidad –dice el francés-, no me gusta el cine italiano.
¡Bueno, bueno, a mí tampoco! –dice el uruguayo-. Pero hay cosas muy buenas, como La vida es bella.
-Prefiero el cine francés.
-Sí, yo también. Lo que acabo de ver es la última de James Bond…
-¿Y qué tal?
-No, no sirve. No es buena. Me pasó lo mismo que con El Planeta de los Simios…
-¡Ah, muy buena la primera versión!

Guardo silencio. Ya encontraré en otro momento con quién hablar de cine.

Ruta 61

Quienes hemos hecho de Ruta 61 nuestra segunda casa, tenemos ya en la biografía de nuestro placer momentos inolvidables, todos ellos ligados a la música y al hermoso encuentro de amigos que cada fin de semana se abrazan, chocan sus vasos y describen sus últimos avatares, todos ligados a la emoción inagotable de vivir la vida, esa criatura frágil y nunca suficiente.

Un chiste

-Oye, fíjate que llevo una semana viendo elefantes rosas… Entro al baño, y veo elefantes rosas. Entro a la oficina, y veo elefantes rosas. Voy por la calle, y veo elefantes rosas…
-¿Y no has visto a un psiquiatra?
-No. Sólo elefantes rosas.

Peter Green

El primer disco que escuché de Santana fue Abraxas, que contiene piezas extraordinarias, como Evil Ways, Soul Sacrifice y Black Magic Woman. Pero fue hasta 1973 cuando Octavio Herrero, el amigo que llegó para quedarse, me hizo saber que Black Magic Woman es una canción compuesta por Peter Green.

A veces, el respeto es disfraz de la indiferencia…

El respeto es, a veces, antifaz de la inapetencia, manifestación tácita de distancia emocional. Hay respetos que no caben en la pasión, en ninguna pasión. Porque toda pasión –estética, erótica o mística- es un ansia de meterse en otro, integrarse a otro, volverse el otro; avidez que sólo se satisface con irreverencias, con atrevimientos, con descaros, con blasfemias.

Y en la pasión, es frecuente cometer errores. Apolo nunca se equivoca. Dionisios, en cambio, siempre se extravía, siempre tropieza y rompe algo. Pero en sus estropicios descubre el sentido de la vida.

Stanley Clarke y George Duke

Para fortuna de la música, los pocos que estuvimos cierto sábado en el Teatro de la Ciudad (para escuchar a Stanley Clarke y George Duke) no nos intimidamos por la elegancia del recinto ni por sus 94 años de vida.

Percibimos la vida, la respiramos.

Y ahí estuvimos José Luis Sánchez (Josefáin, tecladista de Vieja Estación) y yo. ¡Cómo no íbamos a estar ahí, si los dos amamos la música de Frank Zappa!

¿Y eso qué tiene que ver?

¡Ah! Pues tiene que ver porque el gordo Duke participó en Chunga’s Revenge, 200 Moteles, Waka/Jawaka, El Gran Wazoo, Over-Nite Sensation, Apostrophe, Roxy and Elsewhere, One Size Fits All, Bongo Fury, Studio Tan, Sleep Dirt, Them or us, You can’t do that on stage anymore (I, II, III, IV y VI), Playground Psychotics, The Lost Episodes, Läther y Have I ofended someone?

No sé Josefáin, pero fue así como yo conocí a George Duke.

El aire y el sueño

Hace unos días, soñé que volaba en rehilete. Sueño más en aire que en agua. ¿Por qué será?

Bachelard y Catulo

Aunque desde pequeño presentí la diferencia entre el sueño y la ensoñación, no la entendí hasta que Bachelard medio me explicó.

No, perdón. Corrijo.

Gaston Bachelard me explicó completamente, fui yo el que entendió a medias.

Pero Bachelard nunca me ha sido fácil. Lo leo y no estoy seguro de haber entendido su pensamiento, acaso porque su bandera es la de Jules Laforgue, genio de corta vida (1860-1887) al que cita casi como para curarse en salud:

¡Método, método!
¿Qué deseas de mí?
Sabes bien que he probado
la fruta de la inconsciencia.

Como antípoda metodológica de Bachelard está Umberto Eco, y –ay de mí- tampoco en sus terrenos –los de la razón- logro acomodarme: llevo años leyendo las primeras cien páginas de Kant y el Ornitorrinco, y no puedo atravesarlas. Por eso, siempre vuelvo a los clásicos, como Catulo, ese hacedor de versos milagrosos que camina sobre la superficie de la poesía sin hundirse. Hay entre sus poemas, por ejemplo, uno que siempre me ha gustado, por contener esa valiosa urgencia amorosa que argumenta sobre la fugacidad del tiempo e intenta (con)vencer así sobre la mesura del decoro y de la duda:

Vivamos, querida Lesbia, y amémonos
y que las habladurías de los viejos puritanos
nos importen todas un bledo.

Porque los soles pueden salir y ponerse,
pero nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
tendremos que vivir una noche sin fin.

Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien.

Luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos
cuando se entere del total de nuestros besos.

martes, diciembre 26, 2006

domingo, diciembre 24, 2006

Mohinder no es mitómano

El viernes, Marie me reclamó mis imprecisiones acerca de Mohinder Singh, el músico indio a quien conocí por ella en Ruta 61.

En honor a la verdad, me siento obligado a corregir lo dicho en la entrega anterior.

¡Pasa que estábamos hablando de dos conciertos distintos!

Mohinder
participó en el homenaje a George Harrison llevado a cabo en Liverpool, en The Cavern, el legendario lugar donde los Beatles comenzaron su carrera. Este concierto sucedió el 24 de febrero de 2002, nueve meses antes del concierto organizado por Eric Clapton en el Royal Albert Hall.

Esa vez en Liverpool, Mohinder acompañó en la tabla a Shalil Shankar (músico de cítara discípulo de Ravi Shankar), dentro de la pieza Raag Ganesha.

La lección es la siguiente: cuando una persona habla inglés en un ambiente de lengua española, es muy probable que muchos ineptos entendamos sólo la mitad de lo que dice. La otra mitad es cosecha personal:

-So, you played in THE concert for George Harrison?
-Well, I did it in A concert for him...
-Uy! ¡Oigan, oigan! ¡Mohinder tocó en EL concierto en homenaje a George Harrison. A ver, mi Mohis, autografíame el DVD del concierto...

Y Mohinder plasmó su autógrafo en el DVD de un concierto en el que no participó. Ahora, habré de adquirir el DVD del concierto de Liverpool... para que me lo autografié Tom Petty, que no estuvo en Liverpool ese 24 de febrero pero sí en el Royal Albert Hall.

Epílogo: En la entrega anterior, me faltó mencionar al doctor Stanilsaw Raczynski Gawin, catedrático de la Escuela de Ingeniería en la Universidad Panamericana y excelente músico, integrante de Las Señoritas de Aviñón. De él hablaremos con mayor detenimiento en una ocasión próxima.

Por otra parte y apenas el viernes pasado, nuestro amigo Gilles René Aniorte Tomassian (productor radiofónico en Estados Unidos) llegó a Ruta 61 acompañado de Lonnie Harrison, director de la tienda virtual MuzicWorld y excelente bajista. Esa noche, al calor de la alegría, Lonnie fue invitado a subirse al escenario para tocar con Vieja Estación. Ya era tarde, así es que pocos tuvimos la suerte de conocer su efectividad y su talento.


miércoles, diciembre 20, 2006

Mi vida cosmopolita

Para ganarme el pan diario, trabajo en el área de mercadotecnia directa de una agencia de medios. Ahí, tengo como jefe directo a un uruguayo. Arriba del uruguayo está un francés (a quien, a propósito, casé en Varadero –porque soy ministro plenipotenciario de todos los cultos, y hasta de los incultos tipo Paulo Cohelo, autor brasileño de frases tan estúpidas como la siguiente: Cuando quieres realmente una cosa, todo el universo conspira para ayudarte a conseguirla, que es la versión kitsch de Mateo 17, 20). Este francés rinde cuentas a un español. El español recibe órdenes de un joven de origen alemán.

Una de mis dos bandas favoritas está compuesta por argentinos, que además son mis amigos y con quienes he visitado varios estados de la República y también otras dimensiones. Uno de ellos, Ezequiel, apodado El Polaco, está casado con una guapa mujer en cuyas venas corre sangre germana.

La esposa de uno de mis amigos es una guapa francesa. La esposa de mi mejor y más íntimo amigo es otra guapura... pero de sangre inglesa. Tuve el gusto de conocer y tratar a Yoriko Yasukawa, linda japonesa que fue hasta hace poco representante de UNICEF en México.

Satanás, mi difunta esposa, se escapó con un judío y se fue a vivir a Venezuela. Mi primera novia vive hoy en Florida con un argentino que se cree inglés.

Acabo de despedir con un fuerte abrazo a Edouard Perromat, amigo francés que regresa mañana, no sé si a Toulouse o a Bourdeaux, para pasar el fin de año con su familia. Edouard fue miembro de Abracadaband, orquesta de músicos dedicados, entre otras rarezas, a interpretar la obra de uno de los más grande compositores del siglo XX: Frank Zappa.

A veces, las primeras luces del día me sorprenden discutiendo, llorando o nadando en whisky con una cubana. Esta bella cubana me presentó, hace como un año, a un músico de la India simpatiquísimo y mitómano (me aseguró que había tocado en el concierto en homenaje a George Harrison, en el Royal Albert Hall: me entusiasmé y le pedí su autógrafo en mi DVD de dicho evento; luego lo busqué en los créditos... y resulta que no aparece; pero, bueno, ya conocí a un músico indio). He hecho buenas migas con un excelente músico de Chicago. En Ruta 61, fungí como guardaespaldas de Grana' Louise... y luego de Deitra Farr, quien me autografió dos de sus discos con frases reveladoras (en uno, Te amo; en el otro, Te odio).

A mediados de los noventa, pasé una noche entera conversando sobre el EZLN con un académico de la Universidad de Chicago (nadie pudo seguirnos el ritmo, y el sol tibio de las seis de la mañana iluminó nuestro último vaso de whisky). Una vez, estuve sentado juntito a Ana Duato, chulada peninsular (José Luis, mi hermano, posó la mano sobre su pierna). A principios de siglo, conversé con el doctor Ricardo Pascoe y el embajador de Rumania sobre Eminescu, Ciorán y Ionesco (los tres habíamos leído La Cantante Calva y Las Sillas).

Estoy enamorado de una catalana chulísima, cuyo uso del participio pasivo me enloquece.

A fines de los ochenta, conocí en el Bar 9 a un hombre de Trinidad y Tobago, negro, alto, fornido, que estaba encantado con el rocanrol de Mamá-Z. Pero a él sólo lo traté de lejitos.

viernes, diciembre 08, 2006

Me duele...

San Francisco, California, diciembre de 1970.

Jann S. Wenner
: ¿Yer Blues fue una parodia intencional del movimiento de blues inglés?

John Lennon: No. Bueno, un poco, porque soy un poco… Todos somos tímidos (…). Sé que desarrollamos un estilo propio, pero en cierta manera seguimos siendo parodia de la música estadounidense (…). Nos cohíbe cantar blues de repente. Todos escuchamos a Sleepy John Estes y a todos ellos en la escuela de arte, como todos los demás. Pero cantarlo era distinto. Por eso me cohibía hacerlo.

Jann S. Wenner: ¿Cómo te calificas como guitarrista de rock and roll?

John Lennon: No lo hago mal. Técnicamente no soy muy bueno, pero puedo hacerla aullar y moverse. Yo era guitarrista de acompañamiento, y ése es un trabajo importante. Puedo impulsar a un grupo (…). En cierto sentido, me avergüenza mucho mi manera de tocar porque es muy elemental. No puedo moverme, pero puedo hacer que una guitarra hable. Richie Havens toca un solo acorde todo el tiempo, una guitarra muy funky. Parece que no sabe tocar, en el sentido común del término. Yo soy así (…). Una parte de mí dice: Sí, claro que puedo tocar porque puedo hacer que una roca se mueva. Pero la otra parte de mí dice: Bueno, quisiera hacerlo como B.B. King. Si me pones con B.B., me siento tonto (…). No sé, pregúntale a Eric Clapton, él cree que sí sé tocar (…). Yo soy un guitarrista y músico del tipo cinema-verité. Debes derribar tus barreras para escuchar lo que estoy tocando. Me gusta un fragmento que toqué en Abbey Road. Paul nos dio a cada quien una pequeña sección donde él toca, George toca y yo toco (…). Dicen que George es el cantante invisible. Yo soy el guitarrista invisible.

Jann S. Wenner: ¿Tocaste el obbligato en Get Back?

John Lennon: Yo toqué el solo en ésa, sí. Cuando Paul tenía un ataque de generosidad, me daba un solo. Cuando se sentía culpable (…), me daba un solo (…). Creo que George toca cosas hermosas en la guitarra, pero creo que está demasiado acomplejado para soltarse. Pero Eric también lo está. Tal vez ha cambiado. Todos están acomplejados. Bueno, todos lo estamos. Ése es el problema. Pero me gusta mucho B.B. King.
He aquí uno de los mejores retratos que se han hecho de John Lennon.
Su autor es otro de mis héroes: Gerardo Aguilar Tagle, leyenda viva del rocanrol.

John Lennon
, músico y compositor del siglo pasado. Nació en Liverpool, el 9 de octubre de 1940, en medio de las bombas lanzadas por los nazis contra las principales ciudades inglesas. Quedó huérfano de madre a temprana edad, y su padre dejó muy pronto la casa. Al final de su adolescencia y durante su primera juventud, formó parte de The Beatles, banda musical de los años sesenta que marcó un hito en la historia de la cultura en general y del arte en particular. Más tarde, durante casi toda la década de los setenta y hasta el final de sus días, se estableció en Nueva York con su segunda esposa, la artista japonesa Yoko Ono. La noche del 8 de diciembre de 1980, fue asesinado por un psicópata a la entrada del Edificio Dakota (estoy convencido de que si el asesino no hubiera sido condenado a cadena perpetua, hoy estaría organizando un homenaje a John Lennon en algún bar de la Ciudad de México).

Para establecer la gravedad de las heridas y antes incluso de subirlo a la ambulancia, uno de los policías hizo la pregunta de rutina:

-¿Sabe usted quién es?

La respuesta aún me provoca un nudo en la garganta:

-Soy John Lennon.

Camino al hospital, dentro de la ambulancia, el mismo policía tuvo tiempo de hacer la última pregunta y recibir la última respuesta:

-How do you feel?
-I'm in pain.

jueves, diciembre 07, 2006

El Blues de Chicago en la Ciudad de México V

Importante

Visita, lector sediento, la
Galería I y la Galería II
de El blues de la estufa divina.

En ambos espacios virtuales hallarás las fotos que tomé entre el 23 y el 26 de noviembre de 2006.


A la mera hora y aunque Jaime López tuvo la amabilidad de ofrecerme un pase como invitado suyo, preferí ser decente y solicitar al guardia de la entrada que consultara la lista de invitados de Raúl de la Rosa

-Agustín Aguilar Tagle, Aguilar Tagle, Aguilar, Aguilar. No, señor, no está en la lista.
-Bueno, pues muchas gracias. Voy a Donceles, a ver si ahí estoy registrado.
-Ándele, señor. Sí, porque aquí no, mire, aquí no está.
-Buenas noches.

En Donceles, busqué a Daniela Beltrán, encargada de prensa. Ahí estaba, chulísima en todos sentidos.

-¡Hola, Agustín! Sí, mira, pégate en la solapa esta calcomanía de prensa y pásale. Sólo recuerda que no puedes usar flash durante el concierto.
-Oye, Daniela, pero es que me gustaría pasar a los camerinos.
-¿Quieres entrevistar a los músicos?

Piensa rápido, Agustín, piensa rápido. Miente, si es necesario.

-Sí, Daniela, me gustaría realizar algunas entrevistas.
-Bueno, entonces, deja le hablo a Xóchitl. ¡Xóchitl! Agustín…
-Hola, Xóchitl…
-Mira, Agustín piensa entrevistar a los músicos. Lo voy a llevar personalmente a los camerinos, ¿te parece?

Y ahí vamos, por los oscuros pasillos que llevan a los camerinos del Teatro de la Ciudad, apenas iluminados por el celular de Daniela.

-Mira, pásale, aquí está el camerino de Super Chikan. Pero no sé si James Johnson ya llegó. Creo que sólo están sus músicos.

Tres mujeres y un hombre, sonrientes, sin prisa, sin el mínimo asomo de arrogancia o de enfado porque alguien se atreve a visitarlos. El cuarteto disfruta de los alimentos puestos en platones, junto a los espejos de la pequeña estancia.

Daniela me presenta como fotógrafo de Ruta 61 interesado en realizar una entrevista.

-Hi! How are you? Do you need something?
-No, thanks, we’re fine…
-OK. He is Agustín Aguilar Tagle.
-Hi!
-Hi!
-Hi!
-Hola, ¿qué tal?

Pero le digo a Daniela que ni se preocupe, que no quiero molestar, que la entrevista puede ser otro día, que en este momento me basta con tomar algunas fotos. Las tomo. Me despido. Daniela se despide. El hombre pregunta:

-Your name is…
-Daniela. Call me Dani.
-Daniela. It’s a beautiful name!
-Oh, yeah… Thank you…

Le agradezco a Daniela sus atenciones, le doy un besito y me voy a escuchar al Grupo de Percusiones Tam’Bore, cuyo número ya va a comenzar. Noto que no hay mucho público. ¿Qué pasa? ¡Bueno, es la primera noche, no hay que desesperarse!

Los sonidos creados por Arístides Martínez, Bruno Martínez y Eduardo Garavito nos llevan a un mundo primigenio de ritmos y atmósferas sonoras donde la música es una herramienta de conciliación con la naturaleza y con sus espíritus. Es liturgia, es lenguaje religioso, es recreación del universo. Asistimos a una misa, y es la re-presentación del pasado lo que creo que debemos aplaudir.

Los sonidos de Tam'Bore (tambor amigo) no se apagan aún, los tres sacerdotes no salen todavía de escena. Se une a ellos, Montse Revah, a quien conocemos por su trabajo como baterista de Betsy Pecanins y como percusionista de Jaime López.

Tam'Bore hace mutis, se queda Montse y entra Jaime, cuyo trabajo admiro (sus letras, su música, su actitud, su voz aguardientosa, su dominio de la palabra y del fraseo) pero a quien no logro vincular con mi concepto del blues. ¡Pero es mi concepto, así es que no me hagan mucho caso!

Siempre disfruto a Jaime, incluso cuando no ensaya y se sube como el Borras (a ver qué pasa), valentía que en él es admisible, porque ya nos dio bastante, pero que hace veinte años era la constante del rock mexicano y que fue el huevo de la serpiente que hoy mastica y devora el gusto de mucha gente (aún es posible encontrar personas que creen que Alex Lora tiene algo que ver con la música, y hasta le aplauden o lo miran con simpatía).

Termina Jaime y entran Super Chikan y las Fighting Cocks. ¿Tres mujeres y un hombre? A ver, a ver. Sí. ¡Ah, claro! Es a James Johnson a quien fotografié con su hija Jamiesa, la baterista.

miércoles, diciembre 06, 2006

El blues de Chicago en la Ciudad de México IV

El 23 de noviembre de 2006 cayó en jueves, con cielo despejado y aire frío, es decir, con el clima perfecto para salir de la chamba a las seis de la tarde y caminar por el Paseo de la Reforma, desde la Fuente de Petróleos y hasta el Auditorio Nacional.

A esa hora, al cruzar el puente del Periférico, tengo siempre la fortuna de escuchar una algarabía de pájaros, cientos de pájaros, pájaros felices y oportunos que asaltan la arboleda y vencen con su alboroto encantador la majadería crónica de los automovilistas.

Antes, a mediodía, había recibido las llamadas telefónicas de Lalo Serrano y Raúl de la Rosa, quienes me recordaron que mi nombre aparecería en la lista de invitados del X Festival de Blues. ¡Ah, bueno, así hasta con más ganas voy!

Todo lo que sea gratis es bien recibido, excepto las fiestas de fin de año de la oficina (de cualquier oficina: toda oficina es un infierno). En esas fiestas siempre he padecido no sólo aburrimiento sino el mayor de los pavores, porque se vuelven convención de feas y porque se ve uno obligado a bailar El Venao, el venao, y que no me digan en la esquina el venao, el venao, que eso a mí me mortifica, el venao, el venao. Y luego, cumplido el compromiso y con ganas de huir del país, lo jalan a uno a la pista, para sufrir, entre dos esperpentos de barriga desbordada, con No rompas más mi pobre corazón, estás pegando justo, entiéndelo…

Digo, ¿por qué? ¿Cuándo perdimos el gusto por bailar y cantar La Sandunga?

Tomé la línea 7 del Metro, hacia El Rosario, y me bajé en Tacuba para transbordar a la línea 2, con dirección a Taxqueña. Al llegar a la estación Bellas Artes, salí del Metro y caminé hacia San Juan de Letrán…

¡San Juan de Letrán! Hace casi treinta años que perdió su nombre, pero lo recobra a cada rato. San Juan de Letrán, nombre montado sobre la nostalgia de quienes alguna vez viajamos en tranvía y comimos tortas de nata.

Me detuve en la avenida y esperé que dos agentes de tránsito lograran detener la majadería crónica de los automovilistas. Mientras, al observar la acera de enfrente, pensé que las cosas no han cambiado mucho desde que José Emilio Pacheco describió San Juan de Letrán: huele a tacos de canasta y de carnitas, a tortas compuestas, tepache, jugo de caña, aguas frescas, lámparas de kerosen, perfume barato, líquido para encendedores, dulces garapiñados, papel de periódico y revista, de libritos de versos de Antonio Plaza y novelita pornográfica. Es imposible caminar rápido, porque la acera se encuentra atestada por los que no tienen trabajo o acaban de llegar del campo y toman fotos instantáneas, pregonan billetes de lotería, venden toques eléctricos (…), huevos duros, charales, chupamirtos para la suerte en el amor, barajas españolas, fotos de estrellas cinematográficas, puñales con inscripciones retadoras (…), imágenes del Sagrado Corazón y de la Virgen de Guadalupe.

Por fin, crucé San Juan de Letrán, caminé entre los puestos de chucherías chinas y doblé en República de Cuba, porque tanto Lalo como Raúl me habían advertido que entrara por la puerta de atrás del Teatro de la Ciudad. Bueno, veamos. Cuba 49, Cuba 49… aquí.

Toqué. El portón de metal, a punto de caerse, apenas si se abrió… ¡y, como la Amilamia de Muñeca Reina, apareció Jaime López!

-¿Qué pasó, Agustín?
-Pues nada, que…
-Oye, acompáñame a buscar una vinacha…
-¿Una qué?
-Una vinacha, pues, una vinatería. Es que en los camerinos sólo hay fruta, sánguiches y refrescos.
-Vamos…

La calle de Cuba y sus aledañas no son mis rumbos, y menos de noche. A cada paso, sentía que El Jaibo nos pisaba los talones; en cada esquina, temía tropezarme con Rufino perseguido por el Ochoa. ¡Ay, nanita, pus qué hago aquí, carnal, no mames, güey! ¡Vamos, piensa en algo bonito! No te preocupes, te acompaña Jaime López.