sábado, mayo 19, 2007

Lurrie Bell en Ruta 61 (tercera parte)

If you're down and out and you feel real hurt,
come on over to the place where I live,
And all your loneliness I'll try to soothe.
I'll play the blues for you.

Albert King

No es necesario anunciarte, Lurrie. Al bajar las escaleras del Hoochie Coochie Bar, el público te recibe con aplausos y expresiones de admiración. Y tú caminas con timidez y modestia, como si no fueras Lurrie Bell, como si no fueras uno de los guitarristas más talentosos de tu generación, como si no fueras lo que ahora me consta: un titán de tierra negra.

Vestido como para tu primera comunión (camisa blanca y pantalón gris), subes al escenario y tomas tu Gibson colorada. En ese instante, algo me dice que estoy frente al origen mismo de la Creación. Así ha de haber comenzado todo...

Y conectó Dios su Gibson y dijo: ¡Que haya Blues! Y hubo Blues. Y oyó Dios que el Blues era bueno, y separó Dios el Blues de las tinieblas. Llamó Dios al Blues día, y a las tinieblas también. Y hubo tarde y hubo mañana… (Génesis, 1, 3-5)

Las sonrisas de Vieja Estación, banda bendita, te dan el reporte metereológico:

-Hace buen tiempo, Lurrie, podemos volar.
-Right!, dices en voz alta, como niño que sale a la calle a jugar con los amigos (Lalo Serrano imita muy bien tus escandalosas muestras de contento, a propósito).

Comienzas con Born under a bad sign, de Boker T. Jones y William Bell (aunque hecha famosa por Albert King en 1967).

Lamento, desaucio y autoflagelación. Este blues dibuja en primera persona a la víctima conciente de su propio infortunio, y el mismo protagonista resume en un solo verso la causa de su humor: cierta mujer está llevándolo directamente a la tumba, y la agonía le provoca sensaciones de haber nacido con mal sino. Es, así se siente, la viva encarnación de la calamidad: su vida es siempre un contratiempo, que podría, sin embargo, aliviarse temporalmente con vino y mujeres, gozos que anhela y que resumen su idea de la felicidad.

Te escucho, Lurrie, y cuando llegas a la parte de la mujer de piernas largas (A big legged woman is
 gonna carry me to my grave), sonrío y reconozco las raíces de Octavio Herrero y las musas que lo rondaron al componer Magdalena. El dice que no. Yo digo que sí, porque me interesa dar a la estrofa la alcurnia que se merece, y porque, al hacerlo lograré quitar de la mente de mi amigo la intención de modificar esta parte de la canción. Es una gran estrofa y está a la altura de la anterior (aquella en donde nos enteramos de la infidelidad de Magdalena)…

Voy a buscar una mujer de piernas largas
y moral dormida
Voy a buscar una mujer de piernas largas
y moral dormida
que dé saltos muy largos
y me ame todo el día.

No quiero cansarte, Lurrie, así que seguiré hablando de estas noches en la siguiente entrega. Mientras, déjame presentarte a mi nueva banda: Las Blusas. Todavía no nos presentamos en vivo, porque apenas estamos montando el repertorio. Ya luego te platico de lo que estamos haciendo (te advierto que vamos a ser la sensación del siglo).

2 comentarios:

Zorro Viejo dijo...

asi que hay nueva banda??? congratulaciones!!!

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Bueno, Zorro, sí; pero tienes que saber de qué se trata. Las Blusas tiene cómo únicos instrumentos sus propias voces y tres triángulos (supongo que allá también se llaman triángulos). Sin pensarlo ni prepararlo, anoche tuvimos una primera experiencia: le hicimos los coros a Lurrie Bell en cierto momento y sin que él se diera mucha cuenta. Porque Las Blusas hacen música incluso cuando hacen el amor.

Un abrazo, Zorro.