sábado, mayo 26, 2007

Intermedio

Tengo en el tintero un titipuchal de textos que han de salir y encontrar lugar en esta bitácora. Pero es que la vida no me alcanza para todo lo que quiero hacer.

Me falta terminar mis reseñas sobre Todo perro tiene su diálisis, el más reciente álbum de Vieja Estación. Me falta terminar la biografía de Las Señoritas de Aviñón. Me falta explicarle al Foca por qué hablo tanto de esas dos bandas y me olvido de otras. Me falta reseñar el concierto de Claudia Ostos y su banda. Me falta hablar de LABA, el exquisito álbum de Alonso Arreola. Me falta hablar de Jaime Holcombe, quien se nos va en cualquier momento. Me falta hablar de Jazmín Tenorio, lindísima amiga y creadora de las credenciales del Club de la Estufa Divina (no me dejó fotografiarla, porque los dos andábamos montados en Chivas Regal, y Jazz sabe cuidarse de paparazzis como yo). Me falta describir mi entusiasmo por Bergman, por Guy Maddin y por Lars von Trier. Me falta terminar mi reseña de la visita de Lurrie Bell. Me falta tiempo, carajo.

Y si a esto añadimos el estar del tingo al tango. Y si a esto añadimos la existencia de las mujeres, a quienes nos la pasamos dándoles roll over de muchas maneras, hasta que se dan cuenta y eligen una de dos: amarnos o volverse nuestras amigas (el segundo caso es tan triste y deprimente como la música de salterios). Y si a esto le añadimos los libros que esperan ser leídos.

Esta mañana, a propósito, decidí leer más páginas del Ulises, de James Joyce. Lo hice hasta que me dolió la cabeza. Voy lento, muy lento. Lo comencé hace veinticino años, cuando Octavio Herrero, amigo y hermano eterno, me propuso que lo leyéramos juntos. Yo no sé si él ya terminó. Yo voy lento, muy lento. Todavía no aparece Leopoldo Bloom, con eso digo todo. Todavía está fluyendo, como diarrea, la conciencia de Stephen Dédalus. Todavía anda por ahí el pesado de Buck Mulligan. Y apenas lo termine, ya me hice la promesa de terminar En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust (lo comencé en 1979). Y si Dios me da licencia, quiero dedicar un año completo a escuchar con audífonos la música de Frank Zappa (Frankie, como lo llama cariñosamente Josefáin, baterista de Vieja Estación: ¡Frankie, qué gran jugador!), desde Freak Out! hasta Trance-Fusion.

Anoche no fui a Ruta 61, porque me dio vacío cósmico: de pronto tuve la sensación de que nada tenía sentido y que, como dijo, Ciorán, si no me suicido es porque aún tengo tiempo de decepcionar a más personas. Claro, hay otros motivos para no suicidarse: hasta donde sabemos, los muertos no hacen el amor, no escuchan música, no se sirven vasos de whisky, no leen obras de teatro escritas por mujeres disfrazadas de alcachofa, no terminan su colección de Frank Zappa...

El jueves pasado, a propósito y por los buenos oficios del eterno Octavio, me llegaron a su oficina dos paquetes con música del Genio de Baltimore. De todo es necesario hablar: de The Mofo Project, de las interpretaciones de Colin Towns y su NDR Big Band (Frank Zappa Hot Lick´s), de las de The Ed Palermo Big Band (Take your clothes off when you dance), de las barrocas de Ensemble Ambrosius, del DVD documental sobre Apostrophe y Over-Nite Sensation, de Trance-Fusion (oficialmente, el más reciente álbum póstumo de Zappa), y de la invaluable joya Imaginary Diseases, que me arrancó literalmente las lágrimas.

Ya hablaré de todo esto, ya hablaré. Mientras, querido lector, te comento lo siguiente: lo que estás escuchando (si es que lo escuchas, porque a veces se desactiva el sonido de mi bitácora) es el adagietto con el que inicia la tercera parte de la Sinfonía #5 de Gustav Mahler, una delicia que puedes usar para envolver el silencio el día que se te rompa el alma en pedacitos, como a Gustav von Aschenbach en Muerte en Venecia.

4 comentarios:

Rodrigo de Oyarzabal dijo...

Jóven y querido Tino:

Checa mi blog: http://rodoyarzabal.blogspot,com y de allí lígate a Los Diez Grandes.

Luego me escribes para darme tu opinión.

Me cuentas también como puedes poner la música en el blog que, por cierto, me resulta muy interesante (lo acabo de descubrir) y deberé darme un buen tiempo para irlo leyendo.

un abrazo
Rodrigo de Oyarzabal

nandocaballero dijo...

genial el dvd de zappa, anoche lo estuve visionando...

Anónimo dijo...

Ne te mando e mail porque no estoy en mi compu pero, llegue al final de la lectura (como siempre), muy buena la informacion del Hoochie Coochie, ahora tengo más rollo para contarle a los clientes o para tener la atención de alguna señorita contandoles acerca de la encrucijada, el Hoochie Coochie y otras cositas. Bravo Agus!!!

El Blues de la Estufa Divina dijo...

¿Verdad que sí, Nando? Gracias por tu comentario...

Y anónimo... ¿quién eres? Veamos, clientes, atención señoritas... Sospecho, sospecho que eres...