Esta entraga va dedicada a Tania Molina,
a quien hice pasar un mal momento el jueves 16 de noviembre
(por lo que estoy muy avergonzado).
Su profesionalismo y su calidad humana
la han vuelto una de las personas más queridas en Ruta 61.
Desde aquí te mando un beso, Tania,
mientras leo tu excelente nota sobre el X Festival de Blues,
en La Jornada, mi periódico, mi lectura diaria,
mi contacto con la realidad desde hace 22 años.
Eduardo Serrano y Dave Specter
Septiembre de 2006Esta semana, sedientos lectores, será memorable para la historia de la música en México. Aprovechando su visita a la ciudad y su presencia dentro del
X Festival de Blues (festival con el que el legendario, fundamental y necesario
Raúl de la Rosa regresa a las andadas), varios músicos extraordinarios y deliciosos llegados de Chicago han decidido terminar la noche con veladas de
petit-comité en
Ruta 61.
¡Así tenía que ser!
Si un músico de blues –o cualquier amante del género- llega a la Ciudad de México y no pasa una noche en
Ruta 61, regresará a su casa con la misma sensación de quien cena en el departamento de una mujer hermosísima… y sale sin haber conocido su dormitorio.
Gracias al esfuerzo de
Lalo Serrano y a la sorprendente calidad de muchas de sus bandas, el
Hoochie Coochie Bar es hoy referencia obligada para quienes buscan un recinto de música buena, decente, dignificante. Y si hay que dar ejemplos, éstos sobran: Las Señoritas de Aviñón, Billy Branch, Vieja Estación, Grana Louise, Guillermo Briseño, John Markiss, Betsy Pecanins, Carlos Johnson, El Charro y los Moonhowlers, Maxx Cabello, Laryfer, Dave Specter, La Dalia Negra, Deitra Farr, Jaime López, X-Pression, Emiliano y los 3,000 hombres…
A veces, los parroquianos del lugar no nos damos cuenta del milagro, porque nos hemos
acostumbrado a la maravilla (valga la aparente antinomia). Sin embargo, alguien tendrá que hacer en el futuro y a favor de la memoria una revisión detallada de lo que
Ruta 61 ha significado y está significando para el blues en nuestra ciudad.
La personalidad de
Ruta 61 (y de
Lalo Serrano, por supuesto) se inscribe dentro de lo que podríamos llamar la
Generación de Pequeñas Empresas de Servicio y Entretenimiento con Visión Cosmopolita (¡arrrrozzz!), en las que el propósito constante es enlazar a nuestra ciudad con el mundo entero y, de una vez por todas, abrir las ventanas de nuestras concepciones estéticas, políticas, filosóficas, morales, eróticas, religiosas, sentimentales… Porque una cosa –muy valiosa- es hacer música desde la reivindicación y la revaloración de géneros y formas locales... y otra muy distinta es hacer basura desde el resentimiento crónico que sólo sabe expresarse a través del insulto xenofóbico.

Comenzamos el
jueves 23 de noviembre con
James Johnson, más conocido como
Super Chikan (de niño, se la pasaba platicando con los pollitos, así que sus amigos y familiares comenzaron a decirle
chiken boy; al volverse un grandulón de aspecto temible, el niño pollito se convirtió en
Super Chikan). Parece que estará acompañado de su hija
Jamiesa, y cuentan las buenas lenguas que no sólo está chulísima sino que, sobre todo, toca muy pero muy bien el bajo (habrá que comprobar ambos dichos).
The Fighting Cock, que así se llama la banda de
James Johnson, se completa con el baterista
Andreu Turner (ha de ser el yerno, supongo).
Super Chikan interpreta sus propias canciones, pero he leído que en su repertorio se hallan excelentes versiones de
Hideaway y
Little Red Rooster. Ya veremos, ya oiremos; pero de una vez advierto que
James Johnson es una fiesta ambulante y que pertenece alo grupo de guitarristas que cuando se emocionan se ponen a tocar con los dientes, cosa que a mí me aburre pero a la mayoría de la gente le causa mucha gracia. ¡No importa! La cosa es divertirse, y
Super Chikan nos recuerda que el blues nace del dolor pero llega, por el camino de la música, al gozo y a la euforia.

Esa misma noche,
Ruta 61 recibe a la
Otis Taylor Band.Nacido en el Chicago de 1948 pero criado en Denver,
Otis Mark Taylor creció escuchando jazz, blues y country music, gracias a sus padres, dos melómanos que dieron a su hijo oídos para
Etta James y ojos para la realidad social que los circundaba. Desde entonces,
Taylor ha grabado seis álbumes, y en cada uno de ellos se plasma con crudeza una filosofía musical más cercana al mensaje reivindicativo que a la belleza formal, más cercana al blues de la calle que al éxito del momento.
Para abrir boca y en lo que llegan
Super Chikan y
Otis Taylor, la noche del jueves será abierta por
Don Funk.El
viernes 24, vuelven dos gigantes del blues que ya son parte de la familia de
Ruta 61: el armonicista
Billy Branch, quien estuvo por acá hace apenas nueve meses, tocando con
Vieja Estación, y que esta vez se subirá al escenario con su propia banda,
The Sons of the Blues; y
Dave Specter, a quien tuvimos la oportunidad de disfrutar a fines del pasado mes de septiembre, acompañado de
Las Señoritas de Aviñón y de
Vieja Estación (ahora, Dave trae consigo a sus músicos y a
Zora Young, en cuyas venas corre la sangre del mismísimo
Howlin´Wolf: la más simple de las frases se vuelve en la garganta de
Zora Young todo un acontecimiento, un instante de música conmovedora sostenido por esa voz corpulenta capaz de dejar el micrófono y mantener su presencia en el escenario).
Billy Branch creció en Los Ángeles, y regresó a su natal Chicago en 1969. Fue entonces cuando, inspirado por la maestría de
Big Walter Horton y
Junior Wells, decidió labrarse un nombre y una carrera. Con ese ánimo a flor de piel, tuvo la oportunidad de sustituir a
Carey Bell en la
Chicago Blues All-Stars de
Willie Dixon, y codearse con la crema y nata del blues, además de desarrollar una personalidad propia y de tejerla con la influencia directa de leyendas vivas y talentos extraordinarios.
Para hablar de
Dave Specter (Chicago, 1962), vuelvo a citar –como lo hice hace dos meses- a
Octavio Herrero, guitarrista de
Las Señoritas de Aviñón y alumno avanzado del mismo
Specter:
Dave es un músico que conoce extraordinariamente los códigos del blues, pero este conocimiento no es estático sino que, con un dinamismo que se agradece y con una originalidad evidente, Specter propone nuevas formas de decir, nuevas maneras de retomar una música ya centenaria. Dave es fuente de lenguaje, y en su guitarra hay historia, por supuesto, pero al mismo tiempo hay vida. Esto es muy importante: el blues de Dave Specter es un organismo vivo. En estos tiempos en que resulta difícil hallar dentro de su propia generación aportaciones significativas, Dave Specter representa un momento importante en la historia del blues.
Y yo repito algo que escribí sobre este músico refinado… y que, la verdad, me quedó muy bien:
La musica de Dave Specter coincide con su talla física: para conocerlo y disfrutarlo, hay que mirar hacia arriba.
La noche del viernes será abierta por
Vieja Estación, la banda argentina que ha asombrado a todos los músicos de Chicago visitantes de Ruta 61, por su calidad, por su talento y por esa capacidad inusual de asimilar y ejecutar con absoluta fidelidad, con uno o dos ensayos de por medio, el repertorio de los grandes. Además y para gozo colectivo, se subirán con ellos otros dos extraordinarios músicos:
Octavio Herrero y
Jaime Holcombe, de
Las Señoritas de Aviñón.
¡Velada desmpampanante, sí señor!
Para terminar la semana, el
sábado 25 será igualmente especial, porque
Dave Specter y su banda invitarán a la recámara nupcial de
Ruta 61 a dos mujeres que han hecho de su voz un río de blues en el que uno se baña para quedar absolutamente purificado:
Shirley Johonson y
Peaches Staten.
Con el gospel como raíz y con fuertes reminiscencias de E.C. Scott, Shirley Brown y Jeanne Cheatham,
Shirley Johnson es dueña de un estilo singularmente poderoso y lleno de pasión, virtud que le ha valido el reconocimiento de los especialistas del género y del público que recorre los circuitos de blues de Chicago.
Si hemos de hablar de una nueva generación de mujeres en el blues,
Shirley es, sin lugar a dudas, una de sus más notables representantes. Sin embargo, no se trata de una principiante (no puede serlo quien ha abierto los conciertos de
Aretha Franklin y de otros grandes músicos): sus versiones personalísimas de
As the years go passing by (
Albert King),
Little Wing (
Hendrix) y
Saved (
Leiber & Stoller) –tres ejemplos de su repertorio- son muestra palpable de que estamos ante una mujer excepcional, capaz de ir en una misma noche del blues más agresivo a la más dulce e intimista de las baladas, tránsitos estéticos propios de una cantante con talento, corazón y clase.
Peaches Staten es hija legítima del Delta del Mississippi. Desde muy temprana edad, estuvo rodeada del blues de Chicago, porque su padrastro trabajaba como
DJ en varios clubes de la ciudad, y su madre pertenecía a un club social a cuyas fiestas nunca faltaba algún buen músico de blues. Además, este mismo
duraznito trabajó como mesera en el
Rosa´s Lounge.La versatilidad y la fuerza de su voz, en la que es evidente la influencia de Bessie Smith, Tina Turner, Billie Holiday, Koko Taylor y Janis Joplin, la han llevado a compartir el escenario con Buddy Guy, Robert Plant, Junior Wells, Koko Taylor, Dr. John, Billy Branch y muchos otros.
Yo no sé ustedes, pero en lo que a mí respecta… pienso abandonar el mundo desde el jueves y no salir de
Ruta 61 hasta el domingo en la madrugada. Lo que va a suceder durante tres días es algo de veras memorable. Además, les cuento un secreto: como todos podremos saludar personalmente a cada uno de los músicos, para agradecerles su visita y su música, estoy a sus órdenes para tomar fotografías en pareja o en grupo. Ya estoy en pláticas con
Lalo Serrano para que la sesión fotográfica se realice satisfactoriamente y sin incomodar a nadie.
Nos vemos el jueves en la noche en
Ruta 61. Más vale que hagan su reservación, porque a cierta hora se cerrarán las puertas perladas del Cielo (Apocalipsis 21, 21).

Billy Branch y Lalo Serrano
Febrero de 2006