sábado, mayo 20, 2006

Grana' Louise en El Imperio de los Sentidos

Mientras nos deleitamos con el blues de Grana' Louise, observo a Jaime Avilés en la penumbra colorida de Ruta 61, en la parte alta, junto a la cava (una alacena enrejada que Pablo Brontese, Mauro Bonamico y Lalo Serrano cuidan como si ahí guardaran a su propia madre -no les falta razón: en la cava duermen vinos exquisitos que la Tía Juanita no debe tomarse como si fueran agua-).

Todos sabemos que es hora de esconder los vinos -balbucea Santiago Espósito, que llora de la risa- cuando Juana empieza hablar en lenguas extrañas.

Observo, digo, al periodista y escritor, y recuerdo la última vez que nos habló de Serapio Bedoya, el sábado 16 de diciembre de 2000 (Serapio Bedoya, el tonto del pueblo, por si alguien no lo sabe, es uno de los más bien formados e inteligentes personajes de la literatura mexicana).

Ese día, me desayuné con la voz de Serapio, que decía y cantaba una canción de Chico Buarque.

Como casi todas sus canciones, ésta también tiene un ligero sabor a César Vallejo; aunque, a diferencia del genio peruano, la melancolía de Chico Buarque tiene ventanas, y el aire puede entrar en ella, en la melancolía: sus cortinas se mueven y uno, con sólo verlas, puede respirar. Pasa lo mismo con Grana' Louise, a propósito.

No me acuerdo cómo se llama la canción, pero habla del aire, precisamente: que un cuerpo vacío está lleno de aire, que el aire vacío de un bosque sombrío está lleno de dolor, que el aire en el cuerpo ocupa el lugar del vino, que el vino busca ocupar el lugar del dolor, que el dolor ocupa la mitad de la verdad.

Recuerdo con mucho cariño la época de Tecamacharco, utopía tenebrosa de Jaime Avilés cuya pulquería fue centro del universo al final del siglo pasado: El Imperio de los Sentidos.

Todos los sábados, sentado junto a la lavadora, muy temprano, yo leía en voz alta El tonto del pueblo, mientras mi difunta esposa preparaba el desayuno.

Por eso, ahora que veo a Jaime en Ruta 61 y leo su amoroso reportaje acerca de la primera presentación de Graná Louise, quiero preguntarle: ¿Es el Hoochie Coochie Bar un regreso a Tecamacharco, es un regreso milagroso a su pulquería fabulosa?

No pregunto, porque intuyo la respuesta napoleónica: ¡El Imperio soy!

O tal vez una respuesta juarista, cuando la República viajaba en un carruaje -o era el carruaje-: ¡Ahí donde me encuentré... ahí será Tecamacharco!

4 comentarios:

Tlacuiloco dijo...

Ahora entiendo porque llegaste a las 5 de la mañana miercoles, jueves, viernes y sabado.

titotitocapotito dijo...

www.extremoso.blogspot.com

Salud.
Brenda.

ErosGod1 dijo...

Leo las reseñas y aumenta el ardor...

Pero los "hubieran llegado 10 minutoa antes" no existe.

ErosGod1 dijo...

ahora lo descubro; fue un "complo" de arritmicos enfermos lo que nos hizo perder reservaciones dobles.
... ah y el pinche Erick que estaba sobre aviso y lo olvido o lo apunto sobre algun vodka...