viernes, agosto 31, 2007

Steve Tallis en Ruta 61

No me queda muy claro el concepto de blues tribal utilizado por Steve Tallis para definir lo que hace, así que entro a su página para conocer y escuchar a este australiano cincuentón (admito que ser del tostón le otorga a Steve el primero de mis créditos, y lo vuelve un ser confiable a mis oídos).

Lo primero que me sorprende es la frescura de su voz, que no delata edades ni agotamientos físicos (nació en 1952). A ello se suma su aspecto jovial y picaresco, mágico y atemporal.

Me encuentro con varias piezas de los álbumes Jezebel Spirit (2006) y Loko (2004). ¡Deliciosos ambos, sensacionales, maravillosos, necesarios! Entre ellos hay coherencia, pero también diferencias significativas. Hablemos, por ahora, de los aspectos unitarios.

La personalidad musical de este hombre nacido en Maylands (acordes abiertos, rasgueo violento y desenfadado, voz gangosa y callejera, destreza melódica y acertado fraseo), hacen de sus canciones joyas que bien podrían confundirse con la juglaresca de los sesenta, a la vez que ligarse fácilmente con la Patti Smith de los setenta (es decir, de Horses a Wave) y con ciertos gestos del grunge de fin de siècle.

¿Grunge en un quinceañero de 1967?

Sí, sí, a veces pasa. The soul of man es una canción que podría servir de ejemplo. Pero no me refiero al teen spirit de Kurt Covain, sino a las maneras destempladas de Eddie Vedder, aunque sin su gravedad, sin sus desgarramientos y sin la marca de la almohada en el desordenado cabello. ¡Pues claro que no, porque Tallis no pertenece ni física ni emocionalmente a la Generación X! La del australiano es una música eminentemente luminosa, y no huele a espíritu adolescente.

Es cierto, en Tallis encuentro a un atento melómano del blues (I wonder will my mother be on that train es un exquisito y primitivo canto a capella que parece un mantra, una invocatio pagana ejecutada en un sórdido cruce de caminos; por otro lado, las formas selváticas de Willie Dixon aparecen en Grinning in your face); y hallo también a un hombre capaz de reconocer los valores de generaciones posteriores a la suya. Pero hay más: Al escuchar a Steve, veo en él a un compositor con fuertes raíces en los géneros seminales del rocanrol. That suits me, por ejemplo, primera canción del Jezebel Spirit, me recuerda a Lonnie Donegan, aunque supongo que el skiffle llega a Tallis a través de The Worried Men. Y con Leave you in the hands of my God no es difícil pensar en Woody Guthrie (sobre todo porque también bostezamos a la mitad de la canción).

Son las tres de la tarde del viernes, y me urge salir de la ciudad. Tengo que llegar a Acapulco a medianoche, para estar junto a la cama 606 de Gerardo Aguilar Tagle, leyenda viva del rocanrol, quien permanece aún en el Hospital General Regional Vicente Guerrero. Tendré que dejar a medias este artículo y terminarlo en una segunda entrega. Para colmo, no podré asistir mañana, sábado 1 de septiembre, a Ruta 61, cuando se presenta Steve Tallis, acompañado de una excelente percusionista, mi querida amiga Montse Revah.

Te pido, lector explorador, que vayas mañana a Ruta 61, para que luego me cuentes y me des tus impresiones. Llegandito al bar, acércate a Lalo Serrano y hazle saber que vas de mi parte y que yo te invito una cerveza (que la ponga en mi cuenta).

Cierro esta entrega con los hermosos versos que Pedro Miguel escribió hace unos días para mi gemelo precioso (has de saber, vate inmediato, que Gerardo pudo escuchar por teléfono estos amorosos cuartetos, y gracias a ellos desaguó una bolsa más de ocre bilirrubina).

Nota lector, que Pedro Miguel habla de la cama 605. No es un error, sino que ésa fue la primera alcoba que tuvo el ex guitarrista de Mamá-Z en el piso 6 del hospital.

Puesto que vuelve a postear,
y aunque le duela el ombligo,
me doy cuenta que mi amigo
El Tlacuiloco se va a curar.

Ya nos vuelve a jorobar
y aunque sea un crucigrama
lo que sale de su cama,
El Tlacuiloco se va a curar.

Cantinero, hay que cuidar
la cama 605
que alguien ahí pegó un brinco
y que el paciente se va sin pagar.


Todo eso me hace pensar
que este paciente tozudo
ya pasó por lo más rudo
y el Tlacuiloco se va a curar.

2 comentarios:

Pedro Miguel dijo...

Abrazos para ambos, Agustín, y una pequeña fe de erratas:

Estrofa 3, verso 4, debe decir:

... "y que el paciente se va sin pagar."

Seguimos pendientes.

El Blues de la Estufa Divina dijo...

En este preciso instante corrijo la errata, a wilbur.