miércoles, agosto 01, 2007

El perro de Claudia anda blues

¡Sensacional estreno!

No será el miedo a la locura
lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación.
(André Breton, Primer Manifiesto Surrealista / 1924)

Quiero que la gente se calle
tan pronto deje de sentir.
(André Breton, Primer Manifiesto Surrealista / 1924)

Todo está aún por hacer,
todos los medios son buenos
para aniquilar las ideas de familia, patria y religión.
(André Bretón, Segundo Manifiesto Surrealista / 1930)

Este sábado 4 de agosto, apenas amarre la oscuridad, tenemos un episodio histórico en Ruta 61. ¡Noche de gala, pues! Te propongo, lector explorador, que nos veamos en nuestro bar, para conocer al recién nacido.

¡Claudia de la Concha
y el Perro Andablues!


¡Ya era hora, carambas! Tenía varios meses sin permiso para confirmar los rumores; y ahora, por fin, ha llegado el momento de decirlo: músicos de Betsy Pecanins, Nina Galindo y Felipe Souza se reúnen en torno a la voz apasionada e impetuosa de Claudia de la Concha, a quien recordamos como figura principal del extinto grupo Matera y por su participación, desde los tiempos del New Orleans (2002-2004), en Las Señoritas de Aviñón.

Esos músicos son Jorge García M. y Tulio Gálvez (guitarras), Jorge Velasco (bajo) y Juan Luis González (batería), cuatro viejos lobos del blues que han encontrado motivos para la confluencia de sueños vueltos música, convergencia cuyo propósito se centra en una nueva lectura de la realidad, una lectura decodificada en sonidos, ritmos, armonías, melodías, gemidos. Y como la música siempre está encima de la realidad, acaso por eso el grupo ha decidido autonombrarse El Perro Andablues, evocación del cortometraje de Luis Buñuel (con guión de él mismo y de Salvador Dalí) que en 1929 atendió los llamados del Primer Manifiesto Surrealista, diseñado y redactado cinco años antes por el genial ayatola André Breton.

Es peligroso
asomarse al interior...


Ése fue otro de los nombres posibles para el cortometraje que acabó llamándose Un perro andaluz. De hecho, el primer título propuesto para la película fue El marista de la ballesta. Tales nombres alternativos me llevan a especular lo siguiente: si Buñuel y Dalí hubieran elegido alguna de dichas posibilidades, la nueva banda de Claudia de la Concha estaría llamándose ahora...

  • Es peligroso asomarse al blues
  • Claudia de la Concha y el marista del blues
  • Claudia de la Concha y el blues de la ballesta
  • Es blues asomarse al interior

No, no es cierto. Creo que no es así. La relación entre el proyecto de Claudia y la película de Buñuel no es la misma que se evidencia en la voluntad de coincidencia que Las Señoritas de Aviñón (la banda de blues) busca con el cuadro de Pablo Picasso. Creo que, en realidad, la nueva agrupación no está pensando en el surrealismo ni en la película del genial aragonés. Sospecho que no hay en Claudia de la Concha y El Perro Andablues deseos de fundar su música bajo los preceptos del surrealismo, sino que simplemente y con absoluta inocencia, encontraron en el juego de palabras y sonidos una manera de resolver el problema que enfrenta toda banda recién formada: la elección del nombre.

Sin embargo, hay que advertirlo: cuando una banda publica su nombre, queda irremediablemente atada a él y a la obligación de pasar la vida explicando su origen. Así es que, mi querida Claudia, más te vale que compres Un perro andaluz y te la aprendas de memoria, al derecho y al revés, porque siempre habrá quien saque el tema a colación. De ser posible, incluso, encuentra en la película (de escasos veinticinco minutos) imágenes o situaciones con las que inventes lazos entre el surrealismo y tu música. ¡O niega tajantemente cualquier cualquier tipo de relación! Di que es otro perro, que éste no es un perro sino el perro, el perro que anda blues, es decir, ese animal que es nuestra alma, que anda triste, todo deprimido, sin ganas de pensar, con el solo deseo de sentir la música, su propia música, sus ladridos, sus aullidos, sus lamentos. Es el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. O quizá es el perro infernal de Bukowski, pero quién sabe...

Un simple perro
caminando solo sobre una acera caliente
en pleno verano
parece tener más poder que
diez mil dioses juntos.

¿por qué?

Mientras afila una navaja de afeitar, Luis Buñuel mira por el balcón cómo la luna es cruzada por una delgada nube. Paso seguido, el artista secciona el ojo de Simone Mareuil. Ocho años después, aún dentro de la película, Pierre Batcheff, vestido de monja, anda en bicicleta por una calle desierta. En ese momento, Simone se levanta alterada y tira en un diván el libro que ha estado leyendo, y Pierre cae a la acera, como si la acción de la mujer hubiera provocado el accidente (¿o es que hubo una premonición?). Simone se precipita escaleras abajo y llega hasta donde se encuentra el hombre monja, a quien besa frenéticamente.

Fuera de los sueños fusionados de Luis Buñuel y Salvador Dalí, dentro ya de esto que llamamos realidad, el actor Pierre Batcheff se suicida en 1932. Veintidós años más tarde, la actriz Simone Mareuil se baña en gasolina y se prende fuego, en una plaza pública.

Sueños filmados y cruda realidad no están necesariamente relacionados, pero los enlazo porque, al enterarme de dichos suicidios, las escenas de la película cobran un nuevo sentido en mi cabeza. ¿Cómo ver de nuevo El perro andaluz sin pensar que, probablemente, ya anidaba en las almas de Mareuil y Batcheff la idea de la muerte voluntaria? En esa misma lógica, ¿cómo ver de nuevo El perro andaluz sin pensar, a partir del sábado próximo, que Simone es Claudia de la Concha?

Conocí a Claudia en 2002, cuando Las Señoritas de Aviñón tocaban una vez por semana en el New Orleans. En aquellos días, ella participaba en sólo una parte del espectáculo, y yo asistía para aliviar el dolor de mi entonces reciente viudez. Teníamos ambos, por eso, mucho tiempo para conversar y contarnos nuestras cuitas, escondidos en el último gabinete del bar, cerca de la cocina, fumando y bebiendo sin prisas, lentamente, sin esperanzas a corto plazo. En una película de bajo presupuesto, hubiéramos sido personajes secundarios que representaban el papel de dos almas tranquilas con una sola tarea dramática: mirarse las heridas frescas, no con dolor sino con cierta ternura y hasta con cierto placer.

No era Ruta 61, sino el deprimente New Orleans: los decorados me hacían pensar que en cualquier momento saldría de la cocina el inspector Jacques Clouseau y se tropezaría con un cable o con Rafael Martínez.

No era Ruta 61, digo, así que estábamos solos y las noches se volvían largas, suavemente largas, como pasillos en penumbras. Claudia era entonces una muchachita tímida de voz apenas perceptible y de mirada escondida que, sin embargo, agradaba al público con su interpretación de The spider and the fly.

Y esa voz está creciendo, madurando, tomando forma, cobrando un estilo. Es una voz que aún puede dar mucho de sí, y así será conforme Claudia se halle a sí misma dentro de la música, en el jardín o en el lago de la belleza donde pueda andar, volar, flotar, nadar, soñar, decir, ser.

En 2004, apareció Ruta 61. Claudia se integró a la banda Matera, sin dejar de cantar de vez en cuando con Las Señoritas de Aviñón. Pero Matera se desintegró y su cantante quedó a la deriva, sin más asideros que los que le han ofrecido ocasionalmente amigos que la admiran y la quieren profundamente (Lalo Chico, Octavio Soto, Vieja Estación y las mismas Señoritas de Aviñón). Gracias a esos momentos, demasiado esporádicos, los parroquianos de Ruta 61 hemos satisfecho –así sea frugalmente- el hambre que tenemos de Claudia. Ahora, para mayor gloria de la vida, tendremos una dieta rica en vitaminas, proteínas y minerales, rica en música : Claudia de la Concha y El Perro Andablues.

Entonces, ¿qué, nos vemos el viernes y el sábado en Ruta 61? Mientras, leamos el más reciente mensaje de Rebeca Alvarado, nuestra corresponsal en Tulsa, Oklahoma...

Aquí te mando, Agus, una fotografía importante: es un espectacular de la campaña que está llevándose a cabo en Tulsa, porque los gringos ya nos quieren correr de “su” territorio. En los hechos, no reconocen la historia real: ellos fueron quienes invadieron esta tierra de indios. Han deportado una gran cantidad de gente, y en noviembre que entre en vigor la ley anti inmigrante 1804 las cosas amenazan con ponerse peor.

Un besito.
Rebeca

Gracias, Rebeca, por la información.
Y tú, lector, para saber más del asunto apachurra donde dice
BASTA DE ARROGANCIAS HISTÓRICAS.

13 comentarios:

Jaime dijo...

Agustín,

dale a Claudia un beso y un abrazo cumpleañero de mi parte. Saludos desde Dallas, no Houston.

Prometeo dijo...

pero...pero... ¿y el tributo a José Cruz? ¿o a poco te vas a salir temprano? :-(

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Prometeo, el acto de amor y solidaridad a José Cruz inicia a las seis de la tarde. Hay tiempo. Apenas suban al escenario Follaje o Tere Estrada, entenderé que es hora de irme.

tlacuiloco dijo...

Al leerlo rapidamente me sonó a:
"Claudia, el perro and The Blues"

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Veo, Tlac, que ya estás mejor de salud: extrañábamos tus comentarios tan atinados.

Antonio dijo...

Aunque te he escuchado recomendar que cuando se forme un grupo de blues no se incluya esta palabra en el nombre de la banda, me parece que en esta ocasión le va muy bien.

Saludos.

El Blues de la Estufa Divina dijo...

No estoy seguro, Antonio, no estoy seguro. Por mi parte, he querido encontrar el lado positivo del asunto, pero, qué... ¿Si la banda de Claudia tocara música bonaerense, la orquesta se llamaría El Tango de Oz? ¿Y si la banda de Claudia tocara música de Juan Luis Guerra, el grupo se llamaría La Bachata de las Termópilas?

No sé, no sé.

A propósito, querido Antonio, has de saber que existe otra nueva banda: LAS BLUSAS, formada por Lalo Serrano, Fernando Lara y Agustín Aguilar Tagle. No tocamos blues. Por eso el nombre: si no tocáramos música ranchera, nos llamaríamos Las Espuelas Montesori. Tocamos música vernácula concreta, concentrada en el tañido de nuestros instrumentos: tres triángulos.

Cuando mostramos nuestros triángulos, el público invariablemente sonríe. Pero no sabe que el triángulo tiene alcurnia: tal vez de origen turco, fue incorporado a la orquesta sinfónica en el siglo XVIII.

Ya nos escucharás algún día, Antonio. Estamos ensayando.

l i l i t h dijo...

Pues a mí me gustó eso de Es peligroso asomarse al blues... hasta podría ser la descripción de este blog... sobre todo porque causa adicción.

El triángulo...
Me acordé de una curiosa historia, pero mejor te la cuento el sábado...

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Eres un amor, Lilith.

Jaime dijo...

Agustín,

No sabía del tributo a José Cruz, me hubiera gustado ir. Luego nos tienes que contar cómo estuvo (el tributo y el debut de Claudia y Perro Andablus).

Ayer tuve la oportunidad de ver a Johnny Winter tocar a unos pasos de mi. Te mando mi reseña del concierto mañana.

El triángulo es tan importante como el intérprete que lo toca. Saludos desde Dallas (no Houston).

J.

Prometeo dijo...

No coincidimos en el INTENSÍSIMO tributo.

¿fuiste?

El Blues de la Estufa Divina dijo...

No, Renato, no fui. El viernes a media tarde Gerardo, mi hermano, tuvo que ser hospitalizado de urgencia. Tampoco pude ir a Ruta 61.

Un abrazo.

Victor Castillo dijo...

Uf, mis mejores vibras para Gerardo.

Abrazos y suerte.