miércoles, agosto 15, 2007

) ¡Ya llegó Phil Guy!

Algún día escucharás la voz de un adolescente cerca de ti:

¿Es cierto, abuelo, que tu viste y escuchaste a Phil Guy en vivo,
una noche de agosto de 2007?

¿Es cierto, abuela, que Phil Guy te miraba a los ojos
mientras cantaba Say what you mean?

No decepciones a tus nietos:
nos vemos esta noche en Ruta 61.

Si estás interesado, lector voyeur, en asomarte a la primeras dos noches de Phil Guy en México, apachurra Este, que ves, engaño colorido o la vieja camarita que aparece en la barra de enlaces ubicada a tu derecha.

Si no ves dicha barra desde el principio, es probable que se encuentre muy abajo. En ese caso, jala la cápsula mueble (haz scrolling, pues) hasta topar con la parte inferior de la bitácora. En el camino encontrarás la mentada cámara.


Elvis has not left the building

Gerardo María Aguilar Tagle, leyenda viva del rocanrol, gemelo precioso y extraordinario dibujante, está bien. Ayer, martes, ingresó de nuevo a un hospital, esta vez del Seguro Social, en Acapulco, porque hoy le harán una tomografía. Todavía no quiero cantar victoria, pero creo que esto no pasará de un susto. Dios es grande, a pesar de su incierta existencia.

Rebeca meets Zappa

Rebeca Alvarado, nuestra hermosa corresponsal en Tulsa, Oklahoma, asistió la noche del pasado lunes al concierto que en esa ciudad ofreció Dweezil Zappa, el segundo hijo del Genio de Baltimore (Moon Unit es dos años mayor; le siguen Ahmet y Diva), y nos envía fotos frescas tomadas al calor del entusiasmo y el placer de una música inmortal. Leamos el primer mensaje de Rebeca:

¡Agus, buenos dias! Tuvimos suerte: estuvimos casi arriba del escenario, tomando fotos. Te las mando por correo. Además, grabé un poco del concierto (en cuanto lo baje a la computadora, también te lo mando).

¿Como va tu hermano? Todo va salir bien en la operación. Un monton de besitos para ambos.


A continuación, salidita del horno, la crónica completa del concierto Zappa plays Zappa en Tulsa...


Las puertas del Cain’s Ballroom abren a las siete de la noche, y los madrugadores entramos de manera ordenada y con las mariposas de Macondo en el estómago. A las ocho en punto, la sala se oscurece y el escenario se ilumina: ¡Comienza el concierto en homenaje a Frank Zappa! Comienza la música insólita y casi inaudita de uno de los más grandes compositores del siglo XX (él prefería definirse de manera sencilla pero tajante: an american composer).

El concierto es para toda la familia, así que sólo venden hotdogs y cervezas. ¡Bueno, bueno, no hay problema, podemos comportarnos, trajimos a nuestros hijos, demostremos que somos gente civilizada! Todos guardamos compostura. Pero a las diez de la noche, la gente ya no puede más: se suelta las amarras, baila, brinca, aplaude, aúlla, gime de placer. Aprovecho la confusión y me voy hasta adelante para tomar las fotos (traigo un permiso especial, porque a este tipo de espectáculos no está permitido introducir cámaras fotográficas).
El concierto, Agus, me parece fabuloso, lleno de sonidos y colores que se entrelazan armónicamente entre sí y con la euforia de quienes presenciamos y sentimos la música.

Tuve la oportunidad de escuchar, antes de estar aquí, en el concierto, un par de piezas de Frank Zappa interpretadas por él mismo, digo, como para poder comparar. ¿Qué te digo, qué te digo? Dweezil hace justicia a su padre, tanto en la destreza interpretativa, genial por sí misma, como en la locura sin amarras (depende de cómo se vea). La banda hace aproximadamente cincuenta canciones, muchas de ellas no pensadas originalmente para guitarra; pero parece que Dweezil lleva años estudiando la música de su padre, así que su guitarra suena natural, muy ad hoc.

El invitado de la noche, Ray White, exvocalista de Frank Zappa, tiene como tarea interpretar y recrear el ambiente de un concierto original de la manera más fidedigna posible.

Ray White entró en la banda de Zappa en 1976, y al año siguiente la abandonó (al parecer por motivos religiosos). Volvió a la banda en 1980 para quedarse hasta 1987. Para la gira de 1988, Ray no apareció en los ensayos, así que su puesto fue ocupado por Mike Keneally. A juzgar por la emoción de la gente, puedo decir que Ray cumple con la faena de recreación de manera espléndida.

Y llega acaso la parte más emotiva del concierto: cuando la banda anuncia las dos siguientes piezas, Cosmik Debris (del álbum Apostrophe, de 1974) y Montana (del álbum Over-Nite Sensation, de 1973), sube al escenario el mismísimo Frank Zappa (de manera virtual, gracias a la magia de la tecnología).

¿ Y mi hijo, cómo toma lo que está escuchando? Carlos Alberto tiene 12 años de edad y una gran admiración por los Beatles (en particular, por John Lennon). Le pregunto qué piensa de lo que escucha ahora: es bueno, me dice, me gusta la música, aunque no entiendo las letras.

Agus, que bueno que Gerardo está mejor. Verás que todo sale bien en la tomografía y que de aquí en adelante todo estará muy bien. Te mando un besote y un abrazo.

Rebeca


Y para colmo de alegrías, Phil Guy en Ruta 61…

El sábado 26 de septiembre de 1992, aproximadamente dos años después de que los arquitectos Teodoro González de León y Abraham Zabludowsky remodelaran el Auditorio Nacional, se celebró en ese recinto un maratónico concierto de blues, con la presencia de Robben Ford, Robert Cray, B.B. King, Albert King y Buddy Guy.


La música comenzó a las ocho de la noche, con Robben Ford y su banda (¡Ai' la llevas, güero!, recuerda Octavio que alguien entre el público gritó entusiasmado al escuchar uno de los solos del guitarrista), y cuatro horas más tarde aún seguíamos ahí, entre el público, con excelentes lugares y con Buddy Guy, su guitarra moteada y su sonrisa de Gato de Cheshire.

Sí, asistimos en bola, Octavio Herrero, Cecilia García-Robles, Jorge Escalante, Lupita –su novia-, José Hernández, Guadalupe González, Alejandra Ortiz Canseco y el que esto escribe, encantados con el nuevo estilo del lugar, muy primer mundo, muy postmoderno. Con servicio de cantina, por ejemplo. Ya podrán imaginarse: en los intermedios, Jorge y Lupita consumieron ron como si les hubieran confirmado la inminente extinción de la caña de azúcar, y fueron durante unas horas Richard Burton y Elizabeth Taylor en Quién le teme a Virginia Woolf? Yo no. Yo casi no tomé (dos vasitos de whisky, apenas), porque para mi fortuna Alejandra siempre supo controlarme la manía esa que tengo de excederme en todo. El sistema de control era muy simple, aunque se extendió durante tres lustros: mi difunta esposa tenía en sus manos el dinero de la casa, las tarjetas, la chequera, las llaves del carro, los billetes, las monedas, el dominio de la lavadora, el mejor baño del departamento, la soberanía de mi vida (hasta para comprar cigarros tenía yo que hacer una solicitud con doce horas de anticipación). Así que esa noche, en el Auditorio, bastó una de sus miradas para hacerme entender que acababa ella de decretar ley seca en su jurisdicción (y yo era el único habitante de ese territorio macabro llamado amor). Pero como me vio con ganas de algo, sacó de su bolsa lo que había metido de contrabando a la sala…

-¿Se te antoja una jícama?
-¿Qué?
-Traigo un toper con jícama cortadita, mira…
-Jícama…
-Mmm, qué rica… A ver, no te enojes, mi amor.


Me puso en la boca una rebanada de jícama con chile piquín, y la empujo con un beso tipo Stalin. Así era mi mujer, mi amor, mi cruz, mi cielo, mi dios, mi demonio, que en paz descanse.

El concierto fue parte del llamado Mexico City Jazz & Blues Festival II Edition, que consistió, si bien me acuerdo, en tres veladas espectaculares. La página electrónica del Auditorio registra los hechos de entonces con errores crasos: afirma que en uno de los conciertos participó Chuck Berry. ¡No es cierto, me niego a admitirlo! La única vez que Berry dio un concierto en México fue en agosto de 1974 (creo que fueron dos presentaciones), en el Teatro del Ferrocarrilero. Si Berry hubiera estado en 1992 en el Auditorio Nacional… ¡yo me hubiera enterado, no hubiera faltado y hoy recordaría perfectamente esa noche! Sí, sé que Ray Charles estuvo una noche anterior o posterior a la que nosotros asistimos (porque luego Octavio me confesó que él y Cecilia habían comprado boletos para todas las veladas, y que pudieron ver y escuchar al pianista); pero Berry no estuvo.

La cosa es que Buddy Guy se llevó la noche de ese sábado de septiembre de 1992: su destreza, su blues delicioso, su carisma y su muy particular manera de entender la música como un espacio lúdico, nos hicieron sonreír y aplaudir agradecidos, así como gozar cada instante.

Y si traigo a colación un concierto sucedido hace quince años, se debe a que esta semana tendremos la fortuna de escuchar a Phil Guy, hermano de Buddy.

La música en la sangre

De familia pobre y numerosa, Phil Guy (1940) creció en la pizca de algodón, dentro de una plantación de Louisiana y en un ambiente de escasez absoluta: sin electricidad, sin agua corriente, sin contacto con el mundo exterior. Con el paso del tiempo y con mucho esfuerzo, su padre logró llevar a casa un poco de luz, y así conectar un radio y encender un viejo fonógrafo, aparatos en los que los hermanos Guy (Buddy y Phil, principalmente) conocieron a quienes se convertirían en sus ídolos y en sus influencia: Muddy Waters, Jimmy Reed, Little Walter, Howlin’ Wolf y John Lee Hooker, entre otros.

La pobreza de la familia puede ilustrarse con la siguiente anécdota, contada por el mismo Phil:

Fue mi hermano el primero en tener una guitarra, hecha con lata y alambres. Más tarde, Buddy ahorró dos dólares y consiguió una guitarra vieja y destartalada. Y aunque las condiciones de este instrumento dejaban mucho que desear, yo tenía prohibido acercarme a ella. Para mi fortuna, Buddy se fue a vivir a Baton Roug
e (capital de Louisiana) a estudiar la secundaria, así que yo me quedé con ese tesoro y aprendí a sacarle sonidos. El problema es que sólo me sabía una canción, es decir, la parte de una canción de Jimmy Reed; pero lo que salía de la guitarra me hechizaba tanto que no paraba de tocar ese fragmento, una y otra vez, una y otra vez…


Buddy Guy tiene el blues, y su hermano Phil tiene
el blues, el funk y el rocanrol…

James Brown

Cierta tarde, cuando Phil andaba por los quince años de edad, Lightnin’ Slim llegó a un club cercano, y el muchacho fue a escucharlo. Le llamó la atención el amplificador del músico, no por lo pequeño del aparato sino porque Phil nunca había visto un amplificador. Al verlo tan interesado, Lightnin’ Slim le dio la oportunidad de tocar su propia guitarra eléctrica, hecho que Phil recuerda con enorme orgullo y con admiración profunda.

En la segunda mitad de los cincuenta, su hermano Buddy –quien entonces tocaba en la banda del armonicista Raful Neal- dejó Baton Rouge para irse a residir a Chicago y vivir de cerca el blues de sus ídolos. No lo hizo sin antes recomendar a su hermano con el mismo Raful, de tal manera que éste lo integrara a su banda. Y así fue: Phil permaneció con Raful Neal durante un buen tiempo, hasta que, en 1969, Buddy lo invitó a ir a Chicago para tocar con él (lo hicieron juntos en muchas ocasiones: los viejos aún recuerdan la presencia de Phil y Buddy Guy en el Theresa’s Lounge).

Sin embargo, los estilos de Phil y Buddy son distintos. Mientras que Buddy Guy pertenece a la escuela de Muddy Waters, Phil Guy eligió un sonido que oscila entre Jimmy Reed y James Brown.

Phil se ha convertido en uno de los más sólidos músicos de blues de Chicago, con su mezcla de rocanrol, rhytm and blues, hip hop… Los noventa ya se fueron –afirma el guitarrista-. La gente quiere bailar de nuevo.

Phil siempre está listo para el boogie y para dar a su público lo que quiere, desde un blues de Louisiana hasta una pieza de los Rolling Stones, pasando por Sweet Home Chicago.

¡Aparta tu mesa!


Estamos listos, pues, para vivir la experiencia y gozar de la música de Phil Guy, quien estará acompañado de los irrepetibles miembros de Vieja Estación, banda argentina que ha demostrado no sólo talento y calidad sino, además, una sorprendente capacidad para sostener el alto nivel de músicos de Chicago de la estatura de John Markiss, Billy Branch, Peaches Staten, Grana’ Louise, Dave Specter, Lurrie Bell, Carlos Johnson y Deitra Farr, entre otros (de hecho, el armonicista Billy Branch afirma sonriente: Vieja Estación es mi banda en México).

¡Quedan pocos lugares! Mejor haz tu reservación hoy mismo, para cualquiera de los tres días. Llama a los teléfonos de Ruta 61: 5211-7602 y 5256-0667 (o escribe a eduardo@ruta61.com). El cover es de 200 pesos el jueves, y 250 pesos el viernes y el sábado.

Ruta 61, Avenida Baja California 281, Colonia Hipódromo Condesa, entre Culiacán y Nuevo León, a dos cuadras del Metro Chilpancingo.

Jueves 16 de agosto
200 pesos

Viernes 17 de agosto
250 pesos
Abre la noche Las Señoritas de Aviñón

Sábado 18 de agosto
250 pesos
Abre la noche Vieja Estación

4 comentarios:

Prometeo dijo...

Diluvio de buenas noticias mi querido Agus. Siguo transmitiendo pensamiento positivo a la estatosfera con la esperanza de que algun satélite lo capte y lo regrese a tu hermano, a quien va dirigido.

Se espera reseña detallada de Phil Guy porque me será imposible.

Yaoteka dijo...

Aqui sigo pendiente de Gerardo. Me alegra saber que pronto puede estar de regreso!!

Reciba usted un afectuoso saludo.

The Phoenix dijo...

Hace rato que fui al Ruta 61 y vaya que me gustó como tocaron los de Vieja Estación y Las Señoritas de Aviñón.

Así que espero estar por ahí con un par de alemanes que están conociendo la ciudá!

Saludos.

Sergio.

El Blues de la Estufa Divina dijo...

SALE Y VALE, Phoenix. Espero tener el gusto de conocerte.

Un abrazo.
Fénix el Gato de Fuego