jueves, marzo 22, 2007

La locura adicional de marzo (tercera parte)

Y en medio de Moondance (Can I just make some more romance with you, my love?), pienso en la inminente partida de Jaime Holcombe, quien deja la banda por asuntos de índole personal. Habrá que organizar, por supuesto, una despedida, acaso con la presencia de antiguas Señoritas, aquellas que, en distintos momentos, también tomaron otros caminos. Ya veremos, ya veremos.

Pero, ¿qué significa esto? ¿Significa que desaparecen Las Señoritas? ¡No, por favor! Recordemos a Bécquer, y rimemos con descuido:

No digáis que agotado su tesoro,
de miembros faltas, enmudecieron las liras.
Podrá no haber mundances ni mustanges…
Pero voto a Dios que siempre habrá Señoritas.

Y, a propósito de nada, hago un paréntesis para congratularme con la mayoría de representantes en la Asamblea Legislativa por haber logrado, en noviembre pasado, la aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia para el Distrito Federal. Una de cal por las que van de arena (adivina, malicioso lector, a qué partido político pertenecen 16 de los 17 votos en contra).

Asimismo, pongamos changuitos para que en abril de este año se concreten las reformas referentes a la despenalización del aborto (adivina, atento lector, quién desde el poder intenta torcer la representatividad de la asamblea y, así, busca evitar la mencionada despenalización; te doy una pista: es el mismo personaje que hace de forense y concluye, antes de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos se defina sobre el caso, que doña Ernestina Ascencio Rosario falleció por gastritis mal atendida y no por violación tumultuaria).

Estoy seguro de que algún día, acaso dentro de cien años, estos triunfos a favor de la libertad, de la justicia, del amor y de los derechos humanos en general, serán agradecidos por las próximas generaciones como hoy reconocemos la lucidez que tuvieron en su momento nuestros no muy lejanos abuelos (en todo el mundo) para abolir la esclavitud, hasta llegar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), cuyo artículo 4 advierte: Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre. La esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas. Y nuestra misma Constitución dice, en su Artículo 1: Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos. Los esclavos del extranjero que entren al territorio nacional alcanzarán, por este solo hecho, su libertad y la protección de las leyes (todavía hubo que plasmar, en 1949, con firma de compromiso internacional, un Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena).

¿Y qué tiene que ver la abolición de la esclavitud con la despenalización del aborto y con las sociedades de convivencia? ¡Mucho, mucho, mucho! Tiene que ver con la libertad del individuo para decidir soberanamente sobre su propio cuerpo y sobre su misma conciencia.

Volvamos a la noche del viernes pasado…

Durante el solo de guitarra de la misma Moondance, observé en Octavio un gusto particular por citar las primeras notas de Summertime, la conocida aria compuesta en 1935 por George Gershwin para la ópera Porgy and Bess (Summertime, and the leavin´is easy…).

Ya lo había hecho, apenas unos minutos antes, en Stormy Monday, y ahora repetía la frase en Moondance

Empiezo a sospechar que, para el guitarrista de Las Señoritas, no se trata sólo de una cita en el sentido literario del término, sino de algo más: estamos ante una convocatoria mágica, ante un juego de cabalística personal que acaso nosotros sólo podemos descifrar si estudiamos con ahínco algún tratado de Armonía Funcional Contemporánea, para valorar la conciencia escenográfica de este músico que no siempre piensa en términos líricos cuando de blues se trata, sino también en modos y en escalas de jazz, en ordenamientos capaces de establecer cada noche un diálogo de memorias modales.

No creo que la cita de Summertime sea una muletilla involuntaria, sino más bien eso que los alemanes llaman signawort, palabra, frase o expresión que tiene una función fática y está dirigida al interlocutor (en este caso, al público) para darle a entender que el canal de comunicación sigue abierto (Justo Fernández López).

Es uno de esos guiños de complicidad o de fruición solipsista que Octavio suelta de vez en cuando, para deleite de los que consideramos la música un animal vivo (no recuerdo dónde, pero estoy seguro de que a esta Señorita también le da por citar Round Midnight, de Thelonius Monk).

Por otro lado y a pesar de que en otra parte afirmé que en Las Señoritas no hay espectacularidad sino pura música, el viernes advertí una característica teatral en la banda: el dominio de la dinámica escenográfica, es decir, del matiz, de las gradaciones de la intensidad, la gracia que va desde el inquietante pianíssimo (pianissíssimo) hasta la portentosa detonación, el fortíssimo (fortissíssimo) que crece hasta la monstruosidad y da paso al desahogo público y a su consecuente aplauso.

Recuerdo que empecé a notar esta aplicación musical de la dialéctica hegeliana hace ya mucho tiempo, cuando no existía Ruta 61 y había que ir al deprimente y acartonado New Orleans, donde el recurso de ir de la sordina al escándalo se hacía necesario, ya no por motivos estéticos sino para despertar a los asistentes y a los mismos meseros (malencarados, feos y con olor a naftalina). Entonces, Las Señoritas hacían de Hideaway y San-Ho-Zay, ambas de Freddie King, dos sorprendentes y refrescantes montañas rusas.

¡Eso es teatro, teatro dentro de la música, pero teatro al fin!

¿Se vale? ¡No sólo se vale, sino que es imprescindible hacer esas cosas en escena! De no haber teatro, mejor me quedo en mi casa a escuchar mis discos, a los que, a propósito, también les exijo diversión; y si en ellos no la encuentro, mejor hago meditación trascendental. ¡Pero la meditación trascendental no me llama la atención! Tres amigas mías (Cecilia, Maricarmen y Carolina) se van a enojar conmigo, porque ellas me han recomendado hacer yoga. Pero es que ni las propuestas védicas de Maharishi Mahesh Yogi ni la relajación profunda ni el new age están en la agenda de mi vida. Ya me uniré al cosmos cuando me coman los gusanos o cuando mis cenizas sean lanzadas al Usumacinta o al Papaloapan.

Mientras, pienso darle vuelo a la hilacha en rondas de medianoche ...

5 comentarios:

Colibrí dijo...

estarás en el ruta 61? chance me lance por mi credencial este sábado!!

tlacuiloco dijo...

A proposito de nada dices mucho. Se agradece el parentesis.

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Bien, Tlac, qué te digo. A veces, son tantas las ganas de decir... que abro rendijas en el muro de mi silencio voluntario.

Ahora, Colibrí, te respondo. Voy a hacer una cosa:

1. Si voy y vas, te la doy personalmente.
2. Si no voy pero tú sí vas, se la pides a José Luis, el capitán.
3. Si voy y tú no vas, la guardo para otra ocasión.
4. Si no voy y tú no vas, quiere decir que nuestras vidas son siempre una sorpresa.

Ícaro dijo...

Justo hoy por la mañana me aventé una hora discutiendo lo del aborto...

Coincido contigo en que "Tiene que ver con la libertad del individuo para decidir soberanamente sobre su propio cuerpo y sobre su misma conciencia..." Totalmente cierto, de hecho me parece un asunto más de libertades que de derechos (o así me interesa a mi enfocarlo, creo: ya sabes, lo que nos es intrínseco como individuos vs. lo que nos prodiga la colectividad de manera "generosa").

En fin, abrazo.

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Gracias, Ícaro, por tus comentarios. Oye, tengo en mis manos tu credencial del Club de la Estufa Divina. Un día que pases por Ruta 61, te la entrego. Tú me avisas... y me doy una vuelta, cosa que no me cuesta trabajo.