martes, abril 25, 2006

Parroquianos I

¡Atiza! -como dirían los Supersabios de Butse-. ¡De lo que uno se va enterando!

Aunque se trata de casos aislados y excepcionales, hay personas -
aunque usted no lo crea- que le tienen tirria a Ruta 61.

¿Por qué? ¡Porque no faltan quienes piensan que es pecado tener éxito! ¡Porque siempre hay alguien incapaz de enorgullecerse del esfuerzo y los logros ajenos!


Hay garzas divinas que no soportan la experiencia de ser ignoradas, que no aguantan la lección de ser tratadas como seres humanos, comunes y corrientes. Y sucede que los seres humanos nos equivocamos, cometemos errores, y también ofrecemos disculpas, a veces hasta nos hacemos de la vista gorda ante los engreídos y los petulantes; otras veces, en cambio, la fatuidad nos rompe las pelotas y contestamos de mala manera; pero los seres humanos sanos –no es mi caso- han de ir por la vida sin bolas duras de rencor, sin rumiar enconos, sino bordando amores y destejiendo tristezas, tra la la.

De cualquier manera, e la nave va, Ruta 61 sigue, con sus Orlandos, con sus Edmea Tetuas, con sus amigos y sus refugiados serbios; con sus rinocerontes, atolondrados de tanto mar.

Eduardo Serrano, dueño de Ruta 61, es un empresario. Su bar es negocio. Nuestro Señor Jesucristo será verbo no sustantivo, y viva la gente (la hay donde quiera que vas)... pero Ruta 61 es un negocio, no casa de repujado ni guardería de artesanos (su incidencia en la cultura será determinada, en el mejor de los casos, por los futuros historiadores de nuestra ciudad); es negocio de entretenimiento, digo, y no taller de buenas intenciones; que nadie lo confunda con farmacia donde los mareados de pasadas alucinaciones recuperan su gloria perdida. Es, insisto, un negocio. Ya luego, juntito y simultáneo al denuedo empresarial –intrepidez heroica-, viene el carácter de Lalo, bohemio de buena cepa: se nota su gozo por hacer lo que le gusta, y en varias ocasiones lo he visto perder dinero para que del espectáculo broten las zarzamoras del placer colectivo, tra la la.

¡Porque el éxito de Ruta 61 está, precisamente, en la personalidad de Lalo y en la excelente calidad de muchas de las bandas que ahí se presentan!

Eduardo no ha hecho otra cosa más que abrir las puertas del bar a quienes hacen blues y a quienes disfrutamos escuchando esta música. Ha habido, incluso, momentos en que, por coincidencia de especies o por la simple calidad de los músicos, Lalo da la bienvenida a otras expresiones, como el jazz, cosa que muchos hemos visto con buenos ojos –o hemos escuchado con buenos oídos-. No todas las elecciones de grupos, sin embargo, han sido las más apropiadas; pero lo cierto es que por Ruta 61 han pasado excelentes bandas y músicos extraordinarios: Betsy Pecanins, Guillermo Briseño, Billy Branch, John Markiss, Las Señoritas de Aviñón, AKA, Pangea, Vieja Estación, X-Pression, El Charro y sus Moonhowlers, Guadaloop…

Además, el lugar cuenta siempre con la visita de grandes personalidades y figuras de indiscutido valor para la grandeza de nuestra ciudad, como, por ejemplo, Raúl de la Rosa, quien acaba de enviarme un mensaje. Con su permiso, lo transcribo y lo respondo.

Raúl de la Rosa
Escritor, periodista, amante del blues,
promotor cultural y bon vivant.


Agus, mi querido Agustín, siempre dudo en escribir un comentario a alguien, que como usted, logra en algunas cuartillas decir con sensibilidad e inteligencia, tanto y tan bien con esa nota sobre la Poniatowska y Unamuno.

Te he de confesar que llevo varios días tratando de escribir una nota acerca de lo que significan esos ataque orquestados en contra de AMLO. La verdad es que AMLO me es sin embargo (Piporro dixit), pero esa polarización en la que nos están metiendo los 3 reyes majes de la política nacional me preocupa y me recuerda la manera en que Mussolini subió al poder: con el miedo de la clase media de Italia. Con Hitler pasó lo mesmo; con Franco, etcétera. En México, no existe un movimiento con las características de los fascios, ni los tiempos son los mismos; pero estas campañas han logrado meterle miedo a una sociedad tan conservadora como la mexicana. Quiero, por eso, escribir un artículo tan cabal y hermoso como ese que acabo de leer sobre la Poniatowska.

Lo tengo que relacionar con la música. Ya sabes: los derechos civiles, encabezados por Martin Luther King, se dieron cuando los afroamericanos perdieron el miedo de salir a la calle a protestar y cantar el will shall overcome. Hace pocos días, la comunidad de ilegales en los EU salió a las calles para protestar, apenas perdieron el miedo, para hacerse oír.

Lo que estos fascistas de petatiux están logrando con su campaña en contra de AMLO, es precisamente meterle miedo a los votantes aún indecisos. Lo que a mi me gustaría escribir es un artículo que el encabezado diga:


Ésa sería una frase que, impresa en stickers o en volantes, podría propagarse entre la sociedad en general que, sin pertenecer a algún partido, está preocupada por lo que sucede. ¿Tú que opinas?


Un abrazo
Raúl de la Rosa


Mi respuesta

Para matizar tu posición y la mía (que es la misma, Raúl, absolutamente la misma) –o, más bien, para que no se nos malinterprete- invitemos a los lectores de este blog a leer el brillante artículo de Denise Dresser (¿Discípulos o ciudadanos?) en el Proceso de esta semana (número 1538). La analista es muy acertada en todos sus juicios y sus advertencias, excepto en el momento en que llama a José Emilio Pacheco –sin mencionarlo- miembro de la intelligentsia mexicana-.

¿Qué es eso? ¿A qué te suena? ¿Ya vuelven los pequeños a escupirle a los grandes, los adolescentes a despreciar a sus padres?

Recordarás, Raúl, cómo trató la izquierda verdadera a Octavio Paz: llamándolo padrino mafioso, sumo sacerdote de su propia capilla, arrogante vaca sagrada. Pocos tuvieron entonces la altura intelectual del poeta, y entre esos pocos se encontraba Carlos Monsiváis, su mejor interlocutor, su mejor antagonista. Paradójicamente –o lógicamente-, Monsiváis está sugerido –junto con Pacheco- en la referencia de Dresser, mujer de espléndidos razonamientos pero que, en esta ocasión, tuvo un arrebato de adolescente malcriada.

¡Está bien, así ha sido siempre! ¡Y es bueno que así sea, cuando de la disputa brota más luz para todos!

Pero en el contexto del artículo, parece que Dresser no escribe la frase como reconocimiento a la lucidez de Pacheco y Monsiváis, sino como reclamo de hija menor –o sobrina lejana-, y lo hace con sorna y con resentimiento. No creo que Denise haya puesto el término intelligentsia leyendo, antes de decidirse a utilizarlo, a Peter Burke o a Gabriel Said. Su exabrupto se parece más a las idioteces de Luis Pazos (la mente lúcida de la derecha, imagínate) que a la fuerza polémica –respetuosa siempre- con la que Monsiváis enfrentó a Octavio Paz. En el artículo de Dresser, insisto, la frase suena a mofa insolente.

Seguramente, Raúl, ya te enteraste de la carta enviada al “pueblo de México” por Saramago, Goytisolo, Cardenal, Galeano, Skarmeta, Bryce Echenique y otros dieciocho… ¿Qué? ¿Qué diría Denise Dresser, cómo los clasificaría? ¿Otros dieciocho miembros de la intelligentsia planetaria, esa secta de arrogantes que se siente con derecho a enfrentarse a la ultraderecha mexicana, pero que se hace de la vista gorda cuando…? ¿Cuándo qué, Denise, cuando qué? Ni Carlos Monsiváis, ni José Emilio Pacheco escribieron una oda staliniana a candidato alguno. ¡Simplemente se negaron a guardar silencio cuando a los trogloditas de siempre se les ocurrió arremeter contra el derecho de todo individuo a manifestar libremente ideas y opiniones! (y ese gesto de censura no cabe en ninguna idea, en ninguna opinión, es sólo el rebuzno milenario de la barbarie que se ufana de “su” civilización).

Un abrazo, Raúl.

1 comentario:

María dijo...

hola!, bueno casi tio, aqui su casi sobrina le informa que acaba de hacer su propio blog.
atte. maria
pd. apenas comienzo a entender esto de los blogs asi que un poco de paciencia.