jueves, julio 12, 2007

Temporada de Duraznos

Peaches Staten y Ezequiel Espósito, en el Celtics de Satélite
Miércoles 17 de enero de 2007


Peaches se cortó el cabello, y sigue igual de chula. El nuevo look de Faye Staten realza la belleza de su rostro y la hace parecer una colegiala traviesa que recién se ha escapado del internado de señoritas. Llegó ayer a la ciudad, y en la noche ya estaba reunida con los miembros de Vieja Estación, con el propósito de tocar un rato y, así, calentar motores.

Porque hoy ofrece el primero de sus tres conciertos en Ruta 61.

Ésta es la tercera vez que Peaches visita nuestra ciudad, y al volver a escuchar a la banda argentina ha quedado profundamente impresionada, no sólo por el talento, la destreza y la calidad de sus músicos (virtudes que conoció hace cinco meses) sino también por el profesionalismo y el profundo sentido de responsabilidad de José Luis Sánchez (teclados), Ignacio Espósito (batería), Mauro Bonamico (bajo) y Santiago Espósito (guitarra): escuchan los títulos de las canciones, definen los tonos respectivos, atienden los contextos indicados... y ya, con eso tienen para ofrecer a Faye un gobelino musical de factura irreprochable, un tejido bien tejido de armonías, modulaciones, ritmos y atmósferas, algo así como un departamento lleno de luz bellamente amueblado, limpio, alegre, con estilo, habitado por personas que aman y disfrutan lo que hacen.

Para mi sorpresa y para mi alegría, Peaches propone comenzar el ensayo con Some kind of wonderful, de John Ellison, una canción que roza mi nostalgia y me recuerda las fiestas de los setenta en vecindades de la Colonia Roma. Sí, sí, es la misma que escuchábamos en 1974, con Grand Funk Railroad (aparece al final del álbum All de the girls in the world, beware!). Pero siete años antes ya la habían grabado los Soul Brothers Six, grupo al que pertenecía John Ellison. Hasta ahora no he tenido, sin embargo, la oportunidad de escuchar esa versión, la original. De cualquier manera, lo que hace Vieja Estación es desmpampanante, y Peaches lo agradece con su voz, con su danza y con el ritmo integrado a cada una de sus moléculas.

Pasada la medianoche, Mauro Bonamico plantea dos posibilidades: ¿Nos seguimos ahora y le damos una vuelta al repertorio, o nos vamos a descansar y mañana a mediodía hacemos un repaso general?

Cualquiera de ambas opciones me parece buena –dice Peaches. No tengo problema para seguir ahora mismo. En Chicago, hay veces que terminamos a las tres o cuatro de la mañana. Y conste que yo me levanto todos los días a las seis, para ir a trabajar al hospital (recordemos que Peaches tiene una segunda profesión: es físico-terapeuta).

Bien –insiste Mauro-, necesito una respuesta. ¿Qué hacemos?
Si quieren –sugiere Peaches-, definimos el orden de las piezas y nos vamos a dormir.


Al calor del vodka, el whisky, el brandy y las cervezas, discutimos el orden de las piezas (discutimos suena a manada, pero así es, porque Lalo Serrano y el que esto escribe, ambos sin vela en el entierro, logramos imponer una canción que, a propósito, a mí ni siquiera me enloquece; pero la cosa es intervenir y vivir la sensación de que somos parte de una de las mejores bandas de esta ciudad) ...

-Aquí un blues, allá el boogie, por este otro lado zydeco; acullá, una mezcla de Willie Dixon y Bob Marley (Wang Dang Doodle y Get up, stand up), más blues en medio.

Peaches anota en las hojas que arrancamos de mi Moleskine: Jim Dandy, Mighty Gumbo, The Hoochie Coochie Mamma, Mojo Boogie, Fever, Can’t you see; Hole in the wall, Bring it on home to me, y anuncia así el concilio de divinidades que se celebrará durante este fin de semana: desde los ya mencionados Dixon y Marley hasta J.B. Lenoir y Muddy Waters, pasando por Sam Cook, Otis Blackwell y la chulísima LaVern Baker, sólo por mencionar a los que reconozco de botepronto.

Peaches resiente la diferencia de altitud entre Chicago (179 metros) y la Ciudad de México (dos mil y pico de metros), pero ello no impide su buen humor y sus ganas locas de hacer música tres noches seguidas en Ruta 61.

4 comentarios:

Prometeo dijo...

Perdonarás mi querido Agus que me clave en la parte mas zonza y superflua del texto (me excusaré diciendo que es un pre-texto para no ponerme a llorar por la imposibilidad de escuchar a Peaches).

¡Pensé que era yo el unico que aun escribe en una Moleskin!

El Blues de la Estufa Divina dijo...

¡Nada, nada, mi querido Prometeo! Ya disfrutaremos igual con Alonso Arreola, que la música tiene terrazas que dan a paisajes distintos pero igualmente bellos.

¿La Moleskine? Fíjate que yo las uso apenas desde hace dos años. Lo malo es que siempre las comienzo muy bonito, con pluma de punto fino, con letra casi de escuela de monjitas... y a la mitad pierdo el orden y el estilo.

Un abrazo.

Zorro Viejo dijo...

2 cosas (muy) tontas para remarcar:
1) el polaco (alias ezequiel esposito) no es mas parte de vieja estacion o no tiene profesionalismo y el profundo sentido de responsabilidad???? jajajaj

2) excelente, impresionante y espectacular el parrafo que cito aca:
(discutimos suena a manada, pero así es, porque Lalo Serrano y el que esto escribe, ambos sin vela en el entierro, logramos imponer una canción que, a propósito, a mí ni siquiera me enloquece; pero la cosa es intervenir y vivir la sensación de que somos parte de una de las mejores bandas de esta ciudad) ...

eso si que es tener alma rockera!!!

mis saludos y respetos desde el culo del mundo.
Carli

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Zorro siempre vigilante, te explico el hecho de haber omitido al Polaco en esta ocasión: pasa que, en estos casos (visitas como Peaches), él no participa como miembro de la banda. Sin embargo, a la mera hora es invitado a subir al escenario. Una de las cosas que más admiro de todos los miembros de Vieja Estación (incluido el Polaco) es el profundo respeto que tienen por el espacio y la música de otros: ellos no suben al escenario si no son claramente invitados con anticipación.

Carli, a propósito, alguien pronto estará por allá. Pienso enviarte una pequeña sorpresa (nada valioso, pero con mucho afecto).