miércoles, diciembre 20, 2006

Mi vida cosmopolita

Para ganarme el pan diario, trabajo en el área de mercadotecnia directa de una agencia de medios. Ahí, tengo como jefe directo a un uruguayo. Arriba del uruguayo está un francés (a quien, a propósito, casé en Varadero –porque soy ministro plenipotenciario de todos los cultos, y hasta de los incultos tipo Paulo Cohelo, autor brasileño de frases tan estúpidas como la siguiente: Cuando quieres realmente una cosa, todo el universo conspira para ayudarte a conseguirla, que es la versión kitsch de Mateo 17, 20). Este francés rinde cuentas a un español. El español recibe órdenes de un joven de origen alemán.

Una de mis dos bandas favoritas está compuesta por argentinos, que además son mis amigos y con quienes he visitado varios estados de la República y también otras dimensiones. Uno de ellos, Ezequiel, apodado El Polaco, está casado con una guapa mujer en cuyas venas corre sangre germana.

La esposa de uno de mis amigos es una guapa francesa. La esposa de mi mejor y más íntimo amigo es otra guapura... pero de sangre inglesa. Tuve el gusto de conocer y tratar a Yoriko Yasukawa, linda japonesa que fue hasta hace poco representante de UNICEF en México.

Satanás, mi difunta esposa, se escapó con un judío y se fue a vivir a Venezuela. Mi primera novia vive hoy en Florida con un argentino que se cree inglés.

Acabo de despedir con un fuerte abrazo a Edouard Perromat, amigo francés que regresa mañana, no sé si a Toulouse o a Bourdeaux, para pasar el fin de año con su familia. Edouard fue miembro de Abracadaband, orquesta de músicos dedicados, entre otras rarezas, a interpretar la obra de uno de los más grande compositores del siglo XX: Frank Zappa.

A veces, las primeras luces del día me sorprenden discutiendo, llorando o nadando en whisky con una cubana. Esta bella cubana me presentó, hace como un año, a un músico de la India simpatiquísimo y mitómano (me aseguró que había tocado en el concierto en homenaje a George Harrison, en el Royal Albert Hall: me entusiasmé y le pedí su autógrafo en mi DVD de dicho evento; luego lo busqué en los créditos... y resulta que no aparece; pero, bueno, ya conocí a un músico indio). He hecho buenas migas con un excelente músico de Chicago. En Ruta 61, fungí como guardaespaldas de Grana' Louise... y luego de Deitra Farr, quien me autografió dos de sus discos con frases reveladoras (en uno, Te amo; en el otro, Te odio).

A mediados de los noventa, pasé una noche entera conversando sobre el EZLN con un académico de la Universidad de Chicago (nadie pudo seguirnos el ritmo, y el sol tibio de las seis de la mañana iluminó nuestro último vaso de whisky). Una vez, estuve sentado juntito a Ana Duato, chulada peninsular (José Luis, mi hermano, posó la mano sobre su pierna). A principios de siglo, conversé con el doctor Ricardo Pascoe y el embajador de Rumania sobre Eminescu, Ciorán y Ionesco (los tres habíamos leído La Cantante Calva y Las Sillas).

Estoy enamorado de una catalana chulísima, cuyo uso del participio pasivo me enloquece.

A fines de los ochenta, conocí en el Bar 9 a un hombre de Trinidad y Tobago, negro, alto, fornido, que estaba encantado con el rocanrol de Mamá-Z. Pero a él sólo lo traté de lejitos.

1 comentario:

Gerardo dijo...

ahora entiendo porque de madrugada escucho tu voz cavernosa gritando en diferentes idiomas.
Pensabamos buscar a un exorcista, te creiamos poseido.