lunes, julio 17, 2006

¿Qué hay en la mente de una señorita?

En 1932, la calle de Holbein (Mixcoac).

Es el año en que nace Salvador Elizondo. Mi Diosa Madre tiene seis años, y mi padre ocho. Shirly Temple comienza su carrera cinematográfica (¡a los cuatro años!). Los Hermanos Marx estrenan Plumas de Caballo. Ni los Beatles ni Raúl de la Rosa han nacido aún.


En 1984, Mamá-Z en la Nápoles.

Entonces, mi difunta esposa tenía apenas 14 años (nos haríamos novios dos años más tarde). Alejandra, que vivía en la calle de Galveston (en el mismo departamento donde florecería nuestro concubinato, entre 1993 y 2002), preguntaba a su padre, don Felipe Ortiz Gordoa:

-Oe, papá, ¿qué será eso de Mamá-Z?
-¡Quién sabe, m'ija! Alguna bandita de la Escandón. Es gente de baja estofa que no tienes que conocer.
-Bueno, papi.
-Prométeme que nunca vas a ir a la Escandón, m'ijita.
-No, papi.

En 2006, un regalo para los habitantes de la Condesa.

A fines de abril, visité por primera vez la Librería Rosario Castellanos del nuevo Centro Cultural Bella Época, ubicado en donde hasta hace poco estuvo la sala cinematográfica del mismo nombre (aunque su nombre de pila es Cine Lido). En esa ocasión, salí con una breve autobiografía de Benito Juárez (Apuntes para mis hijos), un álbum de Mario Lavista (Cuadernos de viaje), dos discos de la colección Voz Viva de México (Juan Rulfo y José Emilio Pacheco) y Oh, no! Just another Frank Zappa Memorial Barbecue!, el mejor homenaje a Frank Zappa que he escuchado en mi corta vida. Pertenece a Le Bocal, banda de extraordinarios músicos franceses (aunque aparece en ella una pianista italiana, Rita Marcotulli, cuyas ejecuciones están a la altura de George Duke). Este disco le va a fascinar a mi amigo Josefáin. El próximo viernes, sin falta, le llevo una copia.

He vuelto varias veces a la Librería Rosario Castellanos, y en una de ellas conseguí mi disco de Arvo Pärt, del que ya les he platicado, pacientes lectores (recuerden La mujer con la caja de alabastro).

El CCBE aún adolece de algunas deficiencias, y mi amigo Octavio me las hizo ver. Claro, pasa que el guitarrista de Las Señoritas de Aviñón (y hoy director general de Ogilvy One) es muy tiquismiquis y difícilmente se conforma con las ofertas provincianas, porque ha tenido la gracia de conocer ciudades –Madrid, Nueva York, París, Chicago, Buenos Aires, Santiago de Chile- donde el amante de los libros, del cine y de la música puede volverse loco de alegría ante la multiplicidad de opciones de consumo.

He aquí a María de la Luz Tagle Osorio, mi hermosísima madre, a fines de los cuarenta, con el Cine Lido al fondo.

Y volviendo al asunto de los libros, me acuerdo cuando, en La Habana, Octavio y Cecilia (su esposa y mi mejor amiga) se metieron conmigo en una librería. ¡Qué horror, qué vergüenza! Yo, tratando de defender la Revolución (así, con mayúscula)… ¡y el lugar ofreciendo best sellers tipo Librería de Cristal! Bueno, bueno: en honor a la verdad, no buscamos bien, porque La Habana tiene buenas librerías, como la Cervantes –dedicada a libros antiguos-, ubicada en Obispo y Bernaza, Habana Vieja, y la Grijalbo Mondadori, en O’Reilly 4, Palacio del Segundo Cabo, en la Plaza de Armas de la misma Habana Vieja. Digo, pasa que nosotros fuimos a La Habana e hicimos mucho; pero no pensamos en libros. Repito, hicimos mucho: la compañía de Cecilia García-Robles es siempre un viaje mágico y misterioso, una excursión a las zonas más agradables y hermosas del alma; con ella, todo vuelve al orden primario, a la cordura del espíritu, al entendimiento del universo. Así que, imagínense: viajar con ella a La Habana fue como si Octavio y yo hubiéramos sido guiados por el mismo Alejo Carpentier.

A propósito, Cecilia pronto estará de nuevo en el escenario, como integrante de la esperada banda de Claudia Ostos. ¡Eso habrá que vivirlo, claro, en Ruta 61!

Decía que Octavio es ahora el nuevo director general de Ogilvy One (CEO, es decir Chief Executive Officer; no vayan a pensar que me refiero al titán de la inteligencia del que habla la mitología griega). Y en ese gigante de la mercadotecnia, el autor de Magdalena apoyará las estrategias de firmas como American Express, Nestlé y Volvo.

De veras que son raras las Señoritas. Jaime Holcombe y Javier García están igualmente metidos en asuntos de publicidad y mercadotecnia, y Jorge Escalante es ingeniero de cosas atmosféricas en la UNAM. ¡Y su música es el cielo! Esto prueba que la mente de una señorita es siempre un misterio, un laberinto digno de recorrerse.

En 1942, la inauguración del Cine Lido.

En el otoño de 2005, Octavio Herrero publicó un artículo en el primer número de Punto Condesa, revista de corta vida fundada por Jean Benoit Bataille y Adriana Estrada.

Dicho artículo trató, precisamente, sobre el Cine Lido, inaugurado el 25 de diciembre de 1942. Sin embargo, Octavio no menciona la película de estreno: A caza de novio (Her cardboard lover), con Norma Shearer y Robert Taylor, dirigida por George Cukor. La entrada costaba entonces $2.50.

En 1998, el blues de las Señoritas.

El Bella Época (cine antes, y ahora centro cultural) está ubicado en la esquina sureste de las avenidas Tamaulipas y Benjamín Hill, juntito al diminuto lugar –que ya no existe- donde escuché por primera vez a Las Señoritas de Aviñón. De aquella noche, recuerdo la presencia de David Huerta, el poeta (hijo del genial Efraín Huerta, a uno de cuyos poemas -La rubita del Metro- Octavio le puso música), y lo bien que ya sonaba la banda. Muy lejos estábamos entonces de conocer a Lalo Serrano y a Claudia Ostos.

En 1999, las Señoritas en otras partes.

De esos primeros días de Las Señoritas de Aviñón, tengo registrados los que correspondieron al concierto en el Centro Cultural Mixcoac y al concierto en el Parque de los Venados, foros ambos que entraban dentro de mis responsabilidades como Subdirector de Servicios Sociales y Culturales de la Delegación Benito Juárez.

En 2000, cuando perdimos la Delegación Benito Juárez.

Terminada la administración del doctor Ricardo Pascoe, dejé la función pública y entré a trabajar como mesero en un restaurante italiano de la Colonia del Valle, a la vez que me reunía con Raúl Bretón (dueño entonces del mencionado restaurante), en su casa, durante las mañanas, para trabajar en un proyecto que nunca llegó a plasmarse en la realidad: la puesta en escena de Maestra Vida, la hermosa Ópera Salsa de Rubén Blades. Más tarde, cuando entró a trabajar en la Secretaría de Transporte y Vialidad, como Director General de los Centros de Transferencia Modal, Raúl me invitó a desarrollar con él un proyecto de atención a los niños de la calle y a los niños en situación de calle (que no son los mismos unos y otros), cuya vida se concentra, precisamente, en los espacios destinados a la transferencia modal (Pantitlán, Indios Verdes, Aeropuerto, Taxqueña, etcétera).

Maestra Vida

No soy un seguidor de la salsa, pero el trabajo de Rubén Blades siempre me ha gustado. Y la historia que se cuenta en este par de álbumes (primera y segunda partes) coincide con mi gusto por cierto tipo de teatro (Bertolt Brecht, por ejemplo: Madre Coraje y El Círculo de Tiza Caucasiano, por mencionar dos obras que presencié en mi adolescencia: aunque de manera subjetiva, percibo en Maestra Vida líneas de pensamiento y atmósferas semejantes a dichas piezas).

En la grabación de Maestra Vida no sólo participa Willie Colón (trombón) sino también otros músicos igualmente talentosos, como Leopoldo Pineda, José Rodríguez y José Torres. Además, como digo, la historia que se cuenta toca con sabiduría y mucha belleza temas fundamentales del drama humano (la muerte, el amor, la soledad de los viejos) y temas insoslayables de la realidad latinoamericana.

Cosas de la vida.

9 comentarios:

Colibrí dijo...

en este momento me declaro lectora fiel de este blog...que para mi es tal como describes la compañía de Cecilia García-Robles "...siempre un viaje mágico y misterioso, una excursión a las zonas más agradables y hermosas del alma..."

quizás estés descansando un letargo especial teñido de desencanto político social y otro buen día me sorprendas con un correo como el de "sonríe, vamos a perder"

pero mientras no suceda eso...yo seguiré viajando a través de la letra maravillosa, el diálogo interno y la música...

todo eso que hace que mi alma se vaya llenando (al comenzar a conocer) de ganas de saber, de ganas de vivir, de ganas de conocer ese mundo de letras y vericuetos sintácticos (a veces complicados de seguir...de una pieza)

gracias por este blog, que es un oasis

aunque quizás no lo comprenda como los conocedores, pero me es importante...es un oasis!!!

El Blues de la Estufa Divina dijo...

¿Te acuerdas, Colibrí, cuando en la primaria se te acercaba una niña, te regalaba su sánguich de crema de cacahuate y te decía que le caías muy bien, que le gustaban tus zapatos y tus trenzas? ¿Te acuerdas lo que hacías?

Sabías que esa niña te había regalado cosas muy valiosas. Entonces, buscabas en tu lonchera algo con qué agradecer. ¡Ah, ya stuvo!

-¿Quieres la mitad de mi Motita de plátano?

Así me pasa ahora, Colibrí. Tus palabras son como un sánguich de crema de cacahuate que me regalas a la una de la tarde. Déjame ver qué traigo en mi lonchera...

-¿Quieres la mitad de un beso arrugado de uva que estaba guardando para la tarde?

Ícaro dijo...

Ah, qué con los chamacos en su recreo!!!

Y qué sabroso leerte Agustin.

El Blues de la Estufa Divina dijo...

¡Y que lo digas tú, Ícaro, es más que un honor! Sin embargo, siempre que leo tu (s) blog (s) quiero dejarte un mensaje y no encuentro cómo.

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