domingo, julio 16, 2006

Los apóstatas

Me encontré en medio de la ceremonia repasando mentalmente los eventos del día. Fue entonces que decidí que recordaría y escribiría todo lo que había acontecido. En este cadena de eventos ligados al azar, pensé que podía vislumbrar una causalidad sorprendente.
(Profesor Isak Borg, en Fresas Salvajes de I. Bergman)

Mando a la familia en Guagadugu estas postales de mi más reciente paseo por la Ciudad de México, que ahora me cobija.

Es domingo, y -según entiendo- es el día en que unos van a misa a dar gracias por los favores recibidos y otros -los renegados- se pasean... misteriosamente sonrientes.

¡Muy bonito todo, muy bonito! Y la belleza de esta multitud tiene corona en la Plaza de la Constitución (que aquí llaman Zócalo), donde dos viejos sabios dicen su propia voz: Carlos Monsiváis y Sergio Pitol. ¡Esto ya parece el Simposio de la Literatura Mexicana (Monsi, Pitol, Pacheco, Del Paso, Poniatowska)! Observo el rostro de don Sergio, y pienso en otro don Sergio, a quien le hubiera gustado participar (Méndez Arceo), que si no fue gloria de las letras sí lo fue de las almas, espejo de Cristo y teólogo de la liberación. ¿Y si Juan Rulfo estuviera con nosotros? ¡Ya sé lo que hubiera dicho!

-Sí apoyo a ese canijo, pero no me hagan andar entre los vivos.

Veo, digo, el rostro de Sergio Pitol... y recuerdo cuando, en la cocina de Galveston, leía en voz alta El desfile del amor, mientras mi difunta esposa preparaba panes con mermelada. Alejandra paraba su tarea y se me quedaba viendo, en absoluta contemplación del tejido fino de Pitol.

-¡Alejandra, tengo hambre!
-Sí, sí. Pero sigue leyendo. ¿Y luego nos seguimos con Domar la divina garza?
-Antes, La vida conyugal... Te va a encantar.

Descubrí a Sergio Pitol al leer, a fines de los ochenta, El vals de Mefisto. Desde entonces, decidí construirle un altar, junto a Rulfo, Calvino, Queneau, Beckett... Apenas recibió el premio Bellunesi che Hanno Onorato la Provincia in Italia e nel Mondo (Venecia), me di cuenta de algo: tengo buena mano para beatificar (por ejemplo, Juan Villoro -¡otro apóstata!- y yo fuimos quienes descubrimos, en 1979, a Mark Knopfler... y nadie nos lo ha reconocido).

Ya mañana platicaremos de otras cosas igualmente hermosas. Por ahora, me quedo con esta sonrisa que no se apaga ni con la lluvia de la tarde.

De otras cosas, digo, platicaré mañana:

1. Ezequiel Espósito y José Luis Sánchez (voz y y teclados de Vieja Estación) regresaron a esta ciudad de renegados hace ocho días. En nombre de la banda, recibí un hermoso cinturón que estrenaré el próximo viernes.

2. A título personal, el Polaco (Ezequiel) me regaló Di Meola plays Piazzola, bellísimo disco que ahora escucho y del que hablaré en su momento.

3. El viernes, tanto Vieja Estación como Las Señoritas de Aviñón tocaron de modo excelso. ¡Y eso que Tomy (Santiago Espósito, guitarra de la banda argentina) anda con el dedo meñique de la mano derecha hecho trizas (uno de sus perros, Camila casi se lo arranca, sin querer). No sé, probablemente la música se inyectó de la presencia de María Martínez Marentes (chulísima y sonriente hija de Octavio Herrero), de Raúl de la Rosa, del Topo, de Emilio y su hijo Andrés, de otro Emilio -cumpleañero- y sus dos pequeños hijos, de Fabrizio León Diez -jefe de espectáculos de La Jornada-, de mucha gente que ha encontrado en el Hoochie Coochie Bar un rincón de belleza que alivia el alma.

4. Hubo, además, algo inesperado: a mitad de la noche, Lalo Serrano puso en el sonido la música de Hermanos de Sangre, banda de rocanrol donde Mauro Bonamico (actual bajista de Vieja Estación) tocaba y cantaba (¡a los 19 años!) muy pero muy bien. Ya hablaré de ese disco.

5. Por supuesto, tampoco ha de faltar una reseña del reciente disco de Male Rouge.

6. El viernes andaba yo nervioso, porque Jaime Holcombe (guitarrista de Las Señoritas de Aviñón) me dijo que esa noche estrenarían Muerte en abril, pieza con música de Fiodor Martinson Blacksmith y letra del fallecido poeta Bacilio Macedonio Ruiz. Pero no sucedió. Terminada la noche, Octavio Herrero me miró a los ojos desde el escenario y dijo:

-Nos vemos el próximo viernes. Entonces, habrá sorpresas.

¡Recórcholis, ahora voy a estar nervioso una semana completa!
Bueno, que así sea... para mayor gloria de la música.
Si de contar se trata, contaré también los días.

Desde la Ciudad de México, besos a toda la familia en Guagadugu.

6 comentarios:

Colibrí dijo...

y yo te dejo un abrazo renegado, misteriosamente sonriente...

Tlacuiloco dijo...

Todos saben, aunque no les guste, que tu eres parte de este movimiento inteligente. Que nadie se sorprenda si dentro de 15 dias ven al Agus, llorando en el Zocalo. LLorando de alegría.
El me enseño la fuerza de la razón. A el acudo cuando tengo dudas.
Un abrazo Tino.
y en 15 días seremos más.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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