viernes, febrero 01, 2008

¡Me quieren quitar mis cosas!*

Del Evangelio según Ángel Tejeda

Tuve la suerte de conocer a Gerardo María en Acapulco (aunque nací en el Distrito Federal, vivo en el puerto desde hace 12 años). Yo tenía en aquel tiempo (segunda mitad de los noventa) un programa de radio, y por esa razón nos conocimos. Junto con otros amigos, armamos una buena pandilla de locos que se reunía a escuchar música, a platicar y a muchas cosas más:

  • Exhibicionismo en la vía pública
  • Escándalos en bares, playas y fiestas privadas...
  • Producción de ruidos con artefactos que podían ser instrumentos musicales, o simplemente no serlo...
  • Manifestaciones contra el establishment a través de la radio local

Convivimos durante una buena temporada, y tengo gratos recuerdos y anécdotas que me gustaría compartir próximamente. Entre otras cosas, tengo un montón de fotos de aquellas parrandas, algunas grabaciones de mi programa de radio en las que participó Nuestro Señor Gerardo haciendo comentarios sobre música o, por ejemplo, el programa completo que dedicamos al rock chilango, en donde Él fue el invitado de honor (lo entrevisté como miembro de Mamá-Z, uno de los más importantes representantes del underground chilango, y como elemento escencial de lo que fue la escena del rock mexicano durante los frenéticos ochenta).

En otra ocasión, Gerardo estuvo leyendo poesía de Agustín Aguilar Tagle (parece que lo hizo sin permiso de su gemelo precioso). También, me ayudó a grabar un spot para mi programa. En dicho spot, Gerardo mostró su capacidad dramática, transformándose de un güey mala onda a un hippie empedernido (tal cual). Y en ese programa, por supuesto, pusimos varias canciones de Esa viscosa manera de pegarme las ganas. En fin, hay una serie de cosas que sin duda merecen estar en las bitácoras que acabo de descubrir en torno a Gerardo.

Lo único malo es que todavía estoy medio silvestre para eso de las bitácoras electrónicas, y no sé cual es la chida. Quiero entregar al público una crónica que se me está saliendo del corazón, en la que me gustará mucho narrar quién fue para mí Nuestro Señor Gerardo.

Nota: Agustín supone que estoy loco. ¿Por qué, por qué? ¡Me quieren encerrar de nuevo! ¿Verdad? Pues ni crean que voy a volver a ese maldito lugar, y jamás me pondré de nuevo una de esas camisas que tienen las mangas largas. ¡Ni lo sueñen! Yo estoy bien. Lo que pasa es que nadie me comprende. ¡Me quieren quitar mis cosas!

* ¡Me quieren quitar mis cosas! es una frase extraída del spot de radio que me ayudó a grabar Gerardo, y hasta donde recuerdo es de su propia inspiración.

Del Evangelio según Marugenia

Ahora, con más calma, reconstruyo la noche del 18 de enero, con la ayuda de videos. El discurso de Agus está hecho con palabras cargadas de impotencia, de dolor y de amor. Por otro lado, me conmueve y me alegra haber visto reunidas a personas importantes en nuestra vida, viejos amigos, nuevos amigos, gente que admira y reconoce la bondad y la grandeza de un hombre necesario.

Octavio y todas las Señoritas imprimieron al rocanrol de Nuestro Señor Gerardo su belleza natural y su alegría de vivir. Si hay alguien que sabe tocar a Gerardo, ése es Octavio. Además, Vieja Estación tocó Wichily McCoy con una inmensa carga de melancolía, concentrada en la voz del Polaco. Sin dudarlo, afirmo que es la mejor canción que ha escrito mi cuñado precioso: nos llevó a recorrer en un mismo lugar y a la misma hora todos los sentimientos que puede experimentar un ser humano. Agustín y sus bandas pusieron el sello de Gerardo, tal vez porque –no lo dudo- el mismo Tlacuiloco estuvo ahí, entre nosotros; estuvo en el escenario, con Agustín, con Las Señoritas, con Vieja Estación, con su guitarra, con su camisa de vaquero, con su sombrero, en la voz de Agustín, en el beso que me dio. Y cuando Octavio recibió su plumilla, Gerardo dio un beso a sus amigos (Octavio comulgó con Gerardo, por eso se metió la plumilla a la boca).

Como diría el mismo Gerardo: Tino, eres un chingón.

Del Evangelio según Aquiles Argote

Tuve la suerte de conocer a Gerardo, a Maru y a sus hijos cuando vivieron en Jiutepec, Cuernavaca, durante la primera mitad de los noventa, y luego les perdí la pista. Apenas ayer hice una búsqueda para localizarlos y me encontré con la triste noticia de la muerte de Gerardo. Todavía no la digiero. Deseo, sin embargo, comunicarme con Maru, con sus hijos y con Agustín. Obviamente, también quiero obtener una copia del disco de Nuestro Señor Gerardo. Un saludo y un abrazo afectuoso.

Del Evangelio según Rafael Vargas

¡Oraleee! Ojalá y que alcance una copia de los discos de Yo soy la mosca.

Conocí la música de Gerardo gracias a mi tío, quien llevó a la casa el disco de Esa viscosa manera de pegarme las ganas, y les juro que inmediatamente me hice seguidor de Mamá-Z. Hasta tuve una cinta de un concierto del grupo (que ya perdí, buuu). Y, bueno, son muchos recuerdos. Tenía yo 15 años cuando conocí esa maravillosa música. Gracias, Gerardo. Gracias Mamá-Z.

Epístola de Mónica Michel a los Tarelos

Tienen que sacar sus emociones y sentimientos con gente que los quiere. Me sentí muy cercana a ustedes, en especial a Agustín, imaginando la pérdida de una de mis dos adoradas hermanas. Sentí una fuerte empatía con Agus. Qué fuerte experiencia. Pero hay que buscar soluciones en la filosofía, en la poesía, en la música, cosas tan cruciales para Agustín y para Gerardo. También el tiempo ayuda. Todos los días me acuerdo de Gerardo, porque amo la música; y su hermano Agus es un seguimiento de su vida.

Petición de Gerardo Meneses Díaz

Soy un fan de Mamá-Z. Me interesa hacerme del material grabado por la banda. ¿Hay alguna manera? Un abrazo y mi gratitud por su atención.

Del Evangelio según Alejandro Videgaray Aguilar

Gracias, Señor, por la maravillosa noche que nos regalaste el viernes 18. No recuerdo muchas noches así. No recuerdo haber vivido una noche tan especial como la del viernes, pero quiero volver a vivirla. En cuanto se organice algo similar, por favor... apártenme un buen lugar.

Qué impresión que la gente estaba de pie, y ni pensaba en irse. El lugar, a reventar; pero en ningún momento eso fue causa de molestia para alguien. Creo que de hecho fue todo lo contrario. Tino cantándole a Gerardo. En verdad, único. Octavio llamando a todos. Ger corriendo al escenario para cantar, y después los demás, y la gente de abajo cantando junto con Tino y junto con nosotros. Y seguramente el más feliz fue sin lugar a dudas Lalo.

El viernes antes de salir de mi casa me dije: ¡Qué padre, vámonos ya! Lo único a lo que no le tenía muchas ganas era a la gente llorando. ¿Y sabes quién se la pasó llorando? ¡Así es, yo! Mucha tristeza, pero sobre todo coraje. Coraje, sí, porque me di cuenta que el tiempo no perdona. Y tuvo que morir Lalo para que yo me diera cuenta de eso, lo cual se me hace un precio mucho muy alto. Pero ya no puedo hacer nada. Espera, al contrario, hay muchas cosas que hacer al respecto. Y las voy a hacer, lo prometo.

Del Evangelio según Juan Carlos

No podía esperarse menos que flores creciendo en cada uno de los relieves del andar de Lalo. Las huellas que cínicamente dejó por todos el mundo (el DF, Toluca, Cuernavaca, Acapulco y muchas otras patrias) fueron tan profundas que no muestran más que vida a borbotones, y ahora las semillas empiezan a germinar. ¡Discípulos de Tlacuiloco en todo el orbe, uníos! Todo aquel que tenga evidencias de la inmensa existencia de Gerardo, deposítela en esta Arca de la Alianza que su gemelo precioso resguarda con celo.

No importa cómo lo hayas conocido (Dios, Alá, Krishna, Jehová, Buda, Zeus, Al-Ŷabbār, Lalo, Gerardo María, Tlacuiloco, Wichily McCoy). Todos son Él mismo. Si lo grabaste de una transmisión radiofónica, mándale a Agustín una copia. Si lo fotografiaste encuerado, mándale a Agustín una copia.

Todos hubiésemos querido eternizar aquella eucaristía en la que muchos comulgamos a Lalo y con Lalo. Lamentablemente, estas cosas pasan solamente cada 2007 años (la anterior a ésta, por cierto, no tuvo tanto éxito, e incluso no estamos plenamente seguros de su veracidad).

Hay formas confiables para contactar a Nuestro Señor Tlacuiloco: cada vez que veas un partido de las Chivas, puedes estar seguro de que él también lo está viendo y que está a tu lado, igualmente emocionado; cada vez que escuches una de sus canciones, cada vez que te enamores tanto de una mujer como él de la suya, o de unos hijos, como él de los suyos; cada vez que te levantes, como él lo hacía, comprometido en hacer del mundo algo diferente sin que éste se dé cuenta -y aunque siga igual de inservible...

Nunca vi a Lalo aplatanado, y por eso no pienso aplatanarme. Porque soy alguien muy afortunado al haberlo conocido y haberlo tenido tan cerca (tanto que nunca escapé de sus ácidas pero magistralmente elaboradas bromas). Por eso, celebro a Tlacuiloco tanto como lo celebré admirándolo, aplaudiendo y hasta envidiando todas sus locuras. Su más reciente puntada parece cruel. Sin embargo, con tal ocurrencia está enseñándonos cómo deberemos hacer la nuestra propia.

Esta es palabra de Dios.
N.S. Gerardo con su hermano Juan Carlos
(no por más pequeño menos grande)


De la Redacción

Aparta, lento lector, tu caja
Yo soy la mosca. El tiraje será de cien ejemplares numerados, cada uno de los cuales será entregado personalmente y sin costo alguno. La segunda edición ya tendrá un precio. Envía tu solicitud a bastaturostro@gmail.com

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo quiero mi disco.....quiero mi disco!!!!!!! Lalo S.

JC dijo...

No podía esperarse menos que flores creciendo en cada uno de los relieves del andar de Lalo. Las huellas que sínicamente dejó por todos el mundo (el DF, Toluca, Cuernavaca, Acapulco y muchas otras patrias)fueron tan profundas que no dejaron más que vida a borbotones. Y ahora, esas semillas empiezan a germinar. ¡Discípulos de Tlacuiloco de todo el orbe,uníos!. Todo aquel que tenga evidencias de la inmensa existencia de Gerardo, deposítela en esta Arca de la Alianza que su gemelo precioso resguarda con celo.
No importa cómo lo hayas conocido: Dios, Alá, Krisna, Jehová, Buda, Zeus, Al-Ŷabbār, Lalo, Gerardo María, Tlacuiloco, Wichily McCoy. Todos son él mismo. Si lo grabaste en el radio, mándale a Agustín una copia. Si lo fotografiaste encuerado, mándale a Agustín una copia.
Todos hubiésemos querido eternizar aquella eucaristía en la que muchos comulgamos a Lalo y con Lalo. Lamentablemente estas cosas pasan solamente cada 2007 años (la anterior a ésta, por cierto, no tuvo tanto éxito e incluso no estamos plenamente seguros de su veracidad).
Hay formas confiables para contactar a Nuestro Señor Tlacuiloco: cada vez que veas un partido de las Chivas, puedes estar seguro de que él también lo está viendo y que está a tu lado igualmente emocionado. Cada vez que escuches una de sus canciones, cada vez que te enamores tanto de una mujer como él de la suya, o de unos hijos, como él de los suyos. Cada vez que te levantes, como él lo hacía, comprometido en hacer del mundo algo diferente, sin que éste se de cuenta y aunque siga igual de inservible. Yo nunca ví a Lalo aplatanado y, por eso, no pienso aplatanarme. Porque soy alguien muy afortunado al haberlo conocido de tan cerca, tanto que nunca escapé de sus ácidas, pero magistralmente elaboradas, bromas. Por eso, celebro a Tlacuiloco tanto como lo celebré admirándolo, aplaudiendo y hasta envidiando todas sus locuras. Su más reciente puntada, parece cruel, pero simplemente nos está enseñando cómo deberemos hacer la nuestra propia.
Esta es palabra de Dios.

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Eduardo, tuya es tu caja. Juan Carlos, no por ser el menor el menos grande, tus palabras abren mi llanto.