domingo, abril 29, 2007

Super Ratón

Circa 1962, aunque en blanco y negro, en una televisión Philips.

A eso de las cinco de la tarde, corríamos a la tienda de la esquina o de la vuelta, comprábamos cada uno nuestra respectiva dotación (una bolsa de Charritos, una barra de chocolate Carlos V y una Coca Cola de 35 centavos); regresábamos a casa, nos metíamos a la recámara de mis padres y nos subíamos a su cama para ver... ¡Super Ratón!

He aquí uno de sus episodios: Los Monstruos de la Luna.

Disfruta, amiguito, de los Gatos Voladores, de sus exóticas armas y del ratón más valiente del universo. ¡Y la música! Escucha la deliciosa música.

4 comentarios:

ErosGod1 dijo...

Monseñor, le envio un saludo.

Permítame confensarle que el fin de semana, la ociosidad, que según las malas y pesimístas lenguas es utero de sin fin de etiologías, pero que según los cínicos y dionsíacos concurrentes del "Jardín" es progenitora de la creativad; encontrábame a la busqueda del nirvana (que contrario a las creencias de los estudiosos metafísicos, se encuentra en las pantallas televisivas) cuando unas siluetas y conocidos ruidos salieron del moderno aleph electrónico. Sí Monseñor, eran los mísmos rostros y las mismas músicas animalezcas nocturnas, que permean de inquietos y siniestros pensamientos a cuánta ánima pura atormentan con decibélicas descargas.

Los mismos que atraparon y robaron nuestra quietud, zarandeando nuestra humanidad en ese templo del mal erigido en nombre de Euterpe y Polimnia, y cuya ruta no alcanzo a olvidar...

Los mismos que insatisfechos con la corrosión que hacían de nuestra ánima, nos proporcionaron una cantidad del mismo veneno para consumo doméstico, para ahuyentar la quietud tan buscada.

Ahi estaban sonrientes, buscando robarse más ingenuas almas a través del plasma.

Los ví y los escuché, dos raciones cargadas de alborotadora inquietud; y después "El Violín"...

Absorto mire al piso, recogí los pedacitos de nirvana que estaban a la vista, los deposité junto a la maceta del fondo, el resto de pedacitos los oculté, empujándolos con el pie debajo del sillón.

Baje los 18 escalones caminé trece pasos más, abrí el envase del brevaje reorientador, según la fórmula escosesa de la uisce beatha o agua de vida; serví más allá de la mitad del vaso y bebí lentamente.

Al regreso olvidé la contabilidad de pasos y escalónes.
Monseñor, acúsome de encontrar gusto y disfute en tan pecaminoso trance; Vieja Estación es el rostro del demonio.
Ya no surte efecto la magnifica plegaria auqella; "San Norberto Y Benedicto; quítenme este blusesito"

¿Debo enfrentar tal pasión?

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Es decir, te gustó mucho Vieja Estación en Animal Nocturno. Sí, a mí también. Son muy buenos los cabrones. Lástima que el programa de Rocha sea tan pinche.

Antonio dijo...

Para comenzar, ¡que bueno era Súper Ratón!, casualmente yo también lo vi en una Philips en blanco y negro, el aparato funcionaba con bulbos y el mueble era de madera. Mis padres aun la conservan y por supuesto ya no funciona, así que lo único que puede verse es el pasado. ¡Que barbaridad!, nos transportaste a quienes conocimos a Súper Ratón algunos años atrás.
De los muchachos que puedo decir. Sabía que se presentarían por que ellos me lo comentaron, así que encendí la TV (ahora ya no una Philips) mientras terminaba de preparar la clase de la mañana siguiente. Cuando por fin aparecieron suspendí mi labor para escucharlos, simplemente comparto tu opinión: esos cabrones son muy buenos, ¡que léxico Agus!
Recibe un abrazo mi querido amigo

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Perdón por las palabras altisonantes, Antonio. Voy a perder mi credencial del Club Quintito si sigo así.