lunes, diciembre 01, 2008

Una habitación propia

El pasado jueves 13 de noviembre tuve la oportunidad de asistir al nacimiento de un interesantísimo proyecto musical. Convocadas por Eduardo Serrano, cinco mujeres se reunieron en Ruta 61 con el propósito de encontrar puntos de confluencia y establecer un espacio colectivo para la manifestación entretejida de sus voces: Brenda Cifuentes, Adriana Larrañaga, Claudia de la Concha, Carmen Gómez Barroso y Malena Fonrouge.

Más que banda, será una troupe de escuinclas dispuestas a entretejer con música sus experiencias y sus habilidades. Y será Machy Madco -músico argentino radicado en México- el encargado de conducir la orquesta sobre la que ellas desplegarán sus alas.

El repertorio del quintento es variopinto: Janis Joplin, Koko Taylor –vía Susan Tedeschi-, Chip Taylor, T-Bone Walker, John Fogerty, Stevie Wonder, James Brown, B.B. King, Leiber y Stoller, Big Bill Broonzy (si hemos de adjudicar a alguien Rock me baby), Otis Redding (vía Aretha Franklin), Tom Hambridge, Steve Ray Vaughan, Little Richard, Cooley y Davenport (vía todo el mundo), Steve Winwood, Jagger y Richards, Robert Palmer, Bill Withers, Mack Rice (¿vía The Commitments?), Tracy Chapman, etcetera.

Y si bien hay blues en este proyecto, creo que el interés real del quinteto -a juzgar por su repertorio- es el de explorar las consecuencias del género a través de diversas expresiones musicales de la segunda mitad del siglo XX.

Escucharemos canciones entrañables, como Me and Bobby McGee, Voodo Woman, Wild Thing, Stormy Monday, Proud Mary, Superstition, I feel good, The thrill is gone, Hound dog, Rock me baby, Respect, Mr. Benz, It hurts so bad, Pride and joy, Miss Anne, Fever, Gimme some loving, Honky Tonk Women, Addicted to love, Baby what you want, Billie Jean, Ain´t no sunshine, Mustang Sally, Hard to handle, Hit the road Jack, In the midnight hour y I shot the sheriff, entre otras.

Tuve el atrevimiento de sugerir dos nombres para este colectivo femenino, pero creo que seré olímpicamente ignorado.

UNA HABITACIóN PROPIA
Cinco mujeres tejen sus voces

La frase hace referencia directa a un gran libro de Virginia Woolf (1882-1941), extraordinaria escritora inglesa asociada a los mejores momentos del feminismo histórico. A room of one´s own es el título original, pero la traducción al español nos permite captar la esencia y el sentido: Una habitación propia, ensayo sobre la necesidad de la mujer artista -Woolf se refiere a las escritoras- de obtener verdadera independencia para dedicarse a lo suyo.

Pero la habitación propia no es Ruta 61, sino el colectivo en sí. No se trata de decir: ¡Ahora tenemos dónde tocar, gracias a nuestro querido amigo (varón) Eduardo Serrano y a nuestro querido amigo (varón) Machy Madco! Porque entonces estaríamos repitiendo el conocidísimo esquema de las damas libres cuyos proyectos son concebidos, sostenidos y coordinados por caballeros. En este caso, ni Eduardo Serrano, ni Machy Madco ni quien esto escribe entrarán a la habitación propia (la soberanía y la libertad de cinco mujeres que, a partir de ese espacio conceptual ofrecen su manera de entender la música). Nosotros, los muchachos, seremos jardineros, choferes, perros guardianes, pintores de exterior, lava-ventanas, correveidiles. Eso y nada más.

Por otro lado, Óscar Fernández (baterista ex-miembro de la extinta Mamá-Z) me dice que Una habitación propia no funciona como nombre del proyecto porque, según él, pocos han leído a Virginia Woolf. Mi respuesta es inmediata: ¡Qué importa! Olvidémonos de Virginia Woolf, quedémonos con el concepto (una espacio de libertad e independencia para la expresión de cinco mujeres). Además, con esa lógica (la supuesta poca fama pública del libro de la escritora inglesa) muchos hubieran desistido de llamarse como se llaman:

1. ¿Cuántos habían leído a Dylan Thomas cuando Bob Dylan eligió ese nombre artístico?

2. ¿Cuántos habían escuchado a los bluseros Pink Anderson y Floyd Council cuando apareció Pink Floyd?

3. ¿Quién había leído a Aldous Huxley o a William Blake cuando surgen los Doors? (a propósito, sólo conozco a alguien que tenía entre sus libros una buena edición de The Doors of Perception: Nuestro Señor Gerardo, mi gemelo precioso, el líder y fundador de Las Moscas de Metepec recientemente fallecido). ¿Quién había probado entonces la mescalina? Lo más fuerte que yo probé en los sesenta fue un pastelito que se llamaba Castorcitos: pasados con Coca-Cola se volvía una experiencia psicodélica.

4. ¿Quién se ha acercado a Bardo Thodol, de Padma Sambhava (siglo VIII), el libro tibetano sobre el arte de morir, antes, durante o después de que Lennon cantara pasajes de él en Tomorrow Never Knows?

5. ¿Quiénes de los admiradores de The Velvet Underground han leído a Michael Leigh para saber de dónde viene el nombre de la banda?

6. ¿Quién se ha preocupado por leer David Coperfield, de Charles Dickens, para conocer a Uriah Heep, uno de sus personajes?

7. ¿Cuántos de los que tuvimos el primer LP de The Alan Parsons Project habíamos leído a Edgar Allan Poe? ¡Por lo menos haber visto alguna película de Vincent Price!

Lo que quiero decirte con esto es que el nombre de una banda debe reflejar de una u otra manera la personalidad de sus miembros, en este caso miembras (Fox dixit) Y creo que el nombre de un quinteto de mujeres debe hacer referencias a su condición de género, sin caer necesariamente en el activismo político ni en el chauvinismo a ultranza.

LAS CINCO YA VAN A DAR
Música desde el otro lado de la cama

Malena Fonrouge

El próximo 26 de noviembre se cumplirán dos años de que Male se despidió de Ruta 61 con un concierto memorable, acompañada de Vieja Estación y en medio de la admiración, el cariño y el agradecimiento de la gente. Ahora, volveremos a tener a Male.

Male Rouge, nacida en Buenos Aires, Argentina, es conocida por los parroquianos de Ruta 61 desde que el bar abrió sus puertas, a mediados de 2004. Venía ella de haber pertenecido al grupo Años Blues, y su talento fue inmediatamente aprovechado tanto por Eduardo Serrano como por Vieja Estación y Las Señoritas de Aviñón, bandas de casa que no dudaban en invitarla con frecuencia al escenario, para solaz y alegría de todos.

Claudia de la Concha

A Claudia la conocí en 2002, cuando Las Señoritas de Aviñón tocaban una vez por semana en el New Orleans. En aquellos días, ella participaba sólo en una parte del espectáculo. Claudia era entonces una muchachita tímida de voz apenas perceptible y de mirada escondida que, sin embargo, agradaba al público con su interpretación de The spider and the fly. Y desde entonces su voz comenzó a crecer, a madurar, a tomar forma, a cobrar un estilo.

Cuando
Ruta 61 abrió sus puertas, Claudia se integró a la banda Matera, sin dejar de cantar de vez en cuando con Las Señoritas de Aviñón. Pero Matera se desintegró y su cantante quedó a la deriva, sin más asideros que los que le ofrecieron ocasionalmente amigos que la admiran y la quieren profundamente (Lalo Chico, Octavio Soto, Vieja Estación y las mismas Señoritas de Aviñón). Gracias a esos momentos, demasiado esporádicos, los parroquianos de Ruta 61 pudimos satisfacer –así fuera frugalmente- el hambre que teníamos de Claudia. Sin embargo y para mayor gloria de la vida, ella reunió a varios músicos de prestigio y formó Un perro andablues, banda que dio su primer concierto el 4 de agosto de 2007.

Carmen Gómez Barroso

Carmen es una mujer de voz encantadora: dulce y apacible en la conversación, pero vehemente y vigorosa sobre el escenario. Con ella, los miércoles de jam session en Ruta 61 se han enriquecido significativamente (siempre gracias a la coordinación musical de Machy Madco). De ella supe por Elisa, mi sobrina, quien cierta noche llegó a la casa para decirme, con la sonrisa de la satisfacción absoluta: ¡Tienes que escuchar a Carmen! ¡Canta como hay que cantar!

Machy Madco

Fue el miércoles 19 septiembre de 2007 cuando conocí a Machy Madco, y desde entonces no me canso de repetir lo que alguna vez escribí sobre este bajista argentino: músico impecable, soberano del ritmo y la armonía, con un profundo conocimiento del valor de los silencios y de la pausa repentina, Madco es un músico que de veras sabe timonear, es decir, no es un bajista que se esconde y cubre las apariencias con simples marcas de tiempo, sino alguien que, con la pericia de los sabios, asume el compromiso de llevar a la banda de una orilla a la otra, sin grietas, sin naufragios, sin hacer agua, y aun se da tiempo de recrearse en la melodía, esa bendita conciencia plástica de la música.

Adriana Larrañaga

El principio de la historia musical de Adriana, por cuyas venas corren sangres argentina, chilena, uruguaya y peruana, coincide con su estancia de cuatro años en Argentina (1997-2001), donde formó parte de una banda cordobesa-porteña. Luego, al regresar a México –y sin dejar de cantar-, retomó su oficio de actriz (pertenece, a propósito, a una familia de actores). Actualmente, trabaja con su pareja (Edher Corte, músico también, excelente baterista) en la masterización de su primer disco (Xelba/Sound), un álbum lleno de fusiones y mezclas.

Me falta hablar de Brenda Cifuentes, así como de los músicos liderados por Machy Madco. Lo haré en la siguiente entrega.


5 comentarios:

Francisco dijo...

Wow!!!, eso se lee es-pec-ta-cu-lar, y se debe de oir mejor...

¿¿¿Cuándo las podremos escuchar nuevamente en el ruta???

El Blues de la Estufa Divina dijo...

Yo creo, Pancho, que podremos gozar de tus Chaparritas El Naranjo a mediados de diciembre.

Francisco dijo...

Muy bien, de igual manera espero darme una vuelta por tan memorable lugar antes de esa fecha...

UN ABRAZO

Anónimo dijo...

¡Me encanta! Soy el fan #1 de Malena. Ojalá me toque oirlas. Un abrazo.

María dijo...

yo tambien canto!!!!!!! bueno, bueno, sólo en la regadera pero a ese concierto seguro sí voy. Juro cantar bajito y desde mi mesa. Beso!