viernes, marzo 17, 2006

Todo perro tiene su día VI

Directo hacia el infierno
Exile on Campeche Street
Uta Madre Level: Cinco estrellas

Just as long as the guitar plays,
let it steal your heart away.
(Torn and frayed)

Le digo a Gerardo, mi hermano –leyenda viva del rocanrol-, que escuche Directo hacia el infierno y que me dé referencias del pasado, porque hay algo en la canción que me lleva a los días en que colocábamos vinilos en un tocadiscos Philips monoaural, con tornamesa de fieltro y brazo de hueso color crema para la aguja de diamante. Mi gemelo suelta lo que escucha su mente…

-Ventilator Blues, Exile on Main Street, pues. Quiero decir, el espíritu de ese exilio voluntario en Francia. Es otra cosa, pero es lo mismo.

En 1971, año de Sticky Fingers, Keith Richards se juntaba mucho con Gram Parsons, quien había grabado, antes incluso que los mismos Stones- Wild Horses, con Flying Burrito Brothers (en Burrito de Luxe, con Leon Russell al piano). Más tarde, en 1972, los Stones decidieron recluirse en Francia –para evitar los excesivos impuestos británicos-, y ahí, en la mansión que Richards y Anita Pallemberg alquilaron en la Riviera Francesa- crearon uno de los más exquisitos álbumes en la historia de la música.

Quienes entonces andábamos por los dulces dieciséis, soñábamos con formar una banda y tocar en alguna azotea de San Juan de Letrán. Yo quería un abrigo como el de Lennon, unos pantalones verdes como los de Harrison y un impermeable rojo como el de Ringo. Nada de eso pude adquirir, porque mi economía y mi pudor no pasaban de Chiconcuac. Gerardo, en cambio, ya comenzaba a comportarse como Keith Richards: pantalones de terciopelo rojo carmesí, a la cadera, y el pelo escandalosamente largo. Fue así como lo conoció Octavio, el hoy guitarrista de Las Señoritas de Aviñón. Al ver a Gerardo, Octavio pensó:

-Este tipo tiene que ser mi amigo.


Otro sueño era grabar un disco en una casa colmada de sexo y drogas, como los Stones en Exile on Main Street.

Ahora, treinta y tantos años después, ya no quiero tocar en una azotea ni drogarme en casa de ricos. De hecho, escucho muy poco rock, casi nada, a menos que suceda un milagro como Vieja Estación. Entonces, puedo pasarme horas y horas ante, por ejemplo, Directo hacia el infierno, donde el amor apasionado se mira en el espejo y descubre su único horizonte posible, el de la decadencia y la devastación (toda pasión es de naturaleza diabólica).

Directo hacia el infierno es una declaración que adivina el infierno en la espalda de una súcubo –yo conozco al monstruo, viví en sus entrañas-. Pero esa revelación nos pone la carne de gallina gracias a la guitarra de Santiago, que inventa un riff de antología y se sostiene de manera espeluznante por la fuerza de Mauro, en el bajo, e Ignacio en la batería, mientras José Luis juega sobre sus teclas como si hubiera sido contratado para amenizar una orgía en Villa Nellcôte.

¿Qué tiene Vieja Estación que me ha devuelto el gusto por el rock and roll? ¡Pues eso, precisamente, rock and roll! Algunos, desde la inopia que produce tanta basura y tanta mierda, pueden no entender lo que digo; otros, arrogantes y temerosos de saberse rebasados, se harán los sordos. ¡Bah, qué importa! Basta escuchar Directo hacia el infierno para comprobar que Vieja Estación es una banda con raíces profundas y ramas que tocan el espíritu de un dios inmortal: la música.

Nota importe: Para tu disfrute, aprieta la estufa color de rosa y escucha Ventilator Blues, con los Stones; y Wild Horses, con Flying Burrito Brothers. Esto es una cortesía de Gerardo Aguilar Tagle, quien ahora afirma que Juanita, de FBB, se parece a Dear Doctor, de los Stones. Ya estudiaremos el caso.

2 comentarios:

Tlacuiloco dijo...

Si al autor de "El Blues de la estufa Divina" ya no le gustan las azoteas ni las drogas en casa de ricos...si ya casi no escucha rocanrol ¿en donde anda que siempre llega a la casa pasadas las 6 de la mañana?...Que no me cuente que anda en la Sala Chopin o en el Museo de Arte Moderno.
Cuentan por ahi, que muy noche se pasea Mr. Hyde por las calles de la Ciudad de México, acompañado de un bataquero que dice ninias queriendo decir niñas....Y los dos, andan venenosos...Asi que, que bueno que mi gemelo precioso ya casi no escucha rocanrol.

Luis David dijo...

¿Y tú le crees?

Se la pasa escribiendo sabrósamente de Rock y Blues y luego sale con que que ya le aburre el a go go.

Yo creo que en las noches calza sus zapatos de ante azul y se lanza por esos caminos de Dios a rocanrolear toda la noche en donde lo pesque la oportunidad.

En una de esas hasta viste su traje de poliester blanco y se va a la disco a bailar Staying Alive.

A no ser que pertenezca a la runfla de desalmados que salen por las noches para aullar a la luna en las bocacalles de la Escandón.

saludos