April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
T.S. Eliot
The Waste Land
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
T.S. Eliot
The Waste Land
Grana' Louise vuelve a México para regalarnos su canto en tres veladas, acompañada de Vieja Estación y Octavio Herrero.
Ya tendremos una historia más que contar a los nietos y a los bisnietos (si NSG nos presta vida): sentaremos al más curioso y preguntón en nuestras rodillas y le recitaremos, para comenzar, los palabras que días antes de vivir a Grana’ encontramos en internet, además de las halladas en su propia página.

También, le platicaremos al escuincle sobre CD Baby, esa pequeña tienda de discos de Portland, Oregon, que encuentra en Grana’ Louise la profunda herencia de Koko Taylor, Etta James, Denise Lasalle, Billie Holiday, Ruth Brown, Bessie Smith… y de la misma Tina Turner; esto, sin dejar de reconocer la singularidad de su estilo y la fuerza de su personalidad.
Vuelvo a L’Associazione Culturale Centro Jazz Torino, y transcribo parte de su hermosa y exaltada descripción de Grana’ Louise. Copio el texto original, para no perder el sabor con el que los italianos, incluso los del norte -como el piamontés Umberto Eco-, hablan de aquellas mujeres a las que aman (si se lee en voz alta, pausadamente, el texto se vuelve clarísimo, incluso para quienes no dominamos la lengua de Pavese y Calvino):
Giunonica e voluttuosa creatura da palcoscenico, Granà Louise è una delle più versatili intrattenitrici e persuasive raconteuses blues del nuovo secolo. Di fronte alla vasta platea di un festival o nell’ambiente raccolto di un club, Granà sa pilotare e modulare la sua bella voce castana, dalle ombreggiature seducenti e dalle imperiose asprezze, attraverso una grande ma compatibile varietà di registri espressivi - recitando l’antico “Long John Blues” di Dinah Washington con gusto e humor e sottolineandone astutamente (ma senza mai eccedere) ogni doppio senso erotico del testo, rendendo omaggio alla rauca e fosca potenza di Howlin’ Wolf e caricando il suo arcano e immaginifico “Smokestack Lightnin’” di accenti minacciosi e crudele tensione, esibendo pensosa eleganza e fluido swing in un “Summertime” coronato da un’improvvisazione in scat che conserva la concreta e verace eloquenza del suo raccontare in blues.

Erde di Dinah e di altre grandi ed eccentriche sciantose del passato, da Little Miss Cornshucks a LaVern Baker, Granà Louise è emersa come loro dal fertile terreno del Midwest urbano, tra Ohio, Minnesota e Illinois. Nativa di Cincinnati, è cresciuta a Columbus e si è poi rivelata sulla scena di Minneapolis, dove ha realizzato per la Diamond Blue il suo primo album, Hit the Big Time, e dove ha anche esercitato il suo talento di attrice-cantante in commedie e musical come The Sunshine Boys di Neil Simon e Blues in the Night. Sul finire degli anni Novanta si è stabilita nella capitale del blues, Chicago, dove la sua forte personalità le ha permesso di emergere da un fitto panorama di voci femminili.

El jueves 18 de mayo del mismo año, comenzó el espectáculo. Siguió el viernes 19 de mayo, en Casa Talavera y en Ruta 61; y terminó el sábado 20 de aquel mes, en el Hoochie Coochie Bar, segundo nombre (ya en desuso) del sueño hecho realidad por el talento, la inteligencia y el trabajo de Eduardo Serrano.

En Chicago, Grana’ lleva una vida muy activa dentro los mejores bares de blues de esa ciudad: el Blue Chicago, el Buddy Guy’s Legends, el Andy’s Jazz Club, el Shaw’s Crab House (en su Oyster Bar), el Redfish, el Koko Taylor’s Celebrity, el Kingston Mines… Y apenas un mes antes de su primera visita a México esta mujer milagrosa estuvo en Islandia, donde participó en el Blúsfélag Reykjavikur (el festival de blues de Reyjavik), con Deitra Farr y Zora Young, a quienes, a propósito, también ya escuchamos en nuestro bar de ensueño.

Si entonces una cámara fantástica hubiera fotografiado los hilos invisibles que unían nuestras sustancias interiores (no sé cómo llamar a eso que vibra ante la belleza, ante el amor y ante la conjetura de lo eterno), ahora mismo estaría mostrando aquí el rostro de Dios. ¡Pero el alma colectiva es invisible, sólo se percibe, sólo se reconoce, sólo se entiende cuando uno está en ella!

Tanta fue la energía y la belleza desplegadas por Grana’ Louise y Vieja Estación, que cada noche el público contagió su emoción a la misma cantante: terminada Summertime y destejidos los aplausos emocionados, un sollozo de niña sustituía al aullido de mujer, y entonces quedábamos todos con la ternura estrujada, al grado que eso terminó siempre en ovación de pie, aplausos que era la súplica del amor: ¡Déjanos, abrazarte, mujer divina, déjanos abrazarte!
En esos momentos, Ezequiel Espósito (guitarrista y voz principal de Vieja Estación) se descubría el brazo izquierdo para enseñarme su carne de gallina. Ambos tuvimos a cada rato un nudo en nuestras gargantas y agüita en los ojos.
Casi al final, Grana’ invitó a Claudia Ostos a subirse al escenario, para cantar con ella Sweet Home Chicago.


Observé, digo, al periodista y escritor, y recordé la última vez que nos habló de Serapio Bedoya, el sábado 16 de diciembre de 2000 (Serapio Bedoya, el tonto del pueblo, por si alguien no lo sabe, es uno de los más bien formados e inteligentes personajes de la literatura mexicana).
Ese día, me desayuné con la voz de Serapio, que decía y cantaba una canción de Chico Buarque.
Como casi todas sus canciones, ésta también tiene un ligero sabor a César Vallejo; aunque, a diferencia del genio peruano, la melancolía de Chico Buarque tiene ventanas, y el aire puede entrar en ella, en la melancolía: sus cortinas se mueven y uno, con sólo verlas, puede respirar. Pasa lo mismo con Grana' Louise, a propósito.
No me acuerdo cómo se llama la canción, pero habla del aire, precisamente: que un cuerpo vacío está lleno de aire, que el aire vacío de un bosque sombrío está lleno de dolor, que el aire en el cuerpo ocupa el lugar del vino, que el vino busca ocupar el lugar del dolor, que el dolor ocupa la mitad de la verdad.
Recuerdo con mucho cariño la época de Tecamacharco, utopía tenebrosa de Jaime Avilés cuya pulquería fue centro del universo al final del siglo pasado: El Imperio de los Sentidos.
Todos los sábados, sentado junto a la lavadora, muy temprano, yo leía en voz alta El tonto del pueblo, mientras mi difunta esposa preparaba el desayuno.
Por eso, ahora que veo a Jaime en Ruta 61 y leo su amoroso reportaje acerca de la primera presentación de Graná Louise, quiero preguntarle: ¿Es el Hoochie Coochie Bar un regreso a Tecamacharco, es un regreso milagroso a su pulquería fabulosa?
No pregunto, porque intuyo la respuesta napoleónica: ¡El Imperio soy!
O tal vez una respuesta juarista, cuando la República viajaba en un carruaje -o era el carruaje-: ¡Ahí donde me encuentré... ahí será Tecamacharco!
La cosa, lector sediento, es que tienes que asistir a por lo menos una de las tres veladas de esta madre nutricia llamada Grana' Louise.
Pero antes, este próximo sábado, te espero en Ruta 61 para escuchar a mi banda de rocanrol favorita, Vieja Estación, la misma que el 17, el 18 y el 19 de abril acompañará a la mujer de Chicago.
Este sábado, digo, la banda mexicano-argentina hará de las suyas, es decir, montará un espectáculo memorable con canciones de sus dos discos (Vieja Estación y Todo perro tiene su día).