viernes, junio 19, 2015

Ruta 61, sólo eso y nada más...


Hace once años, mis caminos eran otros. La música había perdido en mi vida su protagonismo filosófico y había dejado de ser sacerdotisa y alcahueta. De pronto, con el arrebato de una lluvia primaveral, la música volvió a ser simplemente sonido, se desnudó ante mí y se liberó de lo que yo mismo la había forzado a ser (o la había forzado a hacer): una diosa que me revelaba entre melodías, armonías y ritmos el sentido del universo. ¡Pobre música! Ella, que sólo deseaba conmover, fue convertida en sibila por un adolescente hambriento de indicios y significados.

Agotada mi búsqueda de sentido del universo, la música dejó de ser su escritura. El cuervo de los signos desapareció y la música recobró su naturaleza, en la lobreguez de la noche y sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones. La música se liberó de mí, se desnudó ante mí y volvió a ser la jerigonza de los pájaros y el murmullo de los árboles, el gemido del sueño y el borboteo del agua en la lumbre, la algarabía de los niños, el tintinar del hielo en el whisky y la combustión del tabaco… Only this and nothing more.

En 2004, aún goteaba en mi ánimo el dolor por la muerte de mi madre –ocurrida siete años antes-. Hoy ese dolor ya no es una exudación pertinaz, sino que se ha empozado dulcemente en mi alma vallejiana. Y ahí está. Pero entonces el pling pling de la orfandad hacía del atardecer la fragua de mis pensamientos y mis emociones. ¡Qué dulce y tierno eres, crepúsculo!, canta el poeta desde el esplín, y su alabanza enciende mi recuerdo de aquel jueves 27 de mayo de 2004, cuando Ruta 61 abrió sus puertas por primera vez.

Ruta 61 es para mí un momento de amor a la música descarnada y una posibilidad de abrazar y besar a los amigos. Con más de una década, el lugar de Eduardo es ya parte de las noches de nuestra ciudad y parte incluso de la historia del blues en México. La lista de músicos que se han presentado en el bar es evidencia innegable de su aportación a la cultura citadina.

Ruta 61 apostó a un concepto cuyo éxito ha sido comprobado en otras latitudes: dar al blues un recinto propio, una casa particular, una dirección; ofrecer a los amantes de esta música universal el espacio necesario para su deleite; regalar a las nuevas generaciones la posibilidad de un nuevo cultivo. Y dichos propósitos corrieron parejos con una idea absolutamente digna y justa: ser, en todos sentidos, un buen negocio. Lo es, a pesar de la crisis, porque buen negocio no significa necesariamente el enriquecimiento inexplicable sino la instalación y la permanencia de un sueño.

Hace siete años, al final de 2008, Ruta 61 abrió sus puertas y ofreció su foro a otras maneras y a otras expresiones musicales, con la idea de anunciar desde entonces lo que estaría sucediendo a partir de entonces: el foro se convirtió en un espacio plural donde la diversidad de géneros es la pauta a seguir. Se sigue con el blues de Chicago, por supuesto, y con las diversas maneras de abordar la historia de esta música; pero igualmente se da cabida a toda propuesta musical que merezca ser escuchada.

En Ruta 61 cabe toda la música y todos los corazones. Con esta segunda declaración de principios, el lugar rescató uno de sus propósitos originales: contribuir a que las noches de la ciudad sean de veras memorables, y que el recuerdo tenga como raíz la sensación de placer que produce la belleza inagotable de la música.


Hace once años, vagaba yo alrededor de mí mismo, sin el menor deseo de vivir la noche. Fue entonces cuando, a punto de caer la penumbra de aquel jueves de mayo, la sonrisa de Eduardo Serrano Jasso me atrapó con su encanto y su alegría de vivir. Ayudó, por supuesto y mucho, la música de mis amigos y el brotar de nuevos amigos; pero la esencia que explica mi larga permanencia en Ruta 61 ha sido esa lumbre de vida que sale de Eduardo a través de sus ojos, de sus abrazos y de su sonrisa incontenible. Ya no voy tan seguido, pero esta distancia se debe a una serie de motivos personales que nada tienen que ver con la belleza del lugar. Si pienso en vivir la noche, pienso en Ruta 61 y pienso en Eduardo. Y si llego al bar y no está su dueño, su ausencia me duele.

martes, marzo 18, 2014

La flauta que hacía falta

Noche de sábado, cálida y apacible; noche para el deleite de los oídos; noche iluminada y ensimismada; noche de jazz y anexas; noche de Ricardo Benítez en Ruta 61. ¿Qué más puede pedir un melómano?

En esta ciudad, quien busca música la encuentra. ¡Pero de veras música! Porque a las tonaditas chatarra no hay que rastrearlas, simplemente están ahí, en las bocinas del doctor Simi y en los vergonzosamente tolerados puestos de piratería. Ahí están, decimos, inmediatas, sofocantes: son princesas malolientes en las calles sitiadas por el ambulantaje, son moscas atarantadas, gordas de tanto aceite, que nos golpean las sienes y nos aturden, y nos hacen dudar de que en esta ciudad sea posible la existencia de lugares con música de verdad. ¡Pero los hay, por supuesto que los hay! Son muchos y variados. Es cosa de buscarlos.

Uno de esos lugares es Ruta 61, y una de esas músicas verídicas es la de Ricardo Benítez (flautista nacido en Cuba y radicado desde hace un cuarto de siglo en México), quien hace un lustro se presentó por vez primera en nuestro lugar, los viernes 20 y 27 de febrero de 2009, noches en las que ofreció dos fascinantes espectáculos. Ya antes habíamos obtenido la gracia del gozo al escuchar los aires célticos de Félipe Hartasánchez Frenk (Innis Mòr). Esta vez, la brisa cálida del Caribe, mezclada con otros vientos, hizo del bar su casa.

Con Ricardo Benítez, discípulo de Luis Bayard y de Miguel Salas, el hallazgo se vuelve descubrimiento y asombro. Tanto en sus discos (Charanguero y Pa´Malanga) como en sus conciertos vivos, flota la flauta desde el jazz libérrimo hasta el danzón necesario. ¿Y qué sucede? Que Benítez prende el espacio con las llamas de cada nota y con la destreza de quien conoce los pliegues secretos de la belleza.

Sin embargo y aunque nuestras palabras merodeen el fenómeno, es necesario escucharlo, vivirlo personalmente: sólo entonces –y no necesariamente en el silencio (porque el viaje con Benítez nos empuja al aplauso frecuente), solo entonces –decimos- se entiende el concepto de epifanía estética del que alguna vez habló Ananías Hortoneda (un grado arriba de la catarsis).

Agotados del ruido que nos ofrece a diario la calle, nos asilamos en el corazón de Ricardo Benítez y su banda, y quedamos debidamente protegidos.


Fue hace trece años cuando, en su columna Jazz, Antonio Malacara habló sobre Pa´Malanga, disco en el que el crítico advierte la acertada interpretación (a veces incluso fusión) de la música afrocaribeña con las herramientas del jazz: Sin perder el rumbo (…), el flautista nos entrega una vision universal y ciento por ciento contemporánea de sus raíces musicales. Y esas raíces, añadimos nosotros, se tocan bajo la tierra con el mismísimo blues, a tal grado que Benítez no duda en incluir en su repertorio piezas del género cobijado por Ruta 61 durante los últimos diez años. (Benítez) sabe a dónde quiere llegar –escribe Malacara-, sabe del poder de su sangre cubana, de su bagaje rítmico y armónico, de su carga genética; pero sabe también que, ante todo, está en plena construcción del nuevo jazz cubano desde México.

Ricardo Benítez hace música con ventanas hacia todas partes, y vemos crecer el Danzonete Cubanete de Pepe Hernández, El Malagueño de Mayito Patrón, y el sabrosísimo danzón Fefita. Pero no sólo eso, sino que también flotan en el paisaje los espíritus de Charlie Parker, Robert Johnson y Miguelito Valdés.

Este próximo sábado (22 de marzo de 2014), Ricardo Benítez llenará la noche de Ruta 61.

miércoles, febrero 12, 2014

Giles Corey en Ruta 61


Giles Corey es uno de los guitarristas más excitantes de Chicago. Su presencia en el escenario es ardiente e inspirada. Además, estamos ante un cantante excepcional. Pierre Lacocque, de Mississippi Heat.


Como ya es costumbre, Ruta 61 vuelve a tender uno de los puentes que desde hace diez años lo unen con Chicago, Buenos Aires, Galicia, Barcelona, París y otras partes del mundo, y trae a escena al extaordinario guitarrista Giles Corey.

Quienes tuvimos la fortuna de estar en en el Monumento a la Revolución aquella noche de noviembre de 2006 en que se clausuró el X Festival de Blues, fuimos testigos de la presencia en el escenario de un cúmulo milagroso de músicos chicaguenses (chicagoans es el gentilicio en inglés). Todos juntos, hicieron de la velada una de las más hermosas en la historia general del blues y en la historia nocturna de nuestra ciudad.

Entre esos músicos estuvo Giles Corey, quien ofreció música bien hecha y cátedra de virtuosismo.


Giles Corey combina su voz áspera y apasionada con espléndidos solos de guitarra en un espectáculo lúdico e irrepetible. Con 40 años de edad y veintitrés de carrera profesional, Giles es ya una referencia obligada en la escena musical de Chicago. Ha participado en giras y grabaciones de grandes del blues y el rocanrol (Bo Didley, Billy Branch, Magic Slim y Otis Rush, entre otros), y ha tocado en conciertos y festivales internacionales (su primera visita a México fue en noviembre de 2006, como guitarrista de la banda de Billy Branch, en el X Festival de Blues, y entonces descubrimos a un guitarrista excepcional, exquisito, fino y esplendoroso).

Corey se presentó por segunda ocasión en el Distrito Federal los días 11, 12 y 13 de octubre de 2007, acompañado entonces por miembros de Vieja Estación, banda mexicano-argentina que ha demostrado a lo largo de los años no sólo talento y calidad, sino, además, una sorprendente capacidad para sostener el alto nivel de músicos de la estatura de Lurrie Bell, Carlos Johnson, Billy Branch, Dave Specter, Deitra Farr, Peaches Staten y Charles Mack, entre otros (el armonicista Billy Branch afirma: Vieja Estación es mi banda en México).

Ahora, casi siete años después, Corey ofrecerá en Ruta 61, el viernes 14 y el sábado 15 de enero, un espectáculo de música pocas veces visto en la Ciudad de México. No tengo información sobre los músicos que lo acompañan.

Es conveniente hacer reservaciones anticipadas para cualquiera de los dos días, llamando al 5211-7602 (o escribiendo a eduardoserranojasso@gmail.com).

Lalo Serrano, Giles Corey y Jaime Holcombe
Entre bastidores / Domingo 26 de noviembre de 2006

jueves, octubre 07, 2010

Key to the highway

No volverán mis ojos a mirarte
ni tus oídos escucharán mi canto.
Voy a anegar los mares con mi llanto.
Adiós, mujer, adiós para siempre, adiós.

El 3 de agosto de 2011, quince días antes de que Carlos Johnson se presentara por vez primera en el Hoochie Coochie Bar, expresé mis ganas de escucharlo cantar y tocar Key to the highway. Pero mi deseo no pudo verse cumplido, porque Carlos no la incluyó entonces en su repertorio. Me quedé con la espinita.

Logré olvidar las punzadas con la ayuda de Las Señoritas de Aviñón, quienes recrean de modo delicioso la melodía de Big Bill Broonzy. Y también me alivié el deseo con la versión de Buddy Guy y Junior Wells aparecida en Last time around (disco grabado en vivo en el Legends).

Ahora, por fin, en su segunda visita, Johnson cerró el concierto del sábado 21 de abril precisamente con Key to the highway. Y ahí estuve yo, sentado en la mesa más cercana al escenario, acompañado de Ezequiel Espósito y de un exquisito Jack Daniel´s.

En la mesa contigua, un niño de doce años parecía estar viviendo una experiencia inédita, insólita y hasta ese momento inaudita, porque en sus ojos atentos se evidenciaba el descubrimiento gozoso de un mundo nuevo, un mundo donde la belleza es inefable pero absolutamente cierta, evidente, palpable.

En la planta alta del bar, por su parte, doña Magdalena Ortiz, madre de nuestra querida amiga Sandra Redmond, disfrutaba de igual manera el blues, con las sonrisas de una mujer que a sus sesentaintatos aún sabe cómo sacarle ventajas a la noche.

A nuestras espaldas, el doctor Antonio Miranda y su esposa sonreían de gusto. Asimismo, la comunidad francesa de Ruta 61 distribuía a sus principales representantes (Gilles, Francois, Jean-David) por diferentes puntos del Hoochie Coochie Bar, convencido cada uno de ellos de una verdad contundente: el bar de Eduardo Serrano es ya referencia obligada para quienes buscan en nuestra ciudad música de alta calidad. No digo que siempre sea así (a veces, aparece alguna banda que de plano nada tiene que ofrecer y que, sin embargo, se atreve a subirse al escenario para endilgarnos espantajos herederos del oscurantismo musical de los años ochenta); pero la experiencia y el gusto se encargan de dar a cada parroquiano los elementos necesarios para juzgar y elegir lo que más les apetece.

Todos, en resumen, estábamos agradecidos por el despliegue de buena música en el escenario, y no sólo al final sino durante todo el concierto, entre cuyos momentos gloriosos hay que mencionar los solos de guitarra tanto de Johnson como de Santiago Espósito, la desenvoltura de José Luis Sánchez en el teclado, la bien aceitada maquinaria rítmica de Mauro Bonamico e Ignacio Espósito, y la participación de dos invitados idóneos, Ezequiel Espósito y Claudia de la Concha.

La cosa es que el músico de Chicago y Vieja Estación nos regalaron una Key to the highway espléndida, fenomenal, lenta, ganosa de conducir el drama de sus palabras a través de la parsimonia musical y la declamación de quien se despide hecho pedazos pero con la necesaria altanería.

Cantar Key to the highway no ha de ser fácil. Vivirla es un acto heroico. Escuchársela a Jaime Holcombe es un placer indescriptible. Ahora, al saber qué sucede con ella en la garganta de Carlos Johnson, la canción se vuelve un himno para quienes sabemos cómo han de freírse los espárragos.

Me alegra mucho llegar de mis merecidas vacaciones en la costa argentina
y ver que la bitácora está nuevamente llena de palabras.
Parece que hay más lectores de los que realmente creías.
¡Y siguen apareciendo, abajo de las piedras!


Saludos desde el culo del mundo
Carlos Carabba (Bufones Dementes)

P.D. ¿Podrías mandarme algunos temas de Las Señoritas?
Estoy muy intrigado.


¡Vieja Estación en YouTube!

Vieja Estación cuenta ya con varios videos en YouTube, por lo que sugiero a mis 28 lectores que echen ojos y oídos a cada una de las canciones que ahí aparecen (Hoy fue como ayer, Crazy mixed up world, Refugio y Sin tratos, entre otras).

Para entrar a tales videos, basta con ir a www.youtube.com y escribir viejaestacion (así, seguido, en minúsculas y sin tilde) en la ventanilla buscadora.

Disfrutar de los videos de Vieja Estación es una buena manera de calentar las ganas y lanzarse a la calle, para ver y escuchar en vivo a esta extraordinaria banda de blues y roncanrol, que el martes se presenta en el Pata Negra de la Condesa y el miércoles en el Irish Pub de Satélite, pero cuyo momento de belleza absoluta se da cada viernes en la noche, en Ruta 61 y en compañía de Las Señoritas de Aviñón, la otra banda sin la cual no puedo vivir a gusto. ¿Por qué? Porque Ruta 61 es inigualable, porque el Hoochie Coochie Bar da a la música el lugar que se merece, es decir, el sitio protagónico, porque el lugar de Lalo Serrano es un cobijo de amor y buenas vibraciones. Por eso.

¿Quién es Ghost?

Recibo en la entrega Chuck Berry Fields Forever el siguiente mensaje, firmado por Ghost:

¡Estimado maestro! Buscando tu música, me encontré con esta bitácora y recordé las tardes en que el profesor Matus y la maestra Clemen desaparecían mientras tus relatos me llevaban a Comala en tiempos de la canícula. Después de 14 años, siento reparador decirte, nuevamente... ¡gracias!

No puedo ubicar a Ghost. El seudónimo no me ayuda; pero admito que su mensaje me alegra el corazón. Gracias, Ghost. Por favor, vuélvete materia.

Javier García y Pepe Stephens

Javier García, el baterista de Las Señoritas de Aviñón, nos escribe para recomendar el sitio en Internet de Pepe Stephens, compositor y musicólogo, así como fundador y director de Melomanía, el estudio donde las Señoritas grabaron su más reciente álbum.

Aprovecho este espacio para agradecer a Pepe la mención que hace de El Blues de la Estufa Divina en su propia página, a la que mis 27 lectores pueden entrar si apachurran su nombre.

Me dejaron de garpe

Ya lo señalé en otra entrega. Mi Heráclito apócrifo afirma que nadie se baña dos veces con la misma mujer.

Sin embargo, hay en mi refranero impopular otra sentencia contundente: el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma mujer.

Digo lo anterior porque hace unos días quedé muy formal con una hermosa dama para vernos el sábado a mediodía, visitar juntos el Museo de Arte Popular y, de paso, disfrutar de la cocina española en el Mesón del Cid.

Debo señalar –y esto lo digo sin falsa modestia- que fue ella, la susodicha, quien propuso el encuentro.

Es decir, el invitado era yo, a fin de cuentas.

Sin cera en los oídos y sin la lira de Orfeo, sólo tuve que librar mis manos atadas al mástil y dejarme conducir por la melopeya mediterránea.

Ante la inminencia de la cita y con el propósito de estar absolutamente fresco durante las horas del sábado, decidí abstenerme del gozo que significa estar en Ruta 61 el viernes en la noche.

¡Y que me dejan plantado,
queridos amigos!

Que me dejan vilmente plantado, me dejaron de garpe, como dicen los argentinos. Me dejaron como tonto... ahí, en el Museo de Arte Popular, con la única opción de contemplar los alhajeros lacados de Olinalá...

Carmín intenso, pájaros confrontados, follajes novelescos y otras aves encima.

Pues sí, muy bonito, pero yo iba a otra cosa.

Mucho esmero había puesto en el lavado de mi cuerpo. Me había acicalado y emperifollado de acuerdo a los dictados del buen gusto y la elegancia informal (¡No sabés la producción que metí!, diría mi amigo Josefáin). Incluso, me compré una camisa color de mantequilla, di lustre a mis zapatos de domingo y me rasuré en día de obligado descanso.

Por eso digo: volví a tropezar con la misma mujer. Carajo, parece que las colecciono.

El Club de la Estufa Divina

Pues qué les digo. Ya son 28 los lectores frecuentes que han solicitado su credencial del Club de la Estufa Divina. La más reciente petición llega desde Chiapas, de parte de Marie Croix, cuyo hermoso mensaje publico en seguida:

Hola. Tienes más lectores de los que imaginas. Yo te leo cada semana para ver qué pasó por la Ruta 61. Llegué a tu bitácora por la pagina del bar, y… Bueno, aún no lo conozco, porque vivo en Chiapas; pero me encanta el blues. Visito la Ciudad de México por lo menos una vez al mes, y le he pedido al galán que me lleve, pero… puras promesas y se me arrepiente: cuando yo ya estoy puestísima, yo también tropiezo con el mismo hombre.

¿Será que las mujeres de provincia merecemos la credencial del CED? Hay que aumentar el índice de miembros femeninos en el club. Saludos y gracias.

Which is the flavor of
salsa with Peaches?

Durante las primeras horas del domingo 21 de enero, varias escenas se quedaron estampadas en la memoria de los desvelados.

Había terminado el último de los tres conciertos de Peaches en Ruta 61, y por fin logró Maricarmen González salirse con la suya: despedir a Faye Staten con música tropical, con música grupera y con algunas muestras de salsa.

No sé si era buena música, no sé juzgar esa música, no tengo una opinión formada sobre el género, que me rebasa en casi todas sus expresiones. De hecho, no sé dónde están las fronteras que lo separan de lo que yo llamo fealdad.

El blues había quedado atrás, y era hora de desempolvar el cuerpo. Nacho, Josefáin, Tomy y el Polaco subieron al escenario en tinieblas y demostraron que en Buenos Aires también se mueve el bote. Los miembros de Vieja Estación convencieron a Melvin Smith y lo hicieron medio bailar. Ingrid Ojos de Mar tomó fotografías sin poder contener las ganas del meneo.

Yo estuve en la planta baja del bar, intentando platicar con Antonio Miranda, después de que Ezequiel nos había servido sendas rebanadas del pastel que Silvia Flores y José González le prepararon con motivo de su cumpleaños.

Y como Maricarmen le dio cuerda, Lalo Serrano atrapó a Peaches Staten y la puso a bailar sabroso, como si fuera María Victoria (Cuidadito, cuidadito, cui-da-di-to, me vas a matar de un susto... y no es justo que yo me mue-ra del co-ra-zón).

Ambos, Peaches y Lalo, demostraron su destreza en la pista y fueron, sin duda, la pareja de la noche.

Así terminó la estancia de Peaches en la Ciudad de México, después de tres espléndidos conciertos en Ruta 61, que demostraron otra vez dos certidumbres:

a) Eduardo S. tiene excelente mano cuando elige a sus invitados especiales.
b) Vieja Estación es una banda inconmensurable.

Y ya que hablamos de invitados especiales, es buen momento para anunciar la llegada a Ruta 61 de Luis Robinson, armonicista argentino que ha tocado con los grandes y que en aquí, en el Hoochie Coochie Bar, seguirá tocando con los grandes. Ya hablaremos de Luis con más calma. Por lo pronto, prudente lector, aparta tu mesa para mediados de febrero, si quieres escuchar en vivo una buena armónica sostenida por músicos de primera.

Mr. Blue

Llega a mi buzón la letra de una canción escrita por Daniel Martínez Saucedo, y ahora la público. Daniel tiene la credencial 025 del Club de la Estufa Divina, y todos los miembros del CED tienen derecho a ser atendidos, escuchados y leídos.

La canción se llama Me duele la muela, y dice:

Me duele la muela, no puedo gritar./ Me duele la muela, no puedo gritar./ El dolor es más intenso que cuando me ibas a dejar./ Caminando por la calle, me encontré a una mujer./ Yo le dije: Hola, mami. Ella dijo: Soy Javier. / Pero es difícil. Eso me ocurrió ayer. / En esta vida de perro, ojalá fuera un french. / Platiqué con tus amigos. Presumías que te perdí. / Como ves, nunca ando solo, / siempre ando con mis lobos en aullido frenesí. / Pero es difícil, eso me ocurrió ayer. / En esta vida de perro, ojalá fuera un french. / Mi jefe me llamó, dijo: Hay que platicar/ sobre un aumento en el salario y una cena en algún bar. / Y, ya estando medio pedo, él me dijo: / El salario hay que ganar. / El hijo de la chingada me quería manosear./ Pero es difícil, eso me ocurrió ayer. / En esta vida de perro, ojala fuera un french. / Me duele la muela, no puedo gritar. / El dolor es tan intenso, ¿quién me la pueda sacar? / Perdí todos mis ahorros, mi mujer me abandonó, / y estando distraído Javier me manoseó. / Me duele la muela, no puedo gritar. / Me duelen las nalgas, no me puedo sentar. / En esta vida de perro, ojala fuera un french.

Pides mi opinión, Daniel, así es que te la voy a dar.

La letra es muy mala, Daniel. Tírala a la basura. ¿A quién puede importarle tu dolor de muelas? Digo, son cosas que se resuelven en el consultorio del dentista, no en una canción. En cuanto al travesti Javier, ¿no te parece que carece de interés? Todos en esta ciudad hemos confundido a un hombre con una hermosa prostituta. De hecho, todos los hombres somos, en el fondo, hermosas prostitutas, pero no creo que te interese saberlo, como a nadie le puede interesar tu dolor de muelas. Y la historia con el jefe, suena bien pero hay que trabajarla, porque, a ver, según entendí (Me duelen las nalgas, dices en la canción), a la mera hora sí hubo un muy buen aumento de sueldo, ¿verdad? No hay problema, Daniel, pero la anécdota tampoco resulta interesante.

¡Vamos, Daniel, no te desanimes! Alex Lora escribe peores canciones, y sin embargo parece que su madre está muy orgullosa de él. Entonces, si el TRI es un faro de luz para tu inspiración, no me hagas caso, sigue por el camino del humor forzado y simplón, de la charla alburera de oficinistas que salen en mangas de camisa a caminar por la acera, panzones, cerdos, con las manos en las bolsas, con la calma del asalariado que sabe que va a cobrar en la quincena y que, por eso, dedica su tiempo libre a inventar historias de tercera categoría.

A través de un gesto de admirable y sincera humildad, Daniel Martínez Saucedo responde a mis groseros comentarios con la elegancia del sabio y la sensibilidad del artista que sabe comunicarse con el mundo. Ahora soy yo quien recibe la lección:

¡Ay!

Duelen los madrazos intelectuales. Aunque sabía de antemano que la canción era mala, no me esperaba tanta rudeza. Me sirvió. No tienes idea de cuánto. Ahora, dejaré de escuchar los chistes de Polo-Polo. O igual y me hace falta comprar el disco y escucharlo con calma en el Metro.

Con respecto a lo de “compositor”, me alejo muchísimo de serlo. Lo agradezco, pero no lo merezco. Mi profesión, o al menos es por lo que lucho, es ser QBP. De todos modos, haré el intento de escribir algo mejor.

Y no, mi cantante o artista de radio TV y anexos no es Alex lora (y no discuto su trayectoria). Son muchos. Entre ellos, está Guillermo Briseño (me encanta esa frase suya que dice “apaga la luz, fue lo ultimo que dijo antes de subir al autobús” -aunque todavía no entiendo cómo iba a subir al autobús con la luz apagada, igual y se daba un buen madrazo-).

Intentaré hacer una frase, ya no una canción ni un parrafo, una frase. Es tan difícil pensar.

Viendo Los amantes del círculo polar, casi me pongo a llorar. ¿Por qué tenía que morirse Ana? Todo es tan absurdo.

Creo que ya la tengo: Dicen que una mujer y un hombre... ¡Ésa es de Sabines. Puta madre, es difícil, no tengo ni idea. Me siento como cuando te caes en el recreo... y está la niña de Sexto B que te gusta.

Es un gran misterio.

Seguiré intentando. Y nos vemos el viernes, para recibir mi credencial y uno que otro consejo. Claro, si usted quiere.


La uniformidad generaliza, la diversidad individualiza.

A tal conclusión llegué hace unos días, sin saber entonces que había muerto Ryszard Kapuscinski (1932-2007), cuyos últimos rostros de sonrisa afable me recuerdan siempre a Eli Wallach. Me refiero al Wallach de la tercera parte de El Padrino, no al Wallach de El bueno, el malo y el feo, aunque seguramente, en sus múltiples viajes, Kapuscinski habrá tenido la andrajosa estampa del Tuco.

No encuentro en internet las escenas en las que don Altobello sonríe, que son muchas, pero el gesto es semejante al del periodista-historiador.

La diferencia espiritual entre Kapuscinski y el personaje de Wallach es, sin embargo, abismal: mientras que la configuración ética del polaco es de las más elevadas y sólidas que en un ser humano pueden darse, la de don Altobello se resume en una práctica: el uso de la máscara del candor y la bondad para esconder el verdadero rostro, el de la perfidia, para que no se escuche palpitar su corazón de Yago. Hay que decir, sin embargo, que en este mundo hay más Altobellos que Kapuscinskis.

En sentido homenaje a don Ryszard, transcribo una de sus afirmaciones:

La pobreza no llora, la pobreza no tiene voz. La pobreza sufre, pero en silencio. No se rebela. Encontramos situaciones de rebeldía sólo cuando la gente pobre alberga alguna esperanza.

El Instituto de las Mujeres

En Chiapas, Guanajuato, Baja California y otros estados de la república aún se utiliza la frase Instituto de la Mujer, así, en singular. En el Distrito Federal, en cambio, hablamos del Instituto de las Mujeres.

Me quedo con el concepto chilango. Porque cuando se dice Instituto de la Mujer, sospecho en ese singular una generalización zoológica: Instituto para la Protección del Armadillo de Huayacocotla.

No existe la mujer. Existen las mujeres. Ya lo insinuaba en otra parte, cuando cité a Heráclito. Así que cuando presentemos a nuestra señora esposa, hagámoslo de la siguiente manera: Mira, ella es Desdémona Peniche, mis mujeres.

Quienes hemos tenido la oportunidad de vivir con una mujer, sabemos que a nuestra cama llega una multitud, que esa mujer nuestra es, en realidad, una legión.

Cuando muera, evítense los homenajes...

Todo homenaje corre el riesgo de volverse vilipendio involuntario y repulsa inconsciente, torpe traición a la estética misma del festejado. Saquemos de contexto a Mateo 8, 22 y pongamos un letrero en todos los bares: dejad que los muertos entierren a sus muertos.


En dos meses se cumplirán once años de haberse constituido, en España, el Nódulo Materialista, una asociación que tiene como objeto principal fomentar las relaciones entre quienes se sienten vinculados al materialismo filosófico. Con ese propósito, promueve, desde 1997, actividades e iniciativas de interés general que contribuyan al estudio, la investigación, el cultivo del conocimiento científico y del saber filosófico en territorio español, pero pensando siempre en la comunidad de hispanohablantes.

Cuento lo anterior para recomendar la lectura de El Catoblepas, excelente revista publicada en Internet por el Nódulo Materialista.

Termino esta entrega con una imagen clásica aunque no frecuente:
Las Señoritas de Aviñón con un invitado especial, Ezequiel Espósito, el Polaco,
voz principal de Vieja Estación.

lunes, mayo 24, 2010

¡Ruta 61 celebra seis años de música en vivo!

Los Reyes del K.O.
conducirán la fiesta el viernes 28 y el sábado 29 de mayo.
Para colmo de bienes, la primera noche será abierta por
Las Señoritas de Aviñón.
Además, podrás adquirir el disco
Yo soy la mosca.
Algunos de los músicos participantes de este homenaje a Wichili McCoy
estarán presentes para garabatear su autógrafo en tu ejemplar.

miércoles, abril 28, 2010

La Hora de la Hora

Ay, qué música tan rara…
La Rabia


Es medianoche del 22 de abril de 2010. Acabo de cenar en el Groove con Salvador y David Rodríguez, padre e hijo. Salvador llegó puntual y con un regalo: el álbum de La Hora de la Hora, la banda de David.

Ay, qué música tan hermosa.

Cumbia balcánico-chilanga, polka, bolero y vals, todo para bailarse en un antro de la Condesa o en una trajinera de Xochimilco (a la hora de la hora, es lo mismo:). Y puedo pensar en esto mientras Salvador me entrega el disco, porque hace algunos meses tuve la oportunidad de ver y escuchar a la banda en vivo (sí, en Ruta 61).

La Hora de la Hora sube al escenario con un dominio absoluto del ritmo y de las palabras, con absoluto control de los cuerpos (niñas de la primera fila: pupilas dilatadas y labios húmedos). ¿Sucede lo mismo en la grabación? Veamos, veamos, oigamos.

Sucede lo mismo. Sólo falta el temblor del piso, las niñas despeinadas y el coro de los locos seguidores (que cada vez son más).

No hay rubor, no hay vergüenza de asomarse al precipicio de la cursilería, cubierta de neblina azul, golondrinas en vuelo y cisnes de engañoso plumaje. ¿Qué quiero decir? A ver si me doy a entender...

Hay en La Hora de la Hora la exquisita poética del romanticismo y el modernismo decimonónicos que nos llega a través de la canción popular de la primera década del siglo pasado, y que adoptamos palpitante y aún jugosa. Y esta herencia se presenta en la banda con la fortuna de versos deliciosos y harto logrados. De hecho, es posible disculpar en ellos el ripio, el gazapo y el disparate metafórico porque la belleza de la melodía y el encanto del ritmo nos liberan del escrúpulo académico:

Mas hoy me aventé,
sin alas volé al lejano abismo
donde tus embrujos no amarguen mi ser.
Te dejo mi miedo, mi último aliento,
mi sangre y mi cuerpo
debajo del tren.

¡Puta madre! Me los llevo sin envolver -pienso, mientras regreso al principio de la estrofa, para escucharla de nuevo.


Cierro los ojos y escucho. Me siento en medio de la noche de un pueblo olvidado. El Diablo disfrazado de Arlequín. El acordeón sangrante que sale del armario. Sangra la rabia que te extraña. El manejo inteligente del humor y la dulzura de un México campirano con noches de ciudad lloviznada. Todo esto se mezcla en mi mente con la escena del Groove: el guajú a la plancha de Salvador, la enorme lasaña de David (que devora en un acto de prestidigitación –o prestibucalización). Mi espagueti al huevo en salsa putanesca. Whisky y cerveza Cosaco...

Pero volvamos al disco. Música dramática. El violín sufriente. Los muebles desvencijados. Vals para desgarrarse el alma. Voces teatralizadas. David Lynch borracho de tequila y vodka. Zappa sonríe. Música viva, metamúsica, con ska sabor vainilla. Amarilla es mi desolación. Y una guitarra rockera en La Duna. Todo tocado como si nos fuéramos a morir en una hora. Brinco brinco brinco. Y termina el disco con un guiño musical que nos hace sonreír. Nota Roja -aquella legendaria banda de principios de los ochenta- aplaudiría a estos mocosos irreverentes. Y yo, para no quedarme atrás, le entrego a David mi ejemplar de Último round. Qué hermosa noche. Con La Hora de la Hora, el mundo tiene esperanzas.

miércoles, octubre 14, 2009

Lo fugitivo permanece X

Fotografía tomada a las 02:00 a.m.
del lunes 22 de mayo de 2006,
al final del concierto de Grana Louise.


Atrás: Juan, Agustín Aguilar Tagle, Ingrid Schwamberger, Ezequiel Espósito Criscuolo, Eduardo Serrano Jasso, José Luis Aguilar Tagle, Pablo Brontese, Ignacio Espósito Criscuolo, Heriberto Arias y Guille Palacios. Adelante: Marie Álvaro Díez, Mariana Dávila, Daniela Orta, Gabriela Brontese, Grana Louise, Cllaudia de la Concha, Santiago Espósito Criscuolo, Nicolás Martínez Marentes y Octavio Herrero. De cuclillas: Raúl de la Rosa y parroquiano.


Un año y diez meses antes...

Viernes 9 de julio de 2004


Noche excelente en Ruta 61, con lleno total. Entre la concurrencia se encuentran Pedro Egea, María y Nicolás Martínez Marentes y Hernán Sililic.

Gabriela Mustarós nos anuncia que está embarazada. A ella le regalamos nuestras sonrisas y nuestra ternura. A Jaime Holcombe, padre venidero, le entregamos nuestro orgullo gremial por su participación en la fragua del futuro Dylan Holcombe Mustarós.

Hoy comienza a tejerse lo que luego se convertirá en el clásico de clásicos de Ruta 61: Vieja Estación y Las Señoritas de Aviñón.

Eduardo Serrano, dueño del lugar, está muy contento porque aparecen ya varias menciones en la prensa: DF, a dónde ir, El Huevo y La Jornada, entre otras publicaciones. De hecho, esta noche estuvo Raúl de la Rosa en el bar, y parece que muy a gusto: se echó tres vodkas con jugo de naranja y un plato de dedos de pollo.

Eduardo
platicó con Octavio Herrero y Jaime Holcombe sobre la inminente presencia de Betsy Pecanins en Ruta 61 (será en agosto de este mismo año).

¡Uy, la noche me salió cara, setecientos pesos! Pero es que yo pagué lo de Raúl y lo de un colombiano de cuyo nombre no quiero acordarme. Sin embargo, sé que podré negociar con Eduardo, quien ya comienza a agarrarme cariño.

lunes, agosto 17, 2009

¡Sácalas a pasear!

Tus ganas de blues merecen blues.
Celebra con nosotros cinco años de música en vivo.

¿Tienes antojo de ti mismo?
Jam Session
Miércoles 19 de agosto

Conducida por el guitarrista Daniel Reséndiz (La Dalia Negra), la sesión de palomazo de los miércoles en nuestro querido bar se ha vuelto ya una tradición, a la vez que una posibilidad de compartir con excelentes instrumentistas tu propio talento y tus ganas de hacer música. Date una vuelta este miércoles (no hay cover), y recibe la atención personalizada de Eduardo Serrano, dueño del lugar y uno de los mejores empresarios culturales de nuestra ciudad.





¿Quieres aullar de tanto blues?
El Charro y Los Moonhowlers
Jueves 20 de agosto

El Charro y sus Moonhowlers es una banda liderada por Octavio Soto, cuya guitarra y cuya voz nos dejan un excelente sabor de oído. Para colmo de bienes, Octavio siempre ha sabido elegir con mucho acierto a sus músicos. Actualmente, cuenta con el apoyo de Hernán Silic, en la armónica; Aarón Salazar, en la batería; Iván Núñez, en el piano; y Rafael Herrera, en el bajo y en la armonía con el cosmos.

La bonhomía y la sonrisa permanente del Charro, por otra parte, son tesoros que se agradecen y que permiten concentrar nuestra atención en su música.


¿Te apetece el aroma de la pureza y el buen gusto?
Las Señoritas de Aviñón
Viernes 21 de agosto

En México, la mayoría de quienes se presentan como intérpretes de blues parten de terquedades chovinistas y delirios de grandeza, así como de un reiterativo y fastidioso anhelo de movimiento local, endemias que generan deformidades espantosas, cosas sin memoria, piezas incomprensibles sin posibilidades de ocupar un espacio en la historia del género.

La clave virtuosa de Las Señoritas de Aviñón está en la palabra interpretación.

Interpretar no significa copiar, no significa reproducir, sino representar, con el término asumido desde la perspectiva dramática, litúrgica: volver a presentar, devolver al presente la realidad del mito.

Porque el blues nació de hechos históricos y en una geografía específica, con personajes de carne y hueso, es cierto; sin embargo y muy pronto –en menos de medio siglo- se transformó en un suceso estético que retrata hoy la condición humana y adopta, por eso mismo, la naturaleza del mito.

Además, para mayor gloria de la música, Las Señoritas bordean el jazz y terminan dentro de él.

¿Anhelas un sábado para que hable el corazón?
Walking Blues
Sábado 22 de agosto

Walking Blues es una agrupación formada por viejos miembros de Follaje, banda legendaria representativa del blues hecho en México: El Oso en el bajo, Jerry en la batería y Héctor en la guitarra y voz. Blues del corazón para un sábado apacible.

Ruta 61, Baja California 281,
entre Culiacán y Nuevo León,
a dos cuadras del Metro Chilpancingo,
5211-7602

jueves, agosto 13, 2009

Temporada de duraznos

PEACHES STATEN

¡Ruta 61 celebra en grande sus primeros cinco años!
Dos noches con sabor a Chicago


Peaches en Regalía

Blues salpicado de rocanrol, blues con veredas de regaee, blues con escalones hacia el zydeco, blues sin adjetivos, blues de siempre; el blues y un sabroso melocotón hecho mujer: ¡Peaches Staten vuelve a Ruta 61! La madre de todas las regalías, diosa inefable de voz divina. Estamos listos, pues, para revivir la experiencia y gozar de la música de este ángel exquisito, quien, no conforme con curarnos el alma con su blues, ejerce la medicina (como físico-terapeuta) en un hospital de Chicago.

¡Gracias Doctora Durazno, necesitábamos otra vez de su atención!

El blues desde la cuna

Hija legítima del Delta del Mississippi, Peaches estuvo rodeada, desde edad muy temprana, del blues de Chicago, porque su padrastro trabajaba como disc jockey en varios clubes de la ciudad, y su madre pertenecía a un club social a cuyas fiestas nunca faltaba algún buen músico de blues. Además, Peaches trabajó como mesera en el Rosa´s Lounge.

La versatilidad y la fuerza de su voz, en la que algunos encuentran influencias de Bessie Smith, Billie Holiday y Koko Taylor, la han llevado a compartir escenario con Buddy Guy, Junior Wells, la misma Koko Taylor, Dr. John, Billy Branch y muchos otros.

Conmovida, agradecida y encantada por la respuesta del público mexicano, la extraordinaria e inolvidable Peaches Staten vuelve a la Ciudad de México los días 13 y 14 de este mes; es decir… ¡ya!

Peaches en almíbar

Coloca una Faye Staten en su punto, con cinco músicos de primera calidad (Octavio Soto, en la guitarra; Hernán Silic, en la armónica; Aarón Salazar, en la batería; Iván Núñez, en el piano; Rafael Herrera, en el bajo). Vierte todo en el escenario de Ruta 61. Deja que hierva durante dos horas de amor y blues, hasta que todo se vuelva jarabe de Chicago en el sartén de la noche, o hasta que el lugar adquiera cierto aroma a Maxwell Street Flea Market.



ADEMÁS DE BUDÍN DE DURAZNO,
EL BANQUETE DEL VIERNES INCLUYE
SEÑORITAS EN SU TINTA.
¡QUÉ NOCHE, DIOS MÍO, QUÉ NOCHE!


Ruta 61, Baja California 281, entre Culiacán y Nuevo León,
a dos cuadras del Metro Chilpancingo, 5211-7602
Cover: $200 (jueves) y $250 (viernes).

viernes, junio 12, 2009

¡En Ruta 61, comes y te quedas!


Restaurante Ruta 61
¡Ya puedes llegar desde temprano a comer!
Abierto de lunes a sábado, desde las 13:00 horas.

Dedos de queso, Hot Wings, Papa al Horno, ensaladas, sopas, pastas,
hamburguesas, tacos, costillitas, milanesa, pollo… ¿Qué se te antoja?

¿Y el bar?
¡Sigue con la música por dentro…y en vivo!

Viernes 12 de junio
Las Señoritas de Aviñón
Cover: 60 pesos

Sábado 13 de junio
Vieja Estación
Cover: 60 pesos

Reserva tu mesa hoy mismo.

Llámanos o escríbenos
5256 0667 y 5211 7602
eduardo@ruta61.com.mx

Baja California 281,
Colonia Hipódromo Condesa
Entre Culiacán y Nuevo León
A dos cuadras del Metro Chilpancingo

Y ya está con nosotros...

Santo Blues
20 y 27 de junio de 2009

jueves, mayo 14, 2009

Lo fugitivo permanece VIII

10 de mayo de 2009
San José de la Montaña a las cinco de la mañana,

desde una ventana de la casa de mis padres.

Miércoles 17 de mayo de 2006. Ruta 61. Granà Louise ensaya con Vieja Estación y Octavio Herrero.

Jueves 18 de mayo de 2006. A punto de que Ruta 61 cumpla dos años de existencia, Granà Louise ofrece el primero de tres conciertos en el bar de Lalo Serrano.

Miércoles 24 de mayo de 2006. Carlos Sánchez se integra a la eternidad prematuramente (Carlos es el hermano mayor de José Luis, tecladista de Vieja Estación).

Sábado 27 de mayo de 2006. Ruta 61 celebra su segundo cumpleaños. En escena: Betsy Pecanins, Jaime López, Claudia Ostos, Male Rouge y, por supuesto, Vieja Estación (también suben al escenario Jaime Holcombe y Jorge Escalante). Una gran noche. Entre el público se encuentran Gerardo Aguilar Tagle y su distinguida esposa Marugenia Sámano Valenzuela. Mi gemelo precioso dibuja sobre un muro del bar (a la entrada del baño de caballeros) uno de sus personajes clásicos. Eduardo Serrano propone a mi hermano decorar todo el baño, obra que no habrá de cumplirse.

Martes 30 de mayo de 2006. Veo Ayer, hoy y mañana, de Vittorio de Sica, con Sofía Loren y Marcelo Mastroianni, ambos inigualables, extraordinarios, excelentes, hermosos. La música es de Armando Trovajoli.

Martes 6 de junio de 2006. A la una de la tarde nos recibe Ricardo Ruiz, secretario de Alejandro Encinas, Jefe Interino del Gobierno del Distrito Federal. Estamos presentes Eduardo Serrano, Raúl de la Rosa y yo. Con Ricardo Ruiz, hombre afable y cordial, logramos el objetivo propuesto para esta mañana: dar forma a la carta que habrá de enviarse al alcalde de Chicago…

Viernes 9 de junio de 2006. Veo en televisión un documental de excelente factura sobre el bajista francés Pierre Boussague. El hombre, sensacional; la música, inolvidable: There’s no greater love, de Peter Weniger; Nancy with the laughing face, de Jimmy Van Heusen; The Admiral’s Waltz, no sé de quién; Evidence, de T. Monk; Just and old manuscript, de Count Basie; algo de Miles Davis… Más tarde, antes de conciliar el sueño, veo un programa dedicado a Héctor Mendoza y sus actores, cuyos nombres significan mucho para quienes encontramos en el teatro universitario de la segunda mitad de los setenta y principios de los ochenta un espacio de formación estética: Rosa Ma. Bianchi, Blanca Guerra, Delia Casanova, Ana Ofelia Murguía, Ofelia Medina, Julieta Egurrola, Margarita Sanz, Ricardo Blume…

Domingo 11 de junio de 2006. Despierto asustado a medianoche, y tengo miedo. Si no creo en la existencia del Diablo, ¿por qué temo que eso se me aparezca en la oscuridad?

Miércoles 14 de junio de 2006. Por una llamada telefónica me entero de que Raúl de la Rosa y Eduardo Serrano acaban de regresar de Chicago. Termino el día con un programa de Film and Arts dedicado a John Coolidge Adams. Tengo que conseguir para mi colección de cine dos joyas: Dos hombres, dos mujeres, un problema (2 Männer, 2 Frauen, 4 Probleme -1998), de Vivian Naefe; y Con la música a otra parte (Doggin Around -1994), de Desmond Davis y con la fuerza dramática de Elliot Guld y Geraldine James... y el genial Alum Amstrong.