sábado, febrero 18, 2006

Intermedio

La noche del sábado, Ruta 61 fue sede para la celebración del cumpleaños de Raúl de la Rosa y de Jaime Holcombe, dos acuarios que vuelan alto, dos nacidos en el mismo siglo (cosa que pronto será título de nobleza), dos antenas fundamentales de nuestra cultura, dos generadores de valor para esta amada ciudad, dos tipos de cuidado.

Amenizaron la velada dos conjuntos de blues (Vieja Estación y Las Señoritas de Aviñón), que es una música muy del gusto de los festejados y que se toca con instrumentos de cuerda, tambores y unas como cacerolas de paella vueltas de revés (a veces, pero esta vez no, alguien del público se entusiasma mucho y saca de entre sus ropas un pequeño instrumento de viento que, al soplarlo, hace tiroriro; lo chistoso es que los ejecutantes del tiroriro, al sacarle sonido a eso, empiezan a balancearse como personajes de Atrapados sin salida).

En fin, que vaya desde este intermedio mi más intenso abrazo a Raúl de la Rosa y Jaime Holcombe.

¿Un mensaje?

Como dicen las quinceañeras enamoradas, gracias por existir.

viernes, febrero 17, 2006

Todo perro tiene su día II

De cualquier manera –y sin que esto signifique disminuir el peso contestatario de Vieja Estación-, el título no será el que se pensó en un principio, sino Todo perro tiene su día, que a fin de cuentas es el verso con el que inicia Sin tratos (ya hablaremos de cada una de las canciones).

Anoche, por otro lado, Mauro y Tomy me señalaron un error de memoria: no es Vieja Estación quien invita a Octavio y a Rafael a unirse al proyecto, sino que son estos dos locos (¡cómo si no tuvieran cosas que hacer!) quienes, entusiasmados, ofrecen su conocimiento, su experiencia, su tiempo y su trabajo.

¿Por qué lo hacen? Es muy fácil entenderlo: por lo mismo que Lalo Serrano decide iniciar Ruta 61 Records con esta banda llegada de Argentina con carta de naturalidad chilanga por decisión de quienes nos sentimos orgullosos de su presencia. Los considero parte de mi ciudad, y dure lo que dure su estancia en estas tierras, la historia de nuestra música tendrá que mencionarlos en el futuro, cuando se haga el recuento de la primera década del siglo.

¿Por qué lo hacen? ¡Por lo mismo que Las Señoritas de Aviñón se sienten a gusto en compañía de tan excelentes músicos!

¿Por qué lo hacen? Por lo mismo que ya hay en la ciudad muchos fieles del grupo argentino (no sólo en el Distrito Federal, también en San Miguel de Allende, Villahermosa, Querétaro y Aguascalientes). Así comienzan las manías y las fiebres en la música popular. Y cuando éstas surgen de manifestaciones reales del arte, el gusto se mantiene más allá de cualquier moda.

¿Por qué?

¡Porque Vieja Estación es la mejor banda de rocanrol
con que cuenta la Ciudad de México!
Y sucede que, además, saben hacer blues.


Por otra parte –y supongo que no hay infidencia en lo que voy a decir-, debe señalarse que Octavio Herrero no sólo comparte la producción del disco con Vieja Estación, sino que incluso participa de manera significativa en su financiamiento.
En fin, que el guitarrista de Las Señoritas de Aviñón es productor, mientras que Rafael Martínez se encarga de la ingeniería de sonido. Pero, a mediados de ese mismo mes, Octavio se entera de que Patricia, su hermana, no podrá prestar la enorme casa donde vive para montar en ella el estudio de grabación.

Inmediatamente, el autor de Magdalena llama a Alejandra, su prima:

-¡Ah, ya sé, Octavio, le voy a decir a Homero que si tiene disponible algún lugar!

Homero es el esposo de Alejandra, y ofrece un local en la colonia Del Valle, una casa a medio abandonar cuyas condiciones resultan ideales para cumplir el proyecto de Vieja Estación.

Creo, entonces, que uno de los primeros agradecimientos es el que bien se merecen Homero y Alejandra, cuya amorosa solidaridad permite arrancar lo que ya no puede atrasarse más: la grabación de las canciones que formaran el nuevo disco de Vieja Estación.

jueves, febrero 16, 2006

Todo perro tiene su día I

Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.
Che Guevara, 14 de diciembre de 1964.

A principios de noviembre de 2004, Vieja Estación se presenta en el octavo festival de blues de la ciudad de Aguascalientes (Aguas Blues). Y es durante ese viaje que concluyen los acuerdos para grabar el nuevo disco de la banda bonaerense, cuyos miembros coinciden en invitar a Octavio Herrero para que produzca el álbum.

El guitarrista de Las Señoritas de Aviñón, a su vez, propone que sea Rafael Martínez el ingeniero de sonido. Queda por establecer el lugar donde montar el estudio y, sin mucha urgencia, el nombre que habrá de llevar el disco.

Para esto último, la primera idea que surge es Sin tratos, frase que también da tíulo a una de las canciones por grabar y que, además, resume la postura del grupo como tal y ante el mundo: en tratándose de nuestra música, somos absolutamente intransigentes y verticales; no hay medias tintas, no hacemos concesiones; es música sin tratos, sin condescendencias; si alguien habrá de aceptarnos, tendrá que hacerlo admitiendo nuestra naturaleza, nuestras ideas y nuestra forma de expresión, que es el blues y el rock and roll; podemos, en el camino, aprender y adoptar nuevas maneras de decir las cosas, pero la experiencia habrá de partir de certidumbres éticas y estéticas, de una moral revolucionaria que no pacta ni se vende.

En este sentido, Vieja Estación resucita la inmoderación y la rebeldía de la que surgió el rock and roll y en la que se formó parte de la generación de los sesenta, con su carga de ingenuidad incluida. Por eso, no podemos escuchar a Vieja Estación sin percibir en su música y en su actitud las palabras del Che Guevara: Prefiero morir de pie que vivir arrodillado.

martes, febrero 14, 2006

Todo cachorro tiene su madrugada.

Era como si después de haber estado caminando por la noche hueca y al viento,
atravesara una alta concha vertical, hacia la costa de un mar interior

Dylan Thomas, Portrait of the artist as a young dog


¡Por fin! En estos días tendremos en nuestras manos y para gozo de nuestros oídos Todo perro tiene su día, el nuevo disco de Vieja Estación. Por eso y con el propósito de registrar pasajes de su historia, vayamos a la madrugada de su nacimiento.

Y mientras lo hacemos, no olvides apartar tu disco. Es conveniente hacerlo, porque se trata de una edición especial y limitada; así que si te interesa, melómano lector, pregunta por esta joya en Ruta 61... o llama al 04455-2309-7187).

domingo, febrero 12, 2006

Ruta 61 en Horizonte 108

Este jueves 16 de febrero, Radio Horizonte (108 de FM) transmitirá en vivo desde Ruta 61, la música de tres de las mejores bandas de la ciudad: Vieja Estación, Las Señoritas de Aviñón y El Charro y sus Moonhowlers.

Yo todavía no sé que hacer: sintonizar la estación, de las ocho a las diez de la noche, acurrucado en mi cama, con un plato de Rice Krispies, un sanguich de jamón y un choco milk en vaso de café de chinos, o darme una vuelta por el bar y comenzar desde ese día el fin de semana, para disfrutar no sólo de los grupos sino también del buen servicio que ofrece siempre nuestra querida casa de blues.

Lalo Serrano, cuya sonrisa es siempre la mejor bienvenida, ha formado un excelente equipo de trabajo.

Pablo, el capitán, es además dueño de otro lugar, el Che Gaucho (Aguascalientes 225, colonia Roma), restaurante de comida argentina donde me gusta pedir bife de chorizo o ravioles rellenos de espinaca, con un vaso del mendocino Magallanes.

Gabriela es hermana de Pablo, y, desde que ella está en la cocina, los Dedos de Pollo me saben de veras exquisitos. Yo no sé si Gaby interviene en su preparación –acaso es Memo quien se encarga de ellos-, pero... ojos que no ven corazón que siente lo que quiere.

Guillermo, argentino, es la salvación de la cocina. Tuvimos malas experiencias, cuando los platillos los trabajaba una señora fea y malencarada, una mujer con profundos resentimientos de vida. Todos estábamos pagando su amargura en nuestro paladar. Luego vino Ernesto, admirador de Charles Atlas. Por último –y con la esperanza de que dure mucho tiempo-, llega Guillermo, cuyo toque cordobés siempre se agradece.

José Luis es, sin duda alguna, el mesero estrella del bar. Su experiencia en el ramo del servicio al cliente, lo ha vuelto un elemento indispensable para que la noche pase sin contratiempos. Desde que la gente llega y hasta que Lalo grita ¡vaaamonooos!, Pepe no descansa un segundo: sube, baja, distribuye pedidos, se mueve entre la gente con la agilidad de quien conoce perfectamente el campo de acción. Cuando quiero ser atendido como si fuera rey, es a Pepe a quien le asigno mi cuenta. Otra de sus múltiples ocupaciones es, fuera de Ruta 61, la venta de seguros para padres que quieren garantizar los estudios universitarios de sus hijos desde que éstos son unos escuincles (si tienes, lector, niños pequeños... no dudes en llamar a Pepe, que él sabra explicarte las bondades del programa de becas).

Claudia de la Concha no sólo es una buenísima mesera, sino que además canta delicioso (era la voz de Matera, banda que ya desapareció). Por eso, Las Señoritas de Aviñón la invitan seguido a subirse al escenario, para hacer los coros de Unchain my heart o Mustang Sally (antes, se echaba The spider and the fly, pero creo que Claudia ya se hartó de hacerlo).

Lorena, nuestra hostess, con sus ojos grandotes y su sonrisa de niña formada en escuela de monjas, es la ternura andando. El primer beso que recibo en Ruta 61 es el de ella, un beso que anuncia sana diversión.

Eric, que maneja los asuntos de caja, tiene absoluto control de lo que entra y de lo que sale. A pesar de la gran responsabilidad que lleva a cuestas, siempre anda con esa tranquilidad que tanto nos sorprende. Además, ¡qué paciencia tiene para esperar a que los últimos parroquianos decidamos abandonar el bar!

Celeste y Jimena, cordobesas como Guillermo, son –además de meseras de Ruta 61- estudiantes de medicina que llegaron a la Ciudad de México a curarnos el hastío.

Mariana es estudiante de etnología en la ENAH. La otra noche, esta lindura de niña con sangre colombiana me estaba platicando de Bronislaw Malinowski y de Claude Lévi-Strauss, cuando llegó Pablo y le recordó que, además de La Tía Juanita, había otros clientes esperando ser atendidos. Para colmo de gracias, Mariana nos dijo a José Luis Sánchez (Josefáin, tecladista de Vieja Estación) y a mí que le encanta Frank Zappa. Fácilmente podrás imaginar, querido lector, que ambos –devotos del Prodigio de Baltimore- quedamos patidifusos y boquiabiertos, al comprobar que Dios es grande.

Dannet es la más chiquita de todo el equipo. Su cara de pecosa traviesa me hace pensar en Dennis the Menace. De cualquier manera y a pesar de su juventud, Dannet puede convertirse en una excelente mesera apenas descubra que las propinas pueden ser muy pero muy buenas.

Rafael Martínez es el ingeniero de sonido de Ruta 61, y gracias a su destreza podemos escuchar la música en muy buenas condiciones acústicas. Hace algunos meses, unió su talento a la experiencia de Octavio Herrero y a la calidad extraordinaria de Vieja Estación, para que esta banda grabara un nuevo disco, que está a punto de salir a la venta (es conveniente apartar un ejemplar, porque se trata de una edición especial y limitada; así que si te interesa, melómano lector, pregunta por esta joya en Ruta 61... o llama al 04455-2309-7187).

Y Francisco, el nuevo bar man, ocupa el lugar que dejó nuestro estimado Adrián (antes de él, la barra estuvo en manos de Gaudencio, hijo de la señora fea que entonces estaba en la cocina; resentido y amargado como su madre, el tal Gaudencio no tenía ni la menor idea de cómo tratar a la gente ni cómo servir un buen vaso de whisky). Aunque acabo de conocerlo, Paco me parece todo un profesional, a tal punto que con él he decidido cambiar de Johnny Walker etiqueta roja a Chivas 12 años.

A este gran equipo se une en ocasiones especiales Jessica, esposa de Pablo. También y como gesto de profundo cariño, los miembros de Vieja Estación y Hernán Silic se arremangan a veces la camisa y realizan labores de casa. ¿Por qué? ¡Porque Ruta 61 merece eso: que excelentes músicos rindan homenajes prácticos a Lalo Serrano!

Ya decidí: el jueves voy a Ruta 61.

miércoles, febrero 08, 2006

Escribe Iván Lombardo.

Como en este blog pueden escucharse todos los teclados, he publicado en distintos momentos las palabras de otras personas. No hace mucho, por ejemplo, pudimos leer aquí a nuestra querida Marie. Hoy, por segunda vez, Iván Lombardo nos regala sus pensamientos.

Para darle cierta variedad a El blues de la estufa divina, trataré siempre de conservar el estilo particular de los colaboradores: su sintaxis, sus vocabulario, sus figuras retóricas, etcétera. Sólo me meto, pues, con la ortografía.

Dejo con ustedes, entonces, a Iván Lombardo, exintegrante de Las Señoritas de Aviñón.

Nota: La imagen que aquí aparece de Billy Branch es un trabajo conjunto de Fernando Nielli y La Tía Juanita.

Querido Agustín:

Hablé anoche con el Rey Abejorro (Lalo Serrano), quien me comentó algunos incidentes que se han desarrollado con las cucarachas y que tienen a la comunidad ruteña algo (muy) molesta.

Aquí sí quisiera encontrar la coda para entrar en una polémica y expresar mis observaciones ante tal conducta (y dejo mi primera brisnada), puesto que consiente de lo que un instrumento, aparentemente tan inofensivo puede causar.

Creo que existe una muy mala educación (de entrada) de parte de los que como yo en algún momento deciden que su camino va por la armónica. Bien dicen los críticos que con la armónica, con tres notas, puedes impresionar al respetable. Sí, efectivamente, tienen razón; pero creo que el punto va más allá, y entonces hay que remontar hasta grados de inconciencia tal que nos obligan necesariamente a reprender a la comunidad armoniquera en su totalidad (¡viva Stalin!).

El asunto no es tocar la armónica, cualquiera puede hacer un rif, toda una escala, un trémolo (hoy y aquí, me refiero al estilo nacional) abusado de sobremanera, algunos chuncks y algo de snorring; eso es relativamente fácil (hasta yo pude). El problema es cómo y cuándo tocarlos, cómo entrar y cuando salir.

Un armoniquista nunca debe tocar durante el solo de requinto. La mayoría de los compas lo hace. No se debe solicitar permiso para subir al escenario, a menos de que se tenga un mínimo de relación con la banda que toca, y se debe estar consiente del tipo de concierto al que se asiste (ahí aplica a cualquier instrumento). De la banda o el músico de que se trate, dependerá la respuesta. No hay que ofenderse si lo mandan a uno por un tubo. Y más importante sobre este punto hay que entender cuándo hay que bajarse, ¡Coño, hay que bajarse!

Las vueltas, a menos de que se tenga una condición reconocida de virtuoso, sólo deben hacerse en su mínima expresión. O sea: una y ya; la segunda, en general solicitada por los mismos músicos, es generalmente un fiasco (ni modo los he visto casi con todos).

¡Ah! Y en eso de lanzarse al ruedo, aquí no aplican los mismos criterios de American Idol (mi mamá me dijo o mi novia dice o mis cuates, que son un chin…) pa' la armónica.

Y quisiera cerrar esta primera disertación con algunas premisas (ya me cansé y me batí)

La armónica se toca en la justa relación precio-instumento: cuesta poco, es un instrumento modesto; se debe tocar poco, pero bien (bueno, hay que aclara que hay que practicar mucho más, por lo mismo; eso es inversamente proporcional).

La armónica se debe tocar con gusto, así sea un blues más triste (ya'know wath I mean); si no, pasa de triste a patético. Y debe provocar lo mismo (sobretodo a los de la banda).

Si seguimos bien la lección, obra magistral a cargo de La Vieja Estación, haciendo de grupo de backup (cosa muy difícil que habrá que abundar en siguiente disertaciones), diré para cerrar, que la armónica es un instrumento (curiosamente) de backup y sólo debe ceñirse a ello. Acompañar en momentos (sólo momentos muy precisos), adornar, colorear con un mínimo elemento la interpretación de otros. Si no es así, entonces estamos hablando de Billy Branch (bueno hay dos o tres glorias nacionales que hacen la excepción).
Mi querido Agustín, ya me voy antes de que me vayan en esta oficina, no sin antes abrazarte y mandarte desde la lejanía del retiro que como ex-armoniquista me autoimpuse (mucho debido a las razones mencionadas) un saludo muy bluesero y muy séntido, lleno de camaradería.

atte.

Iván
a.k.a
Middlewalter Lombardo (eso me lo puso el bate de La Piedad)

martes, febrero 07, 2006

La última noche de Billy Branch (tercera parte)

Subo aquí más fotos del sábado. Pueden ver las del viernes si aprietan la palabra tiroriro, que es la onomatopeya de los instrumentos de viento.

Mientras, escucho un disco de Ornette Coleman que me prestó Octavio Herrero: Free Jazz, a collective improvisation by the Ornette Coleman Double Quartet. ¡Una belleza! Mi más viejo amigo se atrevió a recomendarme esta grabación porque me ha visto conmovido ante Eric Dolphy, que en esta grabación toca el clarinete (tiroriro), su instrumento de virtud.

El mismo Octavio y Cecilia, su esposa, me regalaron hace poco The Essential Eric Dolphy. Sabían ellos que yo distinguía en este músico a una verdadera Madre de la Invención, es decir, que en el angelino se evidencia una de las más importantes raíces de Frank Zappa, todas ellas reconocidas por el mismo prodigio de Baltimore desde los 26 años, cuando aparece Freak Out! (1966).

En este disco seminal, son mencionadas 179 personas como importantes contribuyentes en la música de las Madres: Sonny Boy Williamson, Buddy Guy, Albert Collins, Maurice Ravel, Silvestre Revueltas, Arnold Schoenberg, Elvis Presley, Ravi Shankar, Brian Epstein, Bob Dylan, Phil Spector, Capitán Beefheart, Charles Mingus, Pierre Boulez, Antón Webern, Igor Stravinsky, Willie Dixon, Guitar Slim, Edgar Varese, Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Eric Dolphy, Johnny Guitar Watson, Clarence Gatemouth Brown, Karlheinz Stockhausen, Big Mamma Thornton, Lightnin' Slim y Charles Ives, entre otros.


Como toda lista de supuestas influencias, se trata en realidad de una letanía de pasiones del momento (y ello define la personalidad del joven Zappa a los veintiséis años: un omnívoro del arte y la cultura de su tiempo). La influencia de varios no necesariamente puede detectarse, y acaso sólo sea un herencia anímica, espiritual, ideológica o lo que sea. Pero en el caso de Eric Dolphy, su peso en la música de Zappa es muy presente, y no me refiero únicamente a The Eric Dolphy Memorial Barbecue, pieza que aparece en Weasels ripped my flesh (1970) y, con letra, en The best band you never heard in your life (1991, aunque se trata de grabaciones hechas en 1988), sino a una manera general de concebir la música.

¿Saben qué vamos a hacer? Voy a subir tres piezas a la estufa color de rosa: Les, de Eric Dolphy; y The Eric Dolphy Memorial Babercue, de Zappa, en sus dos versiones (en estudio y en vivo).

Escuchémoslas en ese orden, y no se espanten de que la versión en vivo termine con El Danubio Azul. Muchos han pensando que ésta es una señal clara de que Zappa está parodiando a Eric Dolphy. Yo no lo creo, para mí se trata de un sentido homenaje (aunque la letra sea una payasada). Lo que pasa es que Zappa no sabe estarse serio: es de los que, en los funerales, cuentan chistes de necrofilia y hacen reír hasta a la viuda.

Si no encuentran la estufa arriba a la derecha, búsquenla hasta abajo. Ojalá puedan escuchar la música. Si no, pues llevo los discos a su casa y me invitan un whisky (cosa que voy a hacer con mi querido amigo Josefáin).

¡Vean esta foto, Las Señoritas del Dark!

Noticia de última hora: B.B. King perdió a su perrita, una maltés negra de dos años y cinco kilos llamada Lucille (qué raro). Si alguien la encuentra, comuníquese inmediatamente con Matthew Lieberman, agente del rey del blues, porque este gordo precioso ha prometido como recompensa una guitarra autobiografiada.

La última noche de Billy Branch (segunda parte)

Me escribe nuestro amigo Iván Lombardo, como respuesta a lo puesto junto a una foto donde aparezco con él (no es la que aquí pongo, donde Iván conversa con Octavio Soto, el Charro, sino una de las que aparecen al apretar la palabra jitanjáfora).

Transcribo las palabras de Iván.

Mi querido Agustín, me alegran tus comentarios bloggeros. Te saludo, con una cruda de desveladas verdaderamente mortales: la condición física es precaria, y este tipo de eventos marca sus cicatrices de forma cruel e inexorable.

Me parece que has confundido y llevado más allá lo del blues y el buen sexo, y quiero aclarar que yo, en lo particular, conocedor de limitaciones como músico (de lo que me siento bastante conforme –e insisto que la base armónica de mi I’m a man es la correcta), he decidido dejar mi legado en otros ámbitos. Para muestra, un botón: la pequeña Miranda es la obra maestra de mi vida, quien ha logrado arrancar verdaderos furores y que fue hecha con todo el rigor de una pieza magistral (como siempre digo ante los elogios: ¡imagínate lo que fue hacerla…!).



Dices:

-Aunque, claro, al sexo le pasa lo que a la armónica: todos nos creemos Billy Branch.

Aquí estás llevando de manera extraña un concepto que ya habíamos resuelto. Una cosa es creerse Billy Branch y otra cosa es que Billy Branch te lleve a estados de placer iguales o más allá que lo que un orgasmo te puede llevar. Lo mismo puede sucederte una noche en la ópera o en una película; pero no sales del cine sintiéndote Kurosawa o de la ópera sintiéndote Joan Sutherland.

Si lo dices por el asunto de las cucarachas, creo que estás llevando un asunto viejo y pasado al presente de forma innecesaria. Aprovecho y aclaro: yo ya no estoy en el negocio de hacerme figura de la música; yo sólo la disfruto.

Más bien –y como lo decía-, creo que mi época de músico fue por rapaz e irresponsablemente correcta; y, como en las más cursis descripciones de glorias pasadas, te diría, mi querido Agustín, que si yo hubiera (y no pienso entrar al asunto del hubiera), si yo hubiera sido constante y disciplinado, imagínate qué clase de músico habría sido.

También dices:

-Sin embargo, yo no quedé muy seguro de unirme a esa observación antropológica.

¡Maestro, no es antropología! Entonces, ¿dónde queda la sensibilidad, dónde queda la capacidad de maravillarse? ¿Qué, acaso se han cerrado las puertas de la percepción y se han abierto sólo ventanillas antropológico-sociológico-psicológico-histórico-ilógicas? Pentiti celerato.

Querido Agustín, te mando un abrazo, todavía con el furor de la magistral cátedra que nos dio el maestro Branch.

lunes, febrero 06, 2006

La última noche de Billy Branch (primera parte)

Ya no se me ocurre que más decir de Billy Branch, excepto que sus tres presentaciones en Ruta 61 fueron muy pero muy buenas. Y el fin de semana amarró bien, porque a las ocho de la noche del domingo se transmitió por radio la primera parte de la entrevista al armonicista, con la presencia en cabina de Octavio Herrero, Lalo Serrano, Cecilia García-Robles y, por supuesto Raúl de la Rosa, conductor del programa Por los senderos del blues.

Lo cierto es que el sábado Ruta 61 fue de nuevo punto de encuentro de amantes del blues y de músicos conocidos, medio conocidos y absolutamente desconocidos (como yo, que ya hice una obra maestra, Amanecer de un ejército vencido, y nadie me ha querido reconocer mi aportación a la humanidad).

Como la noche fue abierta por Memo Briseño, tuvimos la oportunidad de ver, después de mucho tiempo, a la hermosa Hebe Rosell, que acompañó a la banda en algunas de las canciones. A propósito y si no contamos a las embarazadas, por ahí anduvo el ser más pequeño que ha visitado Ruta 61, un bebé. ¡Pobre, a ver si no ya lo marcaron de por vida y crecerá con la sensación de que la música es aquello que te atormenta durante el sueño! Recuerdo que, al nacer Sean Lennon, su padre dijo que lo iba a arrullar con blues. Yo no sé si cumplió su amenaza, pero yo digo… ¡dejen a los niños en paz, por amor de Dios!

En fin, el bebé está precioso… y la mamá, ¿quién era? La saludé, me dijo el nombre de su hijo; pero lo he olvidado. En fin, ya luego Lalo Serrano –que anda en todo- me explicará.

También estuvieron Iván Lombardo, ex-integrante de Las Señoritas de Aviñón; el escritor y periodista Jaime Avilés, el guitarrista Alejandro Marcovich, el charro Octavio Soto; Nicolás Martínez Marentes, líder de The Lyria; Raúl de la Rosa y Cecilia, su esposa; Tania Molina, reportera de La Jornada; Arturo Olvera, del Esto; los artesanos Febe y Carlos, que le regalaron a Billy Branch un vitral con su perfil; el coordinador del Plantel del Valle de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, maestro José Remus, con Teresa, su esposa; María de la Luz Roa, a la que le debo una fotografía. ¿Quién más? ¡Mucha gente! Jaime Holcombe había quedado de hacerse el aparecido, pero a la mera hora no llegó.


Pasemos a otros asuntos.

A ver, Mauro Bonamico, hijo mío, si puedes ayudarme con la traducción del primer terceto del Infierno: Nel mezzo del cammin di nostra vita / mi ritrovai per una selva oscura / ché la diritta via era smarrita. A la mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado. Algo así.

Es bonito pensar que Dante se refiere a sus treintaitrés años, para que esto coincida con la edad que tenía el Mártir del Gólgota al ser crucificado. Además, hay tanto número 3 en la Divina Comedia, que siempre es bueno llevar agua a nuestro molino de interpretaciones. Sin embargo, la realidad es que el florentino pasaba ya de los cuarenta cuando comenzó su obra maestra.

Sí, pero no. Dice Dante que se encontraba, en-con-tra-ba… copretérito que acaso se refiere a 1298. Pero quién sabe. No importa. La mitad de la vida en el siglo XIII no es la mitad de la vida en el siglo XXI. ¡Y esto me alegra, porque yo ando por las mismas, pero al revés! Como Dante, estoy a la mitad del camino, aunque yo no estoy a oscuras, al contrario, tengo mi Ruta 61 y en ella encuentro mucha luz.

sábado, febrero 04, 2006

Billy Branch III

La noche del viernes fue extraordinaria en muchos sentidos: abarrotado el Ruta 61, Lalo Serrano tuvo que dar instrucciones para bajar la cortina y, así, evitarse la pena de decir a los rezagados que ya no cabía ni un alfiler; Las Señoritas de Aviñón ofrecieron un concierto de blues que llegó, de veras, a los niveles de lo excelso (escuché a Jaime Holcombe, Jorge Escalante, Javier García y Octavio Herrero con el pasmo de quien contempla –patidifuso y boquiabierto- a un grupo de criaturas iluminadas); Vieja Estación, por su parte, demostró con razones de peso por qué se ha convertido en el grupo en el que o con el que todos quisieran tocar (hasta quienes somos discapacitados musicales, incapaces de reproducir coherentemente dos notas con la voz o en un instrumento, soñamos desde nuestra candidez que podemos estar a su altura), y su poder de interpretación explica claramente por qué Maxx Cabello, John Markiss y, ahora, Billy Branch han quedado profundamente satisfechos y agradecidos por contar con los buenos aires de Vieja Estación; Claudia Ostos llegó para decirnos que no está nada afónica y que tiene todavía mucho que dar en el escenario. Last but nos least, Billy Branch se dio entero, sin condiciones, incluso sobrepasando los límites de la bondad y la complacencia: no sólo tocó blues como los grandes (porque él es un grande), sino que, además, se dio tiempo para dictar cátedra y expandir la idea de que el blues es más que un género musical, es un gesto humano, una sudoración, un brote universal del alma (sí, Billy, podemos estar de acuerdo; sin embargo, es un hecho que son pocos los que transpiran verdadera música: a la mayoría lo que nos sale son excrecencias vergonzosas que no merecen escucharse).

En fin, que no voy a cansar a mis tres lectores con la descripción de lo que seguramente ellos mismos vivieron. Mejor, ¿qué tal si nos ponemos a ver fotos?

Fernando Nielli, uruguayo amoroso, tuvo el acierto de pedirme la cámara y disparar a diestra y siniestra. Observarán, entonces, que esta vez la calidad del trabajo fotográfico es mucho mejor
.

viernes, febrero 03, 2006

Billy Branch II

What a night!, me dice Ignacio Espósito, evocando así la sensación de bienestar de un famoso baterista de Liverpool. What a band!, le respondo, con la certeza de que la noche esta sostenida por un alma universal que tiene su ombligo en la Ciudad de México, y dos cordones umbilicales cuyos extremos tocan Chicago y el barrio de Palermo, en Buenos Aires.

Billy Branch y Vieja Estación mostraron la belleza del blues cuando éste pende del talento y la capacidad expresiva de grandes músicos. El armonicista de Chicago pudo decir su discurso gracias, en gran parte, a que Ignacio Espósito, José Luis Sánchez, Mauro Bonamico y Santiago Espósito ejecutaron con sorprendente acierto las piezas que apenas si habían ensayando uno o dos días antes: Bring it on home, Grown mery, The blues follow me around, Crazy mixed up wild, Everysight to the blind, Crank it up sckecht my beck, Boom Boom, Crazy mixed world, Got my mojo working, Key to the Highway y otras.
En la segunda parte de la noche, Ezequiel Espósito fue llamado por Billy Branch, y pudimos entonces escuchar dos voces sin otra geografía que la isla del blues. También subieron Betsy Pecanins y Male Rouge, descritas por Branch como “my princess” y “a sexy girl”.

Como era de esperarse, el lugar se llenó; y entre los presentes no faltaron músicos extraordinarios y figuras de la farándula: Jaime Holcombe, Betsy Pecanins, Iván Lombardo, Ingrid Ojos de Mar (que acaba de llegar de Argentina y que me trajo un hermoso recuerdo de Villa Gesell), Malena Fonrouge (Male Rouge), Hernán Silic (Pelusa), Raúl de la Rosa, Octavio Soto (El Charro) y Javier García, entre otros.

Lalo Serrano, dueño del lugar, hizo milagros para que el servicio estuviera a la altura de las circunstancias. Apenas un día antes, el bar man (Adrián) se había despedido; sin embargo, Lalo fue pulpo que atendía todas y cada una de las solicitudes de su equipo, al que, a propósito, se integraron dos nuevas y lindas meseras: Mariana y Dannet.

Esta noche seguimos. Y la cosa promete mucho, porque son Las Señoritas de Aviñón quienes abren la velada. ¿Y qué otra cosa puede hacer un pobre muchacho como yo, más que escuchar buen blues este viernes?





jueves, febrero 02, 2006

Billy Branch I

Por fin llegó Billy Branch a la Ciudad de México, y anoche tuve la oportunidad de presenciar parte del ensayo realizado en Ruta 61, con Vieja Estación, la extraordinaria banda que lo acompañará durante sus tres presentaciones en el Hoochie Coochie Bar.

Lalo Serrano no es sólo el inteligente dueño de Ruta 61, sino que además se ha convertido en un excelente promotor cultural, capaz de arriesgarse como empresario y traer a figuras extranjeras de calidad tangible que enriquecen la experiencia musical de nuestra ciudad: Maxx Cabello, John Markiss… y ahora, el que fue armonicista de Wllie Dixon. Esto, añadido al momento de esplendor que viven varias bandas locales, como Las Señoritas de Aviñón, Memo Briseño, Betsy Pecanins, el Charro y sus Moonhowlers, AKA, entre otras.

¡Gracias, Lalo, estamos encantados!

Comprobé algo que he sabido desde hace tiempo: Vieja Estación está a la altura del compromiso que significa acompañar como banda a un músico formado en la mejor escuela del blues. Así que, a partir de esta noche, tendremos tres espectáculos al nivel de nuestra urgencia de buena música.