martes, julio 22, 2008

La fiesta inolvidable

¡Es nuestro bar, es nuestro restaurante,
es nuestra música, es nuestro Ruta 61!



LAS SEÑORITAS DE AVIÑÓN VIEJA ESTACIÓN CLAUDIA DE LA CONCHA Y UN PERRO ANDABLUES CHARLES MACK MACHY MADCO LA DALIA NEGRA MALE ROUGE VÍCTOR MÉNDEZ Y DOMICILIO CONOCIDO CLAUDIA OSTOS PANGEA SAMMY BOY Y SUS BLUESMAKERS LARIFER HERNÁN HECHT Y X-PRESSION LALO CHICO CANNED HEAT PHIL GUY GILES COREY LUNA BLUES MUD MORGONFIELD GUITAR SHORTY KATHERINE DAVIS WILLY BIG EYES SMITH MOJO BUFORD REAL DE 14 JOSÉ CRUZ JAVIER BÁTIZ EL CHARRO Y LOS MOONHOWLERS COLECTIVO ZEBRA GUADALOOP WORK IN PROGRESS BILLY BRANCH JOHN MARKISS DEITRA FARR LUIS ROBINSON THE NORTH SEA COYOTES DAVE SPECTER CARLOS JOHNSON PEACHES STATEN LURRIE BELL SHARON LEWIS ÁNGEL DMAYO ROSY CERVANTES LOS PECHOS PRIVILEGIADOS BLUES Y SOMBRA VINO LOUDEN BETSY PECANINS GUILLERMO BRISEÑO FOLLAJE SALIDA DE EMERGENCIA GRANA LOUISE ALONSO ARREOLA ALEX OTOALA EMILIANO JUÁREZ Y LOS 3,000 HOMBRES LOS REYES DEL K.O. WALKING BLUES MAX CABELLO AKA ALAN DERBEZ FEDERICO LUNA RAFAEL HERRERA JAIME LÓPEZ LOS GATOS MONTSE REVAH ALEJANDRO MARCOVICH BIG BAND JAZZ DE MÉXICO HARLAN TORSON JEFFERY JAMES MARTY BLINDER MELVIN SMITH RADIO BLUES OSAMU MENÉNDEZ DEL WATER RIBAIBAL MATERA IVÁN LOMBARDO HEBE ROSELL SHIRLEY JOHNSON ZORA YOUNG LONNIE HARRISON SAM LAY NICK CHARLES MOSE RUTUES DON FUNK WICHILI McCOY LAS BLUSAS...

¡Ruta 61 cumple 4 años!

y con Sharon Lewis, vamos a celebrar en grande.


Protagonista central de los más explosivos espectáculos de blues de Chicago, Sharon Texas Fire Lewis (Fort Worth, 1952) está ligada a nombres fundamentales y fundacionales del género, desde Koko Taylor hasta Billy Branch, pasando por Son Seals, Robben Ford y Melvin Taylor, ya sea porque ella ha abierto sus conciertos o porque, incluso, ha sido integrante de sus bandas.

Asimismo, durante poco más de una década, su voz se ha escuchado en los clubes más importantes de Chicago (el Kingston Mines, el Buddy Guy’s Legends y el Rosa’s Lounge, entre otros) y en diversos festivales alrededor del mundo (en 1998, por ejemplo, realizó una larga gira por varios países de Europa con la Next Generation Band).

Entrado el nuevo siglo, Sharon se incorporó a la banda de Billy Branch (The Sons of the Blues), y el público pudo entonces comprobar la grandeza de su voz. Cada vez que se presenta en alguna ciudad del mundo, la crítica local manifiesta de manera entusiasta sus propios reconocimientos, como fue el caso, en marzo de 2001, de Liberec, ciudad checa que nombró a Sharon la vocalista del mes. En la misma capital del blues, el Chicago Reader otorgó a Lewis el Critics Choice que da este semanario a lo más relevante de la escena local.

Hoy, Ruta 61 puede decir con orgullo que un porcentaje importante de The Sons of Blues ha pisado su escenario: Billy Branch, Lurrie Bell, Carlos Johnson… y ahora Sharon Lewis.

Con el propósito de garantizar la calidad original de Sharon Lewis, la cantante estará acompañada por miembros de Vieja Estación, banda argentina que ha demostrado no sólo talento y calidad, sino, además, una sorprendente capacidad para sostener el alto nivel de músicos de la estatura de John Markiss, Billy Branch, Peaches Staten, Grana’ Louise, Dave Specter, Lurrie Bell, Carlos Johnson, Phil Guy y Deitra Farr, entre otros.

José Luis Sánchez, tecladista de Vieja Estación, no pierde el tiempo: aquí lo vemos protegido por Peaches Staten y Sharon Lewis.

Es conveniente hacer reservaciones anticipadas para cualquiera de los tres días, llamando a los teléfonos de Ruta 61: 5211-7602 y 5256-0667 (o escribiendo a eduardo@ruta61.com). El cover es de 200 pesos el jueves, y 250 pesos el viernes y el sábado.

Ruta 61, Avenida Baja California 281, Colonia Hipódromo Condesa, entre Culiacán y Nuevo León, a dos cuadras del Metro Chilpancingo.

lunes, julio 21, 2008

Ya no es lo mismo

SIETE MESES SIN TI...
CONTIGO




Ya no es lo mismo
Se sugiere quitar el sonido mientras se carga todo el audio.
Para Gerardo María, mi gemelo precioso,
en recuerdo de aquella noche de agosto de 2006,
unos horas antes de su operación
y cuatro meses antes de su partida.



Aquella noche lloramos,
mirando todo distinto.
Dijiste: No te me vayas.
Quedamos de no morirnos.

Y ahora yo estoy andando las horas.
Y ahora yo estoy tocando el abismo.
Ya no es lo mismo decir que estoy vivo.
Ya no es lo mismo, ya no es lo mismo.

Aquella noche yo puse
mi mano sobre tu pecho.
Sentiste el ardor de mi fuego,
el ruego de mi alma quebrada.

Te dije: No llores.
Te di muchos besos.
Te dije: Tú duerme, yo velo tu sueño.
Ya no es lo mismo decir que estoy vivo.
Ya no es lo mismo, ya no es lo mismo.

Aquella noche llovía,
el puerto estaba anegado.
Tejimos tormentas y amores,
secretos, canciones y olvidos.

Y ahora tú estás andando mis sueños.
Y ahora tú estás tocando mi abismo.
Ya no es lo mismo decir que estoy vivo.
Ya no es lo mismo, ya no es lo mismo.

9 de julio de 2008
Grabación casera:
Deprisa Bordonaro Pardavé
y Bugalú Peniche

viernes, julio 04, 2008

¡Ruta 61 cumple cuatro años!

¿Quieres saber, sorprendido lector,
cómo vamos a celebrar cuatro años de blues?


El miércoles 23 de julio será inaugurado el Restaurante Ruta 61. Puedes visitarlo a partir de la una de la tarde de ese día. ¡Es nuestro restaurante, es nuestra música, es nuestra querida ruta!

Y al otro día...

¡Sharon Lewis en concierto!
No sólo el jueves 24, sino también el viernes 25
y el sábado 26 de julio.

¿Qué busco con el blues?
¡Correr el mayor de los riesgos!
Compartir mi intimidad.
Sharon Lewis


Protagonista central de los más explosivos espectáculos de blues de Chicago, Sharon Texas Fire Lewis (Fort Worth, 1952) está ligada a nombres fundamentales y fundacionales del género, desde Koko Taylor hasta Billy Branch, pasando por Son Seals, Robben Ford y Melvin Taylor, ya sea porque ella ha abierto sus conciertos o porque, incluso, ha sido integrante de sus bandas.

Asimismo, durante poco más de una década, su voz se ha escuchado en los clubes más importantes de Chicago (el Kingston Mines, el Buddy Guy’s Legends y el Rosa’s Lounge, entre otros) y en diversos festivales alrededor del mundo (en 1998, por ejemplo, realizó una larga gira por varios países de Europa con la Next Generation Band).

Entrado el nuevo siglo, Sharon se incorporó a la banda de Billy Branch (The Sons of the Blues), y el público pudo entonces comprobar la grandeza de su voz. Cada vez que se presenta en alguna ciudad del mundo, la crítica local manifiesta de manera entusiasta sus propios reconocimientos, como fue el caso, en marzo de 2001, de Liberec, ciudad checa que nombró a Sharon la vocalista del mes. En la misma capital del blues, el Chicago Reader otorgó a Lewis el Critics Choice que da este semanario a lo más relevante de la escena local.

¿Y sabes qué banda va a cobijar a la Lewis con su talento, su destreza, su humor y su inteligencia? ¡Vieja Estación, por supuesto!

Mientras llegan esos días, recuerda que hoy, viernes 4 de julio, toca Triángulo del Placer: Che Gaucho, Groove y Ruta 61, lugar este último donde se presentan dos excelentes bandas: Un Perro Andablues (con Claudia de la Concha) y Machy Madco Trío. Y mañana sábado, Vieja Estación, en cuyo repertorio están colándose, para mayor gloria del blues, joyas de Chuck Berry.




jueves, junio 26, 2008

Machy Madco en el New Orleans


Fue el miércoles 19 septiembre de 2007 cuando conocí a Machy Madco y a María Mordoj, su compañera, poeta ella y productora de espectáculos. Llegaron a Ruta 61, acompañados de Ángel DMayo (guitarrista argentino) y Javier Corona (baterista mexicano). Esa tarde también llegó al bar el excelente bajista de Chicago Charles Mack, para ensayar con Vieja Estación su espectáculo.

Nueve meses más tarde, llega a mi buzón la feliz noticia de que Machy se presenta en el New Orleans, acompañado de Carmen Gómez (voz), Diego Bascur (teclados) y el espléndido baterista Fernando Alcalde, nuestro querido Foca. Dos mexicanos y dos argentinos reunidos para, sin duda, ofrecernos un espectáculo de música exquisita: temas propios e interpretaciones de Hancock, Miles Davis y Stevie Wonder, entre otros.

Transcribo aquí lo que en noviembre del año pasado publiqué sobre Machy:

Músico impecable, soberano del ritmo y la armonía, con un profundo conocimiento del valor de los silencios y de la pausa repentina, Madco es un músico que de veras sabe timonear, es decir, no es un bajista que se esconde y cubre las apariencias con simples marcas de tiempo, sino alguien que, con la pericia de los sabios, asume el compromiso de llevar a la banda de una orilla a la otra, sin grietas, sin naufragios, sin hacer agua, y aun se da tiempo de recrearse en la melodía, esa bendita conciencia plástica de la música.

No hay pierde el sábado: Elisa Andrea y yo vamos a realizar una gira de locura.

Comenzaremos, a las cuatro de la tarde, en el Che Gaucho de los Hermanos Brontese, en la calle de Aguascalientes, a unos pasos de Insurgentes (una pechuga a la napolitana, para que el bife de chorizo descanse de nosotros); luego, a eso de las ocho, una visita al Groove, para saludar a Manuel Sekkel e Ignacio Espósito, a Ariel (el chef), a Erika (la mesera de cabecera), a Ray (el barman) y a quien se aparezca por el número 9 de Citlaltépetl (entre Ámsterdam y Ozuluama). A las diez de la noche estaremos llegando puntuales al número 1600 de Avenida Revolución, en San Ángel, donde está el New Orleans, para gozar del cuarteto de Machy Madco (ahí podríamos cenar algo sencillo, si es que los meseros del lugar –decadentes, apolillados, malencarados, groseros- no me quitan el apetito). Al final, saludamos a María, a Machy y al Foca, agradecemos el ungüento de su música y corremos de nuevo a La Condesa para escuchar a Pangea o a Claudia de la Concha y Un Perro Andablues, la banda que cierre la noche en Ruta 61 (Baja California 281, entre Nuevo León y Culiacán, a dos cuadras del metro Chilpancingo).

Y a ver cómo le hace Elisa Andrea para llevar a su abuelo a misa a las ocho y media del domingo. Digo, porque dudo que pueda yo levantarme (podría negociar con ella: déjame levantarme a las nueve y media... y te invito a desayunar carnitas en el mercado).

sábado, junio 21, 2008

¡Salva un libro!

Esta entrega, gemelo precioso, va dedicada a ti y a tu eternidad, que hoy cumple seis meses.

Mi amigo Raúl Bretón acaba de darme la noticia: la Secretaría de Cultura del GDF y el Auditorio Nacional organizan, a través de la Coordinación del Programa de Fomento a la Lectura Para leer en Libertad, la Segunda Venta de Bodega de Libros de Remate.

Compra un libro para que siga existiendo, en lugar de que tenga que ser destruido.

¿Destruido? ¡Sí, destruido!

Pasa que la industria editorial tiene sus bodegas llenas de libros que han pasado por venta, rebajas y saldos, y el problema es que no tiene cómo deshacerse de ellos: tiene prohibida la donación, a menos que pague un impuesto por hacerlo.

A la industria editorial no sólo le cuesta el almacenamiento de dichos libros, sino que además tiene que pagar un dinero por activos fiscales. Por tal motivo, algunas editoriales se ven en la necesidad, a veces, de triturarlos.

Tampoco hay que poner el grito en el cielo, no seamos fetichistas: es papel y tinta, no es un ornitorrinco al que hay que proteger de los cazadores furtivos. Flaco favor hacen al libro quienes lo vuelven objeto de culto y lo coleccionan con la misma fruición de quien acumula timbres postales o vacas de porcelana.

Sin embargo, es un hecho que vivimos tiempos donde el libro experimenta una paradoja social: aún es cosa venerada y prenda bien vista; pero, de manera simultánea, es no-leído (hay una sutil diferencia semántica entre no es leído y es no-leído), no es vivido; y esa no-lectura, esa no vivencia se convierte en el más triste y amargo de los desprecios.

Si Ray Bradbury imagina, en Farenheit 451 (1953), un mundo donde se persigue a los pocos lectores y los libros son quemados, cincuentaicinco años después de esa truculenta fantasía nos encontramos en un mundo real donde libros y lectores son prácticamente ignorados.


Prohibido fumar,
y de preferencia favor de no leer.


Si los fumadores ya fuimos convertidos en leprosos, los lectores vivimos desde hace mucho tiempo la condición de raros que deben esconder sus inclinaciones. Y no es que nos corran de los parques y de los establecimientos públicos, sino que nos lanzan lo que Lewis Carroll llamaría el involuntario sotlusni, es decir, el insulto al revés, la ironía que no se reconoce a sí misma:

-¡Ay! Tú eres muy culto, ¿verdad? ¿Y has leído todos los libros que tienes aquí?

Traducida a su verdad íntima, la pregunta anterior busca corroborar la sospecha de quien la pronuncia: que el lector pertenece muy probablemente a una tarica que busca el nafs, la marifa y la jaquica a través de la revelación coránica (no importa lo que ello signifique, para el no lector el sí lector es miembro de una secta esotérica).

Aunque los temores de algunos van más allá del misterio: para quien considera al libro como chinicuil con guacamole (algo que quién sabe si me atreva a masticar), la lectura de los clásicos es considerada un tipo de depravación sexual, acaso la que más se evidencia contra natura. Y puedo demostrar mi afirmación mediante un experimento...

Siéntate, lector, entre televidentes que siguen la transmisión del enfrentamiento balompédico entre Holanda y Rusia; sírvete, como ellos, una cerveza fría, y apenas Pavlyuchenko venza a Edwin Van der Sar e introduzca el esférico en la portería de los holandeses, unos segundos después de que tus compañeros hayan perdido el aliento por celebrar el gol, pregunta casi desde la pedantería, que tan bien te sale:

-¿No les recuerda este momento el sensacional pasaje de Flaubert en que Emma Bovary estalla de gozo en la carroza y besa un crucifijo para convertir su orgasmo en explosión hirviente, apenas el amante se mete en ella?

-¿Qué? ¿Eh?

-¡Que somos el esperma de León Dupuis! Es decir, así imagino a la pareja en la carroza, húmedos de alegría y de placer, y entre las piernas de Emma un derrame de gritos por el gol de León Pavlyuchenco.

-Se llama Roman Anatolevich...

-Pero es León dentro de Emma...

-¡Es un pinche partido de fútbol, no mames!

En resumen, utilizar los libros como códigos del entusiasmo es tan outside como encender un cigarro en Ruta 61: hazlo, y todos te mirarán indignados y con cara de fuchi, y José Luis-el diligente capitán del bar- te pedirá que apagues el Cilindro de Belcebú o que hagas el favor de retirarte.

Se me ocurre aquí una deliciosa mezcla de actos vergonzosos. ¿El título?


Natalia Ruiz Ochoterena
y Deprisa Bordonaro Pardavé
retozan con Bugalú Peniche


La escena sucede a las 4:23 de la tarde, en una casa abandonada de la colonia Portales: huele a humedad, la duela crujiente del piso ha perdido su esmalte, y las raídas cortinas de terciopelo verde no detienen los haces de luz vespertina, hilos de mantequilla que atraviesan el salón principal como tímidos rayos láser en la noche de un museo.

Natalia y Deprisa han decidido hacer de Bugalú Peniche su juguete (él ríe y canta quedo: su muñeca, eso soy, la que tienen arrastrándose a sus pies; su juguete, sí señor, su juguete cuando juegan al amor; su muñeca, nada más, la que usan y que tiran y ya está).

-Cállate, susurra tiránica Deprisa.

Natalia lo besa con parsimonia, y lo encuera lentamente, sin apremio, en cámara lenta, como si desprendiera vestigios de tela de un cuerpo lacerado.

-¿Te toco o te tiento?, dice entre dientes la prima de Bacilio, y Bugalú deletrea sílabas en el borde del gozo que lo ahoga:

-¡Muérdeme quedito, pero con ganas!

Mientras, Deprisa –con su camiseta Rimbros como único atavío- se sienta en Bugalú (en su pecho de vellos canos) y lo ata a las patas de la mesa. Una y otra, calipigias inevitables de piel apiñonada, rozan con sus tetas suficientes la piel palpitante de Peniche. Y cuando Natalia comprueba con manos, boca y ojos la alegría del Amor Erguido, usa el obelisco palpitante de atril caliente, recarga en él La Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa y lee de la novela morisca el pasaje en que Abindarráez confiesa a Jarifa que debe regresar a prisión.

¿Por qué, cómo, cuándo, dónde?

En un mundo que desprecia los libros, en un mundo que los condena a la extinción, creo que salvar uno de ellos es un gesto de civilización ante la barbarie del entorno.

La Secretaría de Cultura del GDF, para evitar esta práctica tan terrible, ha decidido hacer una gran venta de bodega para poner los libros a precio de remate.

Veámonos todos en el Auditorio Nacional, entre el martes 24 y el domingo 29 de junio (todos esos días, entre las 11 de la mañana y las 7 de la noche). Hagamos de esto un carnaval erótico. Porque el buen libro es el mejor juguete sexual.

Créditos de fotografía

Foto 1. Agustín Aguilar Rodríguez (1962)
Foto 2. Marco Martínez, quien me permitió trabajarla un poquito en Photoshop (2008)
Foto 3. Rafael Martínez Herrera (2008), scanner.
Foto 4. Información pendiente

jueves, junio 19, 2008

In Memoriam

Lilián Cisneros
(1969-2008)

Ruta 61 y El Blues de la Estufa Divina
se unen a la pena de nuestro amigo Jorge Escalante
por la pérdida de su amada esposa.


Personalmente, Jorge,
te mando un abrazo lleno de cariño.



miércoles, junio 11, 2008

Si ves llover, no te hinques...

Refúgiate en Ruta 61,
al calor del blues.
Remoja antes tu garganta en el Groove

Elisa Andrea cruza Avenida Ámsterdam,
cierta noche de Groove/Ruta 61.


Soy un caso perdido de incongruencia ideológica, y asumo feliz mi papel social de proletario sin futuro pero con ínfulas de burgués hedónico. Busco un lugar apacible para esconderme de los perros de Bodega Aurrerá, que ladran para que pague ya mi deuda de Compra Fácil, y decido comer en El Palacio de Hierro. Digo, no es Pujol ni Le Bouchon, pero eso me tiene totalmente sin cuidado: aquí se come rico y barato.

Escribo el borrador de esta entrega a sobre una mesa del Restaurante Gourmet de la tienda de Polanco (creo que así se llama), entre una crema de queso al chipotle, unos tacos Puerto Vallarta y Fusilli al Pesto. Para su viaje a mis intestinos, elijo un un vino que sepa guiarlos sin contratiempos y sin que me esquilme mis Puntos Palacio: un León de Tarapacá Cabernet Sauvignon del 2004.

Los meseros del sitio me tratan con excesiva amabilidad (por mi mal vestir, han de pensar que soy un hombre sencillo que prefiere esconder su fortuna).

-¿Todo bien, don Agustín?
-Sí, muchas gracias. Al rato se me va a antojar un exprés cortado. Pero sabe qué: le pido que de una vez se lleve de mi mesa La Jornada. Ya terminé de leerla, y la gente comienza a mirarme con asco.
-¡Ah, qué don Agustín tan ocurrente! A sus órdenes, señor.

Mientras como, permíteme, lector totalmente indignado, mezclar el calendario de la semana de Ruta 61 con la transcripción de notas que cargo desde hace tiempo y que ya quiero tirar al bote de la basura, junto con el citatorio de la Secretaría de Hacienda, que también me anda buscando para que pague un castigo de setecientos pesos por no haber hecho a tiempo mi declaración de impuestos del año pasado (en ceros, carajo... o casi; ya no me acuerdo: era Gerardo María quien me llevaba mis asuntos financieros).

I. JAM SESSION con la Ruta 61 Blues Band. Es probable que leas esto a media tarde del miércoles 11 de junio, que es hoy. A ver si es chicle y pega:
Ésta puede ser tu gran noche. Si tocas blues, súbete al escenario y demuestra tu talento. Déjate acompañar por músicos talentosos dispuestos a seguirte y concentrarse en ti. Como todos los miércoles, hoy no hay cover.


II. El hombre de cera

Qué cosa más rara volví a soñar (porque la primera edición de este sueño se transmitió hace ya varias semanas, y volvió a ocurrir antenoche): soy un detective privado. Con el propósito de recabar información acerca de un crimen, me doy una vuelta por la oficina del jefe de la policía, quien al momento de mi visita se encuentra acompañado por un hombre misterioso, ligeramente pasado de peso, barbado, con lentes de alta graduación y cubierto con una gabardina color crema. El hombre no me inspira confianza, y me pongo a la defensiva al ver que su mirada penetrante termina hipnotizando al anfitrión (y lo hace para controlar su voluntad).

Los tres personajes nos levantamos y salimos de la estación de policía. El edificio es idéntico al Capitolio de La Habana: puedo ver, incluso, al mirar hacia abajo, a los transeúntes que deambulan por una avenida semejante a la calle Prado. Pero no es La Habana ni es la calle Prado, y no son cubanos quienes caminan por ahí. Es otra ciudad.

Súbitamente, el hombre barbado se lanza hacia mí e intenta colocar sus manos alrededor de mi cuello; pero logro liberarme, y lo empujo con tal fuerza que el tipo trastabilla y cae por las escaleras del Capitolio. Mientras, el jefe de la policía despierta del estado de sugestión, me toma del brazo, agradecido, y me revela la identidad del bellaco…

-Es el Hombre de Cera…

Y, sí, no me cabe duda de que se trata de el Hombre de Cera, porque en su caída se rompe la crisma, descubriendo su interior: nada. El Hombre de Cera es hueco.

III. Blues y Sombra. Jueves 12 de junio. Cover: 60 pesos. La verdad, no he escuchado a este grupo. Sólo conozco un video que aparece en YouTube, donde Blues y Sombra invita a Claudine de la Coquille a cantar. Pero en el número 36 del boletín de Ruta 61 (The Little Red Rooster) escribí algo que no me compromete: Asistir a una tocada de Blues y Sombra es atravesar una experiencia de algo intenso y crudo. Dispuesta a entregarse completo en cada presentación, la banda hace honor a su nombre: su manera de entender el blues es asombrosa.

IV. Stockhausen III (Volvamos a Parménides de Elea)

Nota: Stockhausen II está en la entrega del 23 de marzo de 2008.

Leer a este presocrático es muy sencillo. Entenderlo, quién sabe. Su doctrina se base en la afirmación del ser y el rechazo del devenir (el cambio). Diría don Parménides:

-A mí que no me vengan con multiplicidades del ser. Yo soy uno solo, no varios. Y si esto es cierto, entonces el devenir es nada, una ilusión. Porque si yo aceptara que hay cambios, tendría que admitir que yo ya no soy el que fui… o que hay varios Parménides. Sea como sea, esto es un disparate. No hay devenir, porque soy uno.

Pero hay más: en Sobre la naturaleza, el poema filosófico en hexámetros de Parménides, el filósofo afirma que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio, y con ello formula la Ley de Impenetrabilidad. Juguemos con esa idea...

Digamos que el espacio parménico es mi mente, y los cuerpos a los que se refiere el griego son los objetos elegidos (Piazzola y Turgueniev).

El propósito sería el mismo de Pavic: separar la percepción auditiva de los pensamientos, y dejar entonces que la música entre a uno sin posibilidades de significación, es decir, de alteración de la pureza de los sonidos. La energía racional se irá hacia otro lado, hacia el libro. El libro servirá de pararrayos.

Ya. Ha pasado un poquito más de una hora. El disco termina con Last tango for Astor, la única pieza del disco que no pertenece a Piazzola. En cuanto a Padres e hijos, avancé poco, naturalmente: llegué al momento en que nos enteramos cómo Nikolai Petrovich Kirsanov conoció a segunda esposa, la jovencísima Fiedosia Nikolaievna (Fienichka).

Pero no. La experiencia me incomodó. Así no se puede. No disfruté ni a Piazzola ni a Turgueniev. Concluyo, entonces, mi paráfrasis de Parménides: dos cuerpos estéticos no pueden ocupar el mismo espacio mental, al menos en mi caso. Puedo leer Padres e hijos en el Metro (porque soy capaz de ignorar el entorno), pero para la música que me gusta me es indispensable la concentración de los sentidos, aquella concentración que me ubica espiritualmente sobre el sendero que conduce a la experiencia de lo divino (la contemplatio del cristianismo medieval).

V. Un Perro Andablues y Las Señoritas de Aviñón. Viernes 13 de junio. Cover: 60 pesos.

Claudia de la Concha y Un Perro Andablues
nos devuelven la oportunidad de soñar. Músicos de verdad se reúnen en torno a la voz apasionada e impetuosa de una mujer extraordinaria. Las Señoritas de Aviñón, por su parte, son una banda exquisita que devuelve al presente la realidad mítica del blues a través de la interpretación y de la creación misma.

VI. Stockhausen III. La depresión creadora

En mayo de 1968, Stockhausen recibió una carta de Mary Bauermeister, su pareja de entonces, donde ella le avisaba que había decidido abandonarlo. Karlheinz ya esperaba esa decisión, pero la confirmación escrita fue devastadora, y el compositor cayó en una profunda depresión: se aisló, estuvo siete días sin comer y escribió quince textos cortos (los cuales modificaron radicalmente su música).

Hay mucha improvisación en Aus den sieben tagen. Se trata, sin embargo, de una improvisación elaborada, si vale la paradoja: las referencias culturales van más allá de la simple intención musical: Stockhausen llama a esto música intuitiva, y en ella cada intérprete tiene libertad absoluta, apenas acotada por un texto indicativo.

Hay que advertir que las indicaciones de Stockhausen no son muy cómodas: Richtige Dauern, por ejemplo, parte del siguiente texto:

Interpreta un sonido, por el tiempo necesario, hasta que sientas que debes parar. Interpreta otro sonido, y sigue así (…). Cada vez que toques o te detengas, sigue escuchando a los otros…!

Seguiremos con
Stockhausen en otro entrega.

VII. Vieja Estación toca a Vieja Estación. Sábado 14 de junio. Cover: 60 pesos

¿Qué tiene Vieja Estación que nos ha devuelto el gusto por el rock and roll? ¡Pues eso, precisamente, rock and roll!

Este próximo sábado, la mejor banda de rocanrol de la ciudad ocupará el escenario de Ruta 61 para mostrarnos sus canciones… y algo más: aquellas que aparecen en sus dos discos editados (Vieja Estación y Todo perro tiene su día), y las que quedarán registradas en su próximo producción discográfica.

miércoles, junio 04, 2008

La Semana en Ruta 61

JAM SESSION
con la Ruta 61 Blues Band
Miércoles 4 de junio

Ésta puede ser tu gran noche. Si tocas blues, súbete al escenario y demuestra tu talento. Déjate acompañar por músicos talentosos dispuestos a seguirte y concentrarse en ti.

Desde Claudia, con amor…
Jueves 5 de junio

Claudia de la Concha y Un Perro Andablues nos devuelven la oportunidad de soñar. Músicos de verdad se reúnen en torno a la voz apasionada e impetuosa de una mujer extraordinaria.

Esta banda ha encontrado suficientes motivos para la confluencia de sueños vueltos música, convergencia cuyo propósito se centra en una nueva lectura de la realidad, una lectura decodificada en sonidos, ritmos, armonías, melodías, gemidos.

Ven y sé testigo de una voz que está creciendo, madurando, tomando forma, cobrando un estilo. Bien dice el canto de sus seguidores: ¡Clau… día a día te pones mejor!

¡Vuelve nuestro clásico de clásicos!
Viernes 6 de junio

Las Señoritas de Aviñón, una banda exquisita que devuelve al presente la realidad mítica del blues a través de la interpretación y de la creación misma.

Vieja Estación, banda de rocanrol capaz de tocar el blues como el Diablo manda, llena el bar con música de las vísceras, música tejida con frases que salen del pozo más profundo del alma. Con el blues de esta banda mexicano-argentina, nos miramos al borde de un carretera abandonada y mascullamos su verso apotegma: cambio los zapatos, pero no cambio el camino.

El único error que podría cometerse esta noche es el de no estar presente.

La Dalia Negra y Sammy Boy
Sábado 7 de junio


La Dalia Negra es la banda liderada por el talentoso Daniel Osornio Reséndiz, músico de sonrisa permanente que nos lleva desde Red House, de Jimi Hendrix, hasta los más exquisitos bocados de Elmore James. Con La Dalia Negra, el sábado significa satisfacción garantizada.

Asistir a una tocada de Sammy Boy es vivir una experiencia de algo intenso y crudo. Dispuesto a entregarse completo en cada presentación, Sammy es un espectáculo en sí mismo, parecido al Metro Tacubaya en horas pico.

martes, junio 03, 2008

In memoriam

Poco a poco, el siglo XX se va...
Dos gigantes se despiden

Sydney Pollack
(1935-2008)

Bo Diddley
(1928-2008)

sábado, mayo 24, 2008

EL MEJOR VINO DE CHICAGO

¡Vino Louden,
por primera vez en México!
El guitarrista de Koko Taylor ofrecerá
tres funciones en Ruta 61.


Eduardo Serrano sigue coleccionado el mejor blues del mundo.
Aquí lo vemos con Bugalú Peniche

en una escena de la película El Nachgeschmack de la Chimichanga.

Todavía con el buen sabor de boca que nos dejaron, en los meses recientes, Billy Branch, Grana Louise y The North Sea Coyotes, Lalo nos tiene un manjar de dioses…

Calvin Vino Louden se presenta por primera vez en nuestro país, los días 29, 30 y 31 de mayo, a partir de las 21:00 horas. Ofrecerá un espectáculo de blues de altísima calidad y con la garantía de volverse un parteaguas en la vida de todos.

Para tener una muestra del guitarrista, aunque diminuta y descarnada (poquito, porque es bendito), puedes, lector ansioso, apachurrar la última palabra de esta oración. Te encontrarás con la página oficial de Louden. Llegandito, vete a Media. No son la brevedad y la digitalización las mejores condiciones para disfrutar de este Vino, pero al menos comprobarás algo: llega a México un maestro del blues.

Cantante y compositor, además de guitarrista explosivo y líder de la banda de Koko Taylor durante últimos diez años, Vino Louden ha grabado no sólo con la Reina del Blues sino también con Buddy Guy y Junior Wells, y su sonido ha generado siempre respuestas entusiastas entre los amantes del género, respuestas que rondan los conceptos de intensidad y energía musical.

Su talento indiscutible ha llevado a Louden a participar en giras con B.B. King, Bonnie Raitt, Keb Mo, Robert Cray y Johnny Lang, entre otros.

Aquel que adore a la Koko Taylor de la última década, sabe que dentro de su veneración debe incluir a Vino Louden, con su carisma y su teatralidad desparpajada. Es, sin duda, uno de los auténticos espectáculos del blues actual.

Junto con otros guitarristas contemporáneos (Carl Weathersby, Carlos Johnson y Bernard Allison, por ejemplo), Vino lleva en sus manos el futuro del blues. Su disco Vino Louden Live (2003) sigue provocando palabras de admiración y de entusiasmo entre la prensa especializada.

Con el propósito de garantizar la calidad original de Vino Louden, el guitarrista estará acompañado por miembros de Vieja Estación, banda argentino-mexicana que ha demostrado no sólo talento y calidad, sino, además, una sorprendente capacidad para sostener el alto nivel de músicos de la estatura de John Markiss, Billy Branch, Grana’ Louise, Dave Specter, Carlos Johnson y Deitra Farr, entre otros.

Es conveniente hacer reservaciones anticipadas para cualquiera de los tres días, llamando a los teléfonos de Ruta 61: 5211-7602 y 5256-0667 (o escribiendo a eduardo@ruta61.com). El cover del jueves 29 de mayo es de 200 pesos; viernes 30 y sábado 31, el cover es 250 pesos. Estos precios resultan simbólicos, si consideramos que un concierto de esta naturaleza costaría en otro tipo de recinto arriba de los 500 pesos. Además, Ruta 61 ofrece la cercanía con el blues y el contacto directo, casi personal, con músicos de ligas mayores.

Nuestras excelentes bandas de casa, Las Señoritas de Aviñón y Vieja Estación abren el viernes y el sábado, respectivamente.

Ruta 61, Avenida Baja California 281, Colonia Hipódromo Condesa, entre Culiacán y Nuevo León, a dos cuadras del Metro Chilpancingo.

In Memoriam

CARLOS SÁNCHEZ
9 DE JUNIO DE 1954
24 DE MAYO DE 2006


Carlos, hace dos años comenzó tu inmortalidad.
Poco a poco, más temprano que tarde, estaremos contigo.

Va para ti, para Josefáin y para todos los tuyos
la canción que estás escuchando.
Llegando a ti
José Alfredo Jiménez

jueves, mayo 22, 2008

Bergman y Liv Ullman

Regalos y préstamos

Luz Elena Videgaray Aguilar
, amadísima sobrina mía, me regaló en diciembre una caja con tres películas de Ingmar Bergman. Una de ellas es La hora del lobo (Vargtimmen, de 1968), con los emblemáticos Max von Sydow y Liv Ullman.

Max es un pintor llamado Johan Borg; Liv es Alma, su esposa.

Alentada por una old lady con sombrero (Naima Wifstrand), Alma se atreve a leer el diario de su marido, y encuentra en el cuaderno pasajes que hablan de una tal Verónica, la primera mujer de Johan:

Mi relación con Verónica fue dolorosa para ambos. La seguía en las calles, celosamente. La espiaba. Creo que mi pasión la estimulaba, pero siempre era pasiva e indecisa. Casi siempre terminábamos en peleas temerosas lejos de lo razonable (...). Luego vino el esposo a buscarla. Me mandaron al hospital. No nos vimos por años...

Nota, lector, la traducción estúpida: peleas temerosas. ¿Peleas temerosas? ¿Qué es eso? El subtitulaje en inglés dice frihtening confrontations, pleitos aterradores, peleas espantosas, madrazos cabrones, lo que sea... ¡pero no peleas temerosas! Este último adjetivo se aleja enormemente de lo que Borg quiso decir; de hecho, la idea se vuelve absurda.

¡En fin! Ya sabe uno a qué atenerse con el subtitulaje: hay que sospechar de él.

La cosa es que la tal Verónica se apellida Vogler...

Vogler, Vogler –repito en mi mente-. ¿Dónde he escuchado ese apellido? ¡Ah, claro, ya me acordé! Antes de recibir mi regalo, LuzE me prestó Infiel, película dirigida por Liv Ullman con base en un guión de Ingmar Bergman. ¿Y cómo se llama el personaje que interpreta magistralmente la bellísima Lena Endre? ¡Marianne Vogler!

Busco en mis notas…

¡Aquí está, claro!

Sábado 15 de diciembre, cuatro de la tarde. Terminé de ver Trölosa (Infiel), película del año 2000 hecha con guión de Ingmar Bergman, dirigida por Liv Ullman y protagonizada por dos maestros de la actuación: Lena Endre y Erland Josephson. Distingo a uno y a otro, sin menoscabo de los demás actores: Krister Henriksson, por ejemplo, se luce en el papel de un neurótico depresivo que, al desarrollar celos regresivos, termina convirtiéndose en una criatura perversa capaz de atormentar y aniquilar emocionalmente al ser amado.

Reescribo mi descripción de Henriksson: neurótico depresivo que, al desarrollar celos regresivos, termina convirtiéndose en una criatura perversa capaz de atormentar y aniquilar emocionalmente al ser amado.

¿Dónde he visto eso, dónde? Silencio, mordaz lector, no quiero tu respuesta. Y no sonrías de esa manera. Sigamos con Lena.

Como parte del Royal Dramatic Theatre de Estocolmo, Lena ha hecho a Shakespeare, Ibsen y Moliere, entre otros clásicos, y en esta ocasión su representación de Marianne Vogler (actriz que vive un tórrido y trascendental romance con el mejor amigo de su esposo) es, por decir lo menos, perfecta.

¿Marianne Vogler, dije? ¿Vogler? ¿No es el mismo apellido de Verónica en La hora del lobo, de 1968?


Erland Josephson

Lena Endre y Erland Josephson en Trölosa

¡Y qué decir de nuestro querido Erland! Octogenario ya, vuelve a dar cátedra de cómo se actúa el silencio, como se lleva el silencio al cine, cómo se concentra el cine en un rostro y cómo un rostro puede conducirnos a los más profundos abismos del alma en un instante.

Sobra decir que el filme es una joya, y que la directora demuestra lo mucho que aprendió de Bergman: el ritmo, el plano cerrado como forma narrativa, la luz y las sombras, el sonido natural, la mesura dramática en diálogos y monólogos, las tomas de una naturaleza que en su simple estar nos recuerda la eterna impavidez del universo ante las desgracias y las tragedias humanas.

La impasibilidad es, a propósito, una de las cuatro dotes de los cuerpos gloriosos, que los exime de padecimiento (¿no percibiste, lector cáustico, la imperturbable actitud del árbol en el que, alguna vez, te recargaste para llorar?).

Por otro lado, un joven Josephson aparece en La Hora del Lobo. Es el Baron von Merkens, quien confiesa al mismo Johan Borg su amor sufriente por Verónica Vogler.

Sobre descubrimientos y subtitulajes, LuzE me responde...

Qué emoción me da leer tu emoción. ¿Sabes qué? Vamos a tener que comprar Infiel. ¿Y sabes? Una de las cosas que me da terror de ver películas que no estén en uno de los idiomas que medio conozco, es precisamente tener que confiar en el traductor. Y si consideramos que es del sueco, seguramente son personas que hablan los dos idiomas y se ponen a traducir, ¡y no es lo mismo! Pero, mira, ya estoy en contacto con algunas personas que podrían ayudarnos. La doctora Marianne Akerberg, lingüista sueca, podría en algún momento interesarse. No lo sé. Una compañera mía, Katarzyna Sanetra, polaca, ya no aguanta mi insistencia sobre la necesidad de una mejor traducción de Kieslovski (en realidad, le encanta la idea).

Qué emoción lo que me cuentas –sigue LuzE-. Fíjate que eso (en la escuela me enseñaron que se llamaba intertextualidad) me deja estática y extática. Me acuerdo que de García Márquez leí primero "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada" (ahí tenía unos 12 o 13 años). Años después (como a los 16) leí Cien años de soledad y me encontré con que uno de los Aurelianos se acuesta con Eréndira. Lloré de emoción. Pero también me da terror. No he acabado el segundo de Terra Nostra por lo mismo. Reconozco algunos personajes: Jean Valjean, el coronel Buendía, Sancho Panza, el Quijote... ¡Pero entonces ningún personaje es gratuito! ¿Y si no entiendo? Si no entiendo, seguro podré disfrutar la obra, pero el placer se verá disminuido. ¿No da miedo no poder disfrutar tanto? Y es que Terra Nostra es una obra maestra, de verdad que sí. ¡Te quiero muchísimo!

Conmovido ante los aciertos y la agudeza de mi sobrina, le presté mi caja de Al Pacino (En busca de Ricardo III, Café de Chinos y Local Estigmatic). No me la ha devuelto, y comienzo a ponerme nervioso.

Nota Bene

La hora del lobo es el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales, cuando los insomnes se ven acosados por sus mayores temores, cuando los fantasmas y los demonios son más poderosos...
Ingmar Bergman

¿Las 4:00 a.m.? -pregunto yo-. A esa hora murió Gerardo. A esa hora compuse Wichili McCoy.

miércoles, mayo 21, 2008

Dios es un proceso

Fotografía tomada por Marugenia Sámano Valenzuela,
la noche del sábado 1 de marzo, mientras el autor iniciaba su rito bautismal
en las aguas tocadas por Nuestro Señor Gerardo.
El autor viste ropas del Pantocrátor.

A cada rato, Gerardo me solivianta: ¡Escribe de mí sin hablar de mí! Eleva tus oraciones sin nombrarme, que yo sabré recibirlas. ¡Soy Wichili McCoy, hermano, me las sé de todas todas!

-¿Cómo?
-Habla de otras cosas sin dejar de pensar en mí. ¿Puedes?
-No puedo hacer otra cosa.
-Entonces, ya estuvo. Cada palabra que escribas inspirada en el amor que me tienes voy a considerarla parte de tu rezo permanente dirigido a mamá.
-¿Mamá?
-Estoy dentro de ella. No sabría explicarte cómo sucede esto, pero estoy dentro de ella. Y ella también está dentro de sí misma. Y aquí, dentro de mamá, pasan cosas lindas. Ninguna de las ideas que desarrollamos sobre el universo se acerca a lo que sucede en verdad. Dios no es una persona, Dios es un proceso. Y toda definición es una fragmentación del ser.


Estos días han sido muy intensos y literalmente patéticos, en cuanto que han agitado con violencia mi ánimo y me han infundido afectos vehementes, entre ellos el anhelo de regresar a un pasado paradisíaco, aquel donde la presencia simultánea de mi madre y de mi hermano me cubría de paz y felicidad. Pero eso no es posible más que en sueños.

La vida ya no será igual.

Con su disipación física, Gerardo me ha hecho asomarme al jardín trasero de la conciencia, ahí donde se encuentra la sospecha aterradora de la nada, no mi nada (me tiene sin cuidado mi futura y absoluta esfumación), sino la nada entre cuyos pliegues se extraviaron mi madre y mi hermano.

-¿La nada?, me pregunta Gerardo.
-Tengo miedo de tu nada. Tengo miedo de la nada.
-¡Pues no pienses en nada! Piensa en todo.


Si entendí bien (las conversaciones con Gerardo son como los dibujos de Escher), todo es (o está en) ese jardín trasero de mi conciencia. Y si ahí habita mi miedo a la nada, también debo reconocer que la maleza me impide percibir otras criaturas, acaso más diminutas que el miedo pero igualmente vivas, como por ejemplo la pulsión de vida, que es como un caracol: su baba es esto que llamamos existencia.

domingo, mayo 04, 2008

The North Sea Coyotes en Ruta 61

Renato Márquez, Bruno Deneckere y Luiz Márquez
The North Sea Coyotes / Fotografía de Jo Clauwaert



Desde hace semanas ando con la urgencia de escribir sobre The North Sea Coyotes, deliciosa y fascinante agrupación que reside en la ciudad de Gante (Bélgica) y que se presentará en Ruta 61 los días 8, 9 y 10 de mayo.

¡Es decir, ya!

Fue a principios de este año que me escribió Luiz Márquez, miembro de Los Coyotes, para avisarme de su milagrosa visita. Y digo milagrosa, porque sólo Dios y Lalo Serrano saben cómo es que los parroquianos del bar tenemos la suerte de vivir experiencias de este calibre.

Con la carta, Luiz me envió además parte de su material, es decir, algunas canciones de Bruno Deneckere, que ahora mismo escucho: Diamond, Trumpet man, Blue sky over Nashville y Jenny Last Night, cuatro joyas que me devuelven la fe en el siglo y en la posibilidad de mantener viva la tradición de las buena lírica.

El trío está conformado por el mexicano Luiz Márquez (saxofón y armónica) y su hijo Renato (violín), más el flamenco Bruno Deneckere (voz y autor de la mayoría de las piezas, líder de la extinta banda The Pink Flowers), y su idea se centra en la creación de una atmósfera íntima pero intensa, acústica pero robusta y vigorosa.

No es que no me guste tocar eléctrico
–confiesa Luiz-, pero sucede que el sonido natural ha acabado por convencerme de que en música no es necesaria la estridencia para alcanzar la corpulencia.

De Los Coyotes sólo he escuchado lo que Luiz me envió; pero ya con eso tuve suficiente: entendí que llega a nuestra ciudad un inaudito fenómeno musical con las piezas de un compositor de belleza singular (no sé cómo decirlo: las de Bruno son canciones que uno desea escuchar toda la vida), y que la banda está a la altura de las montañas que durante cuatro años hemos tenido la oportunidad de contemplar en el bar de todos tan querido. Lalo Serrano –dueño de Ruta 61- siempre ha tenido el acierto y la inteligencia de mostrarnos en vivo otras partes del mundo, de construir puentes para que por ellos transite la música hecha con y por amor (y con calidad, por supuesto). Esta vez, el viaducto levantado llega a Bélgica, y a él se han subido tres músicos dispuestos a reproducir en México su magia y su belleza.

The North Sea Coyotes es una amalgama de géneros bien dispuestos, donde el country blues se vuelve acaso la presencia más notable (esta prevalencia no impide, sin embargo, virajes hacia los ritmos latinos y hacia el mismo jazz).

Así es que tendremos una semana de verdadero agasajo, con música bien hecha y ambiente ajeno al mal gusto que campea en nuestra ciudad. Semana, digo, de regalos exquisitos e inolvidables, gracias tanto al trío del Mar del Norte como a nuestras bandas de casa (Vieja Estación y Las Señoritas de Aviñón). Buen comienzo de mayo, no cabe duda, con tres diferentes maneras de pintar en escena los senderos del blues, con tres colectivos que incluso dibujan -cada uno a su manera- bifurcaciones naturales, caminos paralelos, bulevares desconocidos y hasta decididas desviaciones (¡está bien!, todo cabe en una noche sabiéndolo acomodar, siempre y cuando rijan la inteligencia, la calidad, el talento… y una cierta ética estética).

El Triángulo del Placer

Vivamos esta semana la experiencia del Triángulo del Placer: el jueves, a las siete de la noche, vayamos al Che Gaucho (en la calle de Aguascalientes, junto a Bisquets Obregón y frente a la Farmacia San Pablo); dejémonos consentir por los Hermanos Brontese y disfrutemos ahí de un bife de chorizo acompañado de un vaso de vino tinto (el Magallanes es rico y muy barato).
Elisa come en el CHE GAUCHO

Y después de paladear un flan napolitano y un exprés cortado, a eso de las nueve caminemos por Baja California y lleguemos a Ruta 61, solicitemos nuestra bebida predilecta y dispongámonos a escuchar a The North Sea Coyotes.

Y para cerrar la noche, internémonos en la Condesa para llegar al número 9 de Citlaltépetl, entre Ozuluama y Ámsterdam, donde la casa que fuera hasta hace poco sede de Los Caprichos del Emperador –de la bella Renata Zeller- es ahora el Groove, un acogedor bar que Manuel Sekkel e Ignacio Espósito han abierto para solaz nuestro, de nuestros paladares y de nuestros oídos.

El viernes y el sábado puedes repetir este alegre periplo, lector sin llenadero.

Elisa conversa en el GROOVE con Jaime Avilés
y su amigo Pedro acerca de la masonería
y sobre la inminente llegada a Ruta 61 de The North Sea Coyotes.


Si estás, lector, hasta la coronilla de la mala comida, de la mala bebida y de la mala música; si lo que buscas es un remanso donde se encuentren el gozo estético, la serenidad y la alegría, mi recomendación es que entres al Triángulo del Placer (Che Gaucho, Ruta 61 y Groove). Yo sé lo que te digo.
Elisa sale de los andenes del Metro Chilpancingo
para subir a Avenida Baja California
y caminar hacia RUTA 61.


Elisa a las afueras del Metro Chilpancingo,
a cuadra y media de Ruta 61
(lleva la camisa de su padre, José Luis, capitán del bar).

Elisa y Grana`Louise en la oficina de Lalo Serrano,
el pasado jueves 17 de abril.

Horas más tarde, el ángel de la mañana duerme plácidamente,
soñando en The North Sea Coyotes
(tararea dormida Blue sky over Nashville, de Bruno Deneckere)
y con la siguiente aventura
en el Triángulo del Placer.

martes, abril 22, 2008

Iván Lombardo y root@linux


Sin permiso pero con aviso, transcribo a continuación el texto escrito por Édgar Félix en memoria de su amigo y socio Iván Lombardo, y lo ilustro con algunas fotografías halladas en mi desordenado mundo digital. Pero antes de hacerlo, aprovecho este párrafo y los dos siguientes para comentar sobre un descubrimiento que me sorprende: Iván fue amigo de Roberto Vallarino, poeta fallecido hace seis años.

En los sesenta, Roberto vivía con su madre en la colonia Roma, en la calle de Puebla, casi frente a La Sagrada Familia y a media cuadra del Centro Asturiano. Su casa pertenecía a una docena de construcciones porfirianas con las que se formaba una apacible privada y cuyo patio central fue nuestro campo de tochito y de fútbol soccer. Jugábamos todos, nos rompíamos los pantalones todos, nos raspábamos todos, gritábamos todos, sudábamos todos, excepto dos personas harto diferentes y harto semejantes: Guillermo Tovar de Teresa y Roberto Vallarino. El primero, con sus pantalones de tela fina y sus pesados bostonianos, entretenido en tomar el sol y en silbar pasajes de música barroca; el segundo, dentro de su casa, al fondo de la privada, encerrado en su dormitorio, que era la auténtica recámara psicodélica de los sesenta: ambientada con luz negra, aromatizada con cristales de mirra y decorada con los mejores pósters de la época. ¿La música? Todo Their Satanies Majesties Request, todo Blues from Laurel Canyon y todo el disco blanco de los Beatles, por decir lo menos (su colección de elepés importados era la envidia de sus amigos y conocidos). Dos o tres veces habré entrado al cuarto de Roberto (aunque teníamos la misma edad, él siempre se vio mucho más grande).

Ahora que me entero de la amistad entre Roberto e Iván (no sé si intensa, no sé si profunda), pienso en el segundo y lo veo como la figura en la que confluyen dos caracteres, dos maneras de ser de quienes nos formamos a mediados del siglo pasado, dos modus hodiernus cohabitantes, el de Vallarino y el de Tovar de Teresa, la perfecta mezcla, el equilibrio humano que toma las virtudes de uno y de otro: hambre de conocimiento, pasión por la música, encanto y deseo ante el avant garde, excitación por la vida, amor a la poesía, necesidad de belleza. Y como dichas virtudes (virtus, empresa, esfuerzo) nos explican y nos definen a casi todos, la muerte de Iván se vuelve, para propios y extraños, en un episodio más de una muerte larga y pausada: la muerte de ayer, la muerte de un siglo, la muerte de un espíritu.

Vayamos ahora a las palabras de Édgar Félix.

Iván Lombardo Huerta murió este miércoles 16 de abril a las 4 de la tarde de un infarto fulminante. Él estaba elaborando el diseño editorial de root@linux. Vamos a hacer la mejor revista, de eso debes estar seguro, me dijo en las últimas veces que nos vimos. Le creí, a quien en vida fue un diseñador editorial excepcional.

Ha sido muy rápido. Este viernes nos reuniríamos para ver algunos avances*. Habíamos platicado las formas de diagramación, el tipo y estilo de fotos, del software libre, de la comunidad GNU/Linux, el reportaje principal, colaboraciones, de Scribus, de Inkscape, me había mostrado una carpeta donde tenía la mayor parte de su trabajo: decenas de libros, folletos, carteles, espectaculares, arte; sus sueños hechos realidad. Durante sus últimos años trabajó en el Instituto Mora, donde lo conocí.

No es fácil buscar a un diseñador editorial con experiencia y un gran currículum que quiera incursionar con herramientas desconocidas para él. A pesar de sus 43 años le gustaba moverse en arenas movedizas con el buen humor que le caracterizaba y esa excepcional mirada periférica que le ayudaba a comprender rápido el entorno y las intenciones de sus interlocutores. No se le escapaba detalle. -¿Quieres un socio solidario al proyecto de root@linux? Lo vas a tener, me dijo a mitad de una conversación sobre el software libre. La búsqueda había terminado.

Me sorprendió la última vez que hablamos. Del otro lado del auricular escuché a un Iván que me decía: Actualicé Linux y me desapareció la pantallita inicial. No puedo entrar. Era un asunto del arrancador grub. Aprendía con rapidez. Me bastó decirle que editaríamos el archivo de grub, le dicté el código para que pudiera entrar al reiniciar. Y listo. Me comentó que Scribus era una super herramienta y que estaba maravillado con Inkscape. Hasta ahí. Quedamos de hablar para ver avances este jueves o viernes. Fue la última vez que hablamos.

Ivan Lombardo deja a su esposa y a su pequeña hija, Miranda. Los tres estuvieron en la fiesta de Jimena, mi hija, en los primeros días de marzo pasado. Allí coincidimos para levantar root@linux, para usar herramientas libres, para adentrarse en la sociedad del código abierto, en la colaboración humana. Su asistente me dijo que Iván estaba muy entusiasmado con el proyecto. Estaba emocionado. Por alguna razón recordé cuando me dijo que él era compulsivo para aprender, para involucrarse totalmente en lo que emprendía y hacía. Si no -me dijo-, sino soy así, sería la muerte… hay que estar activos.

Ivan Lombardo nos deja, a quienes lo conocimos, la gratitud de la amistad y su buen humor. Una taza, siempre, de buen café, mezclada de conversaciones inteligentes, entre el grupo de blues Las Señoritas de Aviñón al que pertenecía y las situación política del país, en ese mundo de colores, espacios, de los erregebés y cemeicás, de vectores, en los que -como lo dijo- yo soy un diseñador chapeado a la antigüita que se renueva todos los días. Nos deja, también, la idea del arte en cada espacio de la vida.

Hoy jueves, por la tarde sus restos serán cremados**. Descanse en paz.

*El autor se refiere al viernes 18 de abril de 2008.
**El autor se refiere al jueves 17 de abril de 2008.