¡Sensacional estreno!No será el miedo a la locura
lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación.
(André Breton, Primer Manifiesto Surrealista / 1924)
Quiero que la gente se calle
tan pronto deje de sentir.
(André Breton, Primer Manifiesto Surrealista / 1924)
Todo está aún por hacer,
todos los medios son buenos
para aniquilar las ideas de familia, patria y religión.
(André Bretón, Segundo Manifiesto Surrealista / 1930)
Este sábado 4 de agosto, apenas amarre la oscuridad, tenemos un episodio histórico en
Ruta 61. ¡Noche de gala, pues! Te propongo, lector explorador, que nos veamos en nuestro bar, para conocer al recién nacido.
¡Claudia de la Concha
y el Perro Andablues!

¡Ya era hora, carambas! Tenía varios meses sin permiso para confirmar los rumores; y ahora, por fin, ha llegado el momento de decirlo: músicos de Betsy Pecanins, Nina Galindo y Felipe Souza se reúnen en torno a la voz apasionada e impetuosa de
Claudia de la Concha, a quien recordamos como figura principal del extinto grupo
Matera y por su participación, desde los tiempos del
New Orleans (2002-2004), en
Las Señoritas de Aviñón.
Esos músicos son
Jorge García M. y
Tulio Gálvez (guitarras),
Jorge Velasco (bajo) y
Juan Luis González (batería), cuatro viejos lobos del blues que han encontrado motivos para la confluencia de sueños vueltos música, convergencia cuyo propósito se centra en una nueva lectura de la realidad, una lectura decodificada en sonidos, ritmos, armonías, melodías, gemidos. Y como la música siempre está encima de la realidad, acaso por eso el grupo ha decidido autonombrarse
El Perro Andablues, evocación del cortometraje de
Luis Buñuel (con guión de él mismo y de Salvador Dalí) que en 1929 atendió los llamados del Primer Manifiesto Surrealista, diseñado y redactado cinco años antes por el genial ayatola
André Breton.
Es peligroso
asomarse al interior...Ése fue otro de los nombres posibles para el cortometraje que acabó llamándose
Un perro andaluz. De hecho, el primer título propuesto para la película fue
El marista de la ballesta. Tales nombres alternativos me llevan a especular lo siguiente: si Buñuel y Dalí hubieran elegido alguna de dichas posibilidades, la nueva banda de
Claudia de la Concha estaría llamándose ahora...
- Es peligroso asomarse al blues
- Claudia de la Concha y el marista del blues
- Claudia de la Concha y el blues de la ballesta
- Es blues asomarse al interior
No, no es cierto. Creo que no es así. La relación entre el proyecto de
Claudia y la película de
Buñuel no es la misma que se evidencia en la voluntad de coincidencia que
Las Señoritas de Aviñón (la banda de blues) busca con el cuadro de
Pablo Picasso. Creo que, en realidad, la nueva agrupación no está pensando en el surrealismo ni en la película del genial aragonés. Sospecho que no hay en
Claudia de la Concha y El Perro Andablues deseos de fundar su música bajo los preceptos del surrealismo, sino que simplemente y con absoluta inocencia, encontraron en el juego de palabras y sonidos una manera de resolver el problema que enfrenta toda banda recién formada: la elección del nombre.
Sin embargo, hay que advertirlo: cuando una banda publica su nombre, queda irremediablemente atada a él y a la obligación de pasar la vida explicando su origen. Así es que, mi querida
Claudia, más te vale que compres
Un perro andaluz y te la aprendas de memoria, al derecho y al revés, porque siempre habrá quien saque el tema a colación. De ser posible, incluso, encuentra en la película (de escasos veinticinco minutos) imágenes o situaciones con las que inventes lazos entre el surrealismo y tu música. ¡O niega tajantemente cualquier cualquier tipo de relación! Di que es otro perro, que éste no es
un perro sino
el perro, el perro que anda blues, es decir, ese animal que es nuestra alma, que anda triste, todo deprimido, sin ganas de pensar, con el solo deseo de sentir la música, su propia música, sus ladridos, sus aullidos, sus lamentos. Es el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. O quizá es el perro infernal de
Bukowski, pero quién sabe...
Un simple perro
caminando solo sobre una acera caliente
en pleno verano
parece tener más poder que
diez mil dioses juntos.
¿por qué?

Mientras afila una navaja de afeitar,
Luis Buñuel mira por el balcón cómo la luna es cruzada por una delgada nube. Paso seguido, el artista secciona el ojo de
Simone Mareuil. Ocho años después, aún dentro de la película,
Pierre Batcheff, vestido de monja, anda en bicicleta por una calle desierta. En ese momento,
Simone se levanta alterada y tira en un diván el libro que ha estado leyendo, y
Pierre cae a la acera, como si la acción de la mujer hubiera provocado el accidente (¿o es que hubo una premonición?).
Simone se precipita escaleras abajo y llega hasta donde se encuentra el hombre monja, a quien besa frenéticamente.
Fuera de los sueños fusionados de
Luis Buñuel y
Salvador Dalí, dentro ya de esto que llamamos realidad, el actor
Pierre Batcheff se suicida en 1932. Veintidós años más tarde, la actriz
Simone Mareuil se baña en gasolina y se prende fuego, en una plaza pública.
Sueños filmados y cruda realidad no están necesariamente relacionados, pero los enlazo porque, al enterarme de dichos suicidios, las escenas de la película cobran un nuevo sentido en mi cabeza. ¿Cómo ver de nuevo
El perro andaluz sin pensar que, probablemente, ya anidaba en las almas de Mareuil y Batcheff la idea de la muerte voluntaria? En esa misma lógica, ¿cómo ver de nuevo
El perro andaluz sin pensar, a partir del sábado próximo, que Simone es Claudia de la Concha?
Conocí a
Claudia en 2002, cuando
Las Señoritas de Aviñón tocaban una vez por semana en el
New Orleans. En aquellos días, ella participaba en sólo una parte del espectáculo, y yo asistía para aliviar el dolor de mi entonces reciente viudez. Teníamos ambos, por eso, mucho tiempo para conversar y contarnos nuestras cuitas, escondidos en el último gabinete del bar, cerca de la cocina, fumando y bebiendo sin prisas, lentamente, sin esperanzas a corto plazo. En una película de bajo presupuesto, hubiéramos sido personajes secundarios que representaban el papel de dos almas tranquilas con una sola tarea dramática: mirarse las heridas frescas, no con dolor sino con cierta ternura y hasta con cierto placer.
No era
Ruta 61, sino el deprimente
New Orleans: los decorados me hacían pensar que en cualquier momento saldría de la cocina el inspector
Jacques Clouseau y se tropezaría con un cable o con
Rafael Martínez.
No era
Ruta 61, digo, así que estábamos solos y las noches se volvían largas, suavemente largas, como pasillos en penumbras. Claudia era entonces una muchachita tímida de voz apenas perceptible y de mirada escondida que, sin embargo, agradaba al público con su interpretación de
The spider and the fly.

Y esa voz está creciendo, madurando, tomando forma, cobrando un estilo. Es una voz que aún puede dar mucho de sí, y así será conforme
Claudia se halle a sí misma dentro de la música, en el jardín o en el lago de la belleza donde pueda andar, volar, flotar, nadar, soñar, decir, ser.
En 2004, apareció
Ruta 61. Claudia se integró a la banda
Matera, sin dejar de cantar de vez en cuando con
Las Señoritas de Aviñón. Pero Matera se desintegró y su cantante quedó a la deriva, sin más asideros que los que le han ofrecido ocasionalmente amigos que la admiran y la quieren profundamente (
Lalo Chico,
Octavio Soto,
Vieja Estación y las mismas
Señoritas de Aviñón). Gracias a esos momentos, demasiado esporádicos, los parroquianos de
Ruta 61 hemos satisfecho –así sea frugalmente- el hambre que tenemos de
Claudia. Ahora, para mayor gloria de la vida, tendremos una dieta rica en vitaminas, proteínas y minerales, rica en música :
Claudia de la Concha y El Perro Andablues.
Entonces, ¿qué, nos vemos el viernes y el sábado en
Ruta 61? Mientras, leamos el más reciente mensaje de
Rebeca Alvarado, nuestra corresponsal en Tulsa, Oklahoma...
Aquí te mando, Agus, una fotografía importante: es un espectacular de la campaña que está llevándose a cabo en Tulsa, porque los gringos ya nos quieren correr de “su” territorio. En los hechos, no reconocen la historia real: ellos fueron quienes invadieron esta tierra de indios. Han deportado una gran cantidad de gente, y en noviembre que entre en vigor la ley anti inmigrante 1804 las cosas amenazan con ponerse peor.
Un besito.
Rebeca