
¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?
Al observar la conducta de las liebres, los etólogos han detectado que es en marzo cuando –con ánimos de apareamiento- estos simpáticos mamíferos del orden de los lagomorfos muestran conductas aparentemente absurdas e inexplicables, semejantes a las que exhiben los humanos en su adolescencia (y las mujeres durante toda la vida).
Conocemos la frase
liebre de marzo por un pasaje de aquella hermosa historia narrada, durante un paseo por el Támesis, por el reverendo
Charles Lutwidge Dodgson para solaz de la niña
Alicia Liddell y sus dos hermanas.
Sucede que, en el cuento del reverendo -y matemático, por más señas-,
Alicia se encuentra con un sombrerero loco, un lirón adormilado y una liebre de marzo, quienes han quedado varados en el tiempo: para ellos, siempre son las seis de la tarde, hecho que los obliga a estar siempre sentados a la mesa y ante una merienda que no acaba porque siempre vuelve a comenzar.
Imagina un jardín tautológico

Ciento dieciocho años más tarde, a mí se me ocurrió una idea parecida para un historia que escribí en 1979.
Ofelia la Inevitable se llama el cuento, y en él se habla de un jardín tautológico donde el tiempo se ha detenido. Lo curioso es que al escribir el pasaje no pensé en
Lewis Carroll, quiero decir, no me inspiré en su narración –y bien que la conocía entonces- sino en las divertidas e hilarantes conversaciones que mi gemelo y yo tejíamos a cada rato durante nuestra pubertad.
El juego consistía en imaginar situaciones estrambóticas capaces de hacernos reír, quitarnos el sueño o llenarnos de pavor paranoico.
Pero fue
Gerardo quien, por un sadismo exquisito de origen incierto –aunque puedo fechar su gestación y ubicar sus primeros brotes en 1960-, desarrolló la aptitud y el gusto por aflojar los tornillos de la realidad, de tal manera que ésta se tambaleara con el hermanito encima, sobre los tablones crujientes de lo tangible.
Desde su dimensión perpendicular y a desnivel, el niño
Gerardo levantaba la vista para disfrutar el miedo del niño
Agustín, agarrado éste a los andamios de la objetividad. Y en esas circunstancias, mi hermano seguía con sus sugerencias funambulescas…
-Imagínate que llegamos a la casa y… que no es nuestra casa. Una mujer desconocida nos abre la puerta y nos dice que ella ha vivido en el número 37 de Salvador Alvarado desde que la casa se construyó. A
Gerardo le encantaba entretenerme con estas situaciones, y eso lo volvió un maestro del suspenso y el absurdo. Por eso digo que de sus imaginaciones me surgió la idea del jardín tautológico...
-Imagínate que de repente las cosas se repiten y no podemos salir de repente las cosas se repiten y no podemos salir de repente las cosas se repiten y no podemos… Y si yo empezaba a reírme con su juego, mi gemelo no paraba hasta verme hincado, con dolor de estómago y lágrimas en los ojos, e implorando un descanso.
-Si las palabras con las que nos referimos a dos objetos distintos, contienen las mismas letras, ¿sabes qué pasa en ese caso, sabes qué significa esa coincidencia?-No sé. ¿Tiene que significar algo?-Significa que uno de los objetos es disfraz del otro. Un sofá es una fosa. Cuando te sientas en él y hay una mosca cerca, el insecto contempla tu cadáver hundido en un hoyo... y descubre el día de tu muerte.
-¿La mosca descubre el día de mi muerte?
-Las moscas no se equivocan.
-¿Y por qué no mejor te callas? Sólo quieres que se me vaya el sueño...-Que sueñes con un sofá.El trabajo más acabado de
Gerardo, aquel que alimentó mis sospechas y mis vacilaciones sobre la realidad, fue el de hacerme creer, cuando andábamos por los diez años de edad, que yo sólo era un accidente desafortunado ocurrido durante el plan de invasión extraterrestre de su planeta de origen.
-Por errores de cálculo durante la expedición y llegada a Puerto 055, al materializarme se produjo un duplicado de mi encarnación (vamos a llamarla así, para que me entiendas y no te espantes). Pórtate bien, haz lo que yo te diga… y tal vez yo pueda salvarte apenas invadamos este planeta y electrocutemos a todo los seres humanos.
Para darme pruebas de que lo suyo iba en serio, me dijo que mamá (
tu madre, decía él) sabía todo.
-Puerto 055 está al tanto de la próxima invasión...-¿Quién, mamá?-Tu madre. Para nosotros es una estación de transferencia, el puerto 055. Fíjate...
Y Gerardo gritaba: ¡Puerto 055, Puerto 055, llamando a Puerto 055!
Y, claro, mamá llegaba, abría la puerta de la recámara y susurraba su grito amenazador:
-A ver, cuates, o se duermen o los viene a dormir su papá con el chicote. Ya despertaron a Pepe.Mi diabólico gemelo esperaba a que mamá se fuera, y ya sólo me decía muy quedo:
-¿Ya ves? Puerto 055 no duerme nunca, porque es una máquina... y reconoce cuando la llamo.Yo me divertía, por supuesto; pero en mi risa se asomaba el miedo a despertar a las tres de la madrugada y ver, de nuevo, a
Gerardo sentado y observándome fijamente desde su cama…
-¿Qué pasa?-Nada, tú duérmete. Estoy estudiando tu planeta. No descubrí que mentía hasta años más tarde, cuando el 16 de septiembre de 1997 llegó de Acapulco al entierro de
Puerto 055. Me abrazó y lloramos juntos, pero para calmar un poco el dolor decidí que ambos hiciéramos, en ese instante, un viaje relámpago a nuestra infancia...
¿Y por qué lloras tanto, si sólo es una estación de transferencia? -le recordé sin dejar de abrazarlo. Y
Gerardo, que pescaba al vuelo mis referencias a un pasado remoto, respondió con la gracia de un extraterrestre:
-Es que ahora no sé cómo voy a regresar a mi galaxia.Pero volvamos a la locura de las liebres
Estás como liebre de marzo significa, entonces, que ya te llegó la primavera y con ella la vida en los ojos y las ganas de correr tras las formas más apetitosas del género humano… o, en su defecto, tras las criaturas menos veloces (que son, casi siempre, las menos apetecibles).
Y si admites que en ésas andas, ven a
Ruta 61 esta semana. Tal vez no encuentres otras liebres de marzo ni cosa alguna que cazar (aunque quién sabe), pero sí hallarás, seguro, la locura del blues a punto de primavera. Por ejemplo…
Jueves 6 de marzo,
EL CHARRO LOCO Y LOS MOONHOWLERS. Octavio Soto y su banda de músicos alucinados van a dejarte chiflado de placer.
Viernes 7 de marzo,
LAS SEÑORITAS LOCAS DE AVIÑÓN y
LOCA ESTACIÓN MUY VIEJA. Con tan buen blues, nuestro clásico de clásicos va a hacer que pierdas la cabeza entre los arbustos del placer.
Sábado 8 de marzo,
LA MISMA VIEJA LOCA DE LA ESTACIÓN y
UN PERRO LOCO ANDABLUES, este último con
CLAUDIA DE LA CONCHA (que está re’loca). Con estas dos bandas, el sábado tus perturbaciones se intensificarán para mayor gloria de tu alma.
Y recuerda que todas las semanas tenemos
MIÉRCOLES DE JAM SESSION, sin cover. Este miércoles 5 de marzo,
CLAUDIA OSTOS Y RUTA 61 LOCO BLUES BAND te invitan a palomear. Así que...
¡Demuestra tu talento, loco!

Pero si andas como el lirón, con ganas de quedarte embarrado de sueño en la mesa y junto a tu computadora, te sugiero que entres a
Iguanas Suicidas y disfrutes de las horas en que
Jerry Damage transmite sus programas de radio:
Reggae got soul (martes, de ocho a diez de la noche),
Do it yourself (miércoles, de ocho a diez de la noche) y el sabroso
Radio Cannabis Sound System (los viernes, de diez a doce de la noche). ¡Es un banquete musical que nos acompaña durante esos momentos de soledad buscada!
Jerry Damage es, como casi todos saben, el primogénito de
Wichili McCoy, y el hijo de éste vaquero pertenece a esa cofradía de eruditos del rock que tanto bien le hacen a la conservación de la memoria colectiva. Escuchar su programa es asistir a un seminario de géneros y de tiempos, adobados con la apacible voz de un un joven que se crió entre acetatos, casetes, guitarras, discos compactos y músicos variopintos. Ahora, llegada su primera juventud,
Jerry Damage ha sabido cosechar el fruto de lo sembrado en la Ciudad de México, Metepec, Xiutepec y Acapulco. Con personalidad e independencia, con talento propio, con voz muy suya,
Jerry nos hace entender que la vida de su padre tuvo muchos sentidos: él es uno de ellos.

...y de
Alejandra Aguilar Sámano hablaremos en su momento, pues con ella renacen antiguas generaciones de mujeres insumisas (baste decir por ahora que en sus venas corre la sangre de
Carmen Mondragón).
Epílogo
Gerardo mantuvo en la adultez su gusto por incrustar disparates entre los pliegues de lo cotidiano. Lo sabemos quienes lo conocimos de cerca. Marugenia, su mujer, me cuenta que un día, al comienzo de su vida de casados, llegaron ambos a su casa, en el número 18 de la calle de Tokio, y no encontraron dónde estacionar su vocho color guinda, así que esperaron a que se despejara la calle. En la espera, Maru notó que Gerardo se asomaba por la ventanilla del automóvil y alzaba la vista hacia el departamento…
-¿Qué haces?
-Nada. Imagínate que ahorita volteamos hacia la ventana de la casa… y nos vemos asomados.