domingo, octubre 15, 2006

Los Misterios de Rosa

Los Misterios de Rosa
27 de noviembre de 1987
Hotel de México
Laboratorio de Teatro y Taller de Autoayuda Sarita Montiel

Por cortesía de Gerardo Aguilar Sámano, presentamos aquí un cuarto video de Mamá-Z. La canción trata sobre una mujer que encuentra el punto de equilibrio y la conciliación entre la mística y la erótica:

Rosa reza el rosario, mientras suda sus sueños de amor;
dice que tiene fiebre, mas es otro su calor.
Lleva quién sabe cuántas noches sin poder dejar de pensar
que, por aquello que andaba pensando, Dios la va a castigar.

Va de bolita en bolita, suspirando por el más allá,
y al llegar a los Misterios Gozosos… una mano cambia de lugar.
Reza Padre Nuestro con ganas, arrebato de alma singular:
sueña con Cristo en la cama, en que Dios la va a consolar.

Misterio de amor, Rosa ruega a Dios que venga hasta acá, acá está su altar.
Si Dios es amor, ¿qué espera a bajar? ¡Sagrado Corazón, acá está tu Altar!

Deja la luz toda la noche, esperando una Santa Señal.
Deja su cuerpo tendido, y el rosario toca su altar.

La letra anterior pueden encontrarla también dentro del blog de Gerardo Aguilar Tagle, gemelo diabólico y leyenda viva del rocanrol. Al principio de su entrega, Gerardo incluye un curioso documento de la época: la cantidad registrada ahí podría hacer pensar que nos estábamos forrando de lana. No es así: recordemos que más tarde perderíamos tres ceros.

Debo aclarar, por otro lado, que lo que parece desafinación de la orquesta... no es tal.

La pieza fue compuesta a la luz y bajo el criterio 共用危険 (Riesgo Compartido), filosofía japonesa fundada por Ryunosuke Akutagawa -aunque nunca ejercida por él mismo- que propone dejar al azar la coordinación de los músicos para sentir así el vértigo del ser en cuanto ser puesto al borde de un acantilado existencial y apenas asido a la más delgada rama de un cerezo en flor.

Esta filosofía oriental, combinada con rompimientos brechtianos de la escena, libera al público -siempre dispuesto a la veneración del artista- de cualquier ignominia, y le permite ver a Rosa y a Dios, personajes protagónicos de la historia, sin distraerse con refinamientos burgueses, tipo ¡Oye, qué bien tocan estos muchachos!

Y que conste: siempre pudimos haberlo hecho peor.

Volvamos ahora a la reflexión acerca del tiempo.

¿Cuándo terminó el pasado y cuándo comienza el presente?
¿A qué horas comenzaremos a vivir el futuro?
Segunda parte

Aunque la única realidad real es el presente, los seres humanos creamos cultura al atrapar en signos los tiempos idos y los tiempos por venir.

El presente es eterno, es cierto, nos avasalla; es un pasillo interminable cuyas paredes casi se tocan: es tan angosto, que casi siempre lo andamos de perfil. Es tan poderosa su presencia, que hemos llegado a venerarlo, a considerarlo más valioso que la vida misma. Muchos, incluso, han encontrado en él a Dios mismo.

¡Vive el presente!, nos grita el anuncio de refrescos en la televisión y el más reciente libro de autoayuda. Y así, quedamos contentos, en la inmovilidad, en la idiotez del que contempla un atardecer y encuentra en eso el sentido de la vida. Detenidos en un lapso, nos ahorramos tormentas interiores y preguntas incómodas.

Para los fieles y amantes del presente, pasado y futuro son ilusiones, invenciones de la mente. Luego entonces, no hay culpas que redimir ni revoluciones que asumir. Lo que ayer sucedió no existe... y tampoco existe lo que sucederá mañana.

Sin embargo, construimos nuestro pensamiento y nuestras ideas del mundo con base en esas inexistencias.

jueves, octubre 12, 2006

69 en el 61

El Blues de la Estufa Divina
cumple un año este sábado 14 de octubre...


Con ese motivo y a manera de homenaje, va esta primera entrega de 69 EN EL 61, es decir sesenta y nueve rostros en Ruta 61.

Notarán mis tres queridos lectores que algunos personajes repiten su presencia, a la vez que muchos aún no aparecen. La repetición es simple antojo, mientras que las ausencias se deben a falta de tiempo. Sin embargo, todos los actores del Hoochie Coochie Bar pronto verán su rostro en esta serie.

Vaya, en particular, un abrazo intenso a Lalo Serrano (dueño de Ruta 61) por su talento, su fuerza, su dedicación y su valor.


¿Cuándo terminó el pasado y cuándo comenzó el presente?
¿A qué horas comenzaremos a vivir el futuro?
Primera Parte


Atados a la naturaleza, estamos condenados a un presente perpetuo, a una serie de instantes que se sustituyen sin remedio, sin descanso. Nadie puede quedarse en el momento anterior ni trasladarse al momento siguiente, entre otras razones porque ambos lapsos no existen. ¡No existen! La gravedad filosófica de esta afirmación (la no existencia de planos temporales contiguos) es tal que, al asumirla radicalmente, nos obliga a rediseñar nuestros principios éticos y morales, incluso nuestras posiciones estéticas.

Pensemos en la fotografía...

Las imágenes fotografiadas (fijas o con movimiento) son remedos, artificios, farsas de luz y dígitos; no nos convencen, son teatro de sombras, indicios de algo que la memoria se encarga de reconstruir (que yo estoy en esa foto es tan cierto como que ese vino consagrado es la sangre de Cristo: en ambos casos, la fe es el único aval).

Pensar el registro de imágenes (fijas o en movimiento) como máquinas del tiempo es malinterpretar su valor. Por eso, a poco de haber surgido, la fotografía y el cine, que nacieron con la pretensión del apunte histórico, se resguardaron en los perfumados jardines del arte, ahí donde todo tiene permiso, ahí donde los hechos objetivos no importan, ahí donde la mentira nos sorprende con la verdad. La época de la nouvelle vague y del cinema verité fue refrescante, un gesto de rebeldía, como lo fue el naturalismo de Zolá, pero no resolvió el asunto; tampoco lo hizo el neorrealismo italiano: Ladrón de bicicletas es una obra de arte, pero no un hecho real (ningún hecho real fotografiado o filmado permanece como tal, sino que se convierte en otra cosa, en signo).

Continuará.

lunes, octubre 09, 2006

Parir Chayotes

En el Laboratorio de Teatro y Taller de Autoayuda Marisa Gristein, una de las sesiones que más éxito tuvo fue Morir de amor (parir chayotes), diseñada y dirigida por Gerardo Aguilar Tagle.

Veinte años después, Gerardo Aguilar Sámano, primogénito del autor, nos entrega un video compuesto con tomas de la presentación del álbum Esa viscosa manera de pegarme las ganas en El Altillo (que estaba donde hoy se encuentra la Panadería Santo Domingo, en Avenida Universidad y Miguel Ángel de Quevedo) y tomas del concierto ofrecido en el Hotel de México (el hoy World Trade Center de nuestra ciudad). En el video, es posible observar la formación original de la banda: Jorge Escalante, Óscar Fernández, Octavio Herrero, Gerardo Aguilar Tagle y -en franca pérdida de la compostura- Agustín Aguilar Tagle.
Si alguno de mis tres lectores no cuenta con conexión de banda ancha a la Internet y está experimentando problemas para visualizar los videos, recomiendo presionar el botón de mute (para no escuchar el audio) y esperar a que el video se descargue por completo antes de intentar visualizarlo. Mientras, puede ir a hacer pipí, besar a la novia, rezar el rosario o prepararse un chubi-dubi.

jueves, octubre 05, 2006

La memoria


Los parroquianos de Ruta 61 damos la bienvenida a nuestra nueva hostess, Valeria.

Sábete, Valeria, que todos prometemos portarnos muy bien, al menos en tu jurisdicción.

Dicho lo anterior, me permito transcribir un pasaje del informe presidencial del 1 de septiembre de 1968. El autor de este texto murió hace 27 años. Cualquier semejanza con la realidad presente es mera coincidencia.

Con el propósito de suavizar un poco el malestar de los malos recuerdos, ilustro esta entrega con algunas imágenes tomadas durante la reciente visita de Dave Specter. En ellas, queridos lectores, podrán ustedes ver al guitarrista de Chicago acompañado por Las Señóritas de Aviñón y por Vieja Estación.

Más adelante, se encontrarán con tres mujeres igualmente importantes para Ruta 61: Sabina, bien protegida por Willie Dixon, y -en su territorio de poder- las siempre diligentes Lluvia y Daniela.

Primero de septiembre de 1968

(…) el obrero o el burócrata que sufren descuentos por retraso en la entrada del trabajo; el abogado, el médico, el ingeniero, el ama de casa que llegan tarde a los tribunales, al hospital, a la obra, al comercio o al hogar porque se congestiona en una gran área, el ya de por sí difícil tránsito de la ciudad;(…) tantos pacíficos transeúntes injuriados, humillados o lesionados (…). El orden jurídico general (…) es el que propicia el trabajo, la creación de riqueza para poder sostener universidades, politécnicos, escuelas normales y de agricultura, el que ampara las libertades, porque en la anarquía nadie es libre y nadie produce. El orden jurídico no es una simple teoría, ni un capricho; es una necesidad colectiva vital; sin él no puede existir una sociedad organizada (…).

Mientras en la capital se rompió en parte el armónico convivir, la República está trabajando en paz; en unas semanas o en unos meses, los acontecimientos tomarán, con la perspectiva del tiempo, su verdadera dimensión y no pasarán como episodios heroicos, sino como absurda lucha de oscuros orígenes e incalificables propósitos.
El respeto a la Ley, la selección de los mejores hombres, la elaboración de los programas más adecuados para México y el acatamiento a la decisión de las mayorías son esenciales para la consolidación de nuestro sistema político.
Es obligación de todos los partidos (…) esforzarse por el progreso cívico, superar procedimientos anacrónicos y asegurar, de esta manera, que la pluralidad de ideologías no rompa la indispensable unidad nacional. El juego de los partidos políticos dentro de la Ley robustece las libertades y la confianza del pueblo en su representación.

La confianza en nuestras instituciones, en nuestra tradición revolucionaria y en los principios emanados de ella son garantía suficiente para afianzarnos en la convicción de que la libre discusión de las ideas, por contrapuestas que puedan ellas ser, no sólo no entorpece el progreso de la Nación, sino que lo acelera, lo consolida y lo enriquece. Teme a otras ideas sólo quien desconfía de las propias.

(…)

Para quienes disponen ahora de instrumentos legales para enfrentarse al gobierno, su uso exige el abandono de los ilegítimos; habiendo medios para hacer oposición legal, ya no hay razón válida para realizar oposición ilegal o subversiva.
La forma en que se han realizado diversos procesos electorales; la cada vez más frecuente madurez cívica del pueblo mexicano, reflejada en múltiples actividades políticas; la atmósfera de tranquilidad y respeto a los derechos recíprocos que han privado en la mayoría de esos actos; así como la libertad con que han podido expresarse las diversas corrientes ideológicas que se mueven en el país, nos revelan cómo vamos transitando, con paso firme, en el camino de nuestra consolidación democrática.

Sí, lector memorioso, acertaste: son palabras de gustavo díaz ordaz (para él no hay mayúsculas ni negritas, sólo una fuente deslavada). Y sus palabras fueron aplaudidas con pacífica emoción por el partido oficial, por los conductores de la tele, por los locutores de radio, por los periódicos (excepto por el Excelsior de Julio Scherer), por los altos empresarios, por la Iglesia Católica, por las buenas conciencias.

Entre el día de ese informe y el 2 de octubre de 1968 (basta ir a la hemeroteca para comprobarlo), los beneficiados por el status quo insultaron a los estudiantes, se mofaron de ellos, los acusaron de psicópatas, de violentos, de manipulados por el Consejo General de Huelga; utilizaron el sarcasmo para silenciarlos: resentidos, trasnochados, incapaces de entender el valor de las instituciones.

El otro día, mi amigo Josefáin (José Luis Sánchez, tecladista de Vieja Estación), me dijo una frase de Dalmiro Sáenz, escritor argentino:

No hay nada más parecido a un fascista,
que un burgués asustado.

martes, octubre 03, 2006

Ganas de ti (novela inconclusa, capítulo VII)

Vivimos la infancia instalados en la comodidad de un mundo sin angustias. A juzgar por las imágenes que conservamos de la prehistoria, nuestros padres supieron llevar a la práctica sus sueños, al menos en la apariencia. Jugaron a ser decentes y a no perder la compostura, sobre todo durante esa juventud suya que los hizo adultos muy temprano. Ya luego vendría el mal gusto, a partir de los setenta: la ropa deportiva, la televisión a colores, las patillas de chuleta, las corbatas, el Metro anaranjado, el Pacer y el Le Barón, el Vocho achaparrado rojo carmín, los aromas dulces y dizque lujuriosos de Jovan Musk y Charlie (mi lucha personal contra esas marcas tuvo tales grados de fundamentalismo proletario que fue, a la postre, motivo de burla permanente por parte de Octavio y Óscar: siempre olí a flor de naranjas, gracias a mi predilección por el Agua de Colonia Sanborns y, los domingos, a Monsieur Lanvin, que mi mamá adquiría en la Farmacia Pasteur).

Estudiemos las fotografías de nuestros padres. ¿Quién puede explicarme por qué ellos se vestían mejor, por qué nuestras madres tenían tan buen gusto y siempre estaban hermosas? ¿Cómo perdimos el estilo y las buenas maneras? Son muchas las posibles respuestas. La cosa es que siempre he envidiado la buena estampa de la generación anterior. Nosotros, en cambio, desconocemos el orden y el cuidado. Claro, tal vez quiero hacer de un defecto personal un signo de los tiempos. Sin embargo, juzguen ustedes y díganme si estoy lejos del acierto.

En tiempos de nuestros padres, quiero decir, de su juventud, la fotografía era un acontecimiento de peso histórico, un asunto ceremonial ligado a la idea de un futuro promisorio, un verdadero puente hacia la posteridad sostenido en circunstancias rituales. Todos conservamos esos retratos con veneración. En cambio, pocas de nuestras fotos soportarían, por su vulgaridad, ser enmarcadas y puestas sobre un mueble de caoba, porque, además de su discapacidad escénica, el registro del presente es eventual y pocas veces comunitario.

...Gerardo María y yo fui el tercer hijo. Lo digo así porque me tardé un buen rato en entender que éramos dos, que mi gemelo no somos síntoma crónico de apendicitis, un tentáculo rebelde que nos hacía quedar mal a mí en todas partes, como el gallo que se nos paraba cuando mi mamá me peinaba a los dos con limón.

La demora fue larga y estuvo fortalecida por mis padres, mis hermanos y el mundo entero: a ver pónganse ahí juntitos ay pero si están igualitos quién es quien no sé si eres tú o tu hermano cómo que no has comido si te acabaste toda la sopa son como dos gotas de agua por atrás también.

Esa relación con el mundo exterior me llevó a una conclusión: ¡Pues claro que soy yo y nadie más! ¿Por qué no colocan a cualquiera de mis hermanos y comparan sus dos orejas, sus dos ojos, sus dos piernas, sus dos brazos? ¿Por qué les llama la atención que yo tenga cuatro de todo? ¡Así soy y es muy divertido! Puedo platicar conmigo mismo sin sentir que estoy loco. Y cuando no encontraba a Gerardo María, me sentaba frente al espejo de mi madre y todo arreglado.

Una de mis primeras mañanas de angustia existencial, al despertar e ir a lavarnos la cara, me miré en el espejo y, al vernos su cicatriz en mi cara, reafirmé que él era nosotros y quedamos tranquilo, aunque me asustamos, pues hasta ese momento sólo el tentáculo Gerardo María había presentado la marca de un golpe de palo de escoba que un niño idiota no supo dirigir a la piñata. Es decir, el asombro surgió de un extraño proceso de mimecoatlismo (acabo de inventar el término: el griego mimetos y el náhuatl coatl, juntos, forman la idea de un ser doble que, poco a poco, va multiplicando sus semejanzas hasta volverse un monstruo con el don de la ubicuidad, lo que, a propósito, nunca explotamos en los circuitos del delito: mi mayor crimen fue, en secundaria, entregar dos veces el mismo examen de Biología).

sábado, septiembre 30, 2006

A la pesca de Specter

Sábado 30 de septiembre

Hago labor periodística y llamo por teléfono a Octavio Herrero, guitarrista de Las Señoritas de Aviñón, para hacerle dos preguntas. En esos momentos, a las cuatro de la tarde, se encuentra en el Che Gaucho, comiendo con Lalo Serrrano, Dave Specter, Jaime Holcombe y miembros de Vieja Estación. Mis preguntas son sencillas: ¿Cuál es la importancia de Specter en el blues? y ¿Cuál es la importancia de su visita a México?
Octavio me responde con sencillez: Mira, Dave es un músico que conoce extraordinariamente los códigos del blues, pero este conocimiento no es estático sino que, con un dinamismo que se agradece y con una originalidad evidente, él está proponiendo nuevas formas de decir, nuevas maneras de retomar una música ya centenaria. Dave es fuente de lenguaje, y en su guitarra hay historia, por supuesto, pero al mismo tiempo hay vida. Esto es muy importante, Agus: el blues de Dave Specter es un organismo vivo, ya lo comprobaste anoche, ¿verdad? En estos tiempos en que resulta muy difícil hallar dentro de su propia generación aportaciones significativas, Dave Specter viene a ser un momento importante en la historia del blues. En cuanto a la trascendencia de su visita, sólo puedo comentar sobre mi experiencia personal. ¡Tengo casi siete años escuchándolo, estudiándolo, asumiendo su música! Entenderás, entonces, que para mí es tan importante como si Chuck Berry llegara a darte unas cuantas lecciones de rocanrol. De ese tamaño, Agus, de ese tamaño.
Viernes 29 de septiembre

Como a la mera hora el jueves no asistí a la primera noche de Dave Specter en Ruta 61 (y me cuentan que fue una buena velada), me aparecí el viernes, dispuesto a no salir del Hoochie Coochie Bar hasta agotar existencias. Entonces, tuvimos los presentes doble función, dos películas por el precio de una: Las Señoritas de Specter y El Increible Espectro en una Vieja Estación.
¿Qué puedo decir a mis tres pacientes lectores? Lugares comunes pero necesarios: una noche sin par, una noche donde todos y cada uno de los músicos entregaron lo mejor de sí.

Para fortuna nuestra, Ruta 61 contó con dos bandas, las de casa, que supieron sacarle a Dave Specter todas sus virtudes (y si hubo defectos, yo no me di cuenta). Además, para alegrarme la noche, estuvo presente Cecilia García-Robles, mi terapeuta de cabecera, mi amiga, mi más dura crítica.

Tengo en mi cuaderno de notas algunas frases de Dave que quisiera compartir con mis tres adormilados lectores.

1. Dave muestra a Octavio Herrero y a Jaime Holcombe una figura en la guitarra (una armonía, un solo o no sé qué), que termina con la consigna más esclarecedora: Just blues, man!

2. Al tomar y observar la hermosa guitarra de Jaime Holcombe, Dave advierte: Big neck!

3. En cuanto a las maneras de compartir una pieza dos guitarristas: I take the high road, you take the low road.
4. Sobre su manera personal de hacer música: I choose the cool style. I can play more agresive, but I prefer the cool style.

5. Después de escuchar a Octavio Herrero tocar una pieza en particular: You play that like West Montgomery.

6. Sobre la música en general: New doors are always opening and opening and opening.

7. Sobre los valores de la orquesta: Las bandas deben tocar como un solo hombre... y mantenerse juntos hasta el final.
En resumen, la estatura musical de Dave Specter coincide con su talla física:
para conocerlo y disfrutarlo, hay que mirar hacia arriba.

viernes, septiembre 29, 2006

Las Señoritas de Specter

Miércoles 27 de septiembre

Kelly McAvoy, la linda y afable compañera de Dave Specter, intenta concentrarse en su lectura (El Diario de Ana Frank), Raúl de la Rosa, insigne periodista, intenta concentrarse en el diseño de sus proyectos secretos.

José Luis Aguilar Tagle
, capitán de Ruta 61 y orgullo de mi nepotismo, intenta concentrarse en la lista de quienes han apartado mesa para estos días, así como en la lista de inscripción a la Clínica de Guitarra que impartirá el maestro Specter el viernes y el sábado, a partir de las cinco de la tarde.Por otro lado, Jorge Mustaros, cuñado de Jaime Holcombe, y su amigo Paco Granados intentan concentrarse en sus bebidas. Lluvia y Adriana, mujeres del honky bar, intentan concentrarse en la recepción de cervezas. Heriberto, administrador del lugar, intenta concentrarse en la deuda de la Tía Juanita por la comisión de estragos y averías. Paco, proveedor de archivos históricos, intenta concentrarse en evitar que Lalo Serrano lo bese. Octavio Soto, El Charro, intenta concentrarse en sí mismo. Lalo Serrano, dueño de Ruta 61, intenta concentrarse en algo.

Mientras, Dave Specter y Las Señoritas de Aviñón parten de Hide Away y llegan hasta Before you acuse me para convenir en los tonos y en las maneras de hacer blues, y montar entonces uno de los varios capítulos de este fin de semana en Ruta 61.


a) Porque la variedad será la consigna en los tres días, la miscelánea sorprendente, la amalgama de historias y de formas.

b) Porque, a la luz de Saussure, el blues es langue... y cada música una parole exclusiva, íntima, personal.

c) Porque esa variedad de dialectos se dará como diálogo entre músicos mexicanos, argentinos y guasingetones, cada uno de los cuales ha demostrado de mil maneras estar a la altura de las circunstancias.

¿Y si, en lo que llega la noche, aligeramos la vida con una joya de nuestra más remota infancia?

Digo, no siempre fuimos tan exquisitos. Me consta que al menos Octavio Herrero, Gerardo Aguilar Tagle, Javier García y el que esto escribe, experimentamos en nuestra pubertad un fervor peculiar hacia esta banda de Los Ángeles, California. De hecho, el guitarrista de Las Señoritas de Aviñón aún se sabe de memoria el nombre de los cuatro miembros de Los Monkees (el artículo en español siempre será mejor), quienes pusieron de moda bellísimas canciones, como She, Laugh, When loves comes knockin’ at your door, Look out (here comes tomorow) y I’m a believer, de compositores como Neil Diamond y Neil Sedaka, tan repudiados por el ayatola que entonces traíamos dentro (hoy, ese ayatola violento se ha vuelto pontífice católico, que para condenar ya sólo sonríe… o ignora).De cualquier manera, la música sigue siendo una pasión, un remedio, un bálsamo, una respuesta, un fin en sí misma. Por eso, esta noche nos vemos en Ruta 61 para felicitar a Lalo Serrano por su enésimo acierto y para escuchar gozosos el blues de Dave Specter.

¡Ya llegó Dave Specter!


Intenso, sutil y extraordinario, un fenómeno pocas veces visto.
(Octavio Herrero).

Reconocido como una de las principales figuras del blues actual, Dave Specter se presenta en Ruta 61 los días 28, 29 y 30 de septiembre.

En el video con el que inicia esta entrega, vemos al guitarrista acompañado de su amigo y maestro Steve Freund, durante el festival de blues de Ginebra -Geneva Blues Summit 2005-, con la interpretación de Is what it is, pieza que da título al disco grabado por ambos músicos en 2004.

Para abrir cada uno de los conciertos de Specter, el Hoochie Coochie Bar ha asignado la tarea a tres de sus mejores bandas: El Charro y los Moonhowlers, Las Señoritas de Aviñón y Vieja Estación, respectivamente.

Será, a propósito, Vieja Estación la orquesta que apoyará a Specter en escena. Vaya, entonces y como regalo exquisito a mis tres lectores, el video clip de Sin tratos, pieza incluida en el más reciente álbum de la banda (Todo perro tiene su día), que uno puede obtener directamente de las manos mismas de Ezequiel Espósito, el Polaco (voz principal del grupo bonaerense), con autógrafos y toda la cosa, al término de sus presentaciones y a precio escandalosamente módico.

Además, Lalo Serrano ha acordado con el músico de Chicago instalar una clínica de guitarra los días viernes y sábado, a partir de las 17:00 horas.

Es recomendable, querido lector, reservar mesa desde hoy mismo, porque a cierta hora, cuando la casa se ha llenado, ya no es posible entrar.

El viernes pasado, al saludar a dos alegres compadres, Fabrizio León y Jorge Reyes, en la barra de Ruta 61, me encontré también con Tania Molina, linda y amable como siempre. No sabía en esos momentos que, cuatro días más tarde, la reportera de La Jornada anunciaría con una nota la llegada de Dave Specter. Va aquí la transcripción del artículo de Tania, a quien vemos en esta foto recibiendo trato especial de Carlos Johnson.

Más que espectacularidad,
Specter busca fineza de estilo: De la Rosa


El guitarrista blusero Dave Specter, de Chicago, estará en el oasis azul, Ruta 61, esta semana, acompañado por integrantes de Vieja Estación y Las Señoritas de Aviñón.

Desde hace un año el promotor de blues y dueño de Ruta 61, Eduardo Serrano, abrió un puente para que artistas estadunidenses, sobre todo de Chicago, ofrecieran su música en la ciudad de México. Dave Specter se suma a la lista de músicos que han visitado este lugar, entre ellos, la cantante Grana Louise y los guitarristas John Markiss y Carlos Johnson.

Raúl de la Rosa, el gran promotor del blues y extraordinario conocedor del tema, con su característico estilo jocoso, dice a este diario: "Nuevamente vamos a ver a un músico de primer nivel en Ruta 61, que se ha convertido en una sucursal de los clubes de blues de Chicago". O sea, en el hogar del blues en el Distrito Federal.

"Los empresarios difícilmente traerían a alguien así, a un buen guitarrista como él", porque no es de los típicos arrasa-taquillas.

Dave Specter
nació en Chicago hace 43 años y comenzó a tocar la guitarra a los 18 años. Tomó clases con Steve Freund, con quien después grabaría.

Specter es "técnicamente extraordinario", describe De la Rosa. El guitarrista prueba erróneo "el paradigma de que hay que ser negro para tocar Chicago blues".

Por su parte, el crítico Bill Dahl, de All Music Guide, menciona que algunas de las influencias que Specter dice tener son, en el terreno del blues, T-Bone Walker, Pee Wee Crayton, Magic Sam y Otis Rush, y, en el jazz, Kenny Burrell.

Ed Kopp, en una reseña del disco Speculatin' (allaboutjazz.com) dice del guitarrista que cruza del blues al reino del jazz sin rupturas. "Las interpretaciones de Dave Specter abarcan el jazz, el gospel, el funk de Nueva Orleáns, el blues tejano y el de Chicago".

Raúl de la Rosa completa: "Tiene influencia no sólo de Chicago, sino de la bisagra Texas-California".

No es el tipo de guitarrista joven que busca la espectacularidad, explica De la Rosa. "Lo que busca es la elegancia en el estilo, la fineza".

Sigue: "Sus primeras grabaciones las hizo inspirado en Buddy Guy y Junior Wells", en ellos "escuchaba cómo darle espacio a la música, para que respire".

Specter, también productor, lleva más de 20 años presentándose en festivales y clubes nocturnos de Chicago y de otras ciudades estadunidenses. También se ha presentado en Brasil, Canadá y numerosos países europeos.

Participó en giras con Son Seals, The Legendary Blues Band, Hubert Sumlin, Sam Lay y Steve Freund. También ha tocado y grabado con Buddy Guy, Otis Rush y Jimmy Rogers.

En 1989 formó su propia banda, The Bluesbirds. Ha grabado varios discos, entre ellos, Bluebird Blues (1991), Blueplicity (1994), Live in Europe (1995), Left Turn on Blue (1996), Blues Spoken Here (1998), Speculatin' (2000) y Is What It Is (junto con Steve Freund, 2004), todos bajo el sello Delmark.

También aparece en compilaciones, con Eric Clapton, Carlos Santana, BB King, Muddy Waters y Junior Wells.

Specter da clases de guitarra en Chicago. En nuestro país también compartirá sus conocimientos mediante dos clínicas de guitarra: una en la ciudad de México, los días viernes 29 y sábado 30 de septiembre, a las 17 horas, en Ruta 61; y en Querétaro, el lunes 2 de octubre, a las 14 horas, en el Wicklow Irish Pub.

Dave Specter se presentará a las 22 horas, los días jueves 28, abrirá El Charro y Los Moonhowlers; 29, abrirá Las Señoritas de Aviñón, y 30, abrirá Vieja Estación.

Ruta 61, se encuentra en Baja California 281, colonia Hipódromo Condesa. Los teléfonos son 3096-3021 y 5211-7602. Entrada: 250 pesos.

Y si alguno de mis tres lectores aún no se anima a conocer el Hoochie Coochie Bar, le recomiendo visitar Lugar de Colibríes, blog de una deliciosa habitante de Tzintzuntzán.
(N. de la R.)


El domingo primero de octubre, Dave Specter se presentará en el Wicklow Irish Pub, ubicado en 5 de Mayo 86, colonia Centro, Querétaro. Teléfono: (442) 212-0947.

jueves, septiembre 28, 2006

Chuck Berry Fields Forever I

Otro de mis héroes se llama Gerardo Aguilar Sámano, también conocido como Ger, Jerry y Gerhard. Las madres de sus novias se refieren a él como Her Heart, y los suegros lo llaman Her Bar. De cualquier manera y con cualquier nombre, Herr Ardo (es decir, Caballero de Fuego en la Edad Media… o Mr. Hot en tiempos de James Brown) ha logrado rescatar ya dos video clips del Laboratorio de Teatro y Taller de Autoayuda Natalia Bondarchuck: Ayer y Pastel Artaud.

Con la autorización de Ger y para regocijo de las asociaciones psicoanalíticas del mundo, presento en esta entrega (aunque ya lo hace Jerry en su propio blog) el video clip Pastel Artaud, canción que pertenece al álbum Esa viscosa manera de pegarme las ganas.

Lo que puede verse es la versión con play back cometida en los estudios de Canal 11 (IPN) dentro del programa Hoy en la Cultura, que esa noche de 1986 estaba cumpliendo uno o dos años de existencia (a la transmisión en vivo nos invitó personalmente nuestro queridísimo amigo Javier López Aguado, que entonces formaba parte del equipo de producción de dicho programa).

Y si alguien está interesado en saber qué dice la letra de Pastel Artaud, puede acudir al blog de Gerardo Aguilar Tagle, donde mi gemelo precioso ilustra con acierto lo que yo no pude explicar con palabras.

He mostrado a algunas personas tanto el video de Ayer como el de Pastel Artaud, y veinte años después se repiten las mismas reacciones de entonces: la gente ha mirado siempre a Mamá-Z como todos miramos el Soft Shoe Shuffle de Stan Laurel y Oliver Hardy en Way Out West (1937), una de las más hermosas películas de todos los tiempos. Y esta analogía emocional me llena de contento. Espero que Mamá-Z se mantenga en los ámbitos de la comedia y que así sea recordada hasta el final de los tiempos.

¿No es una belleza? ¡Cuántas veces vimos esta película durante nuestra infancia! Mi padre, entonces, lloraba y se ahoga de la risa, hincado al borde de la cama, con esta escena y con otras muchas de El Gordo y el Flaco. Mi padre, Agustín Aguilar Rodríguez, que ahora anda en sus 82. De él heredamos una muy clara estética del humor. Vaya, pues, el soft shoe shuffle en homenaje a Agustín Aguilar Rodríguez, mi único y verdadero ejemplo de vida. Todavía hoy, a mis cincuenta, pienso al verlo: Cuando sea grande, quiero ser como él.

Y ya que estamos en esto, comienzo a transcribir los primeros capítulos de Ganas de ti, libro que aún no termino y que intenta ser la crónica de nuestras incursiones en el rocanrol.

GANAS DE TI

lunes, septiembre 25, 2006

Intermedio musical

Va una buena noticia para los numerosos fanáticos de Vieja Estación y las innumerables seguidoras de Mamá-Z. Ya es posible disfrutar del video clip Sin tratos (2006), de la mejor banda de rocanrol de la ciudad, a la vez que gozar de Ayer (1986), antigua sesión del Laboratorio de Teatro y Taller de Autoayuda Margarita Gautier.

Basta con entrar a www.youtube.com, escribir en la ventana de search for
Sin tratos
o Mamá-Z.

De hecho, en YouTube es posible hallar lo que uno quiera. Hoy, por ejemplo, encontré cosas de Ringo Starr, uno de mis héroes máximos -a la altura de Frank Zappa y Groucho Marx-: Act Naturally, Back off Boogaloo, Don't go when the road don't go, I wanna be your man, etcétera. Y ya se imaginarán la clase de amigos que sube al escenario de Ringo: Levon Helm, Billy Preston, Rick Danko, Joe Walsh, Jim Keltner...

Como saben, un video en internet siempre presenta problemas de continuidad. Sin embargo, es posible evitar los frenones. Se arranca el video, se le deja ser… y unos segundos después de iniciado, se regresa la palanquita que corre al principio, para que la cinta roja (que avisa cuánto ha bajado del archivo) siempre vaya más adelante.

Ojalá me haya dado a entender. Si no, ahí ustedes háganse bolas.

NOTA IMPORTANTE
El video de Ayer fue subido a la red por Gerardo Aguilar Sámano,
primogénito de Gerardo Aguilar Tagle y Marugenia Sámano Valenzuela.

Pronto tendremos más sorpresas. A Javier García, baterista de Las Señoritas de Aviñón, se le ha ocurrido una buena idea: colocar en el frontispicio de Ruta 61 los videos que vayan surgiendo. Bueno, ya veremos cómo Octavio Herrero y Rafael Martínez (responsables técnicos de este lugar) resuelven el asunto.

domingo, septiembre 17, 2006

Cuando escuches este vals III

Es en los veinte, la década de tu nacimiento, donde renacen los valores nacionales: se enaltece el pasado indígena, se reconoce el pasado español, nos reconciliamos con el virreinato. Ya no te toca ver caminar por las calles de la Colonia Roma a Ramón López Velarde, pero perteneces a la primera generación de lectores de Suave Patria. ¿Te acuerdas de la estrofa que me leíste una mañana de invierno, mientras ordenabas por enésima vez un cajón de papeles viejos?


Suave Patria: tú vales por el río
de las virtudes de tu mujerío.
Tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alumbradas.

Acababas de cumplir dos años cuando se realizó el juicio de José de León Toral, el muchacho que mató a Álvaro Obregón y cuyo abogado fue Demetrio Sodi, probablemente abuelo o padre de Demetrio Sodi de la Tijera. ¿Te acuerdas de él? Cuando alguna vez lo viste por televisión, me dijiste que te parecía un hombre guapo. Y tú, a los guapos siempre les has dado mucho crédito. Por eso, consideras buen actor a Omar Sharif (más como Yuri Zhivago en la película de David Lean que como Colorado en El oro de Mackenna). Por eso, leíste con tanto gusto La tía Julia y el escribidor, porque Mario Vargas Llosa siempre te ha parecido lindísimo. Yo estaba contento, al ver que aceptabas una de mis sugerencias de lectura, puesta y bien dispuesta en tu mecedora de madera, con un ojo al libro y otro a Café con aroma de mujer, donde salía Guy Ecker, otro de tus guapos, en el papel de Sebastián Vallejo.

Para don Demetrio, la defensa en el juicio de León Toral –público, oral y con jurados- se dificultaba, desde el momento en que se trataba de un asesino confeso. Por eso, su discurso pretendió demostrar que se trataba de un hecho singular, extraordinario, a la altura de las tragedias griegas, digno de Esquilo. Un dibujo verbal de don Demetrio pretende encontrar belleza en el acontecimiento:

-El general Obregón, al caer, sonrió como saludando a la muerte.

Ezequiel Padilla –por la parte acusadora- no se quedó atrás. Fue un duelo de grandilocuencia y desmesura poética. Padilla dijo que, al morir Obregón, no cayó un hombre sino una montaña…

-¡Una montaña de generaciones, de generaciones humildes, cuya causa es presidida por el Cristo Redentor, no ese Cristo en cuyo nombre se ha perpetrado este crimen!

Tú eras entonces una niña, pero fuiste educada en un ambiente de veneración a dos madres Conchitas: Concepción Arévalo –acusada de participar en el asesinato de Obregón y enviada a las Islas Marías a purgar una condena de veinte años- y Concepción Cabrera de Armida –fundadora de las Obras de la Cruz-. ¡Y el nombre anda siempre en la casa! Mi abuela, tu madre, es Concepción, de quien naciste el 25 de septiembre de 1926, en la casa número 3 de la segunda calle de Civilización (mira, tengo hasta el número de teléfono: 225, de la Compañía Ericsson, cuya central telefónica automática, la primera en México, comenzaba a funcionar en esos días). Tu primera hija es Concepción.

Supongo que mi hermana pudo haberse llamado Esperanza, como mi abuela de Puebla; pero se llamó Concepción, como mi abuela de México. Algo me dice, sin embargo, que será la última vez que se use este nombre en la familia. Todavía estabas acá cuando Calá comenzó a promover nuevas formas de llamarla: Coni… y hasta Shell.

¿Tú estás de acuerdo? ¡Ah, bueno, entonces ya no digo nada!

Pero yo siempre la llamaré Conchita, para que recuerde que su nombre no es carbonato cálcico protector de moluscos ni apócope de arbusto gimnospermo, sino homenaje a la madre de Nuestro Señor Jesucristo, que fue concebido sin pecado por obra y gracia del Espíritu Santo. Además y para reforzar mi insistencia, revisaré en la siguiente entrega la presencia de otras Concepciones en el árbol de nuestra genealogía.

Imagino la casa de los Escandón, que fue antes de don Justo Gómez y hoy conocemos como Parque Lira.

Una calzada de árboles nobles y elevados conduce hasta la entrada circular. El segundo cuerpo de la casa es sostenido por un peristilo corintio, con su enlosado mármol de Génova, parecido acaso a las pérgolas que en el Parque México vemos (o veíamos) cubiertas de bugambilias. En la galería que antes perteneció al Conde de la Cortina, los Escandón presumen originales de Pablo Céspedes, Alonso Cano, Turner y Gerardo Dow, y no faltan ahí buenas copias de Rafael, Ticiano y Corregio.

Tacubaya es, en el imaginario de tus hijos, el paraíso perdido, la tierra del principio, el lugar donde parece que sucedieron las cosas importantes. Tacubaya, en cuyas haciendas descansaban no hace mucho las familias ricas que, en sus lujosas casas de campo, jugaban a los bolos y paseaban por los jardines.

Tacubaya, con su Teatro Apolo y su frondoso fresno llamado Árbol Bendito, era entonces un lujo.

Algo de ese aire aristocrático puede respirarse este sábado de otoño de 1926, a las diez de la mañana. El sol tibio de septiembre dibuja la débil sombra de los árboles de Tacubaya, cuando la señorita Luz Elena Osorio Mondragón camina por Avenida Primavera (luego llamada Benjamín Franklin), vestida de blanco –paloma perseguida por el viento- y es observada por los piracantos. A sus treinta y siete años, ligera como adolescente, Luz Elena no camina, Luz Elena trota: lleva cierta prisa, sí, pero es esa prisa alegre que no admite distracciones ni momentos para pensar. Los hoyuelos de sus mejillas se marcan de ternura por la sonrisa delicada que le brota de sus emociones. Y es que hoy, a las siete de la mañana, a su hermana Concepción le nació una bebita, toda gordita, morena como la misma Virgen del Tepeyac.

Tiene prisa, porque no quiere perderse ni un segundo las cosas que pasan en la casa. Dejó a Conchita acompañada de dos hombres: don José Tagle y Aguilar, el padre; y don José Luis, el culto ingeniero geógrafo, tío de la recién nacida.

¡Y para lo que sirven estos dos!, piensa Luchena, no con desprecio sino con ese orgullo femenino que no concede crédito a la capacidad doméstica de los varones.. Además, don José le dijo que también saldría un rato, que tenía algunos asuntos que atender, que se le dispensara… por favor.

-¡Y José Luis, pobrecito! De estas cosas no entiende ni papa. ¡Ah, que no se me olvide llevarle su Neutralón! ¡Qué bien le ha curado el estómago! Claro, es medicina alemana. Tengo que apurarme.

Y allá va la señorita Luz Elena, pensando en el nombre que recibirá su primera sobrina.

-¿Concepción, como su mamá? Tal vez, tal vez.

Entra Luz Elena a la casa, y pocos minutos después llega su cuñado José, todo catrín y bien peinado. Ni a su mujer le dijo que le pegó a la Lotería. Tal vez no se sacó los 125 mil pesos del premio mayor, pero algo importante habrá alcanzado como para hacer lo que nunca: fue a la calle de Bolívar y entró a la peluquería Ambos Mundos, la más elegante y mejor atendida de la ciudad, y gastó dos pesos con ochenta centavos en la rasurada, el corte de pelo, el masaje de Boncilla Beatifer y el champú; bueno, hasta pidió que le pusieran la loción cara, Flores de Amor.

¡Ay, qué guapo vienes! -dice Luz Elena.
¿Te parece? -contesta mi abuelo, sin darle mucha importancia.- Mira, te traje Hermase Thezze.
-¿Y eso qué es?
-Píldoras... a base de extractos vegetales. Lo último en medicina francesa, para tus varices.
-¡No gastes, José, no gastes! ¿Dónde las compraste?
-Allá, en Revillagigedo. Me atendió el mismo Julio Benot.
-Yo te compré Tonomalare.
-¡Ay, Luchena, Luchena! ¿Sigues pensando que los alemanes son mejores que los franceses?
-Es que te veo medio anémico. Ándale, prueba estas pastillas.

Mi abuelo no es muy dado a mostrar cariño a su cuñada, a la que culpa de que su mujer nunca esté en casa; pero la buena suerte le ha cambiado el ánimo, y Ma está contenta de verlo alegre.

-¿Cómo está Conchita?
-Bien, bien. ¡Y la niña está preciosa!

La niña todavía no tiene nombre, pero todos parecen coincidir en que debe llamarse como su mamá, Concepción.

Sin embargo, el ingeniero José Luis Osorio Mondragón ha pasado varias horas en la biblioteca, revisando los nombres en la historia de la familia, y tiene otra idea:

-Pienso que la niña podría llamarse María de la Luz...

¡Porque ese nombre aparece de manera frecuente en el árbol de nuestra genealogía!, afirma el ingeniero José Luis Osorio Mondragón, al tiempo que abre su cuaderno de notas y lee…

A principios del siglo XIX, Joaquín Mondragón llegó del viejo continente a la Nueva España, cuando la rebelión insurgente de algunos criollos era apenas un secreto a voces. A pesar de su juventud, Joaquín ya era capitán teniente coronel de la Compañía de San Blas, Territorio de Tepic. Fue entonces cuando conoció a la señorita Josefa Garduño, cuya familia se había establecido en la colonia desde mediados del siglo XVIII.

Joaquín y Josefa se casaron en Ixtlahuaca, en plena revolución de independencia, en 1819, cuando el recién llegado contaba ya con el cargo de Comandante de la Primera División del Sur, y tuvieron cuatro hijos: José María, Mariano, Ángela y Dolores.

Ahora, veamos qué pasa con los hijos.

Años más tarde, José María Mondragón Garduño –el primogénito- contrajo nupcias con María de la Luz Esquivel, dos veces viuda, hija de don Secundino Esquivel, sobrino nieto de Joaquín Esquivel, pintor del dieciocho cuyos cuadros aún pueden apreciarse en el Claustro de la Merced, al sur de la Plaza de la Constitución.

¿Un pintor en la familia, antes de Carmen Mondragón? –pregunta sorprendida Luz Elena.
¡Sí, hermana, y muy reconocido! –afirma Pa-. Mira que el mismo doctor José Ignacio Bartolache y Díaz de Posada, el eminente editor de El Mercurio Volante y creador en su época de exitosas pastillas férricas, al practicar una hesitación filosófica en torno a la imagen de la Virgen de Guadalupe…
-¿Una hesitación…?
-Sí, sí, es decir, una duda. La hesitación filosófica es la suspensión voluntaria y transitorio del juicio para dar espacio y tiempo al espíritu a fin de que coordine todas sus ideas y todos sus conocimientos.
-Eso me suena a Descartes.
-¡Muy bien, Luchena, qué puntual es tu comentario! Bartolache fue siempre un defensor ardiente de las ideas del francés. Pero déjame terminar. El autor de Netemachtiliztli (mira, aquí tengo el libro: trata en náhuatl el asunto de sus pastillas), al querer entender la extraordinaria conservación del famoso ayate (fabricado con ixcle, es decir, filamentos de maguey), así como de la imagen misma, mandó hacer copias de la guadalupana a diversos pintores, entre ellos a nuestro tío Joaquín…
-¿Y esas copias... se conservaron igual?
-No. Sin embargo, no es del milagro de lo que quiero hablar, sino del orgullo que me produce traer sangre de artistas reconocidos en su tiempo, como nuestro tío, don Joaquín Esquivel, una de cuyas descendientes es, te digo, María de la Luz Esquivel.

María de la Luz, María de la Luz. Me está gustando
-dice Ma, como pensando, para luego juntar sus manitas, como niña a la que se le platica la más hermosa de las historias- ¡Cuenta más, José Luis, cuenta más!

sábado, septiembre 16, 2006

Cuando escuches este vals II


Pero antes de seguir con tu fiesta de quince años y con la llegada de papá a la Ciudad de México, hablemos de tu nacimiento. Vas a perdonarme, a propósito, tanto desorden de tiempos, pero la fealdad de este nuevo siglo y la fealdad de esta ciudad me impiden narrar tu vida como yo quisiera, como tú lo hacías: cada cosa en su lugar, la ropa ordenada en el cajón respectivo, los platos bien apilados, la limpieza, el universo sin errores, la vida con calma, despacio que llevo prisa, decías. Hoy, en cambio, todo es más rápido... y, por eso, todo es más feo. ¡Cierra los ojos, mamá, este nuevo siglo no es el nuestro!

Dame permiso, mejor, de escribir como sueño.

Entre las sombras de los años veinte, basta una pequeña luz para que la década no sea en vano, no sea pura noche, tanta oscuridad. Hay, el 25 de septiembre de 1926, a las siete de la mañana, un amanecer que, sin saberlo, iluminará los muchos años que aún le quedan a la centuria. Una amanecer así de chiquito, una luz morena que hace de Tacubaya el centro de la historia.

Llegas al mundo el mismo año en que nacen Marilyn Monroe, Miles Davis, Michael Focault y Tony Camargo. Es el año en que muere Gaudí, arquitecto de los sueños, sueños de luz. Llegas a un México de días violentos: campesinos levantados en armas, guerra entre los indios yaqui y el gobierno de Plutarco Elías Calles; misas subrepticias, fusilamiento de curas; monjas escondidas y aisladas del mundo. Es el México de los años veinte, el mismo en que el rico industrial Carlos B. Zetina propone la reelección de Elías Calles (contrariamente a lo que se piensa, su primer apellido es Elías) y se queja de que las grandes haciendas, antes imperio de riqueza y producción, están siendo repartidas entre peones ignorantes incapaces de trabajarlas.

Es un México que vive los estertores de una revolución traicionada y vuelta mausoleo. Tu nombre completo es María de la Luz Gema de los Dolores Tagle y Aguilar de Osorio y Mondragón, y eres registrada el 17 de abril de 1927, dos días después de cumplir siete meses de nacida, en la Municipalidad de Tacubaya. Don Luis Melgarejo, juez del estado Civil, firma la constancia de tu nacimiento, y de ella dan fe, en el número 100 de la calle de Hidalgo, el adorado Pacito (José Luis Osorio Mondragón) y un señor llamado Manuel Palencia. Tus padres, mis abuelos, don José Tagle y Aguilar, poblano de cincuenta años; doña Concepción Osorio Mondragón, originaria de Texcoco y con cuarenta años de edad. ¡Qué atrevidos! ¡O cuánta salud la de entonces! Muchos años después, te reirás de esto:

-Pues tus abuelos ya eran grandes cuando yo nací, y mira: no me pasó nada, no me pasó nada, no me pasó nada…

Harás bizco y pondrás cara de mensa. Nos reiremos mucho, como para apagar el vértigo de las probabilidades. Pudiste haber salido de veras mal; pero fue todo lo contrario: saliste muy bien, con una inteligencia por encima de lo normal y con una belleza que todavía me trae locamente enamorado.

¡Mira lo que son las cosas! Ahora tengo la misma edad que tiene mi abuelo cuando naces. ¿Y tus abuelos, mis bisabuelos, aún están ahí o ya se fueron? José Pablo Tagle y Guadalupe Aguilar; José Delfino Osorio y María Mondragón.

Tío Carlos aprovecha la visita de su sobrino Agustín para leer ante él algunos pasajes de su nuevo proyecto literario: la biografía de Agustín Aguilar y Namorado, su padre, que entonces tiene ya cinco años de fallecido. Piensa que la edición puede hacerla el Centro Veracruzano de Cultura y quiere que el prólogo lo escriba don Erasmo Castellanos Quinto, alumno de mi bisabuelo en la Facultad de Derecho. Don Erasmo abandonó la profesión de abogado para dedicarse a las letras y la enseñanza de la literatura, y en 1941, a sus sesenta y tantos años, sigue siendo un muy buen amigo de la familia.

Los deseos de Tío Carlos, como sabemos, se cumplirán: el prólogo serña escrito por don Erasmo.

¡Muy interesante! Pero el joven Agustín anda con la cabeza en otro lado. Quiere conocerte, quiere ir a tu fiesta. ¡Y consigue ser invitado!

Tal vez es el primer baile formal de papá, y, como teme ser rechazado, decide sacar a la más fea. Al hacerlo y tocar su espalda, descubre que la pobre muchacha tiene un enorme grano a punto de estallar. Pero Agustín es un caballero: logra pescar unas cuantas palabras, tejerlas entre sí y formar dos o tres oraciones sobre el clima y lo bonito que dejaron el Zócalo para las fiestas patrias.

La pieza musical se vuelve eterna, como rosario en ayuno.

Al buscar con los ojos a Mario, entiende que la niña que baila con su primo eres tú. ¡Qué bonita, de veras que linda!, piensa papá, y por su cabeza pasan todas las estrategias que un adolescente de 17 años, católico y poblano, puede imaginar para acercarse a ti.

Con la cortesía necesaria, deja a la muchacha del grano y se dirige, con paso vacilante, a la entrada del hall. De pronto, escucha las melosas palabras de Mario:

-María de la Luz, aquí hace mucho calor. Vamos a la terraza.

El rostro de papá lo dice todo. Fija en una pequeña hendidura de la pared, su mirada revela la contrariedad de quien no contaba con la agradable sonrisa de su primo.

¿Qué está sintiendo papá mientras tú platicas con Mario? No es irritación contenida, no son celos, no es ni siquiera enojo. Cómo va a ser eso –piensa Agustín-, si no nos conocemos; pero, entonces, ¿por qué siento cosquillas en el estómago, como si no hubiera comido? Quién sabe, tal vez sea eso: hambre. Veamos qué encuentro por ahí.

Tú platicas con una nube sin rostro llamada Mario, y tus ojos siguen el movimiento de papá hacia la mesa de los canapés. Por fin y con mucho esfuerzo, logras llevar la conversación hacia donde deseabas desde hace rato:

¿Entonces –preguntas como si nada-, Agustín también es mi primo?

¡Sí! –dice la nube-. Es hijo de mi tío Ismael… y nieto, como yo, de Agustín Aguilar y Namorado, tío a su vez de tu papá, porque tu abuela paterna es Aguilar.

Entre adioses y besos al aire de parientes y amigos, ves salir a papá y a Mario; observas que platican, pero no escuchas sus palabras. En ese preciso instante, lo que más quisieras es saber de qué están hablando, al salir de tu casa:

-¿Y qué te pareció la prima?, pregunta Mario.
-Está muy buena. Me gustan sus trenzas.

Pero Agustín no quiere hacerse ilusiones: eres su prima, a fin de cuentas. Y con ese pensamiento regresa a Puebla. Abraza a mis abuelos –Ismael y Esperanza- y sube corriendo a su cuarto, saca la Apologética, busca las páginas sobre el matrimonio y se encuentra con que hay impedimento para que este sacramento se cumpla entre primos.

El joven Agustín cierra el libro y descarta cualquier esperanza. Por ese arrebato de desilusión, comete la torpeza de no dar vuelta a la página y leer que hay posibilidades de dispensa cuando se trata de primos en tercer grado.

viernes, septiembre 15, 2006

Cuando escuches este vals I

María de la Luz Tagle Osorio
1926-1997

Cuando escuches este vals,
has un recuerdo de mí,
piensa en los besos de amor
que me diste y que te di.
Si alguien pretende robar
tu divino corazón,
diles que mi alma te di
y la tuya tengo yo.
Cómo quieres, ángel mío,
que te olvide, si eres mi ilusión.
En el cielo, en la tierra,
en el mar, en la tumba
estaremos los dos.
Sí, mi vida es sólo tuya...
y tuyo mi corazón.


Medianoche de 1997, entre el 15 y el 16 de septiembre
. Suena el teléfono. Me levanto y descuelgo el auricular. Aún medio dormido, pregunto quién llama. Es Concepción, mi hermana mayor.

-Tino, acaba de morir mamá.

Se me desatan las amarras, se me viene todo encima, se me suelta un llanto angustioso, profundo... y caigo al suelo, hincado. Dolor nunca vivido, dolor en quién sabe que profundidades del alma. Dolor que sabe al odio de Dios. No reconozco la realidad, me parece absolutamente ajena, como si las palabras de mi hermana me hubieran transportado a una densa oscuridad espiritual. La muerte arde, la muerte ahoga, la muerte es insoportable, inhumana.

Han pasado nueve años... y todavía no termino la biografía de mi María de la Luz. El libro ya tiene título -Cuando escuches este vals- y comienza así:


Dicen que no es posible, pero yo sí me acuerdo. Tu leche tibia y la brevedad de mis manos en tu rostro, en tus labios. Nos miramos fijamente, sin entendimiento, pura ternura. El mundo está amueblado por tus ojos... y existo porque me miras. Ahora me acuerdo, aunque dicen que no es posible. Y, por supuesto, otros gozos más cercanos: la yema de huevo mezclada con azúcar, tus pestañas en mis pestañas, la mamila que sabe a miel, las ganas de tus arrullos. Pero primero tu leche... y tu mirada mientras bebo. El cielo es mi bochorno entre tus brazos.

Eres Dios y existes, la causa primera. Quiero entrar en ti, perderme en ti, desaparecer en ti, regresar a ti. Muero porque no muero. ¿Cómo te alcanzo, mamá, si la eternidad huye, se esconde y me abandona en el tiempo? Te llevaste todo, y nos dejaste en nuestra pequeñez, balbuceando tu nombre en cada esquina del día. ¿Hacia dónde miro para hablarte, para que me escuches? ¿Hacia las nubes, más allá de ellas? ¿Hacia tu cocina, hacia las cosas que pueblan tu casa, nuestra casa? Estás escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia. Desde la profundidad de los abismos, te llamo.

Tal vez duermes en el silencio de papá, quien, desde que te fuiste, no ha vuelto a ser el mismo. Dice él que con tu partida perdió su infancia. Parece que ya nada le interesa. Te sugiero que lo abraces, porque le haces mucha falta. Y tus hijos andamos en las mismas, pero la vida nos obliga a decir que vamos bien, y hasta hacemos como que se nos olvida el dolor. Papá, en cambio, no tiene compromisos más que contigo. Tiene derecho al silencio. Míralo, escucha esos ojos que te buscan.

Hoy fuimos al Panteón Francés, a las cinco de la tarde. Pero estaba cerrado. Ya no pudimos entrar. Mañana, sábado, volvemos. De cualquier manera, aproveché para tomarle dos fotografías a papá en el vagón del Metro. Míralo, te digo, escucha sus ojos.

Y luego nos peinas con limón. Pero lo que a mí me gusta es tu pelo, y el ruidito que haces cuando te miras al espejo, con un pasador entre los dientes. Me gustan los picoretes que te das con papá cuando él regresa del trabajo –manojo de llaves y pañuelo arrugado sobre el tocadiscos Philips -. Besos de pájaro que alivian mis adentros. A esas horas, hay juego de aromas en la casa: tortilla medio quemada, bolitas de arroz que flotan en caldo de jitomate, el bistec y sus jirones de cebolla; puré de papa, a veces de manzana, como guarnición; agua de Jamaica o limonada; aguacate untado al bolillo, mantequilla en todas partes. La casa huele a ti, a tus manos; la casa eres tú y tus menjunjes, el árnica para el chipote y tus besos para el susto. Pero sobre todo... tu leche. Dicen que no es posible, pero yo sí me acuerdo.

Eres, mamá, un continente, y este libro es un viaje a tu interior. Visitarte, ir de excursión por tu vida es tarea de viajeros experimentados, pues nadie sale de ti sin modificaciones profundas en el alma. Mira a papá, por ejemplo: tu existencia lo embelesa y, así, arrancas de su mente la peregrina idea de hacerse jesuita. ¿Te acuerdas? Puede ser tu mirada, la de esos ojos tuyos que, para fascinar, miden de manera oblicua a quien se acerca; es la mirada que hoy se repite en tus hijas y en tus nietas, porque en ellas estás, tan viva y tan hermosa como aquel otoño de 1941, cuando te vuelves, de pronto, causa de un encantamiento.

De Puebla viene papá al Congreso del Apostolado de la Oración que se celebra en la Ciudad de México. Se trata de una organización jesuita, de la que el joven Agustín, con apenas diecisiete años, es entonces celador, es decir, encargado del cuidado espiritual de diez muchachos, apenas un poco menores.

Se hospeda en casa de tío Carlos Aguilar Muñoz, hermano del abuelo Ismael.

¿Te acuerdas? ¡El tío Carlos, el poeta! Poeta menor, pero poeta al fin. ¿Desde entonces no oía, o eso fue después? Tú me contaste que Tía Luz -su mujer- hablabla y hablaba y hablaba, sin parar y siempre para reconvenir a su marido por alguna minucia, y que Tío Carlos simplemente apagaba su aparato para la sordera... y listo: miraba a su amada esposa con la sonrisa de un beato.

¡Un beato, vaya! Te has de reír de mis palabras. Tío Carlos nunca fue santo de tu devoción: él tuvo mucha culpa en los maltratos que recibió su nuera, Tía Margarita, a la que tu adoras, ¿verdad?

¡Te fuiste antes de ver cosas muy tristes, mamá! Te hubiera dolido mucho ver morir a Alejandrina. ¿Qué pasó? No sé, parece que que mi prima era de presión alta, y no cuidó su corazón. Ya te imaginarás cómo anda Tía Margarita, con esos ojos de quien ha llorado noches enteras.

Y es que todos hemos llorado mucho desde 1997. Parece que impusiste la moda esa de morirse. Ya enterramos a Tío Nico y a Tía Tere (puedes estar tranquila, Mago estuvo a su lado en los últimos momentos, con los labios pegados a la frente de su madre, y las manos en sus manos); ya descansa también mi prima Lupita, y mi Tía Lili ha sido fuerte para soportar la ausencia de su hija.

Mejorar volvamos al presente, a este septiembre de 1941.

Tío Carlos le cuenta a papá de ti y de la celebración de tus quince años, en Tacubaya. Papá se anima a conocerte y llega a las cinco y media de la tarde. Observa que tu chambelán es el primo Mario -unigénito de Carlos-, muy guapo, con su pelo ensortijado, casi como lana de borrego (muchos años después, en el Colegio México, Tío Mario será apodado La Borrega, precisamente por su hermoso cabello).

El baile es el de Los Lanceros. No puedes disfrutar tu propia fiesta, porque cada vez que algún joven va hacia ti para sacarte a bailar, mi abuelo José te hace subir a los cuartos con cualquier pretexto:

-Ve por el suéter de tu hermana, que se va a resfriar. Ve a dejar el abrigo del doctor, ve, ve, ve...

Mi abuelo, tan celoso de ti.


¡Mira esta foto! La señorita Luz Elena Osorio Mondragón (Ma), el ingeniero José Luis Osorio Mondragón (Pa), mi abuelo José Tagle y Aguilar, mi abuela Concepción, Tití... ¡y Nené, es decir tú, de muy chiquita! Ha de ser 1927. Todavía faltaba mucho para 1941, cuando brotó el encanto en tus sueños.

A punto de cumplir quince años, eras Judy Garland levantada por un tornado y llevada a quién sabe dónde, a los brazos de Cary Grant, de seguro, lejos del Londres bombardeado y de la Grecia invadida por los alemanes, lejos de Manuel Ávila Camacho, nuevo presidente, y de León Trostky, refugiado en Coyoacán; lejos de los espías y de los espiados, lejos de la segunda boda de Diego Rivera y Frida Khalo, lejos de José Vasconcelos, que acababa de regresar del exilio; lejos de Pearl Harbor.

Lejos del mundo, cerca de ti.

Traías una extraña imagen desde hace dos años: el General Almazán había recorrido algunas calles montado en un caballo blanco, y acompañaste a Pa hasta el Monumento a la Revolución, para apoyar al candidato del Partido Revolucionario de Unidad Nacional; pero sobre el caballo blanco tú no viste, niña, a ese hombre más bien feo sino al príncipe de tus sueños, tu primo Agustín, al que ese año conociste y a quien, más tarde, le escribiste los cuartetos de tu ternura:

Como rosa que al sol se abre,
como rocío que se estremece,
así mi alma desfallece,
por alcanzar tu divino amor.

Qué grande ante mi vista es
el oyamel que hoy nos cubre,
tal parece querer en su altivez
tocar con su punta el cielo.

Al igual que el oyamel,
en un esfuerzo supremo
quiero tocar mi cielo,
quiero el imposible... a ti.

Mas si todo en vano es
y a mí, como al campo, el hielo me matara,
antes de morir te dijera:
muero pensando en ti.


Calcomanía fue el título de tus versos, al estilo de Campoamor. Flotabas entre nubes y escuchabas las notas desprendidas de la Orquesta Sinfónica de México, que acababa de estrenar el Huapango de José Pablo Moncayo. Coleccionabas poemas de amor en una libreta, a la que también añadías, para dejar claro el sentido de tus sueños, recortes de revistas de modas. Los poemas y las imágenes de esa libreta te delatan: las ganas de un beso.

¿Regresamos a tu fiesta de quinceaños?