jueves, septiembre 14, 2006

Ruta 61 y la política

¿Es válido, es conveniente, es de buen gusto que el clima político en el que nos encontramos se cuele a veces en nuestro querido Hoochie Coochie Bar? Quiero decir, ¿hacemos bien en llevar las cosas públicas a uno de los círculos privados de nuestro placer?

Para responder, habrá que mencionar dos circunstancias harto distintas:

1. La mayoría de las personas que frecuentamos Ruta 61, acudimos al bar con el deseo de estar con los amigos y de escuchar blues. Es natural, sin embargo, que la política sea tema de conversación. Más de una vez, en las mesas de este hermoso lugar hemos expresado nuestras opiniones personales y discutido sobre ellas, incluso de manera acalorada. Pero no sólo de política hemos polemizado, también de fútbol, de música, de sexo, de religión, de cronopios, de famas, de esperanzas... Y creo que la amistad siempre ha salido bien librada de nuestras pláticas. Hasta ahí, pienso que no hay problema alguno: así seguirán siendo las cosas, para mayor gloria del amor y de la pluralidad del ser humano.

2. El asunto se complica cuando una persona usa el espacio exclusivo de la música (es decir, el escenario) para imponer a gritos su postura política. Me entero, por Lalo Serrano, que ya un parroquiano se quejó por haber tenido que soportar cierta noche la inclusión de consignas políticas de un "blusero" (ha de ser músico de blusa) en su espectáculo.

a) No se vale. Entiendo la incomodidad y la queja.

b) No estamos ante un acto de valentía rebelde sino ante ese aspaviento grosero y arrogante que tanto daño le ha hecho a la izquierda.

c) Se trata de una actitud cavernícola tan repugnante y siniestra como las mentadas de madre de quienes pasan en sus automóviles cerca de Reforma para insultar a quienes tomamos Reforma durante más de un mes (el plantón mismo es discutible, y habrá que analizarlo con el tiempo y a la luz de su pertinencia presente y futura en las acciones de resistencia civil pacífica).

d) Me dice Lalo Serrano que el vociferante se atrevió a pronunciar su consigna porque entre el público asistente se encontraba Pablo Gómez, senador del PRD para la LX Legislatura. Sí, lo creo: hay individuos tan estúpidos que creen que gritar consignas frente a una figura pública admirable les acarreará la simpatía y el agradecimiento de éste.

e) Sin embargo, en una cosa creo que se equivocan el denunciante quejoso y el mismo Lalo Serrano: Pablo Gómez nunca ha avalado esas conductas, y casi puedo asegurar que en ese momento se habrá sentido muy avergonzado, como avergonzado se sintió cuando -en otra ocasión- dejaron en su mesa un portavasos con propaganda igualmente política (me dice Lalo que el senador simplemente sonrió y volteó el portavasos).

Dicho lo anterior -y siendo este blog una recámara virtual de Ruta 61-, me permito transcribir aquí un texto político, ofreciendo mis más sinceras disculpas por hacerlo: creo que, a diferencia del bar real, este espacio tiene las propiedades de lo privado y de lo íntimo.

El Blues de la Estufa Divina es una mesa más de Ruta 61, y los temas que aquí se tocan no interrumpen el gozo de la música ni el disfrute del blues.

A unas horas de iniciar los trabajos de la Convención Nacional Democrática, creo conveniente dar lectura cuidada, serena y responsable a las palabras que Cuauhtémoc Cárdenas acaba de enviar a Elena Poniatowska.

Sólo así -escuchando todas las voces- podremos llegar a las mesas de discusión sabatinas, no para repetir consignas (que son rezos, y que como tales tienen carácter religioso) sino para pensar, para intercambiar ideas, para contribuir a la construcción de un México más justo, para salir de la simulación de las instituciones y hacer de la democracia una realidad nacional.

Las negritas son mías.


Elena:

En la edición del diario La Jornada (página 8) del 10 de septiembre aparece una nota encabezada “Marcos y Cárdenas no apoyaron a AMLO por envidia”, en la cual se te atribuye, entrecomillada, la siguiente expresión: “Si estos tres personajes [en el texto de la nota se agrega a Patricia Mercado] se hubieran sumado, si no se hubieran echado para atrás, no habría la menor duda del triunfo de López Obrador, pero no lo hicieron por envidia”.

No me corresponde hablar de las razones de Patricia Mercado ni del subcomandante Marcos para haber adoptado las posiciones que adoptaron frente al proceso electoral reciente, pero puedo asegurarte que no fue la envidia lo que los motivó a actuar como lo hicieron, sino que, entre otras cosas, sólo ejercieron su derecho a pensar diferente.

En lo que a mí respecta, tu talento y trayectoria me obligan a darte una respuesta, obligadamente larga, de por qué no participé en la campaña de la coalición Por el Bien de Todos ni participo en la Convención Nacional Democrática, que empieza por decirte que la envidia no ha tenido lugar hasta ahora en mi conducta, ni pública ni privada, y que nunca me he echado para atrás frente a los compromisos que he asumido a lo largo de una ya larga vida.

Con Andrés Manuel he compartido por años propósitos y episodios importantes de la lucha por la democracia en nuestro país. Nunca exigimos incondicionalidad ni subordinación en nuestra relación. El trato en los muchos encuentros de los dos, puedo decirte, ha sido cordial y respetuoso.

Mis desacuerdos o desencuentros con él no son de carácter personal. Las diferencias que existen entre ambos son relativas a las formas de hacer y entender la política y sobre algunos aspectos programáticos, acentuadas, ciertamente, cuando se trata como hoy de los destinos del país y a partir de que se iniciara el proceso que debía conducir a la pasada elección del 2 de julio y respecto al cual ambos definimos con anticipación y públicamente nuestras posiciones frente al país y a la ciudadanía, él a través de sus “20 puntos”, sus “50 puntos” y del libro Un proyecto alternativo de nación, yo mediante la publicación de Un México para todos, de autoría colectiva. Aun con esas diferencias, mi voto fue por todos los candidatos de la Coalición, como en su momento lo hice público.

Una de las discrepancias que resaltaría de esas publicaciones es con relación al juicio que hace, sin mencionar nombres, de la digna y firme defensa del principio de no intervención y de la paz que hizo Adolfo Aguilar Zinser como miembro del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas.

Al respecto, Andrés Manuel escribió: “Después del triunfo de Vicente Fox, nuestra política exterior se ha conducido con desmesura. El resultado más notorio ha sido la afanosa intervención en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que en la práctica sólo vino a complicar aún más nuestra situación internacional”, lo que me lleva necesariamente a preguntar si la política exterior de México debe plegarse incondicionalmente a la de Estados Unidos con el fin de no complicarse y olvidarse entonces de la defensa de los principios, de tomar decisiones soberanas en función de los intereses del país y de la dignidad misma de la nación, que gobierno y ciudadanos estamos obligados a respetar y a hacer valer.

Se dice también en ese proyecto: “Los sueños de ver a México como gran protagonista en el concierto de las naciones son sólo eso: espejismos protagónicos para alimentar ambiciones personales que nada tienen que ver con el país real”, lo que me lleva a pensar que se quieren desconocer los logros de la política exterior mexicana como, entre otros, la aprobación por amplísima mayoría de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, el reconocimiento del derecho de los Estados a su mar patrimonial o la participación en el Grupo Contadora para lograr la pacificación de Centroamérica, que implicaron el despliegue de una gran actividad —y si se quiere llamar protagonismo— de la diplomacia mexicana.

Encuentro como una grave omisión de un candidato presidencial no tomar posiciones claras y públicas respecto a cuestiones importantes, tanto del momento como con consecuencias hacia adelante.
Puedo citarte los casos siguientes respecto a los cuales Andrés Manuel no se pronuncia todavía y que quienes consideramos prioritaria la lucha por el rescate y ejercicio pleno de la soberanía y por la cabal vigencia de un Estado de Derecho estimamos fundamentales: no ha habido una toma de posición en relación a los contratos de servicios múltiples de Petróleos Mexicanos; tampoco respecto a la ilegal prisión y la extradición hace unas cuantas semanas de seis ciudadanos vascos.

Sobre la iniciativa Sensenbrenner, que de llevarse a la práctica vulnerará los derechos de miles o millones de mexicanos en exilio forzado en Estados Unidos; la mayor y excesiva militarización de la frontera común del lado norteamericano, que constituye, sin lugar a dudas, un acto inamistoso hacia México; la iniciativa del Área de libre comercio de las Américas del presidente Bush y la propuesta alternativa de promover un acuerdo continental de desarrollo.

La iniciativa de ley de sociedades de convivencia, bloqueada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en los primeros tiempos de su gestión; la falta de tacto y de oficio diplomático en las relaciones del gobierno mexicano con los gobiernos y Jefes de Estado de Cuba, Venezuela, Argentina y Bolivia.

Reconocerás que en el círculo de colaboradores cercanos de Andrés Manuel se encuentran algunos de los que instrumentaron el fraude electoral y la imposición en 1988 desde el gobierno, el Partido Revolucionario Institucional, la Cámara de Diputados y la Comisión Federal Electoral, que impuso la banda presidencial a Carlos Salinas el 1 de diciembre de 1988.

Además, el que instrumentó la privatización del Canal 13 de la televisión; el que ha declarado que el proyecto económico de Andrés Manuel es el mismo que el de Carlos Salinas; el que pretendió promover la reelección de éste. Pero a ninguno, que se sepa, ha pedido Andrés Manuel explicación sobre su cambio de piel política y ninguno la ha dado públicamente.

Este mismo grupo es el que ahora, con algunas adiciones, acompaña a Andrés Manuel en sus nuevos proyectos y el de quienes podría pensarse que formarían parte de su gobierno, que no sería por sus antecedentes y falta de deslindes, un gobierno identificado con los principios y las luchas del PRD y de manera más amplia con aquellos de la izquierda mexicana.

Sólo para argumentar sobre uno de los casos: de seguirse la política económica del salinato, se proseguiría con la enajenación del patrimonio estratégico de la nación y con el desmantelamiento de la planta productiva, se pondría en práctica una política entreguista en lo económico y de subordinación en lo político, se profundizaría el desastre productivo y social del campo mexicano, se mantendría acrecentado el flujo migratorio masivo hacia Estados Unidos y se haría cada vez más agudo el proceso de concentración de la riqueza en pocas manos.

Por otra parte, no se podrá decir que no manifesté oportuna y públicamente mi desacuerdo con la postulación por parte de la coalición Por el Bien de Todos, de la que el Partido de la Revolución Democrática fue el eje, de candidatos con posiciones públicas contrarias a los principios del PRD, que nunca se deslindaron de sus pasados políticos ni han explicado las razones de su traslado al PRD o cómo concilian un pasado antagónico con los principios del PRD al haber aceptado una candidatura de éste, que no los representa por sus trayectorias y posiciones políticas públicas.

Ahí están, como muestra, algunos que fueron candidatos y otros que ya son legisladores en funciones. En este caso, voces como la mía y las de muchos otros que sólo demandaban congruencia, fueron simplemente ignoradas.

•••

En los últimos días de mayo hice público un documento a través del diario La Jornada denominado “Viendo hacia adelante: un camino democrático y progresista para México”, en el cual planteaba algunas cuestiones que me parece fundamental que se lleven a la práctica en el próximo sexenio, que pudieran ser consideradas por los candidatos entonces en campaña.

No merecieron la mínima observación, ni en sentido negativo ni en positivo, por parte del candidato de la coalición y la misma actitud de ignorar críticas, discrepancias e incluso planteamientos coincidentes con su línea política recibieron muchos de aquellos que por largo tiempo han militado en el campo progresista.

Digo en ese documento —y te lo reitero ahora— que al no haberse dado relevancia a la presentación y discusión de propuestas y compromisos por parte de los candidatos a lo largo de los meses de campaña, se hace necesario insistir en pensar y discutir el país que queremos, por encima de todo y antes que nada, así como en cambiar radicalmente la forma de hacer política, subordinándola a un proyecto de país y no a la simple ambición de poder o a la toma coyuntural de decisiones.

Entre las cuestiones básicas que no se discutieron en el ir y venir de las campañas estuvo la continuidad de la reforma electoral, que después del 2 de julio y ante los serios cuestionamientos que se han venido haciendo a la calidad del proceso electoral se ve aún más urgente, ya que a pesar de los muchos cambios que ha sufrido la legislación correspondiente, continúa inconclusa.

La gente reclama reducir y transparentar los gastos de las campañas; reclama que se llame a las cosas por su nombre, empezando porque las supuestas precampañas se reconozcan como campañas en la ley y en los cómputos de gastos y tiempos electorales; reclama abrir la posibilidad de candidaturas ciudadanas que no tengan que pasar necesariamente por la aprobación y gestión de los partidos políticos.

Además, facilitar el registro de nuevos partidos políticos, sin que el registro represente acceso automático a la asignación de dineros públicos; restituir en la ley la figura de las candidaturas comunes; reunir en no más de dos momentos dentro de un sexenio, los procesos electorales federales, estatales y municipales; y establecer las dos vueltas en las elecciones, tanto presidenciales como legislativas.

En materia de reforma electoral, la medida más efectiva, aquella donde se encuentra la principal respuesta a las exigencias populares, la reforma más de fondo es hacer equitativos los tiempos en los que partidos y candidatos tengan acceso a los medios electrónicos de comunicación, así como acotar los periodos en los que pueda hacerse propaganda dirigida al público, prohibiéndose a partidos, candidatos y particulares comprar tiempos en los medios electrónicos —televisión y radio comerciales— y que éstos sean asignados por la autoridad electoral de manera equitativa.

Lo anterior para que no sea el gasto mayor o menor en la compra de tiempos lo que determine la mayor o menor presencia de las alternativas electorales que se ofrezcan a la ciudadanía al través de esos medios. Así se tendrían campañas equitativas y se lograría una reducción sustancial de los tiempos y las erogaciones públicas —y en su caso privadas— en las campañas electorales.

Por otro lado, y también en relación con la cuestión electoral, debe legislarse para prohibir que en la publicidad que se hacen las dependencias oficiales al través de los medios de información —televisión, radio, prensa escrita— aparezcan imágenes y nombres de funcionarios, que si bien pudieron haber participado en la promoción o ejecución de algún programa o proyecto público, no hicieron sino cumplir con su obligación y en su caso, con un mandato ciudadano, pues fue irritante y ofensivo en las precampañas, como creo te consta, ver cómo candidatos o precandidatos de los tres partidos de mayor presencia nacional, despilfarraron a lo largo del sexenio y hasta que dejaron sus cargos, dineros públicos para su personal promoción político-electoral.

Es necesario comprometerse con reformar la reciente y vergonzosamente aprobada Ley de Radio y Televisión, recuperando para el Ejecutivo la capacidad de normar la operación de los medios de información electrónicos con sentido de servicio público y de equidad, abriendo las posibilidades, a partir de los avances tecnológicos en la materia, de otorgar nuevas concesiones a instituciones de educación superior, gobiernos estatales y municipales, organizaciones culturales y comunitarias y sociedades comerciales sin vínculos con los medios ya en operación.

Es ya oportuno también convocar a la revisión, con sentido y procedimientos democráticos, de las bases y los términos de nuestro pacto federal.

De esa revisión habrá de surgir la nueva Constitución que contenga la estructura y competencias de la Federación, los estados, los municipios y de los tres poderes de la Unión, que considere los derechos ya ganados por los mexicanos, sus nuevos derechos y los procedimientos para que el ciudadano o las colectividades hagan exigible su ejercicio frente al Estado.

Una que esté concebida visualizando la presencia de nuestro país en el mundo globalizado, que establezca los cauces para el tránsito de una democracia representativa plena, aún por alcanzarse, a una democracia de amplia participación social, así como los mecanismos de consulta ciudadana, iniciativa popular y de revocación de los mandatos, entre otras cuestiones.

Lo que hasta aquí te he expuesto son algunas de las razones que a mi juicio determinaron el número de votos que obtuvo Andrés Manuel el 2 de julio. Por estas mismas razones no creo, contra lo que tú has declarado, que mi ausencia de los actos públicos de la campaña haya provocado una dramática disminución de las preferencias electorales a favor de la coalición. Seguir argumentando más sobre estas cuestiones, sería entrar a un terreno estéril de especulaciones.
Yendo a otros temas, me preocupa profundamente la intolerancia y satanización, la actitud dogmática que priva en el entorno de Andrés Manuel para quienes no aceptamos incondicionalmente sus propuestas y cuestionamos sus puntos de vista y sus decisiones, pues con ello se contradicen principios fundamentales de la democracia, como son el respeto a las opiniones de los demás y la disposición al diálogo.

Me preocupa, asimismo, que esas actitudes se estén dando dentro del PRD y en sus cuadros dirigentes, pues se inhibe el análisis y la discusión de ideas, propuestas y alternativas entre compañeros, más allá de que esa cerrazón se extiende también a lo que pueda llegar de afuera del partido; que la conducción política y las decisiones tomadas después del 2 de julio, como el bloqueo de Madero, Juárez y el Paseo de la Reforma —excluyo la ocupación de la plancha del Zócalo— se estén traduciendo en pérdidas y desgaste del movimiento democrático en lo general y del PRD en lo particular.

Me preocupan los cambios contradictorios de línea política: a un medio de información norteamericano Andrés Manuel le declaró no ser de izquierda, cuando había declarado serlo a lo largo de precampaña y campaña. Por otro lado, el 10 de agosto pasado se publicó en La Jornada una entrevista que hiciste a Andrés Manuel en la que preguntaste: “Si llegaras a la Presidencia, ¿tendrías que moderarte?”.

A lo que respondió: “Si, la institución te lo exige, yo lo haría. Es más, durante la campaña y hasta ahora no he dicho cosas que pienso sobre mi país, porque me he autolimitado, porque mi rol es hasta ahora uno.Una vez que se resuelva este asunto [el conflicto poselectoral], ya veremos.

Pero muchas cosas me las guardé porque uno tiene que actuar de una manera cuando es candidato y, desde luego, actuar de otra manera cuando se es Presidente, y de otra manera como dirigente de resistencia social. Pero en cualquier circunstancia uno tiene que mantener sus principios. Es nada más un asunto de matices, de moderación”.

¿Por qué entonces guardarse de fijar posiciones y hacer propuestas, cuando era precisamente en su calidad de candidato a la Presidencia cuando se tenían que hacer definiciones que atrajeran con lealtad y orientaran con rectitud el voto de la ciudadanía? ¿No es principio básico de un comportamiento leal y democrático actuar con transparencia y hablar con la verdad? ¿Cómo lo explicas tú?

En reciente documento suscrito por Andrés Manuel se plantea que la convención que él ha convocado para celebrarse el 16 de septiembre “decida si el órgano de gobierno y quien lo represente, se instale y tome posesión formalmente el 20 de noviembre o el primero de diciembre de 2006”.

Aquí me surge la siguiente pregunta: si se considera que el gobierno actual ha quebrantado ya el orden constitucional ¿para qué esperar al 20 de noviembre o al 1 de diciembre, por qué no empezar por desconocer a la administración en funciones, como sucedió cuando el movimiento constitucionalista encabezado por el Primer Jefe Venustiano Carranza desconoció al gobierno usurpador de Huerta, a los poderes Legislativo y Judicial y a los gobiernos estatales que no acataran el Plan de Guadalupe?

No pienso que así deba procederse. Hacerlo sería un craso error, de altísimo costo para el PRD y para el movimiento democrático en su conjunto. Por el contrario, estoy de acuerdo con la sensatez y sabiduría de Luis Villoro, que en un artículo reciente dice que la discusión de un proyecto nuevo de nación requiere de tiempo para su debate y no puede aprobarse en un acto declaratorio en el Zócalo, al calor de un discurso, pues haría falta por lo menos la consulta y la anuencia de delegados de toda la República.

Es decir, agrego yo, de un amplio proceso de análisis y discusión, que en función de un proyecto de nación construido colectivamente en la pluralidad y mediante procedimientos democráticos, desemboque en la elaboración de una nueva norma constitucional.

Villoro expresa también que “muchos no podemos estar de acuerdo con nombrar un nuevo presidente en rebeldía. Esto rompería, aunque sólo fuera simbólicamente, el orden constitucional. Para sostener una amplia y permanente oposición lo que menos necesitamos son actos provocadores.

Lo que sí es necesario, pienso yo con muchos conciudadanos, es caminar hacia la paulatina realización de un nuevo proyecto de nación para el porvenir cercano… Un proyecto de oposición podría seguir ciertas ideas regulativas: una nueva ley electoral; una nueva legislación sobre los derechos de los pueblos indígenas; resistencia contra la privatización de los recursos naturales; lucha contra la corrupción; ampliación de la educación en todos sus niveles; lucha para disminuir radicalmente la desigualdades económicas y sociales. Una izquierda nueva podría aglutinarse, sin perder diferencias, en las líneas de un proyecto semejante”.

Como ves, con esta larga carta lo que hago es defender el derecho a disentir, a pensar diferente, a pensar que cuando se ha impedido ha conducido a dictaduras, opresión, represión, sectarismos e intolerancia, que estoy cierto, ni tú ni yo queremos ver en nuestro país.

Muy atentamente

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano

martes, septiembre 12, 2006

Intermedio - 11 de septiembre de 1973

Que las dolorosas lágrimas de Nueva York
humedezcan también las tumbas de Latinoamérica.


Escucha el último mensaje de Salvador Allende en su propia voz.
Aprieta aquí.

Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres el momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.


¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!

Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

miércoles, septiembre 06, 2006

Los amigos son los amigos

Aquí tenemos a Ignacio Espósito, tomado desde un ángulo difícil. Vaya ésta y tres fotografías más del baterista de Vieja Estación como abrazo adelantado, ya que el sábado 9 de septiembre es su aniversario.

Al mismo tiempo, miles de besos a Cecilia García-Robles, pues ella cumple años un día antes,
el viernes 8 de septiembre.


De Cecilia y de Nacho hablaré en la dos próximas entregas.

Esta vez, en cambio, necesito referirme a otro amigo.

Fue en 2004 cuando conocí a Toufic Hanono.

Poco no hemos visto desde entonces. Pero en cada una de las ocasiones en que hemos coincidido, la vida nos ha regalado gozos y excesos: ora en una isla de hombres libres, ora en una isla de envidias, ora en una isla de blues, es decir, en Ruta 61, el pasado viernes 1 de septiembre, cuando nos encontramos en la celebración del enésimo cumpleaños de Octavio Herrero, nuestro amigo mutuo.

Me senté en la mesa de Toufic un rato, y brindamos con whisky durante dos canciones. Ya luego, a las dos o tres de la mañana, nos despedimos en medio de ese conciliábulo internacional en el que se ha convertido el Hoochie Coochie Bar: argentinos, franceses, uruguayos, chilenos, cubanos, mexicanos, indios, polacos (como Stanislaw Racsynsky, quien ejecuta vientos y teclados dentro de Las Señoritas de Aviñón –bueno, perdón, la preposición correcta es con), guasingetones, chilenos, ingleses, alemanes… y una española de belleza superlativa con la que esa noche terminé bailando al ritmo de Grateful Dead (gracias a la maestría de cinco bonaerenses y a la hermosa interpretación de Franklin's Tower en la voz de Ignacio Espósito).

El nombre de Toufic me gusta, porque recuerdo mis edades tempranas: en televisión (blanco y negro) pasaban Estrellas Infantiles, programa de concurso para niños conducido por Pepe Ruiz Vélez. Los escuincles participantes se llevaban siempre una enorme bolsa de Chiclosos Toficos, incluso las pequeñas niñas que se atrevían a bailar Can-Can (en esos momentos, mi mamá apagaba la televisión, sin saber que para un niño de 7 años basta un instante de esplendor para volverlo eterno).

En fin, que Toufic me envió hace unos minutos un mensaje. Y sus palabras me hicieron meditar acerca de las grietas que yo mismo he abierto con la gente que me quiere, sólo por andar expresando mi postura política.

Ahora, con las palabras de Toufic, aprendo algo nuevo en la vida: el amor exige respeto a los pensamientos del otro.

Así que ya estuvo bien: yo acepto que mis amigos estén contentos porque el Tribunal Etcétera ha señalado quién es el presidente de la República, y mis amigos aceptan que yo no lo reconozco, como tampoco reconoceré -nunca de los nuncas- al pontífice católico como representante de Cristo. Menos aun admitiré como verdadera a la iglesia que dirige el heredero de un imperio de asesinos y falsarios. La única iglesia de Jesucristo es la que formamos todos los seres humanos, no una banda de misóginos que se atavían como si fuesen la nobleza más antigua.

Advierto, sin embargo, que soy un ser contradictorio y que uno de los lemas que hoy mismo adopté como mío -a la hora de la comida, con vino tinto español, con pasta al pesto y con la compañía de un sueño hecho mujer- es Nunca digas de esta agua no beberé. Así que no se sorprendan si luego acepto a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana como la autorizada para darme bendiciones de índole varia. Digo, a fin de cuentas, algunos sacerdotes católicos son buenos maestros de ceremonias.

Pero en cuanto al presidente electo, amigos, denme el gusto de no reconocerlo.

¡Vivamos así los próximos seis años! Digo, tengo muchos amigos que creen en Dios y no se molestan por el hecho de que yo me asumo como el Verbo Encarnado.

En resumen, vivamos en santas pascuas.

Transcribo, entonces, la carta de Toufic, por su profundo sentido de conciliación y la búsqueda de concordancias.

¿Cómo estas? Espero que todo bien como siempre.


Al visitar la pagina de Ruta 61, en busca de fechas para darme una vuelta con varios amigos y ver a las Señoritas, descubrí tu blog, así que me puse a leer varias de tus ultimas contribuciones.


Tengo que decirte que entre más cosas tuyas he leído, más me va gustando el estilo que tienes de escribir, así como las perspectivas de la vida a las que te refieres. Y aunque, como imaginarás, no comparto algunas de esas ideas (principalmente acerca de AMLO y el PRD), siempre he pensado que escuchando la forma de pensar de los demás es mas fácil tener una mente mas abierta y descubrir más encantos de la vida, que siempre han estado ahí pero que tenemos que ir descubriendo al quitarnos la capa de vendas que tenemos frente a nuestros ojos.

En fin, además de una honesta y muy dispersa felicitación por tu blog (y por la chica con la que bailabas la semana pasada, ¡MUY GUAPA!); solo quería saludarte.

Por cierto, si disfrutas tanto escribir tu blog como quiero suponer, te recomendaría que también crearas un Podcast personal o del Ruta 61. Hay uno de blues que se llama Indiefeed: Blues, que me encanta. Lo puedes encontrar abriendo el iTunes de tu Mac, buscándolo en el music store en la seccion de podcasts. Te digo que seria bueno hacer uno para el bar: una canción por semana que vaya a parar a internet. Además, estando en una agencia sería relativamente fácil producir uno, ya sea de puro audio o video (sólo necesitas una Mac).

Finalmente me despido, esperando no formar parte de la fila de aquellos que te bloquean el alma: habemos muchos atrapados entre dos fuegos, los que piensan diferente y aquellos en quienes no confiamos.

Pero amigos todos, al fin y al cabo.

A lo mejor conoces este sitio, pero si no es así creo que te puede gustar: http://www.blurb.com
Tiene un software que te permite editar tu propio libro, y una vez terminado lo mandas a imprimir con ellos, desde una pieza en pasta dura y muy buena calidad. Por el momento solo entregan los libros impresos en Estados Unidos y Canadá; sin embargo, lo utilice para hacer un álbum de fotografías y le pedí a un amigo que vive allá que lo recibiera en su casa y me lo trajera. Quedo aun mejor de lo que pensaba, y es la forma mas facil de "auto-publicar" una obra. Echale un ojo, te va a gustar.

Toufic

Un abrazo, Toufic.

martes, septiembre 05, 2006

Desde el silencio

Los sueños y las pesadillas están hechos de los mismos materiales, pero esta pesadilla dice ser nuestro único sueño permitido: un modelo de desarrollo que desprecia la vida y adora las cosas (…). El Tercer Mundo se convertirá en Primer Mundo, y será rico y culto y feliz, si se porta bien y si hace lo que le mandan sin chistar ni poner peros. Un destino de prosperidad recompensará la buena conducta de los muertos de hambre, en el capítulo final de la telenovela de la Historia.
Eduardo Galeano, en 1992.

Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar (1914-1984)


El Paseo de la Reforma

A partir del 13 de octubre de 1866, quedó estrictamente prohibido el tránsito público, pues estaba pensada para uso exclusivo de la corte imperial y como paseo ecuestre de Maximiliano y Carlota Amalia (y su elite).

Se negó el paso a vehículos, bestias de carga y cabalgaduras; asimismo, se impidió el tránsito de entierros, procesiones y
cualquier clase de reuniones de gente en la calzada, si no era con la autorización previa del emperador.

No se llamó Paseo de la Reforma hasta 1872, por un decreto de Sebastián Lerdo de Tejada y en homenaje a las leyes promulgadas por don Benito Juárez.

En 2004, la mujer que aparece en la fotografía (habitante de una comunidad zapatista, en Chiapas) se despidió de mí con palabras pronunciadas en su poco español:

-Ai' le encargo. Llévese mis ojos para ver. De algo le servirán.








domingo, septiembre 03, 2006

El viernes 1 de septiembre estuve en el Cielo...

...y ahora puedo ver claramente.
Espero que esto no sea un sueño.
Johnny Nash me ayuda a explicar mis sentimientos.
Para escuchar, basta con apachurrar el botón de flecha grande (play). Hay que tener paciencia.

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I can see clearly now
(1972)

I can see clearly now, the rain is gone.
I can see all obstacles in my way.
Gone are the dark clouds that had me blind.
It's gonna be a bright (bright), bright (bright),
Sun-Shiny day...
It's gonna be a bright (bright), bright (bright),
Sun-Shiny day.

I think I can make it now: the pain is gone.
All of the bad feelings have disappeared
Here is the rainbow I've been prayin' for.
It's gonna be a bright (bright), bright (bright),
Sun-Shiny day.

Look all around, there's nothin' but blue skies.
Look straight ahead, nothin' but blue skies.

I can see clearly now, the rain is gone.
I can see all obstacles in my way.
Gone are the dark clouds that had me blind.
It's gonna be a bright (bright), bright (bright),
Sun-Shiny day.
It's gonna be a bright (bright), bright (bright),
Sun-Shiny day.
bright (bright), bright (bright),
Sun-Shiny day.
It's gonna be a bright (bright), bright (bright),
Sun-Shiny day.
It's gonna be a bright (bright), bright (bright),
Sun-Shiny day.

Nota: Si deseas escuchar esta joya en la voz de Holly Cole, sólo tienes que apachurrar la estufa color de rosa. La versión se halla en el álbum Don't smoke in bed (1993).

sábado, septiembre 02, 2006

2 de septiembre


Ante el temor de que mis tres lectores acaso sólo se informen de lo sucedido ayer a través de la televisión y de cierto tipo de periódicos, me permito recomendar el más reciente artículo de Jaime Avilés -quien, a propósito, visitó Ruta 61 esta madrugada, cuando aún estábamos ahí algunos desvelados-, así como transcribir aquí el editorial de La Jornada, cuyo contenido refleja puntualmente mi pensamiento y mi posición (las negritas son mías):

El aspecto más relevante del último Informe de gobierno de Vicente Fox Quesada es que éste no pudo pronunciar ante el Congreso de la República el mensaje político correspondiente, en lo que constituye un hecho sin precedente en la vida republicana del país. En el contexto de una crisis institucional también sin antecedentes, los representantes de la izquierda restituyeron su dignidad al Legislativo y exigieron desde la tribuna, Constitución en mano, el levantamiento del estado de sitio ilegal impuesto por el Ejecutivo en torno a San Lázaro. La acción fue ­a pesar del rápido linchamiento emprendido por la mayor parte de los medios informativos contra los legisladores inconformes­ de impecable legalidad y de carácter pacífico, que constituye una lección de resistencia cívica, para propios y extraños, ante los abusos de una Presidencia descontrolada, crecientemente autoritaria y carente ya de cualquier sentido de las formas. Vaya como ejemplo de lo último esa "ceremonia republicana" en la que el Presidente convirtió ­por falta de sincronización con sus productores televisivos, por falta de entendimiento o por otra causa­ una mera emisión en medios electrónicos.

Sería poco realista asumir que esta severísima derrota política experimentada ayer por Fox en el tramo final de su permanencia en el poder fue obra de un puñado de diputados y senadores opositores. En lo inmediato y en lo mediato, fue el aún titular del Ejecutivo federal quien provocó y gestó la humillación a lo largo de casi seis años, en los cuales ejerció el poder en forma frívola, irrespetuosa, demagógica, facciosa, patrimonialista y mendaz. La manifiesta ilegalidad del estado de sitio establecido por la Presidencia de la República en torno al Palacio Legislativo de San Lázaro no fue sino el último de una serie de traspiés ­y de atropellos­ perpetrados por un gobierno contra un amplio sector de la población que se ve representado, y acaso subrepresentado, por los legisladores que exigieron, desde el estrado del recinto ­sin vulnerar en ningún momento la legalidad­ el retiro de las fuerzas policiales, militares y paramilitares desplegadas en forma imprudente y prepotente por un poder extraviado en su propia arrogancia. Pero la lista de agravios es, desde luego, mucho mayor.

El más grave, sin duda, es la afrenta electoral cometida por el grupo en el poder contra los sectores sociales que en julio pasado trataron de cambiar, por la vía pacífica y democrática, el modelo económico y político vigente, que pretendieron impugnar, así como corregir las irregularidades por todos los canales establecidos, pero no obtuvieron más respuesta que manoseos cada vez más sospechosos de votos, actas, casillas y resultados generales de la elección.

Irremediablemente, la jornada de ayer en y alrededor de San Lázaro, y la imposibilidad del Presidente saliente de dirigirse por última vez al Congreso de la Unión, constituye el epitafio más expresivo de un gobierno que arrancó en medio de celebraciones democráticas y que termina, ahora, en medio de toletes, gases lacrimógenos, incendios regionales y estatales, represión de trabajadores, tanquetas, barricadas y con amagos autoritarios tan ominosos como el formulado ayer mismo por dirigentes panistas desencajados que amenazaron inclusive con pedir a lo que queda del Instituto Federal Electoral y al Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación que retiren el registro a los partidos que conforman la coalición Por el Bien de Todos si éstos no otorgan su reconocimiento a Felipe Calderón como presidente de la República.

Pero, además de trazar el retrato de un régimen agonizante y severamente descompuesto, los acontecimientos de ayer son una representación fiel del estado en que ese mismo régimen ha llevado al país: una institucionalidad alterada, si no es que rota, una alarmante y creciente fractura social, así como una oligarquía bipartidista sin más proyecto político que la conservación del poder, los privilegios y la impunidad.

Aparte de la integridad legislativa, preservada por las bancadas de la izquierda, las cuales no hicieron sino restablecer el orden constitucional alrededor de la sede legislativa, la jornada de ayer arrojó como saldo positivo la falta de violencia, inclusive en un clima tan crispado como el que se vive. Tal logro ha de atribuirse al movimiento ciudadano articulado en torno a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, pero también al temple cívico y la contención de las instituciones armadas del país.

Por lo demás, sería necio seguir pretendiendo que Fox entregue un país en paz, en democracia, con crecimiento económico e instituciones sólidas. La nación está parcialmente incendiada, las instituciones se encuentran postradas por la mala fe y la ineptitud de quienes las encabezan, la Presidencia de la República ha experimentado una grandísima merma de decoro y de prestigio ­no por culpa de los diputados y senadores de oposición, sino a consecuencia de las actitudes de quien ejerce el cargo­ y no parece haber una instancia capaz de recomponer el desbarajuste nacional dejado por el foxismo.

jueves, agosto 24, 2006

¡Yo estoy en contra del bloqueo!

Ya son más de cuarenta años del cruel e inhumano bloqueo a Cuba, una de las más execrables acciones de largo aliento llevadas a cabo contra un pueblo entero por el gobierno más poderoso del mundo, el de los guasingetones.

Y no se trata de un bloqueo sesentero, con polvo y telarañas; no se trata de un bloqueo inoperante, cándido, dulce y simpáticamente paranoico; no estamos frente a Anthony Nelson, pues.

Estamos antes la locura desenfrenada.

Nos encontramos con un monstruo vivo que se reconstruye y crece cada cierto tiempo: además de haber generado ya pérdidas a la economía cubana por aproximadamente 124 mil millones de dólares, el cerco se parece cada vez más a un Doctor Strangelove frenético y rendido a sus propios tics (fue Raúl de la Rosa quien el martes pasado me recordó a este entrañable personaje de Stanley Kubrick).

En 1992, por ejemplo, es aprobada la Ley Torricelli, que corta abruptamente el comercio de medicinas y alimentos que Cuba mantenía con subsidiarias de compañías guasingetonas fuera del territorio guasingetón.

Cuatro años después de la Ley Torricelli, aparece la Helms-Burton, que amenaza con considerar enemigo a quien se le ocurra, como país o como individuo, invertir en la isla o tener tratos de cualquier naturaleza con su gobierno, directa o indirectamente.
El nombre oficial de los guasingetones es United States of America, pero no pienso usarlo, al menos en esta ocasión. Me declaro rebelde a tal denominación, y ello se debe acaso a una patología personal, semejante a mi incapacidad para consentir la existencia de la llamada fiesta brava (donde un corpulento toro es martirizado y muerto por un afeminado de nalguitas paradas y dudosa valentía).

-¡Pero, Agus, esos animales nacieron para eso!

-Sí, cómo no. También tu hermana nació para que yo la conociera (y digo esto con todo respeto). ¡Mírala, está que ni mandada a hacer! Sin embargo, ¿cuándo me has visto perseguirla? Con decirte que hay una mujer, Desdémona Peniche, que me debe un beso desde hace 32 años y, a pesar de habérmela encontrado ya dos veces (en 2005), no he violentado su voluntad de pagar la deuda hasta 2015, cuando estemos en el Palazzo Ducale durante nuestra estancia en Venecia. Así es que no me hables de la sabia naturaleza, que para eso construimos la civilización: para que yo no me refocile con tu hermana sin su consentimiento, y para que tú no hagas fiesta alrededor de un asesinato.

-No puedes llamarlo asesinato. La definición académica de asesinar es “matar a alguien con premeditación, alevosía y ventaja”. ¡A alguien, no a un toro, no a un animal, no a una bestia!

-¿Quieres decirme que el toro no es alguien? Estimado amigo, temo que nos separa un inmenso abismo filosófico.

-Y yo creo que eres un radical, si te niegas a aceptar la fiesta brava y el nombre de una nación.

Entiendo que todos tenemos derecho a llamarnos como deseemos, pero igualmente tengo yo el derecho a llamar a cada persona como se me antoje. Y respeto este derecho aun cuando pueda afectarme, como lo demuestro en el siguiente párrafo.

Fiodor Martinson Blacksmith me llama Tía Juanita, y yo he colgado a Fiodor el apelativo de Doctora Ruth con la misma libertad con la que llamo a otros La Gioconda, Polainas, Pablita, Sonny March Bouvier Boy, Hijo Mío, Papac Tomic.

A propósito, ¿no fue Tomy, egregio guitarrista bonaerense, quien apodó Chapatín a la Cucaracha Reina?

¿Por qué no acepto el nombre oficial de los guasingetones? Simple y sencillamente porque dicho nombre me parece un insulto histórico, un gesto de indiferencia hacia el resto del continente.
Si uno de mis vecinos dice que se llama El Único Guapo del Barrio, yo me refiero a él como Caca Grande. Pero si me encuentro en reunión de pipa y guante, me refiero al vecino arrogante con el nombre de su padre, como ahora hago con los guasingetones.

Digo que el bloqueo a Cuba ya rebasa las cuatro décadas. Y, sin embargo, el tirano no ha logrado doblegar ni avasallar a esa pequeña isla de hombres y mujeres libres.

Hemos de reconocer que la solidaridad de pueblos como el de México nutre de fuerza a los cubanos, quienes han hecho de su resistencia un ejemplo de dignidad y heroísmo.

Hoy, sin ir muy lejos, cuando ya empezaba yo a dudar de la bondad de quienes me rodean, así como de su sincera preocupación por el sufrimiento ajeno, me ahogué de alegría al ver que muchas personas en la Ciudad de México han levantado la voz para manifestar su absoluto repudio al bloqueo: la indignación plasmada en sus rostros, sus claxonazos fraternos y sus justificados exabruptos son muestra palpable de la solidaridad de la clase media mexicana por un pueblo hermano, el pueblo cubano, al que no se la ha concedido el derecho a la libre determinación de su vida en un entorno de paz y de respeto absolutos.

En la oficina y en las reuniones sociales, encuentro a personas que están de veras muy pero muy molestas por el bloqueo. ¡Y no se guardan, discretas, sus pensamientos! ¡Están convencidas de que todo el mundo debe estar de acuerdo con ellas! De cualquier manera, admiro el enfado genuino de sus rostros, cuando hasta hace poco creía yo que el bloqueo les resultaba un tema ajeno a sus vidas y que sólo se lanzaban a la calle cuando medios y televisoras los convocaban a manifestarse por la (su) seguridad.

-¡Carajo! Ya basta del bloqueo. ¿Quién va a detener a este psicópata?

Respondo con la serenidad que me caracteriza: Perdón, pero no ganamos nada con llamar psicópata al presidente de los guasingetones. ¿Y sabe usted por qué? Porque él no impuso el bloqueo, él lo heredó para su administración.

-¡Pues sólo un loco mesiánico acepta de herencia tan nefanda conducta!

La indignación, los claxonazos y los exabruptos se multiplican en llegando al Paseo de la Reforma, por obvias razones: es en cierto punto de nuestro hermoso bulevar donde se ubica la embajada de los guasingetones. Así que, queridos míos, si escuchan la bocina de un carro mentando madres por esos rumbos, sonrían: es un mexicano solidario que manifiesta su rechazo al bloqueo contra Cuba.

Cuando me siento a comer sobre la fresca yerba de alguno de los jardines que enmarcan la Fuente de Petróleos, pasan los carros desviados hacia el Periférico... y más de uno de sus conductores mienta la madre con su bocina. Entonces, alzo mi brazo izquierdo, muestro la mitad de la V de la victoria (con el dedo medio) y hago eco a su evidente consigna:

-¡Patria o muerte, venceremos!

¿Pero es el rechazo al bloqueo una defensa incondicional a Fidel Castro?

No. Ése otro asunto, no nos confundamos. Será en otro orden de cosas donde hemos de reflexionar sobre Fidel Castro Ruz, a quien personalmente admiro, incluso en sus claroscuros, y cuya muerte aún no ocurrida se ha vuelto el sueño de Miami y de Vicente Fox (el todavía presidente de México hizo votos, no hace mucho, para que el deceso del octogenario líder de la revolución cubana sucediera más temprano que tarde; pero las palabras del guanajuatense fueron, no lo dudo, indicio claro de una sólida formación en la caridad cristiana y en el aprecio por la vida de nuestros semejantes, así sean éstos nuestros enemigos o nuestros adversarios: yo he visto, con estos propios ojos míos, al señor presidente recibir el cuerpo de Cristo en su lengua prudente y sensata, y no creo que en su alma haya más que virtudes teologales, nunca pecados capitales).

No es el rechazo al bloqueo un apoyo incondicional a Castro, sino exigencia histórica de que se respete absolutamente la soberanía de Cuba. Sólo así tendrá alguien derecho a señalar los errores de coyuntura política cometidos por el gobierno cubano y los defectos intrínsecos de su revolución. Distinguir con honestidad entre unos y otros, nos permitirá a todos pasar de la opinión trivial al juicio sosegado y objetivo.

En fin, que mi querida clase media al fin está manifestándose en contra del bloqueo, y su congruencia moral y política es profesionalmente recogida por los medios de comunicación electrónicos, los que, a su vez, tienen como honorable propósito reflejar fielmente la opinión pública, así sea en contra de los intereses de la oligarquía.

¿La oligarquía? ¡Bueno, en el caso de que ésta realmente exista! Porque hay una sospecha creciente: que la oligarquía es un mito inventado por seres despreciables y envidiosos que no soportan ver a un individuo tener éxito económico a fuerza de inteligencia y de trabajo (son los mismos mitómanos sin remedio que inventaron alguna vez la existencia de la pobreza en México. Mito genial, como bien señaló el respetable señor Pedro Aspe, secretario de Hacienda a fines de los ochenta y principios de los noventa).

¿Cómo fue eso? ¿Cómo pasamos del silencio y la indiferencia a la protesta abierta y la demanda de justicia? ¡No sé, no sé! A veces, la gente me sorprende con gestos de profunda bondad y con entendimiento sincero de lo que pasa más allá de su oficina, de su casa y de su automóvil.
Sorpresa semejante tuve ayer, domingo, mientras leía el más reciente número de Proceso.

Llegué al artículo semanal de Germán Martínez Cázeres, La Iglesia y el Placer Sexual, y me encontré con una pieza lúcida en la que el autor critica el rechazo de sectores conservadores a la distribución de un libro para secundarias oficiales. Conforme leía el artículo, se me movía el tapete de mis prejuicios:

¡Qué cosas! –me dije- ¡Y yo, que hasta hace unos minutos afirmaba que el joven Germán era un insulso tejedor de tonterías! Pues no, es un muchacho brillante, libre pensador, progresista, capaz de reconocer y atacar la doble moral de la derecha más recalcitrante.

El joven Martínez (sin relación alguna con Fiodor), es diputado del PAN y representante de ese organismo ante el Instituto Federal Electoral, a la vez que uno de los más cercanos colaboradores del candidato de Acción Nacional a la presidencia de la República.

En esta crisis política y social en la que nos encontramos, Germán ha sido no tanto un operador, no tanto un protagonista, sino un vocero fiel, eficiente y efectivo del discurso panista. Ha sabido transmitir las ideas principales del equipo de campaña de su candidato, a la vez que se ha vuelto el más competente defensor de la posición de su partido ante los reclamos de la izquierda y de muchos ciudadanos que no militamos en partido alguno.

Gracias al joven Germán, corroboré los principios que me impiden entregar mi voto al candidato de Acción Nacional (de la misma manera –y con mucha razón- otros se negaron a apoyar al candidato de la Coalición por el Bien de Todos, apenas escucharon a Arturo Núñez y a Ricardo Monreal, personajes impresentables de la política mexicana).

¡Muy mal, Agustín, muy mal! –me decía mientras apuraba la lectura del artículo de marras-. Te has dejado llevar por la pasión y has cerrado tus oídos y tu mente a las palabras del joven Germán… ¡por el solo hecho de pertenecer al grupo de tus adversarios!

Bien te mereces este auto-jalón de orejas, para que seas más humilde y tengas la capacidad de reconocer que un hombre puede no compartir ciertas de tus ideas y, a la vez, coincidir contigo en otros puntos importantes, tan importantes como la educación sexual de los adolescentes y el derecho de cada persona al placer y al gozo de su cuerpo.

Hoy, pues, estuve a punto de expresar públicamente mi reconocimiento a la posición progresista del joven Germán Martínez, mi reconocimiento a su valor para manifestar respeto por las libertades individuales y para defender con inteligencia singular el derecho del estado mexicano a proveer de información a niños, adolescentes y jóvenes sobre temas caros a la felicidad humana.

No pude hacerlo, querido lector.

Descubrí esta mañana que La Iglesia y el Placer Sexual no fue escrito por Germán sino que su autor es, claro, Miguel Ángel Granados Chapa, uno de los pocos periodistas que en México me merecen respeto y mucha admiración.
Por error, la revista Proceso adjudicó la autoría del mencionado artículo al diputado azul.

Yo sólo espero que la madre del joven Germán no haya desayunado el domingo con la lectura de dicho semanario, porque en ese caso no dudo de que la buena señora habrá llorado en misa:

-¡Dios mío, Señor Rey de los Ejércitos, Germancito se me está volviendo comunista!

Al regresar de la liturgia, la señora habrá platicado del asunto con el padre de Germán. Cinturón en mano, el señor habrá entrado a la recámara del joven, lanzándole el Proceso a la cara, para hablar de hombre a hombre.

-¡A ver, muchacho cochino! Tú te estás masturbando, ¿verdad?
El sesenta por ciento de los cubanos que hoy viven en la isla nacieron bajo el sistema de sanciones promovido por los guasingetones, sistema que se refuerza –para colmo de nuestra indignación- con agresiones militares, guerra biológica, transmisiones ilegales de radio y televisión, actividades terroristas, planes de atentado contra los principales dirigentes, aliento a la emigración, etcétera.

La Convención de Ginebra para la Prevención del Delito de Genocidio (9 de diciembre de 1948), declara que el genocidio es un delito de derecho internacional contrario al espíritu y a los fines de las Naciones Unidas y que el mundo civilizado condena. Con ese presupuesto, las naciones firmantes convienen en definir el genocidio con la mención de cinco actos cuya perpetración busque destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso (artículo II):

a) Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Los guasingetones firmaron los documentos de la convención el 11 de diciembre de 1948, y ratificaron su adhesión el 25 de noviembre de 1988.

Sin embargo, revisemos la historia: otro documento oficial, pero ahora del Departamento de Estado del gobierno guasingetón (del 6 de abril de 1960), señala con toda claridad el objetivo del bloqueo a Cuba: producir el hambre, la desesperación (del pueblo cubano) y el derrocamiento del gobierno.

La primera reserva que hacen los guasingetones a la Convención es referente al artículo IX, el cual reza lo siguiente:

Las controversias entre las partes contratantes relativas a la interpretación, aplicación o ejecución de la presente convención, incluso las relativas a la responsabilidad de un estado en materia de genocidio o en materia de cualquiera de los otros actos enumerados en el artículo III, serán sometidas a la Corte Internacional de Justicia a petición de una de las partes de la controversia.

Por su parte, la reserva guasingetona señala que with reference to article IX of the Convention, before any dispute to which the United States is a party may be submitted to the jurisdiction of the Internacional Court of Justice under this article, the specific consent of the Unitad States is required in each case.

En resumen, los guasingetones se reservan el derecho a pasarse los acuerdos de la Convención por el mismísimo arco del triunfo.

¡Próximamente!

Los guasingetones y las tribus del sur
Carlos Johnson III
Putumayo World Music
Dave's True Story
Piazzola en Al di Meola
Más sobre Todo perro tiene su día
Más sobre Las Señoritas de Aviñón
La época solipsista de Ezequiel Espósito
Mauro Bonamico y Hermanos de Sangre

sábado, agosto 19, 2006

Carlos Johnson en vivo II

…le molestaba que el perro de las tres y catorce
(visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro
de las tres y cuarto (visto de frente).
Funes el Memorioso
Jorge Luis Borges
Con la precisión y la calidad a la que nos tienen acostumbrados los reporteros de La Jornada (mi periódico de cabecera), Tania Molina nos cuenta sobre la primera noche de Carlos Johnson en Ruta 61, a la que define como una velada llena de energía musical e intensa avidez parroquiana.

Qué bueno que Tania se ocupe de hacer este tipo de crónicas en el Hoochie Coochie Bar, porque yo soy una calamidad en los ámbitos del recuerdo: siempre amanezco sin memoria de lo sucedido: cada vez que leo las notas de Tania Molina -o de Jaime Avilés... o de Raúl de la Rosa- sobre Ruta 61, tiemblo de miedo al descubrir el deterioro progresivo de mi mente: ¡No me acuerdo de nada! Sólo conservo una suposición lógica: yo estuve ahí y me la he de haber pasado muy pero muy bien, porque hoy amanecí con remordimientos de conciencia y una profunda melancolía.













Mucho de lo vivido se borra de nuestras mentes, y no hay hasta ahora grandes remedios para reducir el porcentaje de lo que desaparece como si de un sueño se hubiese tratado.

Sin embargo, por algún lado leí que el olvido es un mecanismo natural de desintoxicación cerebral que nos previene de la locura.

¿Podríamos acaso soportar la acumulación y la conservación de todos los hechos de nuestra vida, incluido hasta el más mínimo detalle, en nuestra conciencia, es decir, en el Yo? Irineo Funes vivió de ese modo, con el don de la memoria absoluta, después del accidente que lo dejó parapléjico y que le otorgó, a cambio de tal desventura, la gracia de recordar todo y de extender sus intereses a la invención estrambótica.

El tema es de suyo interesante y emocionante, así que luego volveré a él. Por ahora, sólo lanzaré una hipótesis sobre lo que yo llamo...

Resistencia y Entereza ante el Abismo de Existir

Hipótesis de trabajo: En busca de cierta tranquilidad presente, nos mantenemos en la siguiente certidumbre filosófica: Hoy estoy, ergo anoche estuve. En ella encontramos el asidero que nos sostiene y que nos libra de la angustia padecida por Hari, o mejor dicho por el recuerdo materializado de Hari, la difunta esposa de Kris Kelvin en el Solaris de Andrei Tarkovsky (Hari -en la bellísima e inigualable representación hecha por la bellísima e inigualable Natalya Bondarchuk- no tiene recuerdos, sólo sentimientos e instintos).

Con tan frágil andamio de certeza histórica, nos convencemos a nosotros mismos de haber estado en algún lugar, a tales horas, tal día, tal año.

Ayer, por ejemplo, todo indica que estuve en Ruta 61, entre las 10:00 p.m. y las 02:00 a.m. Tengo la vaga imagen de un último abrazo: el de Santiago Espósito (Tomy), quien deseaba de corazón que me quedara.

-Tomy, tengo que irme. Se corre el rumor de que la PFP está desalojando los campamentos de Reforma y Madero. Voy para allá.

Santiago puso cara de circunstancia, rindiéndose ante mí, aceptándome como se acepta al amigo que se ha unido a una secta budista. Los ojos vencidos de Tomy eran los del padre cuyo hijo se ha enamorado de lo que todos en la familia consideran un adefesio, pero que... no hay remedio, tendrá que dejar salir al muchacho a altas horas de la noche, a sabiendas de que el adefesio le dará algún día adefecitos que le dirán abuelo.

Nada, en Reforma todo estaba tranquilo.

De cualquier manera, esta noche iré a Ruta 61, al tercer y último espectáculo de Ignacio Espósito, José Luis Sánchez, Carlos Johnson y Mauro Bonamico. La banda se llama Hombres Viejos Comportándose como Adolescentes sin Recato Alguno ni Ánimo de Madurar.

Quiero recordar lo que sucedió ayer. ¿Cómo llegué a los brazos de Ezequiel Espósito?

viernes, agosto 18, 2006

Carlos Johnson en vivo I

¡No, ‘ijo, yo no voté! Pero es que este cuate, manito, no sabe ni hablar. ¿Me entiendes, cabrón? Pus yo creo que no fue ni a la escuela el güey, manito. Qué mal pedo. Yo soy de izquierda, chido, ¿eh? Pero esto, o sea, tú me entiendes, ¿no, manito? El güey quiere a huevo ser presidente, manito, y pus como que no, o sea, no.
(Guitarrista de famoso grupo de rock, en cuya camisa aparece en psicodélicos colores la imagen del Che Guevara)

Me rindo. La más densa de las soledades me envuelve.

Éste no es mi sueño. Miro hacia todos lados y me siento como dentro de una tienda departamental. Descubro a mi alrededor un mundo al que no pertenezco, un sistema de pensamiento que me rebasa por todos lados, un planeta donde la plataforma ideológica general es la respuesta mezquina ante cualquier acción de resistencia contra la imposición (me incomodas, luego entonces estás equivocado), un enorme campo donde no se siembra ni se cosecha la generosidad social, la adherencia comunitaria, la solidaridad de clase…

-¿Cuál clase, Agustín, cuál clase? Lo que tú tienes es un profundo resentimiento (nacido acaso por tu viudez o porque algo te faltó de niño) y una inoperante identificación con las causas populares, cuando ya te hemos dicho miles de veces que el pueblo no existe, tampoco la patria: existen los ciudadanos y la aldea global. Estás muerto, Agustín, estás absolutamente muerto, perdón, espérame, está sonando mi celular.

Hace más de treinta años, cuando leí Fahrenheit 451, pensé ingenuamente que la historia de Bradbury nunca podría suceder en la realidad. Ahora, tengo que esconderme, tengo que huir, soy el iluso, el renegado, el obstinado, el necio, uno de los perseguidos por las fuerzas incendiarias de la Sensatez y el Orden.

El otro día vi por segunda vez la versión de El Mercader de Venecia (en ella, un genial Al Pacino hace el papel de Shylock), y no pude evitar la analogía entre la obra de Shakespeare y nuestras actuales discusiones sobre la aplicación de la ley.

¿Por qué, me pregunto, se llama así la obra, cuando es el prestamista el verdadero héroe/anti-héroe?

Lo entiendo: mi lectura está contaminada por el tiempo, y en la época isabelina se habrá visto claro que Shylock era, por su condición de judío, un personaje antagónico, una figura de naturaleza malévola, un ser perverso cuyos actos, por tanto, siempre serán perversos: la mayor de sus virtudes (la justicia) es, por ser suya, un acto malévolo; y aunque pudiera estar en posesión de una verdad, ésta se vuelve mentira por el simple hecho de estar en sus manos.

Sin embargo –y esto me lo hizo notar Octavio Herrero (de los pocos buenos lectores de Shakespeare que conozco)-, el público de hoy (el que va a ver la película) aún se ensaña contra Shylock: se ríe de su dolor, se burla de sus pasiones, se mofa de su progresiva humillación, dibujada en su propio cuerpo cada vez más encorvado.

Antonio, el mercader, me parece un personaje vil. Ni su melancolía ni el hecho de ser representado magistralmente por Jeremy Irons me llevan a pensar que estoy ante un buen hombre, mal tratado por el legítimo odio de Shylock.

Antonio es un moralista, y como tal desprecia a los judíos que hacen de la usura su modus vivendi; pero él es un mercader de los mares que especula con la posibilidad de ganancias pingües. Antonio es, desde mi muy particular punto de vista, una de las tantas estampas de la doble moral (¡y ya no hablemos del cinismo de Bassanio y de la deslealtad de Jessica!).

El mundo que me rodea ya condenó, ab ovo, a Andrés Manuel López Obrador. Lo que él haga es una prueba más de su peligrosidad y de su locura. Y quienes lo seguimos... ¡No, no, un momento, no lo seguimos, lo acompañamos! ¿Pero conocen acaso sus detractores el valor de la palabra acompañar? Digo, los que estamos con él en su lucha –afirman nuestros implacables jueces- somos Launcelot Gobbo, seres frágiles y hambrientos que sólo estamos buscando un padre que nos cuide y nos alimente, porque el nuestro es un anciano débil y ciego.

Tengo un nudo en la garganta. Tengo tan escaldado el ánimo, que hasta las nimiedades me arden en la piel. Las letras de Octavio Soto, por ejemplo, excelente músico, llegan a mis oídos sin sentido, ajenas, ripiosas.

Yo nací con la luna de plata
y nací con alma de charro y de pirata.

¿Qué es esto? ¿Una canción de blues o la melodía de un película de dibujos animados de Walt Disney?

No es culpa del líder de Los Moonhowlers (su compromiso artístico es con la música, no con la poesía, así es que no tengo nada que reclamarle), sino que en él se repite la proverbial tendencia de nuestros rockeros (el rock mexicano se da entre blues y buenas noches) a buscar condescendientemente la ovación del respetable público, cuya mayoría ha consumido el alcohol necesario como para que le dé lo mismo escuchar un blues o una hermosa canción de los Bee Gees, muy sentida, a propósito, aunque siempre fuera de lugar.

You don’t know what is like…
You don’t know what is like…
To love somebody, to love somebody.

Con Carlos Johnson, todo bien, excelente. Vieja Estación, como siempre, demostró por qué afirmo categóricamente que se trata de la mejor banda de rocanrol que tiene nuestra renegada ciudad.
El miércoles, Carlos Johnson llegó a México y esa misma noche se citó con Mauro Bonamico, José Luis Sánchez e Ignacio Espósito para ensayar. Lalo Serrano, con su eterna hospitalidad, me invitó a estar presente. Y ahí estuve, no sin antes pasar al Sac’s a merendar unos deliciosos huevos rancheros que me supieron a gloria.

Antes del ensayo, Mauro Bonamico (bajista de Vieja Estación) se comprometió a dar lo mejor de la banda, para cumplir las expectativas de Carlos. El músico de Chicago respondió con graciosa picardía:

-Mi única expectativa es una cerveza, buena música y una linda puchita.

Personalmente, no disfruto los ensayos de ninguna banda… y menos cuando se realizan la mera víspera de la primera presentación. Así es que me fui pronto, un poco después de que Ezequiel Espósito e Ingrid Schwamberger hicieran lo mismo.

Y anoche... todo bien, digo, excelente, con la calidad y la fuerza a la que ya nos tienen acostumbrados todos y cada uno de los miembros de Vieja Estación. Pasamos, sin duda, una muy buena velada, con la presencia de Memo Briseño, Santiago Espósito, Betsy Pecanins, Octavio Soto, Antonio Miranda, Rafael Herrera, Federico Luna, Claudia Ostos, Tania Molina, Javier García, Lalo Chico…

Todo bien, hasta que Alex Lora se subió al escenario.

No sé qué habrá pasado, porque en ese momento me fui. No encuentro ningún placer en escuchar a un buen hombre gritar que a ver, cabroneeeees, esas pinches palmas, que se oigan los aplausoooos, hijos de la chingada!

Es otra razón para sentirme solo. Pero les juro, queridos lectores, que ese tipo de situaciones finales rara vez sucede en Ruta 61. Lo frecuente es la buena música, lo frecuente es la certidumbre de que estamos en un lugar que sabe cobijarnos, que sabe querernos. Porque si alguien conoce de veras las artes hospitalarias de la noche, ése es Lalo Serrano, Lalo el Espléndido.

domingo, agosto 13, 2006

¡Ya llegó, ya está aquí, directamente desde Chicago... Carlos Johnson!

Esta semana que comienza será, como otras anteriores en Ruta 61, memorable, inolvidable, digna de quedar registrada en los anales del blues en México. Y todo gracias a uno de los grandes empresarios de blues del país: Eduardo Serrano, Lalo el Eterno, Lalo el Insomne, el único y verdadero Lalo, que lleva ya dos años y tres meses sosteniendo uno de los bares más intensos y hermosos de nuestra renegada ciudad, como la llama el gran Raúl de la Rosa, legendario promotor del género en el país, amigo de Lalo y parroquiano frecuente del Hoochie Coochie Bar, sitio que primero fue concebido en la mente inquieta del siempre convincente Octavio Herrero -guitarrista de Las Señoritas de Aviñón- y luego llevado por el mismo Lalo hasta lo más alto de la abrupta serranía: la realidad de las noches en la Hipódromo-Condesa.

A propósito, el blog de Raúl de la Rosa ya cuenta con el más reciente artículo de su indispensable columna Tiempo de blues. Así es que -en vez de estar perdiendo el tiempo con la lectura de estas líneas- vayan directo al home de Ruta 61 y apachurren Tiempo de blues. O háganlo aquí mismo.

¿Y por qué será memorable esta semana? ¡Pues porque el jueves 17, el viernes 18 y el sábado 19 se presenta en Ruta 61 CARLOS JOHNSON! Sí, el mismo Carlos Johnson que ya fue compañero de banda de Koko Taylor, Otis Rush, Junior Wells, Son Seals, Valerie Wellington, Carey Bell y Buddy Miles...

La Crónica de Hoy del viernes pasado (no nos culpen ni a mí ni a Lewis Carrol de la frase anterior: ni uno ni otro somos autores del nombre con el que Carlos Salinas de Gortari bautizó su periódico), La Crónica de Hoy de ese día, digo, habla de Carlos Johnson; y lo hace mediante la extendida práctica del fusil internético (www.raisinmusic.com).

No condeno el hecho, simplemente lo señalo como una fea costumbre que todos estamos adoptando: navegar por la red -metáfora de por sí difícil de ver, así que mejorémosla-, arañar la red y comerse crudas las moscas incautas que encontramos en ella. Por eso, porque se trata de una traducción al botepronto , la sintaxis del reportero o la reportera deja mucho que desear (aunque la nota no está firmada, sospecho que conozco al autor o la autora, así que me adelanto a mandarle un beso de disculpa y a decirle que esta Estufa Divina convertida en Balcón Diabólico se compromete a mitigar su enojo con un vaso de whisky en Ruta 61, apenas nos encontremos).

Se trata del guitarrista más crudo, por así llamarlo, de la escena de Chicago (...), uno de los guitarristas más prominentes del mundo (...). Su apasionado y salvaje virtuosismo ha hecho de este guitarrista zurdo uno de los más originales músicos que con su peculiar estilo para tocar lo ha colocado como uno de los mejores de la ciudad de los vientos. Él combina la profundidad del sentimiento con el sonido más crudo del blues tradicional de Chicago, su estilo va de los clásico a lo contemporáneo, a lo que agrega un toque funky. Las texturas del jazz, el fraseo y su obvio amor por el country blues, han hecho del estilo de Johnson un sonido propio que se diferencia de los demás. Su energía vocal y una tesitura difícil de clasificar, así como su carismática presencia escénica, sumados a la explosiva fuerza que desata con la guitarra, han hecho de Carlos Johnson uno de los más respetables músicos de blues, no sólo de Chicago, sino del mundo de la música en general.

Todos hemos sido arañas, hay que confesarlo, pero basta con citar la fuente para que evitemos el plagio riesgoso. En secundaria, por arrebatos de honestidad mal encausada, copiaba las respuestas de Matemáticas de mi compañero de banca y, al final de mi hoja de examen, dejaba la siguiente nota: El contenido de este texto está inspirado en las investigaciones y los hallazgos de toda la comunidad estudiantil, de la que orgullosamente formo parte (por supuesto, el profesor Heredia nunca quiso otorgarme más que el puntaje mayor dividido entre 45, número total de alumnos en el salón de 3ro C).
Lo que yo sí puedo afirmar sin convertirme en araña es que Carlos Johnson ofrecerá tres veladas extraordinarias, no sólo por su propio valor sino porque, además, estará acompañado por miembros de la mejor banda de rocanrol de nuestra ciudad, Vieja Estación, cuya capacidad de interpretar el blues y de crear una base rítmica segura y poderosa ya fue demostrada más de una vez, durante las respectivas presentaciones de Max Cabello, John Markiss, Billy Branch y Grana' Louise en Ruta 61.

Para colmo de bienes, cada una de las noches contará con una banda alterna que abrirá el espectáculo: El Charro y Los Moonhowlers, Las Señoritas de Aviñón y Vieja Estación. Además, esta Estufa Divina se compromete con quien lo desee a registrar su presencia -en compañía del músico de su preferencia- mediante una fotografía digital, que será enviada a su buzón de correo electrónico al día siguiente.

En La Jornada de hoy, martes 15 de agosto, aparece una amorosa nota de Tania Molina Ramírez donde la periodista y reportera anuncia la llegada de Carlos Johnson a la Ciudad de México.

Para leer la nota, querido lector, sólo tienes que apachurrar aquí.

Tania, linda siempre, me endilga tres injustos epítetos: músico, escritor y gran conocedor del blues. Debo, en honor a la verdad, advertir que en todo ello se equivoca nuestra querida jornalera:

1. No soy conocedor del blues, aunque sí de sus raíces emocionales (las voces autorizadas para hablar del género son las de Raúl de la Rosa y Octavio Herrero).

2. No soy escritor, aunque pretendo –como todos- comunicarme con la gente a través de la palabra escrita (me explico: gusto mucho de bailar, y sin embargo dudo que Twyla Tharp se interese en mis desfiguros; luego entonces, el deseo no hace al monje).

3. No soy músico (insisto que lo hecho en las tres décadas pasadas sólo fue laboratorio de teatro y taller de autoayuda), aunque recientemente –y gracias al desvelo de los amigos- he logrado componer cinco obras que pueden ser catalogadas como de la más alta inspiración:

a) Amanecer de un ejército vencido, serenata en Do que ha de interpretarse a las 6:00 a.m. por un terceto de trompetistas visiblemente agotados.

b) Mariana, marcha/tarantela en Fa para 44 pífanos y 25 trompetas, que abra de ejecutarse a lo largo del Boulevard Frank Vincent Zappa –antes Paseo de la Reforma-. La orquesta habrá de ser seguida de un carro alegórico que evoque el triunfal nacimiento de la señorita Mariana Dávila, nuera del autor.

c) Absorto ante Calipigia, sinfonía para marimba chiapaneca y xilófono de Mozambique.

d) Bienvenida, huapango para mariachi (debe interpretarse cuando un mexicano de clóset baja del avión, en cualquier aeropuerto del mundo).

e) Marie over the rainbow (en colaboración con Harold Alen y Ey Harburg), para ser interpretada en noche de luna llena, con bandoneón, congas y batás mandingas (esos que andan por las orillas del Níger); y sólo en caso de cielo nublado, recurrir a voces de niños cantores tiroleses. Dedicada a la señorita Marie Álvaro Díaz, otra nuera del autor, quien decidió el estilo de ejecución, a la vez que prometió el montaje coreográfico.

De cualquier modo, Tania, te mando mis besos y mi agradecimiento por la buena aunque mítica imagen que tienes de mí. Soy sólo el cordero siempre inmolado que lava los pecados del mundo.